miércoles, 19 de mayo de 2010

DE CAMINO: CANTOS POPULARES A LA VIRGEN DEL ROCÍO

ILUSTRACIÓN DE MARTÍN MAQUEDA (1929)

Pocas romerías, por no decir ninguna, quedan en España que puedan compararse con la del Rocío, y si no las hay en nuestra Península, huelga decir que no las hay en parte alguna, La Romería del Rocío es, en su clase, lo que las cofradías sevillanas, únicas en el mundo. Una y otras revelan la psicología del pueblo andaluz, su carácter alegre, generoso, apasionado, creyente a machamartillo. Quien haya visto el Rocío, quien haya presenciado, una vez siquiera la entrada de las carretas y la salida de la Blanca Paloma por la explanada del santuario; quien haya visto el hervidero de criaturas humanas aclamando con frenesí a la Patrona de Almonte por el Real durante el Rosario, no se olvidará jamás de aquellas manifestaciones de amor y de entusiasmo, imposibles de describir, ni de pintar, aunque posea las dotes maravillosas de nuestro inmortal Velázquez.

¡Qué horas de vida se pasan en el Rocío! ¡Qué visión aquella! Allí hay algo, y mucho, de la Edad de Oro descrita por Cervantes en el Quijote. La fraternidad y armonía es tal que pudiéramos decir que todo es de todos y nada es de nadie. Allí todo el mundo come, bebe y se divierte de lo lindo. ¿Quién dijo pena? Han ido del Condado, de Huelva, de Sevilla, de Sanlúcar, de Jerez, de muchas partes, unos en carretas, otros a la jineta, andando, descalzos, de mil modos, para juntarse en amor y compaña en el Rocío y adorar a la Blanca Paloma, y fraternizar, como buenos hermanos, cual si toda la vida se hubieran visto. Unos y otros vienen cantando, porque el pueblo andaluz es como la chicharra, que se pasa la vida cantando. Cantos del alma, reveladores de sus ardientes pasiones y arraigada fe religiosa. Aquel que recogiera todos los cantos populares, letrillas y romances de la Virgen del Rocío, merecería un pedestal de gloria, pues, sin duda, en dichos cánticos está una buena parte de la historia patria, y sería un dolor que se perdiera por incuria nuestra. Se conservaría la psicología, el carácter peculiar del andaluz con sus modismos, giros, comparaciones, hipérboles en que han sido, son y serán los andaluces, por naturaleza, tan ricos y pródigos, como ahorradores de palabras.

Por desgracia, no se da a este linaje de estudios la grandísima importancia que tiene, y temo que por la incuria de los hombres perezca ese rico tesoro que debiéramos reunir y guardar como oro en paño. ¡Que no, que no se pierda ese filón que vale cien Potosíes! Si nuestra Academia acometiera la empresa de recogerlos e imprimirlos, merecería bien de la Historia y de las Letras, y añadiría un nuevo timbre de gloria a los muchos que ya tiene conquistados. Arrojada queda la semilla. Quiera Dios que dé óptimos frutos.

Mas he de notar en lo tocante a cantos populares andaluces, que sean cuales sean, todos son honestos, aunque alegres y chispeantes, La musa popular andaluza es apasionada, exaltada, pero casta. Las coplas con ribetes sicalípticos no son de la musa popular, ni lo han sido nunca. La copla popular, generalmente, no es acicalada; diríamos que no está peinada, tiene suelto el cabello, aire garboso y movimiento natural, rítmico, y campean en muchas de ellas las más bellas imágines e hipérboles. Veamos algunas de muestra:

La Virgen del Rocío
loca se vuelve,
cuando ve que la gente
toda la quieren.
Y es cosa fuerte,
que la quieren y adoran
eternamente.

¡Mire usted que decir que la Virgen se vuelve loca de contenta porque la quieran los pobres mortales! Pues así entiende el pueblo el amor. Por eso dice del enamorado que "está loco perdido, loco de amor". Acaso, ¿el amor tiene juicio? Pues, el siguiente fandanguillo, no deja de tener gracia:

Me ha dicho un tamborilero,
que hasta el Vicario de Roma
se va a jacé rociero
por ver la Blanca Paloma,
orgullo del mundo entero.

¡Hasta el Papa se va a hacer rociero! Pedir más, es gollería. Este otro que copio a continuación, tiene de todo, pues mezcla con la mayor naturalidad el rezo de una Salve con el canto de un fandanguillo. La cuestión es cantar a la Blanca Paloma.

Para de rodillas hincarme,
hasta tu altar he llegao
¡Mare mía del Rosío!
para de rodillas hincarme,
para admirar tus milagros,
para rezarte una Salve,
para cantarte un fandango.

Véase esta, a ver si hay quien le gane en punto a hipérbole:

Cuando por las marismas
la Virgen sale,
hasta el sol se detiene
para rezarle.
¿Quién no le reza
a esa Blanca Paloma,
flor de pureza?

Y si el sol se detiene para rezarle, ¿quién no le rezará a la Blanca Paloma? Hasta el sol se detiene para rezarle, que ya es detener. ¡Qué feliz pensamiento el de ese cantor anónimo! "Ningún pueblo -ha dicho don Luis Montoto- produce tan peregrinas coplas como el andaluz", del cual ha dicho, a otro propósito, que "tiene un cantar para cada uno de los instantes de la vida". Pruébanlo las anteriores coplas y las siguientes:

De Triana vengo yo
a pan y agua por verte,
que vengo a darte las gracias
por salvarme de la muerte.

Esta coplilla edificante, que brota de un corazón agradecido, es un mentís rotundo para esta otra, que no ha sido, ni es, ni será en la vida, popular, ni verídica tampoco:

Vino, guitarra y amores,
un fandango mu sentío
y una serrana a la grupa,
es la fiesta del Rocío.


FRAY DIEGO DE VALENCINA
(Fragmento)
Sevilla, 2 de junio de 1933

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