jueves, 24 de junio de 2010

LIBROS CON SON FLAMENCO: A CAMARÓN


Este libro, publicado con motivo de la VII Bienal de Arte Flamenco "Ciudad de Sevilla", es un claro homenaje a uno de los más grandes y originales cantaores de nuestro tiempo: a José Monje Cruz "Camarón de la Isla". Desgraciadamente, se hizo este libro porque el cantaor de San Fernando, que estaba programado para un magno espectáculo que se iba a celebrar en la Real Maestranza, el 16 de septiembre de 1992, murió el 2 de julio del mismo año, quedándose el maravilloso proyecto de Salvador Távora, "Ritual andaluz", en las lágrimas de cuantos lo soñaron y en las de muchísimos aficionados que no dábamos crédito a ese maravilloso sueño que nos iban a ofrecer Curro Romero, Camarón, Tomatito, la banda del Maestro Tejera, los clarines de la plaza maestrante, la Coral de Isla Cristina y las hijas de Salvador, Pilar y Concha.

No pudo ser. Pero sí, a través de esta publicación, hermosamente editada, se rindió un magnífico homenaje literario a quien hizo de lo jondo, del quiebro de la voz y del quejío más puro, su mejor tributo a la historia gitana del cante.

Dividido en 5 apartados y con 12 colaboraciones, el libro lo abre Salvador Távora explicando en qué iba a consistir esa ceremonia de la apertura de la Bienal que, con la poética con que la envuelve el dramaturgo, tendría que ser única y recordada durante muchos años. Le siguen el propio Ortiz Nuevo -director de la Bienal-, Fernando Quiñones, Manuel Urbano, Ángel Acosta, Manuel Ríos Ruiz, Francisco Gutiérrez Carbajo, Manuel Barrios, Agustín Gómez, José y Sebastián Candado, Amós Rodríguez Rey, Félix Grande y José Manuel Gamboa -con un estudio excelente sobre su obra-. El libro lleva en su final un cuidado álbum de fotos del cantaor, originales de Carlos Arbelos, Máximo Moreno, Enrique Sánchez, René Robert, Paco Sánchez, Tomoyuki Takase, Juan Carlos Cazalla, Manuel Gómez, Rafael Fernández y Sergio Lira.

Una magnífica obra para su lectura grata, conocimiento del artista, y contemplación de las más interesantes imágenes de quien devolvió la vida a los añejos aficionados y acercó el flamenco a una juventud ávida de emociones. Y Camarón de la Isla era emoción pura desde el mismo momento en que comenzaba a templarse.


Edita: Ediciones Alfar. Sevilla.
Páginas: 107
(Sin fotografias)
I.S.B.N.: 84-7898-063-6
Depósito Legal: CA-661/92

PAULINO GONZÁLEZ JIMÉNEZ: PIANOLA

PIANOLA

Evoco aquel buen son de la armonía,
ayer tan vivo y ahora tan lejano
o tan cerca, cautivo en el piano
de la sala amarilla. Más de un día

sentimos que en el aire florecía
a compás del pedal o de la mano
todo el misterio de un jardín arcano
que el anaquel en rollos escondía.

Hoy la sala estará cerrada, sola,
con mortaja de encaje la pianola,
muda hace tiempo y por el tiempo herida.

Mazurca, vals, sonata, tarantela,
tanguillo y sevillana en duermevela
se quedaron sonando por mi vida.

miércoles, 23 de junio de 2010

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: 1936-1950 (37)


