domingo, 28 de febrero de 2010

DE CUANDO EN MÍ HABITABA LA ESPERANZA

Aún más allá del tiempo y la memoria
estaba destinado al vientre rudo
de tu ombligo de madre, y nadie pudo
desgajarme del tronco de tu historia.

Aún más allá del tiempo, escapatoria
no había de nacer andaluz. Mudo
nací y atado siempre al nudo
de esta maternidad obligatoria.

Hijo del hambre y de la pena, soy.
Padre del descontento y la venganza
y, como Cristo, clavo entre tus cruces.

¡Unámonos, hermanos, porque hoy
quiero bañarme al fin en la esperanza
de sentirme y sentiros andaluces!


(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ. 28 de Febrero de 1980)

DESDE MI TORRE: ¿QUÉ CELEBRAMOS HOY?


El calendario en fiesta me dice que hoy es el "Día de Andalucía". ¿Pero de qué Andalucía? ¿Qué es lo que celebramos en esta región a la cabeza en el índice del paro? Probablemente eso. Celebramos los "treinta años de nada" de los que nos hablaba Francisco Rosell en su libro sobre la "Anatomía del Régimen andaluz", que no otra cosa que Régimen -antigua la palabra, ¿verdad?- es lo que tenemos en nuestra tierra, por mucho que quiera disfrazarse de democracia. Quien se mueve en la foto, no cuenta; quien habla lo que no debe, pasa a las listas negras de este conglomerado oficialista que lo absorbe todo; quien critica los gestos, se queda arrinconado en el mayor de los olvidos.

¿Qué se celebra este 28 de Febrero, al que deberíamos de llamar 28 de Diciembre por aquello del Día de los Inocentes? ¿Celebramos que somos la penúltima región en bienestar? ¿Celebramos que somos la segunda región con los sueldos más bajos? ¿Celebramos que más de media Andalucía está subsidiada? ¿Celebramos que somos la región con más número de funcionarios del país: 489.671? ¿Celebramos los 234 coches oficiales que disfrutan nuestros nuevos virreyes andaluces de un total de 1.200 que hay en el país? ¿Celebramos que a principios de Enero teníamos 868.085 parados y que el paro ha subido un 18'37 % en relación con 2009? ¿Celebramos que en nuestra Universidad copiar no esté sancionado? ¿Celebramos la sinrazón del Caso Marta, en el que cuatro niñatos se siguen riendo de jueces y policías? ¿Celebramos los mas de 70 millones de euros que ha costado la casa dorada de Chaves -que no disfrutará- del Palacio de San Telmo? ¿Celebramos la "cantidad" de viviendas de protección oficial que ha edificado la Junta? ¿Celebramos...

Pues si lo que hay que celebrar es eso, con un gobierno andaluz totalmente inoperante que tanto gritó por la deuda histórica a la oposición y ahora se conforma con cuatro palmos de terreno; con un gobierno que viendo lo que todo vemos sólo muestra su prepotencia... Conmigo que no cuenten. Por favor, quiten este día del calendario. En Andalucía miles de hijos se lanzaron a la calle con una emotiva carga de esperanzas hace treinta años. Después de estas tres décadas, hay que volver a Paco Rosell: 30 AÑOS DE NADA.

POEMARIO TRIANERO: FRANCISCO MONTERO GALVACHE

CURRO PUYA/GITANILLO DE TRIANA

Lanceaba por olivas.
(O, mejor, por aceitunas).
O por soles. O por lunas.
Eran lámparas votivas
sus manos verdes, cautivas
de cantes y de sonantas.
Una pleamar de gargantas
milenarias y morenas,
derramaba en las arenas
olas de olés a sus plantas.

Destronó al Clavel. Tenían
duendes morenos sus manos.
Guadalquivires gitanos
le bajaban, ¡o subían!,
por la sangre, y descendían
a su Verónica grana.
Y una tarde, Santa Ana,
alfarerita y torera,
se lo llevó a la barrera
de su celeste Triana.

Y está, ayayay de la noria
del cante siguiriyero,
tallado por "Fandanguero"
en el frontis de la gloria.
Hizo inmortal la memoria
del hondo temple que mana
la pura esencia gitana,
de esa seda lanceadora
que se llama, a toda hora,
Gitanillo de Triana.


("Ovaciones en mi albero". Sevilla, 1986)

RINCÓN COFRADE TRIANERO: LA NIÑA DEL PAÑUELO

Como casi todos los años, el sol dejaba caer el peso de su calor sobre todos nosotros mientras Jesús, una vez más, repetía la escueta frase de dos palabras latinas que le condenaron a muerte.

La cuadrilla de costaleros insistía, ante el delite de los presentes, de mostrar a los ancianos de la Avenida de Coria de qué forma tan particular aceptaba Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder el comienzo de su pasión.

Minutos más tardes, con la mirada puesta en la calle San Jacinto, en la misma avenida donde nuestra hermandad tiene su Casa, y mientras la cuadrilla descansaba del fructuoso esfuerzo realizado, algo imborrable ocurrió.

Entre la gran cantidad de personas que nos rodeaban, destacó ante nosotros la imagen de una niña en los brazos de quien pensamos que es su madre. La pequeña llevaba sobre la cabeza un pañuelo azul con lunares blancos que ocultaba, y a la vez desvelaba, la presencia de una seria enfermedad. Estaba tan guapa que parecía increíble que una enfermedad estuviese alojada en ella. En su pequeña mano un trozo de gasa tapaba las señales de algunas agujas que alguna vez le alimentaron su esperanza, cuando por su piel sólo debió traspasar el cariño de unos besos.

Hicimos que se acercaran al paso de Nuestro Señor para que lo observaran de cerca. Nadie esperaba que la siguiente levantá fuera para la pequeña esmeralda.

La calle enmudeció, porque se obstruyeron nuestras gargantas, porque enmudeció nuestro Cristo y se endureció la voz del capataz que vio cómo se le cambiaron las palabras por lágrimas y, a golpe de llanto, hizo levantar el paso de Nuestro Señor como nunca antes hizo.

Testigo de ello, una madre desconsolada que no daba crédito a lo que vivía, que lloraba incansablemente. Ahora podríamos entender por qué nuestra Virgen lleva lágrimas.

Presiento que no terminaré este artículo, que sólo conoceremos el final de este cuento real pasado un año desde aquel día, en la misma Tarde Santa, en el mismo sitio y a la misma hora, cuando una señora, con ojos brillantes y sonrisa abierta, se acerque a nosotros y nos diga felizmente: -"Nosotras somos las del año pasado", y en sus brazos descanse una niña, para entonces con tres añitos de edad, presumiendo de una preciosa melena a juego con su cara, y que no sea otra que la niña del pañuelo.

Si alguien la conoce, decidle que no falte a la cita, pero eso sí, con su pañuelo en la mano.


(FERNANDO GARCÍA CARRERA. Boletín Hermandad de San Gonzalo. Número 64. Año 2007)

EL HUMOR Y LAS LÍNEAS TRANVIARIAS (2)

Lo que cuenta "Galerín" en su libro anual "Sevilla en broma" de 1924, parece de guasa, pero no lo es. Muchas personas no sabían cómo tomar el tranvía, porque había líneas, como las de Triana, Nervión y Eritaña que, dependiendo del número, podían ir a un lugar u otro. Tal como vemos en la fotografía de este tranvía de circunvalación, el número de abajo podíamos decir que era como la matrícula del coche, el número que lo identificaba ante cualquier accidente, etc. El de arriba, en círculo, era el número de la línea: ese sí era importante, y no menos imprescindible la tablilla que marcaba el recorrido..., aunque algunas veces se olvidaban de cambiarla cuando cambiaban de coche por avería, limpieza (?), engrase, etc. Con su gran sentido del humor, "Galerín" nos lo explica muy bien:

"Lo mejor que haces para no equivocarte es leer en la Plaza Nueva un cartelito colocado en un poste a cuyo pie hay un teléfono y un empleado de la Compañía siempre de un humor de mil diablos. Ese letrero de los coches que dice "Prohibido hablar con el conductor", te demostrará el genio que tienen. No se les puede hablar. Ahora quieren colocar otros diciendo que "Se prohibe hablar con el conductor. Los hay que muerden".

Las líneas de tranvías se conocen de este modo:

Línea de gran cincurvalación.- Color del disco, rojo. Número indicador (parte alta) 1. Los que dan la misma vuelta por el otro lado, el número 2.
Línea de Eritaña.- Disco amarillo. Número 3.
Patrocinio (Triana).- Disco morado. Número 5.
San Jacinto (Triana).- Disco azul. Número 6.
Cruz del Campo (por San Pedro).- Disco blanco. Número 7.
Pequeña circunvalación.- Disco verde. Número 8.
Barrio Nervión.- Número 10.
Barrio Nervión (por Puerta de Jerez).- Número 12.
Parque.- Número 11.

Estos números indicadores los llevan los tranvías en el centro del techo, parte alta del coche. Los de abajo y los de los costados no tienen que ver nada. Hay que decir esto porque no se entera la gente ni con una trompeta. Hay socio que lee en la cartela "Macarena. Número 1", y deja pasar tranvías y tranvías de esta línea. A lo mejor el coche número 1 no ha salido de la cochera y el socio que lo aguarda se queda en pla plaza más tiempo que los dátiles. ¿Qué esto es broma?
No, señor, alli se ha llevado una familia esperando el coche número 11, para ir al Parque, hasta que dieron dos vueltas los mismos números que ya conocían. Entonces preguntaron al del mal genio y no queremos decir a ustedes la contestación".

INSTRUCCIONES PARA TOMAR EL TRANVÍA
No te creas que el tranvía se toma así como así. Hay que subir por detrás, bajar por delante y hacer ambas faenas por el lado izquierdo. Una vez dentro del tranvía tirarás el cigarro o lo apagarás si eres económico. Si en la plataforma van más viajeros de los que marca el coche y el cobrador es bueno, dejará uno o dos más. Si es de los ordenancistas, te echan con cáscara si subiste el último. Te conviene saber esto porque a lo mejor el último viajero es tu hijo o tu esposa y te lo dejan para otro coche. Cuando llegues al punto de destino desciende ligero o te quedas colgado de una pata. No disputes nunca con el cobrador, que llevas siempre la de perder y te dicen cuatro frescas. Si llamas a un guardia no te dará la razón. Lo mejor es subir, pagar, bajar y callar. Procura cuando subas llevar cuartos porque como le des un duro te devuelven 4,90 en perras chicas. La empresa no les admite a los empleados esa moneda y ellos tienen que salir de ellas. Algunos cobradores dejarán pasar sin pagar a tu niño vestido de "quinto" y otros quieren cobrar doble a las señoras en estado interesante. Es cuestión de simpatía. Procurarás abrocharte bien, porque los rateros son muy aficionados a los tranvías. No hagas ninguna reclamación, que no te harán caso. Si lluve te mojas. Si rompes un cristal en uno de los encontronazos de las curvas, te lo cobran o te meten en la cárcel. Si te pasas del sitio marcado estás perdido. Si no guardas el billete y el inspector es de los que venden jugo lácteo en las horas libres, más vale que pagues antes que te pongas a discutir. Si eres conocido te paran el coche donde quieras. Si no te conocen te pasan tres discrecionales más de las que pediste. Si le mandas parar con la mano y notan que tienes mucho interés en subir, allí te quedas.

