sábado, 20 de enero de 2018

DESDE MI TORRE: UN ADIÓS EMOTIVO PARA PEPE GARDUÑO


Ayer me levanté con la muy triste noticia de la muerte de uno de los mejores artistas sevillanos, y de un gran antiguo y exquisito amigo: Pepe Garduño Navas, con el que tuve la gloria de compartir momentos inolvidables, junto a su hermano Antonio, en muchos momentos de mi vida. Decir Estrella era hablar al momento de Antonio y Pepe, de mi padre, su poeta oficial, de Guillermo, del padre Agustín, de su Hermano Mayor Pepe Luna, de Bárcenas, del gran ceramista Antonio Kiernan, de Pepe Sánchez Dubé, de los Cubillana, de Lencina, de Antonio Estela, de Adolfo Ferrer -el de la papelería de la calle de la Sierpes-, de Manuel Pacheco, y de tantos y tantos cuantos hicieron posible que una humilde hermandad saliese triunfadora, con muchos apuros, cuando les pusieron veto de alquiler en la iglesia conventual de San Jacinto a la Esperanza, a la Estrella y al Rocío. También recuerdo a sus abnegadas camareras: Carmen Kirkpatrick, Paulina Huertas, Pilar Broqueta, Lola Suárez y Goya Taravillo.

Si alguien cambió de verdad el modo de vestir a las vírgenes sevillanas, fue su hermano Antonio, y él se amparó en su ejemplo, incluso mejorándolo con la aportación de diversas variantes. Es muy difícil hacer más guapas a todas las tradiciones sevillanas, porque todos, yo uno entre los demás, de siempre hemos definido que Sevilla es la ciudad de las justas proporciones: en su Semana Santa, en la Feria, en su máxima celebración agosteña de la Virgen de los Reyes, en las salidas de sus hermandades de Gloria, en el propio comportamiento ciudadano, en sus tendidos de La Maestranza..., pero, sobremanera, en el arte difícil y sublime de vestir a las queridas advocaciones de la ciudad incomparable de Sevilla.

¡Qué emoción tiene que producir el estar tan cerca de la Esperanza Macarena acicalándola, y de su Estrella, y de la bonita O, y de tantas y tantas a las que ponía más hermosas a pesar de las lágrimas por la muerte de su Hijo!

Su hermano Antonio vivía en mi mismo bloque de El Tardón, en la calle López Pinillos, 5. Él, su familia, sus hijos, y algún que otro sobrino, en el bajo C. Nosotros, en el tercero de la misma letra. Sabiendo de mis inclinaciones artísticas, no paraba de enseñarme dibujos de palios, de mantos, de varales, de maniguetas..., era un gran artista. Y Pepe tuvo la suerte de seguir los pasos de su hermano y continuar su gran legado. Mi amistad con él fue directa, abierta y coloquial, y le agradecí muchísimo cuando asistió en el salón de actos del colegio salesiano de Triana -su barrio y el mío-, el 12 de marzo de 1995, al Pregón de la Semana Santa trianera que ofrecí. Precisamente el año de mi destierro profesional a Córdoba. Inolvidable encuentro. Toda la Triana sencilla creo que aprendió de ellos cuando sacaban, allá por mayo, a la "Estrellita Chica", marchamo de fe para la chavalería del barrio.

Nadie fotografíó mejor a su Estrella y a su Cristo de las Penas que él, haciendo montajes, composiciones y claroscuros. Del pequeño taller en la vieja casa de San Pablo a la coqueta tienda y estudio de La Magdalena, en cuyo pequeño escaparate nunca faltaban fotos de mujeres sevillanas vestidas de mantilla, su Estrella, su Macarena y su amiga Juana Reina. "Gard" también tuvo un sello profundo en la fotografía de lo más sevillano.

Su hermano Antonio vistiendo a La Estrella


Es una pena que los dos ya habiten los cielos azules del recuerdo. Fue una gran pérdida la de Antonio, un artista genial en todo lo que, en materia de arte, se propuso hacer en la vida, con una humildad que a todos nos debería servir de ejemplo. Hoy, cuando me he enterado de la muerte de su hermano Pepe, otra parte de mí se ha ido hacia esos cielos. Pepe habitará, eternamente, en el columbario construido tras el altar de su virgen amada. Cuando vaya a Triana, a mis raíces, a mi barrio, a rezar un Avemaría a mi Estrella rogándole mi vuelta, también rezaré por el amigo y maestro pidiéndole a ella que siempre nos ilumine.

Para ellos, y muy especialmente para Pepe por la cercanía de su muerte, mi adiós emotivo con un breve artículo de mi padre que les hacía llorar, publicado en un especial de la revista "Estrella" de 1966. ¡Qué alegría acariciar las manos de su Estrella, durante años y años, acicalando con eterno amor la imagen alabastrina!


No hay comentarios:

Publicar un comentario