Por su porte no se puede decir que pase hambre ni que tenga la obligación, para sobrevivir, de irse al puente de Carranza a pescar mojarritas. Tampoco he tenido oportunidad de palpar sus manos, de seguro que con menos callos que un cirujano de pediatría. Llevo 23 años viviendo en Córdoba, en esta Alemania del Sur, como así me la definiera mi amiga periodista, neoyorquina, Estela Zatania: ciudad difícil donde las haya, muy acomplejada por su propio comportamiento, envidiosa y enfrentada con Sevilla sin un motivo lógico, a no ser por la frase que un buen día dijo Antonio Gala, al que quieren apropiarse, aunque no sea cordobés, sino manchego de Brazatortas: Sevilla es muy ombliguista, pero es que tiene un ombligo tan bonito...
Este señor, al que conozco sólo por salir en la prensa cordobesa cada dos por tres como uno de sus poderes fácticos, de sus empresarios de pro, de los que le han dado la mano a prebostes, alcaldes y altas instancias de la realeza, creo que tiene la cultura justita para arrear pavos por la Navidad camino de algún mercadillo. Como si ya no tuviésemos bastante con la Andalucía que nos pintan hasta nuestros propios gobernantes, a este Presidente de la Asociación de Empresas y Servicios de Córdoba (Asfaco) y dueño del grupo aeronáutico Faasa, no se le ocurre otra cosa que meterse públicamente con los hombres de la tierra más antigua de España: Cádiz, aseverando en su manifiesta incultura que: "Es complicado invertir en Cádiz, porque son graciosos, pero no trabajan". Su hijo, que, al parecer, aún es más ocurrente que el padre -según el progenitor tiene mucha sorna-, una vez le dijo a un consejero, evidentemente que de la Junta: -¿Cómo se te ocurre abrir ahí una fábrica si los gaditanos no trabajan? Y don Miguel Ángel: ja, ja, je. je, ji. ji, celebrando la gracia de su retoño.
Córdoba, me parece que lo tiene que saber don Miguel Ángel, es la segunda provincia con más parados de Andalucía, con un Parque Joyero que no funciona, con un Palacio de Congresos que nunca se termina, con una alcaldesa, Isabel Ambrosio, más parada que un reloj de caramelo, con unos trenes de cercanías que todavía no van a ninguna parte, con una suciedad apabullante por su calles, a excepción de ciertos sectores de la Judería, una ciudad muerta, deprimente en su manifiesta soledad. ¿Es una clara señal del trabajo cordobés?
El cordobés, con un euro o 0'80, redime sus penas en la copa vidriada de un "medio". Se conforma sólo con eso y con decir que Córdoba es muy senequista, tal como apostilla don Miguel Ángel. Pero, claro está, como el que dice lo que no debe escucha lo que no quiere, yo le digo a don Miguel que no tiene la más mínima idea de la historia de su Ciudad. Séneca vivió en Córdoba -y aún no se sabe si es cierto si nació aquí- los diez primeros meses de su vida, por lo que poco pudo influir, para nada, en el ánimo, filosofía y forma de vida de sus posteriores ciudadanos. El cordobés, y tengo muy buenos amigos nacidos en esta tierra, está acomplejado con su tierra: hermosa, de grandes campiñas y de extensos olivares, con la posesión de una Sierra Morena olvidada, con la presencia de un río que le estorba porque no sabe sacar partido de él. ¿Se trabaja mucho en Córdoba?
A lo peor, don Miguel, es que el cordobés de pro, como es usted, es flojo de ideas y lento para llevar proyectos a cabo y proyectando su pesimismo a cuantos conforman esta triste sociedad cordobesa que no arranca, que no quiere arrancar, que quiere seguir siendo tan senequista (?) y cobarde que se suicida ante la imposición de Nerón. Sevilla es la alegría personificada, la majestad, la ciudad de las justas proporciones, la embaucadora de sus bellezas..., y de las ajenas. Pero desde Córdoba se le tiene una envidia mala que he podido vivir en mis propias carnes. Y Cádiz, mire usted por dónde, aparte de ser ciudad trimilenaria y la más culta de Occidente, y la más cachonda, y la de mayor agilidad mental: la más trabajadora, aunque apenas exista trabajo para esta gente "tan graciosa". Dígale usted a Susana Díaz, como poder fáctico que es usted en esta Alemania del Sur, que dé trabajo a los hombres de la moderna Gades para que no tengan que seguir pescando mojarritas para poder llevar algo a la mesa. Las declaraciones de usted -aunque después haya perdido perdón- son más que inoportunas, dignas de comerse una de las mayores peplas gaditanas.
Estoy censado en Córdoba y no me gusta agarrarme a los antiguos refranes que enfrentan a los pueblos. Pero como usted lo ha hecho con el gaditano, al que tanto quiero, sólo para usted, y sólo para usted, eliminando a todos los cordobeses, y para su querido hijo, le envío aquel famoso refrán de que "Cordobés y hombre de bien, no puede ser". Usted ha hecho mucho daño a Andalucía con sus torpes palabras. Si hubiese sido hombre de bien, jamás hubiese insultado burdamente, con el sarcasmo que da el dinero, a nuestros hermanos gaditanos.