Así funciona el negocio. Y para demostrarte las simpatías de que gozan, verás cómo en una calle estrecha no se paran los conductores ni para los catalanes. Esto lo pagan los del tranvía con los automovilistas, que no les dejan paso hasta que materialmente no pueden más. ¡Una delicia!".

Puede parecer una exageración, pero la autoridad y prepotencia del tranvía era así, y así las maneras de sus empleados, en los años que nos cuenta "Galerín".

ACTIVIDADES DE MARZO EN LA "TORRES-MACARENA"

La Peña Flamenca "Torres-Macarena", nos envía el calendario de actividades para este mes de Marzo:

Sábado, día 6, a las 14 horas: Visita de la Peña "La Trilla" de Trebujena. Comida para los socios. Actuación de los artistas de la Peña "La Trilla".

Viernes, día 12, a las 21 horas: Al baile, El Jara; al cante, Mara Rey y Javier "El Indio"; al toque, Juan Torres; en el compás, India y El Jari.

Martes, día 16, a las 21 horas: XXII Concurso de Saetas (fase de clasificación). Presentación del cartel del XXII Concurso de Saetas a cargo de don Jesús Greagh Álvarez de Toledo.

Martes, día 23, a las 21 horas: Final del XXII Concurso de Saetas y entrega de premios.

Para mayor información pueden dirigirse por correo electrónico a la entidad:

torresmacarenasevilla@hotmail.com o llamar al 954 372 384.

sábado, 27 de febrero de 2010

POEMARIO TRIANERO: RAMÓN CHARLO

A LA VIRGEN DE LA ESTRELLA

Estrella Virginal... Madre gloriosa
que la luz del Señor llevó en su seno;
Luz que por redimir, desciende al cieno,
pero encarnando en la más pura rosa.

Luz en tu cara, santa y dolorosa,
luz en tu pecho, de puñales lleno
y luz, en ese retemblar moreno,
de dorada y transida mariposa.

Tú, que eres la Estrella Inmaculada,
por ángeles y Santos venerada,
que Dios puso en la tierra sevillana,

alumbra nuestros ojos noche y día...
Llévalos a tu puerto... Madre mía...
Faro de Dios... ¡Estrella de Triana!


(RAMÓN CHARLO. "Sevilla es sueño". 1955)

TRIANA PUNTO Y APARTE: "LA SOLEÁ DE TRIANA" (3)



PERMISO DEL GOBIERNO CIVIL Y ACTO DEL HOMENAJE

Independientemente de "Los jueves del Zurraque", en los que se homenajearon íntimamente a muchos artistas del cante, el baile y el toque, "La Soleá" abría muchas veces las puertas para otros actos culturales como presentaciones de libros, revistas, etc. Pero uno de los actos principales fue el homenaje que se le tributó a "El Sordillo de Triana" el 6 de Noviembre de 1976 en el cine Astoria, que la dirección ofreció gratuitamente. Recuerdo cómo Paco Parejo y yo nos movimos por todos lados para que el festival pudiese realizarse. Uno de los principales escollos fue lograr el permiso gubernativo, que nos costó sudor y lágrimas. Cuando ya estaba todo preparado, el permiso no nos lo daban. Recuerdo que me llegué al sindicato "vertical" del espactáculo y por mucho que rogué y expliqué que era un homenaje para un artista que lo necesitaba, no había nada que hacer. Desesperado, me fui a la oficina de Pulpón y él, con una sola llamada diciendo que se hacía responsable de todo, por fin logramos tal permiso previo pago de una tasa del Estado de 500 pesetas. Nos dimos un abrazo cuando lo teníamos en las manos, tan sólo dos días antes y con todas las entradas vendidas. Por eso guardo con sublime cariño en mi archivo sobre "El Sordillo" ese papel que tanto nos hizo sufrir, así como la factura de 90 docenas de claveles que compramos para regalárselo en la puerta a las mujeres. Cada docena costó 60 pesetas.

Fue una noche mágica. Se tuvo que poner el cartel de "No hay billetes" y, con todo, la gente abarrotó hasta los pasillos de la sala. No cabía un alfiler. Muchas virtudes hubo que destacar en esta noche, la primera la actuación desinteresada de todos los artistas, excepto la Familia Montoya que nos clavó 40.000 pesetas y que, además, no figuraban en el cartel ni nadie los llamó. Se colaron y, al final nos la colaron a nosotros. Miserias. Una de las principales virtudes fue el comportamiento y corrección del público, con una atención excelente y un silencio espectacular. Recuerdo que me dijo un buen aficionado que Triana era para los cantaores como la Maestranza para los toreros. Y así fue.

Paco Herrera, de Radio Popular de Sevilla fue el que presentó las siete horas que duró el espectáculo. No sé cómo no nos metieron en la cárcel, ya que sólo teníamos autorización para que lo hicieran tres cantaores que se indicaban al dorso del permiso gubernativo. Antonio Mairena fue el que hizo el ofrecimiento del homenaje con estas hermosas palabras. "Tenemos aquí la vejez hecha reliquia de El Sordillo de Triana, que aportó al cante de este lado del río sus múltiples melismas y, lo que es más, dejó su corazón malagueño junto a los aros del puente. Triana, dentro del contexto de raíces cantaoras, no se lleva la palma porque la tiene desde siempre". Y ya la noche se hizo grande de principio a fin y las palmas echaban fuego en cada remate de las actuaciones. Se abrió el homenaje con las sevillanas de "Los Panaderos", "Los de Sevilla" y "Triana-5" y después cante y más cante para ser degustado por los habitantes del barrio y por muchísimos trianeros llegados de La Corchuela, Las Candelarias, Los Pajaritos, el Polígono... que no querían perderse aquella noche con sabor a los célebres festivales de 1954.

Aunque este no es el orden, pasaron por el escenario del cine Astoria: Manuel Oliver, Paco Taranto, "El Arenero" -que era la primera vez que cantaba en público-, "El Teoro", Manuel Márquez "El Zapatero", Naranjito de Triana, Rafael Olivares, Salvador Muñiz, Manolito Blas, Antonio Cortés "El Aceitero", Pepe Peregil, Pepe Montaraz, "El Cabrero", Diego Clavel, Jesús Heredia, El Chozas, Juan Antonio Chacón, "Chiquetete", Pepe Triana, Julio Carrillo y "El Pinto de Triana", que fueron acompañados por las guitarras de Manuel Domínguez "El Rubio", Pepe Vela, Paco Carrillo y Pepe Acevedo, tocando la guitarra de concierto un niño que, andando el tiempo, sería un genio de la guitarra:Rafael Riqueni.

La idea de este homenaje, que partió de un gran admirador de "El Sordillo de Triana" como Manuel Márquez "El Zapatero", no pudo ser mejor. Todos los habituales de "La Soleá" colaboraron de una forma magnífica pegando carteles, vendiendo entradas y ayudando en todo lo que surgía. Pocos días después, en el salón de actos de Radio Popular de Sevilla, y en presencia de Antonio Mairena, el director de la emisora, Manuel Fernández Peña, entregó a un emocionado "Sordillo" el dinero recaudado, que podía haber sido 40.000 pesetas más si la Familia Montoya, tan trianera (?) no hubiese puesto la mano como un mendigo.

RINCÓN COFRADE DE TRIANA: LA MUERTE DE UN HERMANO DE LA ESTRELLA

Era mi padre. Así de sencillo. Así de fuerte. Tenía sólo 52 años cuando el Hacedor quiso tenerlo a su lado.

Después de llevarse 27 días en la UCI, en cuyos días y noches siempre estuve a su lado, la tarde del Domingo de Ramos, 7 de Abril de 1974, que ya había recobrado un poco el pulso que te ofrece la muerte inmediata, pidió al doctor jefe de la unidad, el señor Molina de Porres, que lo subieran a planta para intentar escuchar desde allí las cornetas y tambores de El Porvenir y para soñar con la salida de su Estrella. Bien sabía este hombre, por su estado, que mi padre estaba pidiendo a gritos su última voluntad. Y así fue. Así lo hizo.

Cuando La Estrella, su Estrella, entraba por penúltima vez en la iglesia conventual de San Jacinto, rozando los varales junto al florido magnolio; cuando la última voz del capataz daba el último golpe de martillo después de la estación penitencial, diciendo: -¡Niños, despacito, al suelo con Ella!, mi padre daba su último latido en la vida. Fue el único año que en su manigueta izquierda faltaba él, disfrutando siempre como un niño al lado de aquella Señora que, desde que llegó de su tierra natal onubense de Villanueva de los Castillejos, le había robado su corazón y sus mejores poemas.

A mí, la vida me dejó sin nada. Él era algo especial para para mí. Gran parte de mi vida enterraron junto a él en aquella media tarde lluviosa del Lunes Santo. Él fue mi formador, mi guía, mi espíritu. Casi todo lo que sé, de él lo aprendí. Esa misma tarde de su entierrro, cuando Juan Vizcaya puso la bandera de la hermandad de San Gonzalo sobre su féretro, en una cuartilla, en la casa de mi madre, con el ánimo sobrecogido, con una hija de apenas un año y con mi mujer "hasta la bola" esperando el segundo retoño, escribí la más triste elegía en memoria de aquel hombre bueno que no sólo me había dado el ser sino toda su sabiduría de hombre de bien. Pocos días después de que el poema saliese publicado en la revista "Rota y el Rosario", Juan Sierra, uno de los más exquisitos y olvidados poetas de la generación de 1927, vino a buscarme a mi trabajo y me preguntó, con una humildad suprema, si yo me había dado cuenta de lo que había escrito. Le dije que no, que yo era un aprendiz de poeta, y que si le había parecido malo que me lo dijera sin más. Se abrazó a mí, alto como un álamo, y sabiendo de mi orfandad, con palabras cálidas me dijo que siguiera el camino de mi padre, del que él había sido un buen amigo, y que no dejara de escribir mis propios sentimientos, y que él estaba siempre a mi disposicion para cualquier consejo, lo que le agradecí, tan en verdad, que diez años más tarde, en 1984, conseguí que la Junta Municipal de Triana, capitaneada entonces por Francisco Arcas, publicara su libro "Sevilla en su cielo" y se le rindiera un grandioso homenaje en el restaurante "Río Grande". Aquella "Elegía a la muerte de mi padre", decía así:

A tí, que te he cantado tantas veces,
jornalero de penas y esperanzas,
te ofrezco este rezar, te lo mereces.