Ayer, con el pasodoble taurino "Francisco Alegre", cerrábamos el primer capítulo sobre la vida y obra de Juanita Reina, y decía que hoy lo abriríamos con otro tema taurino: "Capote de grana y oro", para mí una de las mejores canciones de todo el repertorio de la artista. Ya he repetido en varias ocasiones de este paseo por las canciones de nuestras vidas que mis padres me llevaban con mucha frecuencia a los espectáculos de aquella época. A Conchita Piquer solamente la vi una vez, pero, por edad, a Juanita Reina y a Marifé de Triana he podido verlas en muchas ocasiones, tanto de pequeño como de mayor, e incluso tener cierta relación de amistad con ellas. Los estrenos de estas artistas en el Teatro San Fernando de Sevilla no tenían desperdicio. Marifé tiraba más de la "piompa" de aquellos años, y recuerdo cómo, desde el gallinero o paraíso, saltaban las voces de los mariquitas de turno: "Guapa, guapa y guapa", escuchándose alguna vez desde el patio de butacas y plateas: ¡A ver si se callan esos maricones! Con lo cual ya había una guerra de improperios que sólo callaba la orquesta mientras la artista se contoneba una y otra vez, de frente y en diagonal, por todo el escenario.

Con "Capote de grana y oro", que incluyó en varios espectáculos, y que estrena el año 1951 en el titulado "La niña valiente", estrenado en el Teatro Calderón de Valladolid, Juanita Reina logra un éxito sin precedentes. Se dice que Rafael de León escribió este pasosoble tras la trágica muerte de su amigo "Manolete" en la plaza de Linares el 29 de agosto de 1947, pero que por discreción no quiso citar su nombre en la copla, aunque todos los elementos de la misma apuntan hacia él. Se decía -siempre las lenguas de doble filo, tan clásica en la copla- que Juanita había tenido algo más que un romance con el torero cordobés, y que la discreción de Rafael de León fue por eso. Creo que no pudo ser porque "Manolete", desde 1943 en que Pastora Imperio le presenta en "Chicote" a la española de un pueblecito de Guadalajara -y no mexicana, como erróneamente siempre se ha dicho- Antoñita Bronchalo Lopesino "Lupe Sino", y hasta su muerte en Linares, no se separó jamás de ella. Por lo cual, si hubo algún romance tuvo que ser en los años 1941-1942.

Aquí, en esta interpretación, junto a "Señorío", es cuando se nota más la voz de contralto de la artista, esa voz gutural pero clara que tanto gustaba al público y muy poco a los críticos musicales de aquellos tiempos. En esta ocasión, si hermosa es la música, la iguala o supera la letra:

Que le pongan un crespón negro a la Mezquita,/ a la torre y sus campanas, a la reja y a la cruz,/ y que vistan negro luto las mocitas/ por la muerte de un torero caballero y andaluz./ De negro todos los cantes/ y las mujeres flamencas con negras batas de cola,/ de luto los maestrantes/ y la moña deslumbrante de la guitarra española.// Capote de grana y oro,/ alegre como una rosa,/ que te abrías ante el toro/ igual que una mariposa./ Capote de valentía/ de su vergüenza torera/ que a su cuerpo te ceñías/ lo mismo que una bandera./ Como reliquia y tesoro/ te llevo en el alma mía,/ capote de grana y oro.// Que le pongan lazo negro a la Giralda/ y a todos los minaretes de la Alhambra de Graná,/ y también a la bandera roja y gualda/ y un silencio en los clarines de la fiesta nacional./ Que lloren los bandoleros/ en los picachos más altos de la sierra cordobesa,/ que llore Madrid entero,/ las majas y los chisperos, los reyes y las princesas.// (Refrán).

Para conocer lo mejor de la obra de Juanita Reina, aparte de las canciones citadas, tendríamos que escuchar básicamente: "Yo soy esa", "Y sin embargo te quiero", "Madrina", "Lola la piconera", "Una cantaora", "Paca mora", "Como dos barquitos", "Carmen de España", "Soltera yo no me quedo", "El el último minuto", "Tengo miedo", "Cinco farolas", "Salomé" y "Dolores la golondrina". De este repertorio reducido, una de las más hermosas canciones es "Y sin embargo te quiero", una zambra con letra de Quintero y Rafael de León y música del maestro Quiroga, que se estrenó en el Teatro Reina Victoria de Madrid el 13 de febrero de 1948 dentro del espectáculo "Solera de España", incluyéndose al año siguiente en la película "Vendaval", dirigida por Juan de Orduña. Ha sido una de las canciones más versionadas, entre otras por la propia Piquer, Rocío Jurado o María José Santiago:

