miércoles, 24 de enero de 2018

DESDE MI TORRE: EL CACHONDEO PUIGDEMON


Este hombre joven, aunque le digan barbaridades, tiene loco a todo el gobierno español y es más listo que el hambre, más que aquellos pícaros que retrataba nuestro siglo de oro, más que el anónimo Lázaro el de Tormes y que el Guzmán de Alfarache que retrató el sevillano Mateo Alemán. Tiene más trampas puestas a su alrededor que la despensa de un canónigo para lo ratones que se comían los quesos abundantes que la cleresía les enviaba, pero él, con suma habilidad, desmonta la trampa y se come el queso y, ahora, con esto de las modernidades telemáticas, envía su gesto a todo el mundo para escarnio, mofa y befa de aquellos que dicen dirigir nuestros destinos y que se equivocan más que un bizco en un cruce.

Se le puede decir de todo: botarate, osado, payaso..., pero no tonto, porque hasta ahora, con todos los poderes que una Constitución da al Gobierno electo, él se pasea por Bruselas, por Copenhague, y por Triana cuando quiera, tomándose una cerveza con su pavía en El Vargas, y riéndose de todos con retranca catalana. Con este tema de Puigdemón la verdad es que el Gobierno distrae todos sus casos de corrupción, y eso le interesa, y mucho, y también mide sus tiempos, pero de una manera vergonzosa para los que nos sentimos españoles. Lo de la fuga de este hombre está durando más que la serie "El secreto de Puente Viejo", pero los temas de corrupción se alargan, y se alaaaaargan, hasta que prescriben y todos se van de rositas, como va a pasar con el tema de Urdargarin y como tantos y tantos que duermen los sueños de la impunidad en las carpetas de las audiencias. Son historias para no dormir, por utilizar el nombre de aquellos excelentes programas de Narciso Ibáñez Serrador. ¿Cifuentes? Nada de nada: pureza alabastrina. Susana Díaz no sabe nada de los EREs: muda, sorda y ciega. Francisco Camps no conocía ni al sastre que le hacía los trajes gratis -por encargo ajeno, por supuesto-. Ni siquiera sabía de paellas. Y M. Rajoy menos, ese sí que no sabe nada de nada, si un plato es un plato y un vaso es un vaso, si va montado en el AVE o en un avión, o si cuanto peor mejor. No sabe ni su nombre: de ahí la M. Aquí nadie sabe nada: ni Ricardo Costa, ni la difunta Rita, a la que invitan a la inauguración del tren de alta velocidad a Castellón, -¡Viva el jefe/a de protocolo del PP!-, ni Fabra, ni Zaplana, ni Chaves, ni Griñán. Aquí la culpa es nuestra, la de todos los españoles que, por desgracia para ellos, tenemos el cerebro para pensar. Fuimos nosotros, señores y señoras del PP los que matamos a Manolete. No se preocupen, hombres/as, por nosotros/as. Preocúpense por vosotros/as, por vuestros cargos corruptos/as -casi el cien por cien-, por vuestros miedos a verse despojados de todas prebendas a costa de un pueblo que está pasando hambre en muchas comunidades y al que se está esquilmando con una desvergüenza tal para sentarlos a todos/as en el banquillo, añadiendo un caso más a los que colean por todas las audiencias de España.


A este botarate -como decía el triste e infeliz de Rafael Hernando, que siempre parece que acaba de pisar una mierda en una acera-, al gobierno no le interesa apresarlo: sería un éxito, desgraciadamente, para la propuesta república catalana. Y él lo sabe: que loco sí, pero no tonto. Al Gobierno no le duraría medio pulso si quisiera, y sin tener que meter los tanques en Cataluña, ni la policía ni la guardia civil ni la cabra de la Legión. En dos segundos. Pero no, ahora no es el momento. A Franco le pasó lo mismo con "El Lute". Los banquillos poblados de la gente del PP apestan. Vamos a distraer un poquito el hedor para que llegue la hora de apresarlo, de hacer de él una conquista del Ministerio del Interior, ese que regenta mi paisano Zoido que si no supo controlar la nevada de la AP-6 ignoro cómo va a hacerlo con este señor que se está cachondeando, pero con Arte, de nosotros y de todo el Gobierno de España. ¡Y, además, lo mismo le da besar la bandera española que la del Betis, que es casi igual de importante!


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