Te bebiste la muerte, grande y ancha,
porque Dios reclamaba tu sonrisa
y reclamaba Dios, que todo alcanza,

la humanidad eterna de tu brisa.
Te quise tanto y tanto, padre mío,
que hasta Él de tenerte tenía prisa.

De tí manó la fuente de este río
llevando por los valles de mi vida
tanto de tí que, al irte, estoy vacío.

Quiero dar a tu mar, quiero enseguida
vivir en tí y en tí desembocarme
desde el principio al fin de mi partida.

Quiero llegar a ti, quiero encontrarme
en tus olas tan dulces, marinero,
y en tus aguas de paz quiero bañarme.

¡Dime tú, padre mío, qué sendero
hay que tomar para llegar a verte
y llegar como tú tan hombre entero!

Tan vivo te veía como inerte
jugándote la vida temerario,
sonriendo y feliz junto a la muerte.

Qué lección es saber tu intinerario,
encontrar tu pisada, andar tu huella
por las divinas perlas de un rosario.

Qué bueno andar y andar con Ella
por el bendito campo de lo humano
recogiendo luceros de su Estrella.

Qué bueno es ser un hombre campechano
de pecho libre y de mirada cierta.
Qué bueno como tú gastar las manos

y de tu casa ver la puerta abierta.
Mi alma está dormida, está tan sola
que sólo tu recuerdo la despierta.

Pusiste en el trigal tus amapolas
y allí en el erial pusiste un beso
y estallaron de rojo las corolas.

Y Dios, por fin, celoso, te hizo preso
en el edén eterno de los cielos,
por sencillo, tan sólo por ser eso.

A tí que me cuidaste con desvelos,
bañándome en tu afán de cada día,
elevé la canción de mis consuelos.

Tú que tienes un sitio entre María,
hazme un hueco pequeño al lado de Ella
cuando Dios quiera agotar mi río.

Desde el balcón celeste de tu Estrella
¡no dejéis de mirarme, padre mío!

Cada vez que llega el 8 de Abril no puedo dejar de acordarme que aquel día se marchó mi padre para siempre. Cada vez que llega el Domingo de Ramos, paso la doble prueba de la orfandad. Cada vez que sale la Estrella, me fijo en esa manigueta izquierda donde ya él no esta. ¿Irá quizás entre sus varales, derritiéndose con Ella en la cera de su candelería, hilado en oro en los adornos de su manto? ¿O quizás vaya más cerca de Ella: en el ostensorio que lleva entre sus manos, a las que él cantó dejando una obra literaria de orden mayor en los anales de la Hermandad?

EL HUMOR Y LAS LÍNEAS TRANVIARIAS (1)

Algunas han sido las páginas de humor que hemos recorrido con "Don Cecilio", con "Don Luis Mejías" y con algunos autores anónimos. Las hemerotecas están llenas de esta delicia del humor de cada tiempo. Un humor que, a la vez, daba "caña" y se enfrentaba al poder establecido y a las debilidades de los usuarios. Uno de nuestros grandes periodistas, con salero por arrobas, Agustín López Macías "Galerín" (1881-1944), del que hemos gozado de algunos ejemplos sobre los tranvías, entre sus miles de artículos sobre temas varios no podía pasar por alto la faceta de su pluma humorística. En uno de estos artículos, fechado en Julio de 1916, titulado "Tranvía y cine", decía así:

"Hemos tomado en la plaza el tranvía de circunvalación. La pasajera que nos toca en suerte es una mujer guapa, en el tranvía y en todas partes. En la parada número 42 sube a la jardinera una mujer con un niño. Galantes, siempre, hemos dado nuestro asiento a la viajera y nos acomodamos en la plataforma.
¡En bendita hora! La pasajera que viéramos primeramente ocupa el asiento inmediato al sitio en que viajamos. Llleva "nuestra" viajera una blusa de esas que le han dado en llamar "camaroneras", y como dominamos por la estatura y el sitio, viene enseguida a nuestra memoria, sin querer, el soneto de "Carrasquilla", "El Calvario", que es lo que fuimos pasando todo el camino. En la Pasarela ha descendido la mujer de la "camaronera" que ya nos tenía preso entre sus mallas. ¡Sus mallas!
Sigue el tranvía parado donde no debiera, con gran disgusto del conductor y de los viajeros que llevan prisa. Hemos atravesado el barrio de San Roque, cuyo vecindario todo "fresquea" en las puertas de sus domicilios. Varios chiquillos se cuelgan del estribo del coche, expuestos a partirse la crisma. El sereno los está viendo desde la iglesia de San Roque y los deja hacer. No estará eso en sus atribuciones. Esperamos en la Puerta osario un rato grande, que aprovechan los empleados del tranvía en tomar "gasolina" con tapa.
Un señor toca un silbato y sale otra vez nuestro coche andando con un ruido idéntico al tren de Alcalá. El trole se ha salido dos veces, dejándonos a oscuras. Del cable conductor de energía salen unos chispazos horribles. El cobrador tiene menos puntería que un ciego.
Acierta, por fin, y seguimos el viaje.
Cuando llegamos a la Macarena, los viajeros somos ya, casi, "de la familia". Nos ha contado un compañero de coche siete años de relaciones que tuvo con la que hoy es su esposa, y toda su historia de diez años de casado.
Echamos pie a tierra. El que se desee refrescar que "se aplaste" en una de las "jardineras" que dan la vuelta grande. Hay que tragarse todo el polvo de la Ronda y de las calles del interior, porque como no riegan, el tranvía levanta todo el que puede y un poco más. Pero el fresco que se toma es tan rico que casi no se nota el polvo. Es muy distraída la vuelta grande, sobre todo si se entabla conversación con la vecina del asiento.
Una de las pasadas noches, no la noche que corrió Levante, sino de las que estaban en calma todos los ventiladores del cielo, subimos en la Magdalena a una jardinera que ocupaban 4 ó 5 jóvenes descacharrantes. La colocación de las nenas era tres en un asiento y dos en otro. Nos colocamos donde habían tres..., y en medio, porque una de ellas no quiso abandonar la punta del banco.
Un buenas noches que nadie contestó, el calor, el abanico que se cayó, el cigarro que se tira entero (¿qué no?) por no molestar, el usted perdone porque "sin pensar" se ha rozado el vestido, todo contribuyó a que cuando dijimos al cobrador "la vuelta grande" exclamaran ellas: -¡Ay! como nosotras. Y muy a gusto, porque la compañía merece la pena. Gracias.
En la Plaza de San Francisco apenas se paró el coche porque "los indios" lo habían asaltado antes de que llegara a la parada. En nuestro banco no cabía nadie y ya habíamos asesinado nosotros con la mirada a nuestra compañera de la izquierda, y medio atortolado a la de la derecha. ¡El demonio que somos!


-Hace fresco en el tranvía, ¿verdá usté?
-Verdausté que sí. Por las afueras da gusto... porque...
En este momento, el tranvía toma, rápido, la curva del Triunfo y nuestro cuerpo quedó prisionero entre las dos nenas.
-Usté dispense.
-Quite usted, lo que yo hubiera querido es...
Y en la curva de la calle San Gregorio a poco nos saltan un ojo con un zarcillo.
-¡Por dios!
-Y por los Santos; que no acaben las curvas.
-¿Ha vistusté...?

Lo he sentido y cada vez estoy más contento del viaje porque no sabía de dónde sacaban el terciopelo, y ahora lo sé. Lo sacan de su ca...
Y el tranvía para en la Puerta de Jerez.

-Niñas, vamos a quedarnos aquí que yo medio me he mareado con los golpazos de este coche. -¡Jesús, qué tranvía! Parece que tiene cuadradas las ruedas.

Y en la Puerta de Jerez quedaron nuestras amigas de unos minutos, cuando nosotros, incapaces de nada, íbamos a atrevernos hasta a desenchufar la luz de la jardinera.
¡Qué tres encontronazos en las curvas! En las curvas de la vía, cuidado".

viernes, 26 de febrero de 2010

TRIANA PUNTO Y APARTE: "LA SOLEÁ DE TRIANA" (2)

Necesario es contar en estas páginas cómo conocí a Antonio González Garzón "El Arenero", jugándome una mala contestación por su parte, un buen guantazo merecido o... lo que pasó, que trataré de contar de la mejor manera posible.

Estando Paco Parejo y yo para entrar en la puerta de su bar "El Rincón Trianero", que ocupaba el local debajo de la casa donde nació y creció el cantaor José Muñagorriz Fuentes "Niño Segundo" y donde aún vivía su madre, su hermana, su cuñado y sobrinos, mi compadre Paco me advirtió que allí estaba "El Arenero" tomando una copa con un tal "El Teta" y con "Canela", derribista de profesión y con sueños de haber sido un gran matador de toros. Y es que en Triana, en cualquier sitio puedes encontrarte con seis artistas por metro cuadrado. Pues bien, estábamos nosotros dándole vueltas a lo de la Peña la Soleá y mi compadre mi invitó a una copa en su propio bar, llevado por un tabernero muy gracioso y moyatoso, de Coria, apedillado Lara.

Decían que "El Arenero" era una persona muy rara, distante, preocupado sólo de la sirga del río con sus barcos, y que nadie, muy pocos, lo habían escuchado cantar, pero que tenía una jaula en su garganta. Subimos los dos escalones a que obligaba la rasante de la calle, dimos las buenas tardes, nos contestaron cortesmente..., y ya está. Pero yo no me quedaba tranquilo por dentro si desperdiciaba aquella oportunidad. Por la poca cortedad que te da la juventud -tenía yo entonces 24 años-, en un momento determinado me dirigí a aquel hombre: alto, fuerte como un roble, de una presencia señorial a pesar de las faenas duras del río y guapo en su perfil de patricio romano: -¿Usted es Antonio "El Arenero"? Mi compadre no sabía dónde esconderse en su propia casa. -Yo soy, me dijo, con una voz muy peculiar de hombre franco y sincero, voz de seguridad en sí mismo. Dudé un instante pero seguí como la torrentera de un arroyo: -Pues mire usted, yo soy Emilio Jiménez Díaz, un aprendiz de periodista, y me han dicho que usted canta como los ángeles, pero que es tan raro que no lo han escuchao cantar ni sus hijos. ¿A usted no le da vergüenza que Dios le haya dado ese tesoro para que no lo comparta con nadie?. Aquí me esperaba yo el guantazo o la mala contestación..., pero qué va. Parece que a Antonio le hizo efecto mi pregunta acusativa y le dijo al Lara, con más años que el loro Tena: -¡Niño, pon una copita a estos señores! Tras las presentaciones de rigor me enteré de que Manuel León "El Teta" era su compadre y otro gran cantaor, y que "El Canela", aparte de sus aficiones taurinas, era un aficionado de pro y un bailaor, no profesional, con un arte exquisito.

