Dios me libre de hacer juicios paralelos, aunque poco me fío de la Justicia ordinaria. Dios me libre de acusar tirando la primera piedra y escondiendo la mano. Dios me libre de condenar a quien todavía no ha recibido el veredicto de su posible delito y, aun siendo acusado, Dios me libre de recrearme en el gozo de las culpas ajenas porque bien puede caer uno mismo cualquier día. Dios me libre de poner el dedo en la llaga del contrario para comprobar mi fe, de estigmatizar con mi verbo, de matar con mis opiniones y de encender la hoguera de una nueva inquisición por las ideas propias. Pero, hay casos en los que sólo quiero que Dios -que está arriba y dicen que lo ve todo- me libre de los asesinos, de los dictadores, de los pederastas, de los prepotentes, de los que se atribuyen estar por encima del bien y del mal, de las malas personas, de los amigos falsos, de los que viven como reyes a costa del prójimo que se muere de hambre, de los explotadores, de los sinvergüenzas, de los machistas acérrimos y las feministas recalcitrantes, de los ultras y de los agnósticos, de los listos y de los memos que se lo hacen.
Ayer se inició en Palma de Mallorca el juicio que cita a Iñaki Urdangarin en relación a un caso que se las trae por ser él quien es y por la cantidad de millones distraídos. No quiso llegar en coche hasta la intimidad de la presala y, sin duda por indicación de sus abogados y asesores, lo hizo a pie, con un discurso más aprendido que el que mi tocayo Castelar daba en las Cortes en tiempos de la República. Cuando España está de la manera que está, y todo por culpa de los corruptos, la verdad es que los ánimos no pueden estar serenos, y es lógico que todo el personal se haya puesto en contra -menos los fanáticos de la monarquía- de este hombre al que no le hacía falta para nada, supuestamente, meterse en estos berenjenales del mangui al que ya estamos tan acostumbrados con el gobierno anterior y con el presente.
Cuando los españoles queremos saber cómo se están solucionando las cosas, cuando hay familias enteras que no tienen qué comer y todos sus miembros están en paro, cuando hay una juventud que se está perdiendo con todo su potencial, cuando el runrún se está instalando en la mala leche de todos hasta que hierva la olla y salga la espuma por las calles, cuando no se puede acudir a ningún medio de comunicación sin que nos enteremos de una nueva corrupción, no me digan que no es normal que estemos punto avizor a este caso que sienta a un miembro cercano a la Corona -se quiera o no-, en el banquillo de los acusados, duque de Palma (y no precisamente de Palma del Río), marido de una infanta y lleno de prebendas desde este matrimonio.
Dios me libre -he dicho-, de que mi dedo se vuelva acusador, pero no me den alas, no dejen que mi imaginación vuele, pero tampoco quieran emplear tijeras a lo que pienso sobre el asunto. Cuando el río suena -dice el refrán- es que agua lleva. Y aquí hay torrenteras de millones evadidos, de cuentas falsas, de apropiaciones indebidas, de facturas que no cuadran... Estoy seguro -porque ya son muchos los ejemplos hablando de políticos y de altos potentados- de que Iñaki Urdangarín va a salir sin cargos y por la puerta grande, y que a nosotros se nos va a quedar, una vez más, la cara de gilipollas que siempre se nos ha quedado con los casos de Juan Guerra, de Puyol, de la Gurtel, de los EREs, de Manuel Chaves... Los grandes son los que tienen la llave de la casa, y los demás somos sus inquilinos. Y desgraciadamente, aunque algunos de mis lectores pertenezcan a las siglas de un Partido, son tontos si creen lo contrario.
Urdangarín es evidente que ahora lo está pasando mal y, por supuesto la Casa Real. Jamás, por culpa de este caso del "yernísimo" le hicieron tan buena publicidad, y gratis, a los republicanos. Pero peor lo está pasando este país que sólo ha gozado la dicha de la libertad durante muy pocos años. Después vino la crisis y vuelta a empezar. Pero la crisis, que se sepa, y Dios me libre de levantar el dedo, sólo la han creado miles y miles de sinvergüenzas que crecieron como los hongos en empresas, bancos, ayuntamientos, diputaciones, oficinas oficiales, subdirecciones, autonomías... A todos los que tenemos nómina nos están quitando por la cara el dinero bien sudado, pero mientras no extirpen esos tumores del Poder todo será para nada: poner una tirita donde hay un cáncer.
El Rey dijo hace poco que la Justicia es para todos. Esperemos que con el caso Urdangarín, su yerno, se empiece a emplearla. Y Dios me libre, Dios me libre, de decir que es un ladrón antes de que la propia Justicia se pronuncie, aunque yo, íntimamente, pueda pensar lo que quiera.
El problema de los "malos" en la vida real es que no son de película o novela, no son malísimos, ni malvados, ni feísimos. Normalmente son gente con muchísimas facetas y sólo una de ellas ha pasado un límite NO ACEPTABLE por la sociedad.