Me lo dijeron mil veces,/ mas yo nunca quise poner atención./ Cuando vinieron los llantos/ ya estabas muy dentro de mi corazón./ Te esperaba hasta muy tarde,/ ningún reproche te hacía;/ lo más que te preguntaba/ era que si me querías./ Y bajo tus besos en la madrugá,/ sin que tú notaras la cruz de mi angustia/ solía cantar:// Te quiero más que a mis ojos,/ te quiero más que a mi vía,/ más que al aire que respiro/ y más que a la madre mía./ Que se me paren los pulsos/ si te dejo de querer,/ que las campanas me doblen/ si te falto alguna vez./ Eres mi vida y mi muerte,/ te lo juro, compañero,/ no debía de quererte,/ no debía de quererte/ y sin embargo te quiero.// Vives con unas y otras/ y na se me importa de mi soledad;/ sabes que tienes un hijo/ y ni el apellido le vienes a dar./ Llorando junto a la cuna/ me dan las claras del día;/ ¡mi niño no tiene padre.../ qué pena de suerte mía!/ Anda, rey de España, vamos a dormir.../ Y, sin darme cuenta, en vez de la nana/ yo le canto así:// (Refrán).

Con letra y música de los mismos autores hay una excelente zambra-canción que escribieron para ella en 1952 y que se estrenó en el espectáculo "Puerto de los amores" en el Teatro Lope de Vega de Sevilla: "Yo soy esa", que se incluyó al año siguiente en la película "Aeropuerto", dirigida por Luis Lucía. Por el tema de la letra, la mujer que se tira a la prostitución, esta canción estuvo prohibida por la censura durante muchos años, a pesar de haber sido cantada en los escenarios y llevada a la gran pantalla, levantándose el veto el año 1967 -Manuel Francisco Reina, dixit-. Es también una de las más hermosas canciones de esta década de los 50:

Yo era luz del alba, espuma del río,/ candelita de oro puesta en un altar;/ yo era muchas cosas que ya se han perdío/ en los arenales de mi voluntad./ Y ahora soy lo mismo que un perro sin amo,/ que ventea el sitio donde va a morir./ Si alguien me pregunta que cómo me llamo,/ me encojo de hombros y contesto así:// Yo soy... esa.../ Esa oscura clavelilla/ que va de esquina en esquina/ volviendo atrás la cabeza./ Lo mismo me llaman Carmen,/ que Lolilla, que Pilar...,/ con lo que quieran llamarme/ me tengo que conformar./ Soy la que no tiene nombre,/ la que a nadie le interesa,/ la perdición de los hombres,/ la que miente cuando besa./ Ya lo sabes..., yo, soy esa...// Un mocito bueno, color de aceituna,/ pudo ser la tabla de mi salvación:/ "Como a ti te quiero no quise a ninguna,/ te ofrezco la rosa de mi corazón."/ Y yo que mintiendo me gano la vía,/ me sentí orgullosa del cariño aquel,/ y para pagarle lo que me quería/ con cuatro palabras lo desengañé:// (Refrán).

Y vamos a terminar por hoy con una alegrísima canción de los mismos autores, inspirada en la obra dramática de Pemán "Cuando las Cortes de Cádiz", que bordaba Juanita Reina en el escenario: "Lola la Piconera" (1951), que incluye en la película del mismo nombre, dirigida por Luis Lucía, estrenada en Bilbao:

Los militares y los paisanos/ llevan mi nombre como bandera./ Y dicen todos los gaditanos:/ Lola, Lolita la Piconera./ Desde Puerta Tierra al barrio La Viña,/ ¡Señores, qué guerra! ¡Ay, Lola, Lolita,/ qué forma esta niña, qué forma esta niña!// ¿Dónde vas tan bonita/ Lola, Lolita la Piconera?/ Que a la vez que va andando/ va derramando la primavera./ A cantar en un tablao/ las espinas de un querer,/ que en la boca le han dejao/ la amargura de la hiel./ Con que viva Andalucía,/ y la pena que se muera,/ lo que vale es la alegría/ y esa copla tan sentía/ que canta Lola,/ Lola, Lolita la Piconera.// A los que sufren el mal de amores/ sin ser ni bruja ni curandera,/ los pone buenos de sus dolores/ Lola, Lolita la Piconera./ Pues tengo yo un cante pa los amoríos/ que curan al amante./ ¡Ay, Lola, Lolita, de pena y de olvido,/ de pena y olvido.// (Refrán).

Fue, sin duda, la gran década de esta gran artista que no paraba de trabajar y de crear nuevos espectáculos de la mano de Antonio Quintero, Rafael de León y el maestro Manuel López-Quiroga. Mañana continuaremos.


(En la fotografía, Juanita Reina)

FOTOS QUE DAN PIE: "EL MAGUILLA DE MORÓN"


Comentaba ayer, hablando de la fiesta que gozamos el sábado en Morón de la Frontera, de las estupendas horas que pasamos derredor de amigos de la bohemia y con el acompañamiento contínuo del "hombre orquesta", este "Maguilla de Morón" de dos metros de altura y la anchura de un ropero de cuatro puertas. Cuando llegó en su furgonetilla con todos los artilugios, todos le echamos una mano. Parecía que traía todos los instrumentos de la sinfónica de Londres: mesa de mezclas, dos grandes y pesados altavoces, la caja, los platillos, micrófonos, cables, libros de partituras con las letras -nada de pentagramas- y una caja tan grande de armónicas que parecía una caja de brocas de un obrero tunelador. Tenía armónicas de todos los tamaños, sonidos y marcas. Al igual que "Los incansables de Torreblanca", nuestro amigo "El Maguilla" debe estar engrasado antes, durante y después de la actuación. Una botellita de whisky, y otra de reserva, bien vale para que la fiesta no decaiga.

Es completo. Desde la canción melódica tradicional, pasando por el bolero, Machín, Carlos Cano, Serrat, Emilio El Moro o Pepe da Rosa, puede llevarte al rock de Triana, al mejor Pink Floyd con pronunciación de inglés-moronés que ya hubiese querido para sí su vocalista Richard Wright, o a los mejores tiempos de los Beatles con mejor guitarra rítmica que John Lennon y un acento auténtico nacido entre Morón (donde había tantos americanos) y El Coronil. Genial. Nuestro amigo "El Maguilla de Morón" es mejor que todos ellos porque lo hace él todo solo: toca la armónica; maneja los dos pies, uno para la caja y otro para los platillos; toca la guitarra; canta; ajusta los niveles en algún intervalo; se toma su copita y aún sostiene entre sus dedos un "peta". ¿Hay quien dé más?

El escenario de actuación lo eligio él. Llegó, vio ese árbol precioso y dijo: ¡Señores, de aquí no me muevo! Y no se movió ni siquiera para repostar, ya que tenía sobre uno de los bafles el abrevadero. Qué pena que se pierdan estos hombres que hacen felices a los demás, como aquella "Banda de la Sopa", a cambio del respeto, la hospitalidad, el buen rollo, y unos cuantos billetes para tener bien abrigada la faltriquera.

De seguro que ya no nos podrá faltar en ninguna fiesta este "hombretón-orquesta", este hombre afable, simpático y de buen son, este "Maguilla de Morón" que nos hizo a todos olvidar las penas durante varias horas, porque "El Maguilla", como "Los Queros", tambíén es un incansable.

PAULINO GONZÁLEZ JIMÉNEZ: CABALLO BLANCO

CABALLO BLANCO

En las tardes sin sol si algún amago
de tristeza enturbia mi alegría,
antes que el alma empiece a estar sombría
me subo en el caballo de Santiago.