Comenzamos a decirles nuestra idea y se les abrieron los ojos de par en par: -¡Eso, eso es lo que hace falta en Triana! Y así comenzó todo. Cada jueves, Antonio "El Arenero" fue sacando del arca sus mejores tesoros por la llamada soleá del Zurraque o de los alfareros, y "El Teta", y Manuel Oliver, y todos y cada uno de los que, corriéndose la voz, se iban acercando, poco a poco, a un manantial de arte que estaba preso en las compuertas de muchos hijos del barrio.

A partir de ahí, todo fue como la seda: el homenaje a "El Sordillo de Triana", escuchar la voz de Emilio Abadía, el homenaje al "Niño de la Calzá", la grabación de un disco con estos cantes desconocidos en la firma Hispavox, las conferencias ilustradas que se sucedían en Córdoba, en Almería, en Granada, en Huelva... Las voces de "El Zurraque" se fueron transmitiendo incluso a los cantaores profesionales, hasta el punto de que Antonio Mairena, en confesiones a Joaquín Herrera Carranza en su libro "Imagen última de Antonio Mairena" le decía: "¿Es que no hay más soleares que las de los alfareros? Hasta ese punto llegamos con muchas cosas que iremos comentando en este itinerario del recuerdo. "La Soleá de Triana" sólo permaneció sin actividades de clase alguna el mes de Noviembre de 1977, cuando Manuel León "El Teta" estuvo ingresado grave en "García Morato". Los amigos, de esos que ya no hay, no teníamos cuerpo para divertirnos mientras uno de nuestros hermanos lo estaba pasando tan mal. ¿Saben los nuevos flamencos qué es y significa la palabra solidaridad?

En Triana se sabía -no sé si aún se sabe, aunque lo dudo- qué emoción llevaba la amistad entre sus letras.

POEMARIO TRIANERO: JOSÉ MARÍA REQUENA

TRIANA

Acaso ni exista de verdad. ¡Quién sabe
si no se habrá inventado
ella a sí misma!

No es nada Triana siendo todo
lo que no se razona,
lo que se queda a solas con su gracia,
lo que resta de un verso y no es el verso,
lo que presiente el hombre
y sólo sabe Dios.

¿No será que será
una santa conciencia
que Sevilla despliega a la otra orilla
para nunca dejar de ser un pueblo
caldeado de pena y de entusiasmo?

¿O quizá cada cual
la crea con su mirada
a imagen clara y semejanza limpia
del milagro sencillo
para vivir de forma que la muerte
se quede en potro negro desbravado?

Muchas veces la miro
como a una gran paciencia junto al río
a la espera de alguna
verdad a toda vela.

Huele a pobre Triana,
a pobre cuya casa
está en el Evangelio
cuando llega cansado
Jesús y milagrea
en cosas de comer
con todopoderososo disimulo,
en tanto que acaricia a los chiquillos
como a enormes milagros que no vemos.

Plazas, calles, gentes... ¿Y qué más
para decirla entera,
para que no se escape del poema,
para enjaular su arcángel con mi canto?

Todos la nombran
con voz de conocerla
hasta el cimiento mismo de su gracia.
Dicen Triana y ya no dicen más,
igual que si no fuera
otra cosa que nombre
de grandeza dormida junto al río
o recuerdo de alguien
que perdió la memoria
en el justo momento
de empezar a cantarla.

Pasa con ella
igual que cuando exigen
definiciones claras de lo blanco:
no hay palabras que expresen
las luces que conviven
y hasta luchan por dentro
de tanto sin color,
de tanta sangre
que ya no está y que duele
en el arte desierto
del silencio blanquísimo.

¿No será que Sevilla
se quita su ropaje
de lujo acumulado, allá en Triana
y se queda desnuda, en cales vivas,
fuera del tiempo, verdadera,
alma de tópico grandioso,
gracia sentida y no visible?

RINCÓN COFRADE TRIANERO: UNA "SAETA" HISTÓRICA

Se aproximaba la Semana Santa. En la Fábrica de Tabacos de Sevilla, que en un tiempo tuvo verdadero renombre por el sugestivo espectáculo que ofrecía la salida de la cigarreras, luceros de hermosura y canteras inagotables de ingenio en los indescriptibles crepúsculos sevillanos, hervía el entusiasmo, y en el zumbido de enjambre de las conversaciones corría de taller a taller y rodaba de sección en sección el mismo tema obsesionador y apasionante: la próxima salida de la Cofradía, vulgarmente conocida por la de las cigarreras, que aquel año, ya lejano, iba a estrenar la escultura de Nuestro Padre Jesús, atado a la columna, que formaba parte principalísima del "misterio" del primer "paso". Porque constaba y consta de dos la cofradía popularísima. El primero lo compone Nuestro Padre Jesús, ofreciendo las desnudas espaldas al martirio de los sayones; atadas las manos divinas a la columna del suplicio; abatida la cabeza con humildad; entreabiertos los cárdenos labios; inclinado el torso ensangrentado por el peso abrumador de tantos dolores; herida la frente por el cruel tormento de la burlesca corona de espinas... Llena el segundo la majestad augusta de la Santísima Virgen de La Victoria, avanzando un poco el busto, resplandeciente de joyas riquísimas; extendidas las manos en una imploración de piedad; la celestial belleza de su rostro surcada por el torrente de un llanto de amargura infinita; también en la boca entreabierta el vuelo de un suspiro triste, doloroso, que escapa de la honda amargura de su angustiado corazón.

Hacía mucho tiempo que la Hermandad deseaba sustituir la imagen de Cristo por otra análoga, de mayor importancia artística, ya que el escultor, desconocido, autor de la primitiva, que había figurado siempre en la cofradía, no había tenido, en realidad, mucho acierto en crear la insigne figura de Jesús. Era una escultura desmedrada y pequeña, tan débil y de tal insignificancia física, que parecía imposible que pudiera resistir sin derribarse los azotes vigorosos que le propinaban sus verdugos. Pero así, tan endeble, tan chiquito, lo conocieron varias generaciones de cigarreras, y así lo tenían clavado en la retina y lo compadecían por su debilidad y en la viva hoguera de su fe le quemaban el incienso de todas sus adoraciones.

Alguna vez había de ser, y aquel año de gracia fue el señalado por la Providencia para que el cambio se efectuase. Antes de tomar el acuerdo definitivo, el Cabildo hubo de reunirse repetidas veces y de deliberar sobre asunto de tamaña importancia. Los amigos de la tradición se oponían ardorosamente a la reforma, que encontraba apasionado eco en las hermanas y hermanos más jóvenes, inclinados a que su cofradía adquiriera más destacada importancia en la pugna constante que por la mejora y riqueza de todos sus elementos mantienen las Hermandades sevillanas.

Uno de los más decididos partidarios de la transformación era el pagador de la Fábrica de Tabacos, persona popularísima en Sevilla por su estatura gigantesca y su fortaleza extraordinaria. La presencia del pagador en cualquier lugar de la capital andaluza, aún en los días de mayor aglomeración por cualquier acontecimiento, no pasaba jamás inadvertida, porque su cabeza sobresalía notoriamente del nivel normal de las multitudes.

Tras de muchas y laboriosas discusiones, se tomó el acuerdo en firme, y tras de la imposición de cuotas extraordinarias y varias colectas periódicas de limosnas para allegar los fondos necesarios, se hizo el encargo a un ilustre escultor sevillano. Por eso en aquellos días preliminares de la Semana Mayor ardía en comentarios y pronósticos la renombrada Fábrica de Tabacos de Sevilla.

Jueves Santo. Sobre la muchedumbre, enlutada y silenciosa, pone el sol de la tarde destellos de oro. En el azul purísimo se recortan las siluetas de las altas torres con sus campanarios mudos, y el perfume sensual de la primavera sevillana se opone en brusco contraste al aroma del incienso que impregna el aire, embriaga los sentidos y predispone el espíritu a las más altas evocaciones celestiales. Un influjo misterioso parece adueñarse del ambiente, en el que vuelan con invisibles alas los versos temblorosos de las "saetas": oraciones lanzadas al cielo, como flechas, por el fervor cristiano de Sevilla.

Redoblan los tambores acompasadamente detrás de las andas refulgentes de oros y de luces; lloran los óboes, y los fagotes mezclan sus quejidos con los acordes lentos, profundos y enigmáticos de las marchas fúnebres. ¡Ha pasado Cristo en la Cruz! Visto de espaldas y a distancia, sus miembros doloridos se dibujan sobre el fondo del cielo, en cuya bóveda el crepúsculo va dejando pinceladas de rosa.

En la famosa calle de la Sierpes, ya vencida la tarde, aparece, entre las hileras de sillas que corren a todo lo largo de la estación, la Cruz de Guía de la Cofradía de las cigarreras. Bajo los antifaces morados, los nazarenos, con sus flotantes capas blancas, avanzan fantasmales, llevando un tembloroso relámpago de luz prendido en el extremo de sus gruesos cirios. En la presidencia del "paso" de Cristo, se reconoce por su corpulencia, a pesar del antifaz, al pagador de la Fábrica. La nueva escultura es alta y maciza, vigorosa y fuerte. El artista, en un alarde de conocimientos anatómicos, ha destacado en el maltratado cuerpo de Jesús unos músculos poderosos que acusan, en una sostenida tensión, los dolores del sufrimiento.

Un grupo de obreras de la Fábrica, situado en las sillas fronteras al edificio que ocupa hoy el Casino Mercantil, es un hervidero de comentarios:

-Pastora, ¿has visto?

Josú, Josú!...

-¡Pero que Señó más grande nos han traío!

-¿Te has fijao en los nervios que tiene?

-¡Qué manos!

-¡Qué pieses!

-¡Qué piernas!

-Como le dé una gofetá a los judíos granujas que le pegan, van a tené que a Melilla por la cabesa.

-¡A mí no! ¡A mí que me traigan a mi probesito Señó de antes!

