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viernes, 21 de mayo de 2010

DE CAMINO: AQUEL ROCÍO DE MIS PADRES

MIS PADRES EN EL ROCÍO DE 1948
¿Cómo sería aquel Rocío de mis padres en aquel lejano 1948? De seguro que un Rocío más tranquilo, más del pueblo, dueño él sólo de esta manifestación de fe hacia la Virgen almonteña. Saldrían casi con los puesto y el costo de las carretas llevaría lo justo para pasar unos días sin grandes dispendios en estos tiempos difíciles de posguerra. Unas arrobas de vino del cercano Aljarafe, algo de chacina de los pueblos serranos y no mucho más. Eso sí, junto a las maravillas del paisaje natural en los días de camino, ganas de divertirse, de pasarlo bien entre los vecinos del corral, y con el deseo puesto en llegar hasta la Blanca Paloma para rezarle, para pedirle alguna ayuda para las muchas necesidades, para rendirle pleitesía y darle las gracias de sentirse vivos.

¡Qué lejano aquel Rocío casi anónimo, con pocas carretas, ningún coche y ningún famoso! Hoy, El Rocío, como todas las fiestas, incluída la Semana Santa y la Feria de Abril, se ha despersonalizado totalmente y ha sido invadido por una legión de famosos, famosillos, políticos, politicastros, meretrices de lujo y mariconzuelos televisivos, periodistas de altura y locutores de cierta fama que hasta lo retransmiten, zancada a zancada de los bueyes, como si el Rocío, en vez de ser una peregrinación religiosa fuese un pase de modelos gigantesco entre pinares, romero y juncias...

Para ser alguien en estos días, hay que tener alquilado un balcón en la calle Sierpes, es necesario poseer una caseta en el Real de la Feria y, por supuesto, tener casa en El Rocío, o estar invitado en algunas de las muchas donde se dan cita toda la gente de postín..., esa gente sin la cual el pueblo no puede vivir. Casa, como en las "casetas" feriales, donde te "sirven" camareros escogidos y uniformados, donde se vive la cita para dejarse ver y ser retratados para salir en todas las revistas de papel "couché", en cuantas más, mejor. ¿Qué dirá la Virgen? La Virgen es lo de menos, es la excusa. Lo importante es ir vestido tan elegante como si se fuera a la ópera, una ópera de zahones y sombrero de ala ancha, acompañado, a ser posible, de una artista con "pedigrí" o con una modelo conocida.

Nadie debe jugar con los sentimientos de los demás, pero me parece que El Rocío, desde que llegó aquella invasión literal de ordoñez, pantojas, jurados, albas, flores... a la que ayudaron en número de vistosos acompañantes, cantantes, palmeros, toreros, marquesonas, y lo que ahora se ha dado en llamar "comunicadores", murió para el pueblo, que sólo asiste como triste comparsa.

Entre el Rocío de ahora y aquel de mis padres de hace 62 años, me quedo con el que ellos vivieron. Entonces era del pueblo, ahora de una casta de adinerados que está en todos lados donde se mueva una cámara de televisión.

jueves, 20 de mayo de 2010

DE CAMINO: PARTIDA

Se iniciaba gozosa la trianera mañana dominical, entre aristas de cal azulada y rubor de clavel encendido, cuando emprendimos nuestra ruta romera, guiados por el Norte seguro de aquel Lucero que, tras los blancos muros almonteños y en medio de la inmensa marisma, estaba proyectando sus deslumbrantes destellos en lo más dentro y hondo de nuestro fervor mariano.

Y prosiguió la mañana, coronada por un sueño oculto de azucenas que abrían su ceguera blanca al contacto azul y denso de su cielo y al reflejo oro encendido de su sol, cuando, peregrinos nosotros de la cercana ilusión rociera, íbamos cruzando la cinta gris del camino, entre verdor ondulante y frágil caricia de aire mañanero.

Y surgió la primera voz con sorpresa de ritmo y fondo de oración: "La Virgen del Rocío/ no es obra humana,/ porque bajó del cielo/ una mañana..." Y el eco hecho coro contesto: "Eso sería,/ para ser Reina y Madre/ de Andalucía".

Y envueltos en un repicar de crótalos, palmas y sonrisas, nos fuimos alejando bajo techo de trinos y entre rumor de ramas.

Desde la tierra cuajada de sol absoluto, campesinas de piel curtida y rosadas mejillas, bajo anchos sombreros de palma tostada, nos enviaban su sencilla y jubilosa salutación.

Cruzábamos pueblo tras pueblo. Campos de olivares y trigales sevillanos y campos de viñedos refulgentes del Condado onubense.

Y Almonte, alto e inesperado como un adelantado de nuestra fe, surgió ante nuestros ojos ávidos, como una blanca nube en cielo inmaculado.

Después, la Marisma. La inmensa Marisma como un redondo mar de profundas vibraciones; de intenso perfume y de fresco verdor.