...Y centauro a galope yo me embriago
de libertad en vuelo y travesía
saltando la espinosa simetría
de los malos recuerdos. El endriago

de mi dolor antiguo cae vencido
rojo entre llamas. Blanco mi caballo
con su férrea pezuña apaga el fuego.

Si otra vez el dolor me habla al oído,
me calzo las espuelas, río, callo
y alegre tomo las de Villadiego.

martes, 22 de junio de 2010

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: 1936-1950 (36)


El magisterio de doña Juan Reina con una copla en los labios es tan indiscutible que insistir en él constituiría un tópico. También lo sería recordar que en la voz señera y en la augusta belleza de esta hija de Sevilla respiró durante años toda la magia, todo el fervor de su ciudad única. Esto decía de ella Terenci Moix en su libro "Suspiros de España". Antonio Burgos, le dedicó una preciosa elegía a su muerte, en el diario El Mundo del 20 de marzo de 1999, diciendo entre otras cosas: Juanita Reina fue como una Monserrat Caballé de la copla. Había empezado de Juanita y ha muerto de Doña Juana, en el supremo trono de la última de las grandes estrellas de la canción andaluza, que en la época de sus grandes triunfos, de sus grandes películas, de sus grandes giras, era todavía el cuple. Y Manuel Francisco Reina, en su reciente libro "Un siglo de copla", nos dice lo siguiente: Su nombre está escrito con letras de oro en la historia del género de la copla, al que le fue absoluta y radicalmente fiel, y al que se entregó por entero, aunque por sus capacidades, podría haber hecho zarzuela, ópera o cualquier otro género que se hubiera propuesto.

Estas tres opiniones -en las que se mezclan lo augusto, el trono y el oro- nos van a dar pie para ir presentando poco a poco, a través de su obra, a quien fue durante más de medio siglo la reina de la copla. Nacida en la calle Parras, Juana Reina Castrillo estaba signada desde su nacimiento al mundo de los escenarios. Cuentan sus biógrafos que desde pequeña le encantaban las grandes artistas que tenía como referente: Estrellita Castro e Imperio Argentina, y que cuando contaba con tan sólo 11 años de edad ya cantaba en bautizos, bodas y fiestas familiares. Al parecer, la primera vez que actuó ante el público, sin saberlo la familia, fue en el Teatro Cervantes de Sevilla con 13 años en una función matinal organizada por Educación y Descanso, donde formó parte del coro de la zarzuela "La rosa del azafrán" del maestro Guerrero, logrando que el director le autorizara a interpretar una canción una vez finalizado el espectáculo, cantando la creación de Estrellita Castro "María Salomé". Puede decirse, pues, que fue esta canción la primera que interpretó la tonadillera de cuantas interpretaría a lo largo de su vida.

Su mismo padre, Miguel Reina, pescadero del mercado de la Feria, fue quien, no pudiéndose resistir a los deseos de su hija, le montó como pudo y supo su primer espectáculo, "Los Churumbeles" (1940). En este caso, fue su padre quien siempre acompañaba a su hija convirtiéndose además en empresario. Su primer espectáculo de variedades se estrenó en el Teatro San Fernando con las canciones de Naranjo: "La niña blanca", "El Cristo de los Faroles", "Los Churumbeles" y el pasodoble "La Lola". Tras una larga y exitosa gira por Andalucía, su siguiente paso fue trabajar en Barcelona en los finales de fiesta de los cines y en los mejores salones de espectáculos de la ciudad.