Durante el diálogo han adelantado los nazarenos del "paso" de la Virgen de la Victoria. Bajo el palio de terciopelo bordado, el fulgor de las rizadas velas pone en las pálidas mejillas de la imagen reflejos extraños. Brillan lás lágrimas en el divino rostro, pregoneras de atroces congojas. Estremece y sobrecoge la expresión atormentada de la cara santísima. La presencia de la Virgen suspende la conversación de las murmuradoras en un paréntesis de muda contemplación.

Bajo el efecto que ha producido en su ánimo el paso del Cristo, Pastora, gentil y decidida, con la emoción que traduce un ligero temblor de labios y la indignación presa en el brillo irritado de sus pupilas, se levanta de su asiento y, cruzado el airoso mantón de flecos, muy abiertos los ojos, improvisa una saeta. Y dice:

Mare mía de la Victoria,
bien comprendo tu doló,
porque te han quitao a tu hijo
y te han puesto al pagadó.


(ROGELIO PÉREZ OLIVARES. "Anecdotario pintoresco". Madrid, 1944)

LA MUY PELIGROSA CALLE IMAGEN

EL 210 POR LA ESTRECHÍSIMA CALLE IMAGEN

Junto a la fama notoria del tranvía de la Puerta Real, su conductor "Vinagre" y el señor Anula, hubo una calle en Sevilla, hoy cambiada de estructura y fisonomía, que gozó, por los múltiples atropellos que se cometieron en ella, de una fama perdurable aunque triste. ¿Recuerdan algunos de los lectores la primitiva calle Imagen? Estrecha donde las había, era una calle de muchísimo tránsito, ya que unía, como hoy, la Puerta Osario o ronda exterior con el centro de la ciudad, y estaba siempre atiborrada de público a causa de los pequeños comercios y especierías que radicaban en ella. Muchos peatones resultaron en esta calle con las piernas cortadas por un simple resbalón en la mínima acera, cuyo bordillo, que era casi su ancho total, estaba pegado a los raíles. Si a esto unimos las continuas obras que se realizan en la misma, porque los adoquines se levantaban con frecuencia por culpa del peso diario que gravitaba sobre ella, encontraremos sin dificultad la razón de tan mala fama. Poder o no poder pasar por la calle Imagen siempre era una incógnita.

Como una ilustración poética más de estos apuntes, recogemos ésta, sin firma, aparecida en el diario "La Unión" con el título cachondo de ¿A Osario... o a la marisma?:

Ayer, el tranvía de Puerta Osario/ que va por San Pedro, tuve que tomar,/ y... ¡válgame el cielo! ¡cuántas peripecias/ en pocos minutos tuve que pasar!/ Subí en la Campana, cuando más llovía,/ las botas mojadas y el traje calado;/ cuando iba tomando el gusto al tranvía,/ y me iba secando... se queda parado./ ¡Quizas sea que el trole se le haya salido!/ pensé en el momento, pero el cobrador/ me saca de dudas, diciendo: ¡Transbordo!/ ¡Aquí hay que apearse! ¡Hagan el favor!/ Allá vamos todos como en caravana,/ aguantando el agua por el Coliseo,/ buscando otro coche que dicen que estaba/ parado en San Pedro. ¡Valiente paseo!/ Ya frente a la iglesia nos dicen... ¡Pararse!/ ¡Aquí el otro coche tiene que venir! Allí nos paramos, y al cuarto de hora/ teníamos más agua que el Guadalquivir./ Al fin llega el coche. Trato de subirme,/ y al verme calado, dice el conductor.../ ¡Parece que llueve! Y yo le contesto:/ ¡Mas no en el despacho de tu director!/ Si la calle Imagen está interceptada,/ levantado el suelo, cortada la vía,/ y existen motivos más que suficientes/ para que por ella no pase el tranvía,/ creo que la Empresa debiera avisarlo/ mandando un aviso en que el viajero,/ ya que medio tiempo tiene que ir nadando,/ al menos, que pueda ahorrarse el dinero./ Y no que lo dicen cuando ya han cobrado,/ y aunque el viajero quiera protestar,/ de nada le sirve, pues quiera o no quiera,/ ese paseíto lo tiene que dar./ Si ha de tardar mucho la grande reforma/ que a la calle Imagen le vienen haciendo,/ pensarse debiera por la Compañía/ cambiar el servicio de un modo estupendo./ Quiten el tranvía; pongan autobuses,/ que harán el servicio de un modo mejor,/ y así se ahorrarían de oir los piropos/ que cada viajero echa al director...

Creemos que la calle Imagen -hoy, amplia y moderna, aunque con muchos adefesios arquitectónicos-, también formó parte importante en la vida tranviaria, y su nombre gozó, en la negra lista de sucesos, de una fama superior a las restantes calles sevillanas. Por lo que significó de sobresaltos con su maldita estrechez, por tantas piernas cortadas por su culpa y por la cantidad de accidentes ocurridos en su angostura, hemos querido traerla a estos sencillos recuerdos tranviarios.

jueves, 25 de febrero de 2010

DESDE MI TORRE: YO TAMBIÉN SOY UN DISIDENTE, ORLANDO

Ahí lo tienes, Orlando. Tú ahora lo estarás viendo desde arriba, desde donde estés, observando sus miserias, sus falsas estrellas de no se sabe qué comandancia. Y seguro que te estarás riendo de él, compadeciéndote de él. Tu vida ha sido más importante que la suya para todo el mundo. La tuya ha estado llena, desde que tuviste uso de razón, de ideas para abolir la dictadura disfrazada de socialismo de tu pueblo, de palabras de ánimo para conseguir la esperanza. La suya y la de su hermano y la de los que lo apoyan y la de los que callan, están llenas de crímenes, de mariposas negras dentro de las páginas de la historia. Tú te has ido con la mirada serena y la conciencia limpia. Éstos no pueden mirar a nadie sin que nos entren ganas de asesinarles con la miradas limpias y vomitar en sus botas.

Hoy, desconocido Orlando, querido amigo Orlando, he sentido náuseas al ver cómo querían ocultar tu entierro a los ojos del mundo. Tú, desde el balcón en que te encuentres, lo habrás visto mejor que nosotros. La reacción ha sido la contraria. Todos hemos enterrado una parte de nosotros contigo, todos somos Orlando, todos somos parte de esa Cuba a la que los políticos no quieren denunciar porque, como dicen en mi tierra, tienen más miedo que vergüenza. La otra parte, la que nos queda, la poca que nos están dejando todos los inventores de la "globalización" -que no es otra cosa que hacerse dueños del mundo y volvamos a la esclavitud- la emplearemos, sin duda, para defender los pocos derechos que nos quedan.

Tú estarás para siempre dormido, pero tu ejemplo nos ha servido para que abramos los ojos. Hoy me será muy difícil dormir pensando en tu injusta muerte. Pero los hermanos Castro, y los que tan sibilinamente han querido silenciar tu lucha, jamás dormirán, si es verdad que la conciencia es la muerte lenta, segundo a segundo, de los hombres de mala voluntad.

Difícil es que fueses creyente. Es lo de menos, hermano. Allí donde estés, que Dios te bendiga.

POEMARIO TRIANERO: FÉLIX ROS

ENTIERRO DE CURRO PUYA
QUE PUSO SU AMOR EN LAS ASTAS DE UN TORO

Por Sevilla, pasa,
corazón de bulerías, Gitanillo de Triana.

Vivirá más que un recuerdo, adormecido entre palmas.
(Untarde aceite su tumba. Tumba de oro. Se dilata
entre los huesos perdidos del olivar; buena cama).

Rayada de pez y frío tiene la carne, morada.
Las venas se transparentan, truncadas,
cabe aquel corazón que ya no canta.

Capotes de ácida seda duermen debajo del agua.
Alamares de gitanos resucitan de arracadas.

Dirán lunadas varonas: "Gitanillo de Triana".
Dirán gañanes flexibles: "Gitanillo de Triana".
Dirán campanas afónicas: "Gitanillo de Triana".

Y aquella virgen de rejas atarazadas
por puntas de banderillas te ha de hacer, Curro, una estampa:

"Lágrimas riegan mis ojos para tu carne gitana.
Bajo la tumba que pudres preñen raíces de dalia".
Guitarreas tú, hecho tarde, rayos de sol en mi alma.


(Cancionero para José María de Cossio. Barcelona, agosto de 1931)

TRIANA PUNTO Y APARTE: "LA SOLEÁ DE TRIANA" (1)

PEÑA "LA SOLEÁ DE TRIANA"

Parece que fue ayer y ya han pasado 35 años de aquella creación mágica de una de las reuniones flamencas más emblématicas, no sólo de Triana sino de Sevilla. El 30 de Diciembre de 1975 se ponía en marcha la "Peña Flamenca La Soleá", en la calle Alfarería nº 70.

Yo me manejaba entonces en la ciudad a base de pedalear en una bicicleta que me prestaron y, despúes, en una BH que pude comprar con muchísimas fatigas. Cuando salía de mi trabajo en la Plaza del Duque, me pegaba un paseíto hasta la calle Torres, número 18, pequeñísima y casi recién inaugurada Peña "Torres-Macarena", para aprender de la gran humanidad de Juan Campos -creador y presidente- y de todos los que por allí pasaban: Eduardo el de la Malena, El Chocolate, El Pesca, Alfonsito Campoy, Pepe Carrasco, los hermanos Centeno, Pies de Plomo, La Tomasa, su hijo José, El Chozas, Isidoro Carmona, Pedro Bacán, El Colorao, Filigrana, José Romero, Juan Antonio Chacón, El Cabrero... Tan pequeña era la peña que la copa de rigor había que tomarla en una taberna antigua pegada a la entidad: la de Antonio Carvajal "El Jilandés". Un buen día, alguien me dijo allí que había en Triana un macareno, protésico dental, que era un gran aficionado y que vivía en la calle Alfarería, es decir, a muy pocos metros de mi casa. Aquella misma tarde, a lomos de mi bici, me fui para allá, me presenté a él, nos tomamos algunas cervezas, nos caímos perfectamente bien y... allí empezó todo.

Paco Parejo, que ese es el nombre de mi amigo, tenía un bar muy famoso por sus "pringás" en la esquina de Procurador con Alfarería, "El rincón trianero", y en los bajos de su taller protésico un local amplio vacío, con un salón donde se pondría la barra y un cuarto exacto al fondo para la liturgia del cante. Nos animamos uno a otro, lo comentamos con nuestros amigos aficionados de Villanueva del Ariscal, donde él tenía también una casa: Manuel Márquez "El Zapatero", Salvador Muñiz, Manolito Blas y Antonio "El Aceitero", y decidimos darle forma a aquello. Una de las cosas principales es que no sería una peña al uso, es decir, con socios, con cuotas, con presidente, etc. Aquello sería una reunión de amigos cabales. Si había 30 sillas en el cuarto para el cante, aquellos que se sentaban primero las cogían, si el 31 era el mismo rey, se quedaba de pie. Y así fue para bien de todos. Después de los cantes espontáneos, se ponía mosto y vino del Aljarafe, aceitunas, rabanitos, papelones de pescao frito y cada cual entregaba lo que podía para pagar el costo. Eran unas noches deliciosas.

