domingo, 26 de febrero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (45)


LOS PREGONEROS

Por la España de aquellos años míseros años de la posguera, era muy habitual ver a este tipo de hombres buscándose la vida vendiendo casa por casa, acompañado por el borriquillo como ayudante de carga, que transportaba en sus serones toda clase de mercadería. En la fotografía de hoy, realizada en Sevilla por aquellos tiempos, podemos contemplar al vendedor de hortalizas con la indumentaria clásica campera, vendedor posiblemente venido de las ubérrimas y cercanas huertas de Gelves y Coria o de las muy ponderadas del Aljarafe.

En mis años de niño recuerdo fielmente cuando vendían los caracoles y cómo los serones eran a manera de un frondoso bosquecillo de hinojos repletos de este exquisito manjar tan apreciado por los sevillanos. El pregón se dejaba sentir por toda la calle: ¡Caracoleeeeeeeeeeeeeeeeees de la Isla! Otras veces, estos borriquillos venían cargados de sandías y melones palaciegos, los mejores de todos los pueblos de alrededor, y el hombre, con voz recia, también dejaba su pregonar: meloo¡Asandías y melones a calá, dulceeeees meloooooones! En otras ocasiones, el jumento estaba cargado con orzas de aceitunas de varios tipos... Recuerdo que allá por 1972, pasaba con frecuencia por nuestras calles un pregonero de aceitunas que cantaba mejor que Pepe Marchena, qué dulzura en su voz, quizás recordando el antiguo pregoncillo, cantado por tanguillos, que recogió Bonifacio Gil en su "Cancionero del campo":

Una niña en er barcón
me preguntó esta mañana
si por fortuna traía
asitunas sevillanas.
Al punto le contesté:
Yo vengo de Dos Hermanas
sólo por traer a usté
asitunas sevillanas,
manjá de pobres y ricos,
de españoles y extranjeros,
con mucho orgullo lo digo:
Aquí está el asituneeeeero.

Por aquello de que la vida sigue y la modernidad, los mercadonas e hipercores y los grandes supermercados de barrio, ya desaparecieron estos entrañables hombres de nuestras calles y se ha quedado mudo el hermoso pregonar de sus mercaderías. Junto a ellos, también se perdieron los pregoneros que compraban ropa vieja, lana, chatarras, botellas y papel. Eran otros tiempos, ni mejores ni peores que los actuales, distintos. Hace muchos años, y cuando ya se estaba echando en falta su presencia, dejé el testimonio de ellos en un soneto sin otra pretensión literaria que el fijarlos para siempre.

Se acabaron las voces aflautadas
que cantaban por plazas y callejas
el cambio, compro y vendo de las viejas
mercancías pulidas y gastadas.

Las aceitunas, verdes y aliñadas,
no son tan ricas ya ni tan añejas
como, desmadejando sus madejas,
las ofrecía un hombre pregonadas.

La lana, las chatarras, las botellas,
el papel viejo y todas aquellas
cosas que ya le sobran a estos valles,

antes tenían su voz que las cantaba
y en rito de pregones salmodiaba.
¡Qué tristes sin pregones estas calles!


4 comentarios:

  1. Me ha encantado el escrito y las fotos. Nunca los he visto.

    Gracias.

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  2. Eran muy habituales en la Sevilla de los 50. Hoy, puede parecernos una imagen tópica, pero con esto de la crisis veremos si no aparecen de nuevo por nuestras calles estos vendedores para buscarse la vida.
    Todo es una noria.

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  3. Una curiosidad, Emilio: La primera imagen fue en su día un descubrimiento para mi. Se trata de la Cava de los civiles (mitad Pagés del Corro, para los que no lo sepan). En el ángulo superior izquierdo puede verse lo que era la entrada al cine Avenida, entonces almacén de aceitunas; luego vemos la casita baja de la que fuera la tabernilla de Pepe de la Segunda paredaña al edificio del cuartel de la guardia civil del que vemos también su entrada principal. La siguiente fachada en la del almacén de naranjas y cajonería de Bernal. El vendedor parece que lía un pitillo mientras el fotógrafo prepara su cámara.
    Muchas veces he soñado con poder pasear por esta calle (mi calle) en este tiempo y traspasar todas estas puertas...

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  4. Tú, Ángel, eres el que conoces todo el territorio de Triana. Seguro que estás en lo cierto,

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