Estamos hablando, si la fecha de nacimiento en 1925 es la correcta, que Juanita Reina tenía tan sólo 15 años, los que me parecen pocos para que grabe su primer disco en "La Voz de su Amo" y protoganizase al año siguiente la película "La Blanca Paloma" (1941), basada en la novela del madrileño Alejandro Pérez Lugín "La Virgen del Rocío ya entró en Triana", producida por Florián Rey y dirigida por Claudio de la Torre. El estreno, con la presencia de la artista tuvo lugar el 3 de noviembre de 1942 en el Cine Callao de Madrid. O tuvo que ser una niña muy precoz para aquellos años o, verdaderamente, la fecha está equivocada en la voz de sus biógrafos. Todos sabemos que las mujeres, pero sobre todo las artistas, son muy dadas a introducir su nacimiento en las fechas que estiman conveniente. Recuerdo que mi madre era mayor que mi progenitor. Y mi padre, con esa guasa gorda que tenía, cada vez que salía el tema solía decir riéndose: ¡Nada, nada hijo, es que tu madre sólo cumple en los años bisiestos!

Dejando a un lado las bromas sobre el tema de las edades, porque en verdad es que no me cuadran las fechas con las realizaciones que llevó a cabo Juanita Reina, y dando siempre por ciertas las opioniones de sus estudiosos y más fervientes seguidores, lo cierto es que su padre habla con el trío de moda, Quintero, Rafael de León y Quiroga, para que a su hija le compongan canciones y le creen un espectáculo que habrá de llamarse "Tabaco y seda" (1942), que se estrenaría en el Teatro Reina Victoria de Madrid con un sensacional triunfo que corrió de boca en boca. En este estreno empieza ya a sonar una canción que se haría de las imprescindibles en el repertorio de la artista macarena: "Callejuela sin salía", que incluiría también más tarde en su montaje de "Solera de España" (1945) y en su película "Lola la Piconera" (1951), canción que habla, como en tantos temas más, de los amores que se consideraban ilícitos. De esta canción existen tres versiones muy diferentes: la que se grabó, la que la artista ofrecía en los escenarios y la que se arregló para la película. Intento escoger la versión original:

Había un anillo en tu mano/ cuando yo te conocí,/ por eso cerré los ojos/ al escucharte decir:/ Serrana, yo te lo juro/ por la gloria de mi madre/ si tú me quieres de veras/ no hay nadie que nos separe./ Y cuando tu mano, como una cadena/ fundida en la mía pa siempre quedó,/ sentí que tu anillo temblaba de pena/ pero pa ser buena no tuve valor.// Callejuela sin salida,/ donde yo vivo encerrá,/ con mi pena, mi alegría,/ mi mentira y mi verdad./ Me he perdido en la revuelta/ de una sortija dorá./ Ni estoy viva, ni estoy muerta,/ ni soltera, ni casá./ Y en mi calle sin salía,/ ya no puedo caminar,/ ni de noche, ni de día,/ ni p'alante, ni p'atrás.// El nombre que estaba escrito/ dentro del anillo aquel,/ vestido de negro luto/ se nos vino a aparecer./ Serrano, Dios te lo pague,/ así quería yo verte,/ ¡vivan los hombres cabales!/ Ya somos dos a quererte./ Y no hubo un reproche, ni un grito, ni un llanto,/ porque aquel anillo tenía razón,/ y yo que me muero de quererte tanto,/ te dije: anda y cumple con tu obligación.// Callejuela sin salía/ donde yo vivo encerrá,/ con mi pena, mi alegría,/ mi mentira y mi verdad./ Me he perdido en la revuelta/ de un sortija dorá./ Ni estoy viva, ni estoy muerta,/ ni soltera ni casá./ Y en mi calle sin salía,/ ya no puedo caminá,/ ni de noche, ni de día,/ ni p'alante, ni p'atrás./ La razón clavó mi puerta,/ no puedo entrar ni salir,/ ni estoy viva, ni estoy muerta,/ ni contigo, ni sin ti./ Y en mi calle sin salía,/ ya no puedo caminar,/ ni de noche, ni de día,/ ni p'alante, ni p'atrás.