En la carpeta que conservo en mi archivo de "La Soleá" guardo esta reseña, firmada por José Luis Ortiz Nuevo cuando escribía en "Informaciones de Andalucía", fechada el 31 de Diciembre de 1975, correspondiente a la inauguración de la Peña. No tiene desperdicio: "LA PEÑA SOLEÁ DE TRIANA HA ECHADO ANDAR. En el día de ayer, y en cuartito y en Triana, fue el Cante. Nos habíamos reunido para comenzar las actividades de la peña flamenca "Soleá de Triana", y el motivo exacto, aparte del cante omnipresente, fue homenajear a una hermosa y joven bailaora: Carmen Albéniz. Para ello, entre retratos de artistas y de fiestas, con el rumor preciso de la guitarra de Manolo Carmona, la afición atenta, el mosto, las aceitunas verdes y gordas, el pescaíto frito..., se convocó al cante con toda la naturalidad necesaria: "Señores, vamos a escuchar...", y escuchamos a Márquez "El Zapatero" y a Antonio "El Arenero" subir las empinadas cuestas de la soleá trianera, meciendo primero en los iniciales tercios, para subir luego y jugar por los admirables tonos de esa soleá primitiva, modelo de sobriedad y grito, cuna de muchos hermanos soleaeros que siguieron en el tiempo. Y al final, con la misma ceremoniosa sensillez, tuvimos el honor -grande y sentido- de entregar a Carmen Albéniz la estatuilla de cerámica, obra de un viejo y sabio artesano trianero, con la que los amigos de la "Soleá de Triana" quisieron testimoniarle su admiración y afecto".

Lo importante de todo es que había cante de verdad y amistad. La reunión semanal se hacía en jueves, y por ese le pusimos a estos actos, para los que siempre nos buscábamos una figura del flamenco a homenajear, "Los jueves del Zurraque", regalándole a los artistas una preciosa escultura en barro de las manos de un viejo artista trianero llamado Francisco Ceballos.

Por allí pasaron todos los artistas del presente flamenco y muchos del pasado. Los jueves no se cabía en "La Soleá". Haciendo memoria rápida, sin buscar en mis archivos, fueron muchas las veces que estuvo allí Antonio Mairena, su hermano Manolo, Fosforito, Lebrijano, Diego Clavel, "El Pescaílla", José Romero -que hasta dio un concierto de piano flamenco-, Curro Malena, Antonio Suárez, Chiquetete, Naranjito, Luis Caballero, Matilde Coral y su marido Rafael "El Negro", Carmen Albéniz, Pepa Montes, María Oliveros, Ricardo Miño, El Turronero, Pepe Vela -que era como el guitarrista oficial-, José de la Tomasa, El Cabrero, Luis de Córdoba, Pedro Bacán, El Beni, Juan Habichuela, El Funi, El Niño de la Calzá, Juan Valderrama..., y hasta incluso Pepe Marchena, cuando ya se le notaba en la cara su pronta muerte. A todos estos, evidentemente, había que sumarle los aficionados y cantaores de Villanueva y Triana: Manolo Cánovas, El Teoro, El Quino, El Niño del Túnel, El Cinco Reales, Emilio Abadía, El Sordillo, El Arenero, El Teta, Enrique El Carnicero", El Mesa, Manolo Oliver, El Sopera, El Pompa, Sabino, Antoñito Fuentes... El que cantaba -y todos querían hacerlo- sabía muy bien que no cobraba. Aquello no eran recitales, sino espontáneos y entrañables apuntes de todos los cantes, lucha abierta de ecos y soníos, amigable duelo de voces.

Recuerdo cómo nos movíamos mi compadre Paco y yo para que nada fallase. La prensa no fallaba porque ya escribía yo en el diario "Nueva Andalucía" y me llevaba muy bien con todos los medios, que muy pocas veces faltaban: Miguel Acal, Paco Herrera, Ortiz Nuevo, Montoya, José Luis Vega, Francisco Millán, Pepe Sollo. El vino no podía fallar con tan buenos amigos vinateros de Villanueva. La estatuílla íbamos a buscarla personalmente al cuartillo inmundo de Ceballos en la calle Antillano Campos; la peana en un cuchitril pegado a El Cachorro, donde tenía un taller un tornero amigo; la placa para la peana, controlada; el pescaíto se compraba sobre la marcha en la freiduría de la calle Castilla; y el cante..., sobraba, había para organizar diez festivales de la mejor calidad.

Allí había un ambiente de amigos-amigos. Nadie era el dueño, nadie era socio, nadie tenía un compromiso o una obligación, sólo la del respeto: que era sagrado. A lo largo de algunas páginas, iremos desgranando cuánto dio de sí "La Soleá de Triana", gracias a la generosidad de un macareno como Paco Parejo Ramírez que puso su local a disposición de los amantes del Flamenco y la Cultura. Seguiremos.

RINCÓN COFRADE TRIANERO: EL SURREALISMO DE PEPE PEREGIL

En esta Sevilla mágica ocurren cosas insólitas cuyo deseo de explicación a los demás se entrella en el muro de lo incomprensible. Hay que ver para creer algunas entrañables anécdotas diarias de nuestra ciudad.

Una hora casi abridora de la baja madrugada. Una plaza céntrica: la de Jaúregui. Una tasca repleta de ambiente y juventud: Quitapesares. Un hombre detrás del mostrador, alto como la mimbre, fuerte como un roble, de ancha sonrisa, modos afables, curtido en la vinatería y la amistad: Pepe Peregil, embajador de Sevilla por todas las latitudes y, además, cantaor.

Mientras crece el bullicio entre altramuces, cervezas y cañas de manzanilla sanluqueña, la parihuela del paso de Santa Catalina, el de "los caballos", asoma su esqueleto tras el perfil de la puerta, portando un imaginario Cristo sustituido en peso por cajas rellenas de cemento. Los hermanos costaleros mecen y mueven las andas escuálidas cual si el Cristo de la Exaltación fuese entrando en La Campana. De pronto, repentinamente, sin nadie esperar el quiebro sobre el ardoroso redondel de las conversaciones, una voz: fresca y rancia, subida en espirales, como tallada a gubia por las manos de La Roldana, crece y sube en el cuartucho, cantándole al Cristo que nadie ve, al armazón metálico, al cajón movido en las trabajaderas...

La saeta de Pepe Peregil soltó alfileres que herían los poros de los brazos. Todos nos arañamos en silencio y se vidriaron los ojos con las benditas perlas de las lágrimas.

¡Qué imagen surrealista! A mí me lo cuentan y no lo creo. La suerte, tremenda, grande y señorial como el cuerpo bonachón del tabernero-cantaor Peregil, es que pude vivir uno de los momentos más sublimes de mi vida -amplia en recuerdos-, junto a mi mujer, mis hijos, y un manojo de amigos manchegos que no daban crédito a su vista...

Pepe Peregil, embebido en los "duendes", nos transportó, en la magia de una saeta, por los caminos perdidos de las cosas grandes..., como él.


(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ. El Correo de Andalucía. 5 de Marzo 1985)

LA "ESABORICIÓN" DE UN INSPECTOR DE TRANVÍAS

TRANVÍA DE LA LÍNEA B: CAMAS-PAÑOLETA-PATROCINIO-BARRIO LEÓN

El señor Anula, inspector de la Compañía de Tranvías, logró hacerse famoso por la natural "esaborición" que siempre llevaba consigo, tan contrapuesta al sentido jocoso del sevillano. No se sabe si es que no era de esta tierra o que no le caía nada de bien, pero nada, aquella coplilla tarareaa entre todos los usuarios de las diversas líenas, que se mofaban una y otra vez de la Compañía pagando al cobrador pero sin exigir el billete, para que estos trabajadores tuviesen algo más que añadir a sus mezquinos sueldos:

La Compañía de Tranvías
ha puesto muchos inspectores,
por mucho que sepan ellos
más saben los cobradores...

En contraposición a la gracia y bondad de "Vinagre", el señor Anula poseía mal genio y peores modos, siendo su "especialidad" provocar continuos conflictos en las líneas donde efectuaba servicio.

Comentemos uno de sus muchos altercados. Hemos referido en varios capítulos anteriores que el público, a causa del mal servicio, no tenía más remedio que intenatr subir como fuera a los tranvías, bien sentados en el interior del coche -lo que era una proeza-, de pie, en las plataformas o en los estribos. El caso era subir para no tener que esperar otra media hora al siguiente tranvía, con la particularidad de que, aunque se viajase en el estribo, el cobrador extendía el billete reglamentario cuando se olía que había inspectores a la vista.

Pues bien, el Altozano era uno de los sitios más conflictivos a la hora de intentar tomar un tranvía, ya que era cruce de dos líneas, y muchos viajeros que venían de La Magdalena esperaban allí el enlace de la línea hasta el Patrocinio o Camas. El tranvía aquel día, como siempre, iba atestado de pasajeros, teniendo que viajar en el estribo uno de los que esperaban en el citado cruce por no poder subir a la plataforma debido al exceso de gente. El tranvía emprendió su marcha a lo largo de la calle Castilla, y el señor Anula, inspector de servicio en aquel viaje, ordenó al pasajero del estribo que se bajase del mismo, ya que allí, conforme al reglamento, no se podía viajar. A esta orden contesto el viajero con un ¡NO! rotundo, alegando que él había pagado su billete y que si no podía subir a la plataforma era porque no cabía ni un alfiler debido al pésimo servicio de la Compañía.

Entre voces, órdenes y negaciones para abandonar el coche, el tranvía se había encajado ya en el Patrocinio. Al llegar a este punto, el señor Anula requirió la presencia de un guardia municipal para que arrestase al "rebelde usuario", no pudiéndolo hacer el representante de la autoridad gracias a la protesta masiva de todos los pasajeros, que intentaron, incluso, pegar tanto al inspector como al guardia. Pero ahí no quedó las cosa. No parando en el empeño de defender su autoridad, el inspector ordenó al conductor del tranvía que retrocediera hasta el punto de origen del altercado: el Altozano.

