
A partir de hoy y hasta el próximo día 11, por iniciativa de la Asociación Artística y Cultural Trianera, se van a llevar a cabo una serie de actos para homenajear la figura de Manuel Carriedo Pérez, al que muy pocos trianeros conocen ni siquiera de nombre. Nacido en la localidad santanderina de Villa Carriedo, este industrial se afincó en Triana y llegó a ser teniente de alcalde del ayuntamiento y, por su entrega total al barrio, la hoy llamada calle San Jacinto fue rotulada con su nombre durante 20 años, desde 1911 a 1931.
Muy vinculado a la hermandad del Cachorro a través de sus cuñados, don Daniel y don Armando Herrera, que fueron hermanos mayores de esta querida hermandad, Manuel Carriedo era un industrial de la loza y cerámica con fábrica y tejar al final de la avenida de Coria, de donde salieron la mayoría de las columnas y balaustradas de la Plaza de España. Fue, además, propietario del antiguo hotel Triana, donde instaló una fábrica de saneamientos con patente italiana, que fueron los primeros fabricados en Andalucía.
Vivió en la calle Betis, en Pureza, y muchos años, hasta el final de su vida, en diciembre de 1930, en la calle rotulada con su propio nombre, esquina a Alfarería, donde el próximo día 11, a las 12 de la mañana, se colocará esta preciosa placa cerámica, aún sin terminar cuando tuvimos la suerte de verla en el taller ceramista de nuestro amigo Alfonso Orce.
Pero si por algo en especial Manuel Carriedo tiene una identidad grande en el recuerdo del arrabal, es por todo lo que hizo por el barrio, no sólo desde el ayuntamiento sino desde "su bolsillo particular", ejemplo que debería tomar nuestro concejal en Triana Alberto Moriñas. Carriedo se desvivió de una manera especial por los necesitados: buscándoles empleo, medicinas, alimentos, viviendas, higienizando sus corrales y casas de vecindad y llevando en barcas a los más necesitados, cuando las célebres riadas, mantas, víveres, ropa y el pan diario de las tahonas del arrabal. Insisto: DE SU BOLSILLO, que fácil es hacer la caridad con pólvora ajena.
Le quitaron su calle unos pocos meses antes de su muerte. Las envidias de los Mensaque y las hipocresías de los dominicos inquisidores tuvieron mucho que ver. Hoy son, somos, unos cuantos trianeros que damos el valor a quienes dieron su vida por nosotros, los que queremos hacer justicia a este hombre, perpetuándolo en su casa de vivencias y dándole las gracias por haberse quedado en la miseria asistiendo a todas cuantas tenía Triana en aquellos años. Nació en Santander, pero fue un trianero ejemplar. El barrio lo conquistó y él a nosotros con su dadivosidad, su ejemplo cabal y su entrega.
En nuestra Tenencia de Alcaldía seguro que no saben quién fue Manuel Carriedo. Si sé que le ha molestado, y mucho, la creación de esta Asociación Artística y Cultural Trianera que siempre se anticipa a las cosas culturales de nuestro barrio, que le fastidió el homenaje a Melchor Rodríguez García "El Ángel Rojo", y que le va a fastidiar todos los que se hagan de aquí en adelante. A don Alberto Moriñas, en sus años de estancia en el barrio más universal y con más artistas por metro cuadrado, sólo se le ocurrió hacer una "mierdabienal", donde no se le pagó a nadie, a nadie, a nadie, pero, con esa habilidad de los grandes escapistas, desaparecieron 28.000 euros en dos días. ¿Dónde está el dinero, matarile, lire, dónde está el dinero, matarile, lire, lón...?
Lo importante es que si antes nadie conocía a Manuel Carriedo, a un hombre entregado por el barrio hasta la extenuación, lo conozcan un poco, su vida y su obra, su sacrificio y su hombría, su talante y dadivosidad. Desgraciadamente, estos ejemplos ya no volverán. El día 11, en la casa donde vivió, su nombre quedará perpetuado para siempre.