Este espectáculo tuvo tal éxito que hubo de pasearse por toda España, adquiriendo otro notable en el Teatro Poliorama de Barcelona. Ya Juanita Reina, con unos compositores de lujo y con dos espectáculos en su currículum, y ayudada siempre por su padre, no era una promesa sino una artista muy consolidada a pesar de su juventud. En 1943, con un reparto de lujo en el que se encontraba Pastora Imperio, rueda la película "Canelita en rama" bajo la dirección de Eduardo García Maroto. Pero el cine, en el que se iría afianzando poco a poco, todavía no es su fuerte. Lo suyo son los espectáculos, y así lo demuestra, una vez más, con el estreno de "Solera de España" en el Teatro Fontalba de Madrid el 16 de enero de 1945. En él, entre otras canciones, interpretaba un pasodoble, lleno de alegría, de Quintero, León y Quiroga, que jamás dejó de llevarlo en su repertorio: "Francisco Alegre". Juanita Reina, con un empaque de gran actriz, recorría el escenario a golpes de abanico con una gracia inigualable, a la vez que no tenía igual su particular manera de manejar y arrastrar la bata de cola:

En los carteles han puesto un nombre/ que no lo quiero mirar./ Francisco Alegre ¡y olé!/ Francisco Alegre ¡y olá!/ La gente dice: ¡Vivan los hombres!/ cuando lo ven torear./ Yo estoy rezando por él/ con la boquita cerrá./ Desde la arena/ me dice: ¡Niña Morena!/ ¿Por qué me lloras,/ carita de emperadora?/ Dame tu risa mujer,/ que soy torero andaluz/ y llevo al cuello la cruz de Jesús/ que me diste tú...// Francisco Alegre, corazón mío,/ tiende tu capa sobre la arena del redondel./ Francisco Alegre tiene un vestío/ con un "Te quiero" que entre suspiros yo le bordé./ Torito bravo,/ no me lo mires de esta manera,/ deja que adorne/ tus rizos negros con su montera./ Torito noble, ten compasión,/ que entre bordao lleva encerrao/ Francisco Alegre, ¡y olé!, mi corazón.// En mi ventana tengo un letrero/ pa que lo venga a mirar,/ Francisco Alegre ¡y olé!/ Francisco Alegre ¡y olá!/ En el que dice: "Cuánto te quiero",/ Pero que pena me da.../ por culpa de otro querer/ no nos podemos casar./ Desde la arena/ me dice: ¡Niña morena!/ ¿Quién te enamora,/ carita de emperaora?/ Ya no te acuerdas, mujer,/ de este torero andaluz/ que lleva al cuello la cruz de Jesús/ que le diste tú.// (Refrán).

Mañana continuaremos con otro tema taurino, de los mismos autores, que jamás, por su belleza, pudo retirar Juanita Reina de su repertorio: "Capote de grana y oro", una de sus obras maestras.

(En la fotografía, Juanita Reina)

FOTOS QUE DAN PIE: LOS INCANSABLES DE TORREBLANCA


Este sábado, en la casa que en Morón de la Frontera tiene nuestro bloguero amigo José Luis Jiménez, hemos pasado un fin de semana delicioso entre amigos amantes del flamenco, de la pintura, del teatro, de la literatura..., una bohemia expandida que José Luis tuvo la habilidad de aglutinar en un día inolvidable, en el que, para no faltar de nada, tuvimos la suerte de divertirnos con las diversas actuaciones del "hombre orquesta", al que pondremos mañana en estas páginas.