Ya pueden imaginarse los lectores las palabras que se cruzaron en este obligado trayecto de vuelta, los comentarios de todo tipo y las exaltadas protestas en contra de la actuación del inspector. La llegada al Altozano fue apoteósica, ya que ahora fueron todos los usuarios quienes reclamaron la presencia de varios agentes del orden, acabando la cabezonada del señor Anula, el inspector de más mal genio de la Compañía, en tener que echar la cabezada del día en la comisaría trianera, por reincidente en provocar, cada dos por tres, esta clase de conflictos con los consiguientes parones del servicio.

miércoles, 24 de febrero de 2010

UNOS PREMIOS CON OLOR A CHAMUSQUINA

Anoche me acerqué al Gran Teatro de Córdoba para ver el desarrollo de la "XI Edición Premios de la Crítica Nacional de Flamenco 2009" y tuve la ocasión de compartir un rato de charla con Vicente Amigo, El Pele, Juan "El Lebrijano" y su mujer, Rafael Trenas, y con mi antiguo compañero y gran amigo Paco Herrera, al que hacía muchos años que no veía, desde que él se fue a Madrid para dirigir Radiolé y yo a Córdoba... para que todo el mundo del flamenco se olvidase de mí.

El teatro, por aquello de la lluvia y de la retransmisión televisiva del Barcelona, estaba más bien vacío. Sólo unas cuatrocientas personas, entre peñistas, miembros del jurado y artistas, se dieron cita en una noche que prometía ser muy flamenca y que terminó siendo muy aburrida. Había 36 nominados para 12 premios, tres por modalidad, aunque los galardonados ya sabían que estaban premiados con antelación y al resto de los nominados ni siquiera se les avisó si tenían que trasladarse a Córdoba. ¡Vivan las cosas bien hechas!

A mí me extraña -viendo los nombres del jurado, los medios donde desarrollan su trabajo y las ciudades en que habitan algunos- que hayan sido capaces de seguir a lo largo de 2009 la labor y el trabajo de estos nominados, máxime cuando, por poner un ejemplo, en el capítulo del "Mejor libro flamenco" casi ninguno de los enjuiciadores habían leído las tres obras nominadas, y no digamos nada del seguimiento que hayan podido hacer de los demás apartados. 58 miembros son muchos para ponerse de acuerdo en tantas concesiones que siempre están al filo de la raya del agua. No sé por qué -quizás peco de malintencionado- la mayoría de estos premios están más que amañados, tal vez por intereses con los medios, editoriales, instituciones y casas discográficas. Ya en el año 2007 "por una falta de claridad manifiesta en los Premios Nacionales de la Crítica Flamenca", dimitió el vicepresidente de la Asociación de Periodistas Especializados en Flamenco, el gaditano José María Castaño. Este flamencólogo decía que el Presidente, Alfonso Eduardo Pérez Orozco, "comenzó a decidir de forma unilateral cómo dar los premios, dónde, qué día, quién haría las estatuillas y, lo peor, utilizando un método de escrutinio de los votos, al que nadie, salvo él, podía acceder" continuando que "algunas de las votaciones se hacían por teléfono, claramente inválidas hasta en una república bananera". Con estos antecedentes hasta creo que no soy yo demasiado malintencionado.

Me da también mala espina que no estén como miembros del jurado, representando a medios tan importantes como El País, RNE, El Mundo o El Correo de Andalucía, entre otros, Ángel Álvarez Caballero, Manuel Ríos Ruiz, Manuel Martín Martín o mi compadre Manuel Bohórquez, quien por cierto estaba nominado y no lo llamaron por teléfono ni le enviaron un correo electrónico para decirle que no fuese a Córdoba porque el premio era para otro. ¡Viva la claridad!

Y este fue el resultado de una gala más sosa que un tomate sin sal. "Labor de difusión del flamenco en medios" a Paco Sánchez -que por cierto es miembro del Jurado-; "Mejor promoción del Flamenco" al Instituto Cervantes; "Mejor libro de flamenco" a Luis Clemente; "Mejor DVD" a Estrella Morente; "Mejor disco de cante revelación" a David Lagos; "Mejor disco de guitarra de acompañamiento" a Moraito; "Mejor disco instrumental" a Niño Josele; "Mejor productor" a Ricardo Pachón; "Mejor bailaor" a Marcos Flores; "Mejor bailaora" a La Moneta; "Mejor disco de guitarra solista" a Vicente Amigo -que no sabía ni qué premio iba a recoger y quién lo otorgaba-; y "Mejor disco de cante" a La Macanita.
Pues lo dicho. Aparte de las ausencias comentadas en el jurado, resulta que uno de los premiados es miembro del mismo, y otro no ejerce en ningún medio de comunicación. ¡Viva Cartagena!

RINCÓN COFRADE TRIANERO: CRISTO JAMÁS MUERE EN TRIANA

Triana, herida por tantos flancos, no quiere que Cristo muera por sus calles. Desde San Jacinto a San Gonzalo, desde el Patrocinio al Puerto Camaronero, jamás encontraréis a Cristo muerto.

Triana es barrio de vida, pobre, humillado, dolorido, pero vivo.

Triana puede ser llevada ante Caifás para que silencie su palabra y su orgullo a cambio de salvarse, pero jamás abdicará de lo que es y dirá a grito abierto cual un martinete de sus fragüas: -¡Yo soy!, como el Soberano Poder de Cristo.

Triana puede ser azotada por la envidia, por la dejadez de sus munícipes, por los tópicos de las leyendas, ser amarrada a la columna de la injuria y de las sinrazones, enjuiciada para condenarla a la muerte de la desidia, pero como su Cristo, ante la Victoria de su Madre, seguirá diciendo, dolorida y ensangrentada, pero con sublime fuerza: -Ego sum qui sum.

Triana cargará con el peso de la cruz y será nazarena hasta El Gólgota, y en el sangriento camino que no le lleva a abdicar de su condición, irá como su jorobadito de su calle de Castilla y caerá tres veces con tanto peso de calumnias, como su Cristo de la calle Pureza, mas recibirá el paño húmedo de María de Magdala de Sevilla y sentirá el respiro de la gracia.

Triana será crucificada, como su Cachorro, pero nunca morirá, se quedará expirando por sus esquinas, porque, como Él, su lugar no es la capilla, su sitio no es el altar rodeado de velas, su universo está en las andas del paso y en el aire de sus calles.

Cristo enjuiciado, Cristo azotado, Cristo con la cruz a cuesta, Cristo en su tercera caída, Cristo crucificado, pero expirante, muerto no, jamás. Expirando siempre, queriendo decir la última palabra, arrastrando por sus pálpitos el último aliento de vida, pero aliento al fin, vida siempre.

Triana no quiere que Cristo se muera en su arrabal. Lo necesita. Por eso Cristo jamás muere en Triana.


(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ)

POEMARIO TRIANERO: FERNANDO PÉREZ CAMACHO

VIDA

El aire de la mañana
se viste de azul y oro
porque están jugando al toro
los chiquillos de Triana.
Con su mirada temprana
un muchacho los veía.
Aquel muchacho tenía
pájaros en la cabeza
y allí tuvo la certeza
de saber lo que quería.

MUERTE

Negro el toro de la vida
se igualó ante tu mirada
y la luz quedó, asombrada,
en tus ojos detenida.
¿Qué momento de tu historia
se detuvo en tu memoria?
No hubo reloj ni hubo gesto,
ni el aire anunció tu muerte:
se te puso el toro en suerte
y la rutina hizo el resto.


("El siglo de oro en la poesía taurina". Santander, 2010)

EL MÁS FAMOSO DE LOS TRANVÍAS: EL DE LA PUERTA REAL

Por méritos propios en el desarrollo de la vida tranviaria, nos tenemos que acordar del célebre tranvía de la Puerta Real. El tranvia de pequeña circunvalación -que así era denominado en los papeles oficiales- o de la Puerta Real -como era llamado popularmente-, era como una especie de "casa rodante en familia". Todos se conocían. No sólo eran habituales sus conductores y cobradores, sino sus pasajeros cotidianos. Era, sin duda, el tranvía más cariñoso, aunque también el más lento. Era el más cordial para sus diarios viajeros porque los problemas de una familia usuaria de la línea eran los problemas de la gran familia tranviaria que cogía ese coche. Conductores y cobradores alternaban las conversaciones con los usuarios sobre los problemas más diversos, dándose la feliz circunstancia de llamarse unos a otros por sus propios nombres de pila o por sus acostumbrados apodos.

El más famoso de sus conductores, Pepe, apodado "El Vinagre", que conocía al dedillo el horario de sus "habituales" para ir al trabajo y esperaba si había que esperar, a cambio de una bronca amigable, la llegada del usuario dormilón. Este "Vinagre" -digno de estar presente en la historia de personajes populares de Sevilla-, sabía, además, la hora de las mujeres de la línea para hacer las compras del mercado, conversaba con su proverbial simpatía con todas ellas y, sin hacer caso de las paradas obligatorias o eventuales, dejaba a cada una de ellas en el sitio justo que a cada cual le convenía.

Si era amable con las mujeres del recorrido y afable y dialogador con los hombres, tenía una cierta predilección con los niños, conociendo a la perfección -como un autobús escolar de nuestros días- la cantidad de niños que tenía que recoger para llevarlos lo más cerca posible -raíles mandan- de sus centros escolares.

Si un "habitual" tardaba en demasía, tocaba la campana insistentemente y, muchas veces, según testimonio de viajeros y compañeros que lo recuerdan, era él mismo quien, bajándose de su puesto, llamaba a casa del tardío viajero, no fuera a ser que se encontrara enfermo. Si lo que le ocurrió al "habitual" fue que se le pegaron las sábanas, después de una bronca que parecía no tener fin, coreada por todos los viajeros, la discusión acababa con un "Mañana no te espero, te va a esperar la "casera", pá que tespabiles, lirón!

Era natural que, entre tantas esperas por una u otra cosa, el de la Puerta Real gozara de merecida fama de lento. Para dar verídica constancia de lo que decimos, transcribimos a continuación parte de una carta de un ciudadano enviada a un diario local, en la que al final se decía: "El tranvía Puerta Real-Puerta de Jerez, reloj en mano, bate todos los records de velocidad conocidos, ya que recorre, lo he comprobado, ¡seis kilómetros por hora! Y a eso no hay derecho".