Por un instante nuestro goce se hizo meditación. Nada se dijo. Nada se habló, pero todos los labios comenzaron a musitar una plegaria que parecía ordenada por un Arcángel invisible, que a una vez hubiese llamado en cada uno de nuestros oídos y junto a la puerta misma de nuestros corazones.

Después, como una estrofa triunfal, fue elevándose el susurro entrecortado por al aire conmovido: ¡Dios te Salve!

Y fuimos internándonos por aquella inmensidad arenosa, donde la nube de polvo era como voluta de un especial incienso de sacrificio ofrecido en holocausto de la Madre Bendita de Dios, sobre el llano sin fin de jara verde, salpicado de humildes florecillas...

Y aquí un apretado pinar de sublime y majestuosa serenidad, solo y callado, como el camposanto desconocido donde yace el cadáver del pájaro y de la rosa que del mundo vuelan y desaparecen, y al frente un extenso eucaliptal, también oculto cemeterio para el poema que nunca llega a pronunciarse y para los sueños que jamás llegan a tener realización.

Y entre un nuevo y alborozado repique de palmas y sonrisas ilusionadas, surgió una nuevo voz: "Camino del Rocío,/ largo y penoso... Y el eco hecho clamor completó al unísono: ...mas llegando a la Ermita/ todos son gozos".

Y llanos y más llanos, cubiertos de pinos jóvenes y de verde jara, salpicados de flores pequeñas y sencillas como almas de niños, blancas... malvas... amarillas... rosadas...

Y de pronto una voz: ¡La Ermita!

E inesperadamente apareció ante nosotros algo tan sumamente sencillo y tan íntimamente luminoso, que seguirá sin poder ser explicado porque nunca la palabra será suficiente para plasmar todas aquellas cosas que irradian deslumbrantes destellos de divinidad.

Y es que, sobre aquel cuadro indescriptible, había descendido, como todas las mañanas de Pentecostés, el soplo divino del Espíritu Santo, para gloria de la auténtica Andalucía, tierra predilecta de su Bendita Esposa, la Santísima Virgen del Rocío.


ANTONIO RODRÍGUEZ-BUZÓN
"Senda Rociera"
Sevilla, 1952

miércoles, 19 de mayo de 2010

DE CAMINO: CANTOS POPULARES A LA VIRGEN DEL ROCÍO

ILUSTRACIÓN DE MARTÍN MAQUEDA (1929)

Pocas romerías, por no decir ninguna, quedan en España que puedan compararse con la del Rocío, y si no las hay en nuestra Península, huelga decir que no las hay en parte alguna, La Romería del Rocío es, en su clase, lo que las cofradías sevillanas, únicas en el mundo. Una y otras revelan la psicología del pueblo andaluz, su carácter alegre, generoso, apasionado, creyente a machamartillo. Quien haya visto el Rocío, quien haya presenciado, una vez siquiera la entrada de las carretas y la salida de la Blanca Paloma por la explanada del santuario; quien haya visto el hervidero de criaturas humanas aclamando con frenesí a la Patrona de Almonte por el Real durante el Rosario, no se olvidará jamás de aquellas manifestaciones de amor y de entusiasmo, imposibles de describir, ni de pintar, aunque posea las dotes maravillosas de nuestro inmortal Velázquez.

¡Qué horas de vida se pasan en el Rocío! ¡Qué visión aquella! Allí hay algo, y mucho, de la Edad de Oro descrita por Cervantes en el Quijote. La fraternidad y armonía es tal que pudiéramos decir que todo es de todos y nada es de nadie. Allí todo el mundo come, bebe y se divierte de lo lindo. ¿Quién dijo pena? Han ido del Condado, de Huelva, de Sevilla, de Sanlúcar, de Jerez, de muchas partes, unos en carretas, otros a la jineta, andando, descalzos, de mil modos, para juntarse en amor y compaña en el Rocío y adorar a la Blanca Paloma, y fraternizar, como buenos hermanos, cual si toda la vida se hubieran visto. Unos y otros vienen cantando, porque el pueblo andaluz es como la chicharra, que se pasa la vida cantando. Cantos del alma, reveladores de sus ardientes pasiones y arraigada fe religiosa. Aquel que recogiera todos los cantos populares, letrillas y romances de la Virgen del Rocío, merecería un pedestal de gloria, pues, sin duda, en dichos cánticos está una buena parte de la historia patria, y sería un dolor que se perdiera por incuria nuestra. Se conservaría la psicología, el carácter peculiar del andaluz con sus modismos, giros, comparaciones, hipérboles en que han sido, son y serán los andaluces, por naturaleza, tan ricos y pródigos, como ahorradores de palabras.

Por desgracia, no se da a este linaje de estudios la grandísima importancia que tiene, y temo que por la incuria de los hombres perezca ese rico tesoro que debiéramos reunir y guardar como oro en paño. ¡Que no, que no se pierda ese filón que vale cien Potosíes! Si nuestra Academia acometiera la empresa de recogerlos e imprimirlos, merecería bien de la Historia y de las Letras, y añadiría un nuevo timbre de gloria a los muchos que ya tiene conquistados. Arrojada queda la semilla. Quiera Dios que dé óptimos frutos.