ResponderEliminarLos ladrones, estafadores, embusteros, mafiosos, pederastas son a la vez personas que han ido desarrollando otras facetas. Pueden tener amistades, ser alegres, positivos, cariñosos con los que quieren, inteligentes, amables, pueden ser padres, hermanos, amigos...pero en algún momento se han torcido, se han desviado del camino, han pasado un límite prohibido.
Eso es lo que hace que siempre haya muchas versiones diferentes, los que le conocen pueden ver otras facetas y le pueden perdonar o no quieren ver que ha cometido errores inaceptables.
Esto me recuerda a mi infancia cuando estudiaba en los jesuitas. Era sólo de chicos y había un sacerdote muy querido. Por todos los padres y alumnos. Ayudaba a mucha gente. Entonces empezaron por primero de EGB a aceptar a niñas. Yo entré en el segundo grupo de niñas de 38 alumnos por clase 5 o 6 eramos niñas.
Este sacerdote era muy cariñoso con los alumnos. Pero a mi había algo que no me gustaba de él (una tontería), y me apartaba, a las niñas que llevaban faldas las avisaba el los patios que trajeran la flauta y fueran a su despacho. Ellas iban y las tocaba. Algunas niñas me lo contaban. Le conté a mi madre y fué a hablar con otras madres...las madres dijeron, cosas tontas de niñas, que tienen muchas fantasías y tonterías en la cabeza.
Años más tarde unos padres pusieron una denuncia a la escuela y a los sacerdotes por tocamientos. Lo único que paso es que se dijo que la niña era una fantasiosa, hija de padres separados, una niña con problemas. Al sacerdote se lo apartó y lo enviaron a una misión en Sudamérica.
Lo cuento, porque es difícil cuando alguien tiene una imagen de perfecto, tiene poder o la gente que le rodea tiene poder, hay una institución detrás que puede sufrir consecuencias...es difícil que a esta persona la acusen aunque cometa un delito. Hay muchos intereses.
Los que van a la cárcel nunca son las personas con más defectos sinó las más vulnerables en la sociedad, menos medios económicos para defenderse, menos poder, menos contactos, ninguna institución detrás.
Será muy muy y muy difícil que a Iñaki Urdangarin pague su desmedida ansias de enriquecimiento, sus chanchullos monetarios...es casi imposible tocar a los que prácticamente son "intocables". Justamente su máximo error fué pensar que era "intocable".
Además a la gente le gustaría que fuera un malo malísimo y por el contrario estoy segura que tiene muchísimas facetas muy positivas: Puede ser un encanto de persona como marido, padre, hermano...pero eso no le quita que se ha equivocado y ha cometido delitos muy graves que seguramente no pagará por ellos.
Veremos que ocurre, sólo espero equivocarme y que empiecen a coger a los "intocables".
Ia
Todo tu escrito, Ia, es un razonamiento profundo y muy humano. Eso de los curas me lo sé de memoria. En el Colegio Salesiano de Triana, mi barrio de nacencia, había un cura ejemplar, gran artista y con unas dotes para la pintura y las manualidades extraordinarias, don Lucas. Tan experto era en las manualidades que me hizo varios tocamientos que me dejaron desbordados en aquella edad, cuando tenía tan sólo 11 añitos. Estaba deseando llegar a casa para contárselo a mi padre, y cuando lo hice me tachó de loco y me dio dos guantazos que aún no he olvidado, no sólo por el dolor sino por la injusticia paterna. Sería impensable hoy día que yo no escuchase a mis hijos o a mis nietos. La vida me ha ido forjando en la desconfianza, ya ves, de tanto intentar ser sincero y decir la verdad. Nadie me había enseñado entonces que es peligroso decirla. Ahora, cuando ya me da igual que me maten o no por mis ideas, todo cambia. Estoy sereno ante todo, pero no ante las injusticias que viví de niño. No soporto el engaño venga de donde venga, ni la soberbia a costa de otros, ni los robos a costa del pueblo.
ResponderEliminarNo sé si este Iñaki Urdangarín es culpable o no, aunque todo apunta a que sí. Su caso defrauda, y de qué forma, al pueblo que siempre ha creído en la honradez de la Corona. Y, como tú bien dices, puede ser un perfecto marido, padre, hermano, pero, si es un ladrón, que todo el peso de la ley caiga sobre él y sobre su mujer, si también estuviese involucrada en el tema. Leo con pavor en la prensa que quieren aforar a todos los hijos y parientes de la realeza para que no pase lo que está ocurriendo, cuando debería ser todo lo contrarrio: que ni reyes, ni presidentes del gobierno, congresistas, jefes de autonomías, etc., tuviesen este privilegio. ¡Ese sí que sería el principio lógico de la honra!
¡Ay, cuántas historias ocultas...!
ResponderEliminar¡Ay el duquesito! Si le preguntan mucho y no sabe nada al final va a salir de los juzgados con una nariz como la de Pinocho.
Será Iñaki Pinochín.
Mucho me temo de que no le pase nada. Mi hijo mediano es funcionario de prisiones y tiene a su cargo a pobres delincuentes de la droga. Jamás, por ahora, ha visto a gente de la Junta de Andalucía y de los políticos del país, y mire que le aviso de que me diga algo en cuanto llegue el momento. ¡Jamás lo disfrutaré!
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