Me bebo al día un vasito
(pero ya no me emborracho)
para que se entere el vino
de que yo soy el que mando.
De la pena qué sería
si la pena no escondiera
un poquito de alegría.
La gente sabe que hablando
arregla sus diferencias.
La excepción del matrimonio
sólo confirma la regla.
El mundo tiene averías.
No pudo quedar bien hecho
lo que se hizo en seis días.
Quién no ha hecho ante el espejo
más de una vez el tonto.
El espejo guarda un niño
que espera a que estemos solos.
Yo conocí a un sabio un día
que era sabio por saber
las cosas que no sabía.
Nada queda, nada importa,
sólo me hace compañía
el dolor de la memoria.
La lectura de sus versos
el poeta ha terminado.
La basura que es su vida
se convierte en un aplauso.
La tarde, muy lentamente,
va cayendo sobre el mundo
como una gota de aceite.
La desgracia de los hombres:
siendo tan poquita cosa
y soñando con ser dioses.
La plenitud de la vida
no se alcanza con el tiempo.
La tuvimos cuando niños.
Luego la fuimos perdiendo.
Miedo de ser lo que soy,
de perder lo que más quiero,
de lo que nunca seré,
y miedo de tener miedo.
Del querer se espera tanto
que por poco que nos falte
nos parece un desengaño.
Juan Peña
Nota del editor de este blog: Podríamos haber seguido con este tema hasta querer agotarlo, lo que es ciertamente imposible. Ningún manantial tan inagotable como el de las coplas de "Soleá", coplas sentenciosas, plenas de mensajes, preñadas de emociones, cuajadas de ternuras, dardos sinceros al corazón del hombre. Creo que nos ha bastado esta muestra para saber un poco más de la gran sensibilidad poética del pueblo andaluz. De todas formas, en cualquier momento podremos volver sobre él. No sé si he sido un buen antólogo. Sé que muchos creadores se han quedado fuera de estas páginas, pero no he querido poner coplas sueltas, sino cordeles de coplas para que se entienda mejor la personalidad del poeta. Posiblemente algún día podamos poner, en el marco de esta página comunitaria, las 50 "soleares" que a mí más me han herido en su mensaje. Es posible que coincidamos en la mayoría. Si he querido cerrar con el poeta de la localidad sevillana de Paradas, mi querido amigo Juan Peña, al que he repetido con coplas distintas a lo largo de estos días, es porque lo considero, en la actualidad, como el más genial creador de tan difícil género en nuestros días, y no exagero, desde Manuel Machado hasta aquí. En su homenaje se han fragüado estos latidos. ¡Vaya por usted, maestro en la más grandiosa filosofía del pueblo andaluz! ¡Dios le guarde por mucho tiempo!
Emilio Jiménez Díaz