Mas he de notar en lo tocante a cantos populares andaluces, que sean cuales sean, todos son honestos, aunque alegres y chispeantes, La musa popular andaluza es apasionada, exaltada, pero casta. Las coplas con ribetes sicalípticos no son de la musa popular, ni lo han sido nunca. La copla popular, generalmente, no es acicalada; diríamos que no está peinada, tiene suelto el cabello, aire garboso y movimiento natural, rítmico, y campean en muchas de ellas las más bellas imágines e hipérboles. Veamos algunas de muestra:

La Virgen del Rocío
loca se vuelve,
cuando ve que la gente
toda la quieren.
Y es cosa fuerte,
que la quieren y adoran
eternamente.

¡Mire usted que decir que la Virgen se vuelve loca de contenta porque la quieran los pobres mortales! Pues así entiende el pueblo el amor. Por eso dice del enamorado que "está loco perdido, loco de amor". Acaso, ¿el amor tiene juicio? Pues, el siguiente fandanguillo, no deja de tener gracia:

Me ha dicho un tamborilero,
que hasta el Vicario de Roma
se va a jacé rociero
por ver la Blanca Paloma,
orgullo del mundo entero.

¡Hasta el Papa se va a hacer rociero! Pedir más, es gollería. Este otro que copio a continuación, tiene de todo, pues mezcla con la mayor naturalidad el rezo de una Salve con el canto de un fandanguillo. La cuestión es cantar a la Blanca Paloma.

Para de rodillas hincarme,
hasta tu altar he llegao
¡Mare mía del Rosío!
para de rodillas hincarme,
para admirar tus milagros,
para rezarte una Salve,
para cantarte un fandango.

Véase esta, a ver si hay quien le gane en punto a hipérbole:

Cuando por las marismas
la Virgen sale,
hasta el sol se detiene
para rezarle.
¿Quién no le reza
a esa Blanca Paloma,
flor de pureza?

Y si el sol se detiene para rezarle, ¿quién no le rezará a la Blanca Paloma? Hasta el sol se detiene para rezarle, que ya es detener. ¡Qué feliz pensamiento el de ese cantor anónimo! "Ningún pueblo -ha dicho don Luis Montoto- produce tan peregrinas coplas como el andaluz", del cual ha dicho, a otro propósito, que "tiene un cantar para cada uno de los instantes de la vida". Pruébanlo las anteriores coplas y las siguientes:

De Triana vengo yo
a pan y agua por verte,
que vengo a darte las gracias
por salvarme de la muerte.

Esta coplilla edificante, que brota de un corazón agradecido, es un mentís rotundo para esta otra, que no ha sido, ni es, ni será en la vida, popular, ni verídica tampoco:

Vino, guitarra y amores,
un fandango mu sentío
y una serrana a la grupa,
es la fiesta del Rocío.


FRAY DIEGO DE VALENCINA
(Fragmento)
Sevilla, 2 de junio de 1933

martes, 18 de mayo de 2010

DE CAMINO: ROMANCE DEL ROCÍO

LA HERMANDAD DE TRIANA POR LA CALLE CASTILLA (1921)

Caminos y más caminos,
carreteras y marismas,
y la gente rociera
camina que te camina.
En el diáfano ambiente
mil olores se respiran
de tomillo y de romero,
de retamas y resinas.
Y en la gracia luminosa
que es hermosura del día,
llegan reflejos del cielo
vestidos de maravillas.
En la carreta de plata
el Simpecado rebrilla,
oro fino en terciopelo
del color de la campiña,
y en las otras, como el lampo
de la nieve, la alegría
se enciende en romances bellos
y en coplas de romería.
Váganos la Virgen Santa,
Pastora de la marisma,
Y guíenos deslumbrados
hasta el altar de su ermita.

Enfrente del Santuario
se ensancha la romería;
ir y venir de la gente
ebria de luz y ufanía.
Ante el altar de la Virgen
devotamente se humilla
pidiendo misericordia
por sus culpas y sus cuitas.
Y luego baila y rebulle,
y canta coplas ladinas
diciendo la de Triana
que ella es la más divertida.
Se pica Villamanrique,
y Rociana se pica,
y al cabo todas son una
para la fe que las guía.
El Rosario es una siembra
de estrellas en la marisma;
la procesión de la Virgen
una locura infinita,
y todo es como una gloria
de amor en la romería.

La campana del Cachorro,
repica que te repica,
parece una lengua larga
en cuchufletas redicha.
Se encienden mil luminarias
en la calle de Castilla,
y en los ojos de las mozas
hogueras de llamas vivas.
Un rebullicio se extiende
con sones de algarabía
por todo el barrio trianero
en la noche peregrina,
porque vuelve del Rocío
con la alegre romería
toda la gracia del mundo
que en Triana se confina.
Y torna a plegar sus alas
en esta tierra bendita
aquella Blanca Paloma
que es Reina de la marisma.

J. MUÑOZ SAN ROMÁN
Sevilla 1933