"Don Cecilio" -el socorrido José García Rufino-, nos aporta, en otro de sus célebres versos castigadores, parte de esa lentitud demostrada por el más célebre de los tranvías. Con el título: "Maravillas tranviarias", nos dice:

Es el barrio del Museo,/ entre los de la ciudad,/ de los que más olvidados/ y con más descuido están./ De los bancos de la plaza/ ¿para qué les voy a hablar/ si sin patas ni respaldos/ de seguro seguirán?/ Como que no hay que hablar de ellos/ ni una palabrita más./ Y a otra cosa. ¿Ustedes tienen/ acaso necesidad/ de ir a aquel barrio para algo?/ Pues si es así, con andar/ un pie tras otro, de fijo/ que a su sitio llegarán;/ mas, ¡por Dios! que no se ocurra/ a ustedes utilizar/ el "servicio de tranvías"/ ¡porque no llegan jamás!/ El tal servicio, de un coche/ se compone, que igual va/ que un carretón, pues no tiene/ cruce alguno que esperar,/ y como es tranvía del año/ de la "nana" (o quizás más)/ lleva una marcha que, ese,/ de fijo no volcará,/ ni se romperán las piezas/ de tanta "velocidad"./ De la Campana hacia el Duque/ ahora no puede pasarse/ porque han quitado la aguja./ Sólo un coche dando va/ cada media hora su vuelta,/ con toda tranquilidad./ A esto se llama la "línea/ de pequeña circunvalación";/ gracioso servicio,/ pintoresco y especial/ que la gente toma a guasa,/ porque para ponderar/ a un "gachó" que es despacioso,/ y "pelmazo" y "holgazán",/ ya se dice: ¡Es un travía/ como el de la Puerta Real,/ que en moverse y dar la vuelta.../ una hora tarda ná más!

Por estas circunstancias, el tranvía de la Puerta Real, el peculiar y holgazán tranvía de la línea 8, aún tiene un lugar privilegiado en el recuerdo de todos los que sufrieron su paso de tortuga y de todos los que gozaron con la especial y campechana forma de ser de aquel tranviario que consiguió imprimirle el sello de su gracia: "Vinagre", al que no le cuadraba muy bien su apodo con la diligencia y cariño de sus actos diarios.

martes, 23 de febrero de 2010

POEMARIO TRIANERO: JUAN DE DIOS PAREJA OBREGÓN


ARTE TRIANERO
(FINITO DE TRIANA)

Como centinela, alerta,
y garita un burladero,
así está el banderillero...
¡Alerta... siempre está alerta!
Lleva perdida la cuenta
de las plazas que ha pisado,
de las vidas que ha salvado...
Y entre flor y banderilla
lleva siempre a su Sevilla
en el capote bordado.

("Tarajes". 1984)

RINCÓN COFRADE TRIANERO: NOVELA DEL CRISTO DE LA EXPIRACIÓN

Hace tiempo que el escultor trabaja sin descanso. Noche y día hunde sus formones en la carne reseca del madero.

Afuera baten yunques y resuenan cantares y pendencias.

Alguna vez al esculpir limpia el sudor de su frente, carda su fina barba con los nerviosos dedos, y contempla, retirado un poco, la magnífica y decapitada talla. Luego aparta del agudo corte de las gubias las menudas virutas, que se engarzan en delgados rizos pertinaces.

No hace muchos días esto era el grueso tronco de un árbol poderoso. Hubiera podido servir para fundir el hierro antiguo en las fragüas de la Cava o para señalar, desbastado, caminos del Nuevo Mundo en el espolón de un velero. Ahora es un hombre decapitado, con los brazos abiertos y extendidos en rígida y desnuda imploración.

El mejor físico de Sevilla. El más famoso cirujano de la ciudad, no aceptaría a calcular con más cuidado el mapa de estas venas henchidas, la geometría de estos músculos, tensos en un esfuerzo desesperado y último.

El escultor ha intentado muchas veces completar su obra. Trabaja, en verdad, con la unción de quien quisiera lograr una maravillosa Eucaristía: el cuerpo, sangre y divinidad de Dios, aquí. Sacado a punta de gubias de aquel leño informe y seco. Están los brazos, el torso, los pies atravesados, el anhelante pecho. Pero... ¡la faz de Jesús! ¡Cristo muriendo...!

En vano reza el escultor en la iglesia de Señá Santana. En vano pone en su trabajo un largo prólogo de credos. Pero hoy ¿qué lumbre extraña es esa, en la mirada? Hoy trabaja febrilmente el escultor. Ni aún podrá ir al entierro de ese gitano de enfrente, al que mataron de siete puñaladas.

El le vio morir. Y aún le ve, con el recuerdo en las manos y la visión atormentada en el filo de las gubias.

Después ¡Santana bendita! el escultor sigue viéndolo, transfigurado, cierto, con los ojos de la cara.

Muchedumbre de gentes lo verían.

Sobre la faz del gitano luz de siglos y fervores. Las tres "potencias" de oro y una corona de espinas...

Allá por los altos cielos ¡cuánto hablarán de Triana, Jesús y el apuñalado!


(ANTONIO NÚÑEZ DE HERRERA. "Teoría y realidad de la Semana Santa". 1934)

ALGUNAS SABROSAS ANÉCDOTAS DEL TRANVIA

Seríamos injustos si después de 70 años de maldecires, de continuo desbravamiento en contra de aquel "peligro amarillo" y de atacar la parte trágica que trajo a lo largo de su vida, no refiriésemos una de las partes principales de su contexto: esa parcela de historia popular recogida a través de las anécdotas

Ni que decir tiene que el tranvía gozó en nuestra ciudad de cierta idiosincracia callejera, tal vez en justa relación con la natural de sus habitantes, que siempre tenían la fina astilla del humor a flor de piel, corriéndose de boca en boca, diariamente, cada uno de los sucesos ocurridos y degenerando los mismos, hiperbólicamente, al cabo de tres, cuatro o cinco transcripciones orales.

Interminables, pues, fueron las anécdotas que tuvieron al tranvía, y a la organización tranviaria, como partícipes, siendo muy difícil escoger las más significativas. Entre mucho cavilar para ofrecerles las que nos parecieron más simpáticas, hemos elegido varias y de contenidos diversos.

En estas épocas de hambre y de grandes preocupaciones económicas, el ratero ciudadano, el "randa" habitual a la caza y captura de lo que cayera, era un personaje más de la ciudad, perteneciente, por regla general, a los estratos más humildes de ella. En Sevilla abundaba el ratero. Su habilidad demostrada para subir al tranvía en marcha y bajar con el botín o pasarlo a otro compinche en los cruces de las líneas, en un laureado alarde equilibrista, caracterizaba a este tipo singular.

La prensa local no cesaba de advertir al usuario de la presencia de los rateros en los tranvías, ya que eran muy abundantes, teniendo su círculo "laboral" en este sistema de transporte y, por regla general, aunque no había excepciones, en las líneas pertenecientes a Camas, Tranvía y Cerro del Águila. La cantidad monetaria de los robos cometidos -aunque el ratero poseía intuición especial para acercarse al viajero de mayor bienestar económico- oscilaba entre las diez, quinientas y mil pesetas entre los robos carteristas, siendo más importantes los de joyas y relojes, para lo que, parece, tenían una innata habilidad dada la gran cantidad de robos de este tipo cometidos a diario.

La anécdota viene aquí. Existía en nuestra ciudad uno de esos rateros habituales que, por un defecto visual, recibía el apodo de "El Bizcoli". Tenía que ser un amigo de lo ajeno de mucho cuidado, ya que su arresto fue muy comentado y aireado por Sevilla. A pesar de sus dotes físicas para escabullirse, "El Bizcoli" fue torpe en esta ocasión, porque en la línea de la Macarena no pudo tener peor suerte que intentar robar a un policía de la "secreta" que se dejó querer hasta cogerlo "in fraganti", sacándole del bolsillo, como prueba irrefutable, su propia cartera. "El Bizcoli -decía el cronista de sucesos de "El Liberal"- debe comprarse unas gafas, porque en esta ocasión ha tenido muy poca vista".

Otras de las que corrieron como la pólvora por toda la ciudad, fue la siguiente. No es raro que una mujer sienta los dolores del parto momentáneamente e inclusive, como ha ocurrido muchísimas veces, tenga su alumbramiento en el interior de los taxis. No es suceso que se prodigue a diario pero, de hecho, tampoco es la primera vez que ha ocurrido. Trasplantemos a aquellos viejos tranvías el caso, e imaginemos lo que ocurrió en la línea 1 el 17 de Agosto de 1927. Un matrimonio toma el citado tranvía. La señora está bastante avanzada en su estado y siente los dolores del parto en el interior del coche. Los gritos no cesan y los nervios del conductor tampoco, en medio de los comentarios más diversos de los viajeros. Se opta, sin pensarlo dos veces, por utilizar el tranvía como ambulancia, con el regulador a tope, la campana sonando sin cesar y suprimiéndose toda clase de paradas hasta llegar al Hospital Central, naciendo la criatura en la explanada de entrada al mismo. No se sabe si el niño, como suele suceder en estos casos, lo apadrinó la Compañía de Tranvías, o si le concedieron bula para subir en todos los tranvías sin pagar billete. Lo que sí imaginamos es el consiguiente atraso que por causa de este suceso tuvieron que sufrir los viajeros de la línea 1, quienes mirarían con recelo en lo sucesivo a las mujeres que, desde entonces, se montasen en estado de buena esperanza.

Un día, en la antigua Plaza de la República (hoy, San Francisco), en un poste del tendido eléctrico tranviario, situado frente al edificio de la antigua Audiencia, se estableció un cortocircuito, produciéndose una explosión seguida de una gran llamarada y frecuentes detonaciones. Cuando el público, viajero y transeúnte, supo la causa del accidente se calmaron los ánimos y la plaza volvió a llenarse de "héroes". "¡Qué modo de correr cinco minutos antes! -decía el comentarista de "La Unión"- ¡Corrían hasta los agentes de seguridad!"

Las mujeres sevillanas, como la célebre parturienta, también se encuentran presentes muchas veces dentro del anecdotario de la vida de los tranvías. Una vez, una señora de "armas tomar", por no haber dado el cobrador la orden de parada en una "eventual", a pesar de su condición femenina propinó tal paliza al cobrador que tuvo que ser atendido de urgencia en el puesto de socorro más cercano. Otra señora presentó una denuncia contra un tranviario por apretar la marcha del tranvía en la Puerta Real cuando se apeaba del mismo, cayéndose al suelo y haciéndose trizas un vestido que valoró en 80 pesetas, exponiendo en comisaría que el conductor apretó la marcha por antiguos resentimientos particulares contra ella.

Al cabo de los años, cuando aún salta la chispa de la conversación sobre el tema tranviario, todavía florecen en los labios de los antiguos sevillanos multitu de anécdotas de todos los tipos y para todos los gustos, anécdotas que hemos tenido que dejar en el tintero de estos rápidos apuntes.