Esa imagen me devolvió a principios de los años ochenta cuando mi compadre Paco Parejo y yo contratábamos a "Los Quero", también llamados "La banda de la Sopa" y "Los incansables de Torreblanca". Esta imagen de 1979, con dos de sus componentes, está tomada en el jardincillo de una casita de campo que mi amigo Pepe Gutiérrez me había prestado durante varios años en un hermoso lugar de Villanueva del Ariscal, y a la que yo bauticé como "Trianilla". Por allí, en esas fiestas que organizábamos de vez en cuando, es decir, casi todas las semanas, pasaron todos los cantaores de la localidad y de las cercanas y muchos amigos del mundo del arte: Manuel Márquez "El Zapatero", Manolito el de Blas, Antonio Cortés, Salvador Muñiz, Rafael "El taxista", Antonio "El Arenero"..., pero también Antonio Mairena, Manolo Sanlúcar, Paco Ortega, El Niño de Pura, su hermano José Joaquín, Rufo de Santiponce, Manuel Calero, María Pagés y su hermano Tomás, Isabelita Bayón y, por supuesto, "Los incansables de Torreblanca", este dúo, a veces trío, todos bizcos, que en verdad respondían a su nombre y no se cansaban jamás mientras tuviesen una jarra de vino cerca.

Muchos de vosotros los habréis visto tocando en El Altozano en la Velá de Santa Ana, o por la Feria de caseta en caseta. Animaban más que la Orquesta Mondragón. El batería, con la caja remendada de mil guerras etílicas y más despintada que el tranvía de El Cerro, no tenía desperdicio. Era el que cantaba y, además, bien. Bordaba a Bambino y, dale que te dale al pedal y a los palillos, cantaba por todo lo que se le pidiera. Podían estar cantando horas y horas sin aburrirse y sin aburrir a nadie. Rumbas, pasodobles y canción española eran sus platos fuertes, y a su ritmo endiablado bailaban todas las parejas. Los contratamos una vez para la Cruz de Mayo que hicimos en el calle Alfarería organizada por la peña "La Soleá de Triana", otra para la romería de la Fiesta de la Vendimia de Villanueva, y muchas para fiestecillas como esta que empezaban al filo del mediodía y acababan en la alta madrugada. Cuando venía el tercer "bizco", que tocaba el saxo y el clarinete, las arrobas de vino bajaban considerablemente. ¡Qué forma de beber! Menos mal que, en tierra vinatera y con amigos vinateros, no había problemas de surtido.
El sábado, aunque era un hombre solo: "El Maguilla de Morón", el "hombre orquesta" me trajo el recuerdo de aquellos inolvidables tiempos que, parafraseando a Bécquer, ya no volverán.

PAULINO GONZÁLEZ JIMÉNEZ: A LA CHITA CALLANDO

A LA CHITA CALLANDO

Cuando menos se espera el dolor llega
que es preciso llorar de vez en cuando
para que el corazón se vuelva blando
de cuando en vez. El llanto besa y riega

nuestro campo interior. Calma y sosiega
hasta alegrarte por estar llorando:
porque el dolor a la chita callando
es en la vida nuestro alfa y omega.

No hay que huirle al dolor de cada día
que el dolor junto al gozo es necesario
como lluvia de mayo en la sequía.

Si a la chita callando un martes trece
con negror oscurece el calendario,
el miércoles la luz reaparece.

lunes, 21 de junio de 2010

DESDE MI TORRE: HABLANDO EN PLATA

El mundo del flamenco llevaba bastante tiempo esperando el relevo de Francisco Perujo en la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. Y ha llegado con forma y nombre de mujer: María Ángeles Carrasco, hasta ahora coordinadora de la Agencia y, al parecer, siempre aspirante a esta plaza. Además, se ha nombrado un consejo asesor que estará presidido por el cantaor Antonio Fernández Díaz "Fosforito", Olga de la Pascua -directora del Centro Andaluz de Flamenco-, Juan Manuel Suárez Japón -rector de la Universidad Internacional de Andalucía-, el filólogo Antonio Carmona y la antropóloga Cristina Cruces Roldán. A excepción de la directora del CAF, todos son antiguos amigos y hemos coincido en muchísimas ocasiones. Vayan, pues, mis mejores felicidades para ellos, en la seguridad que darán lo mejor de cada uno en esta labor que, según su Presidente, es totalmente altruista.

Pero... Yo siempre me he preguntado para qué ha servido y sirve esta Agencia de denominación tan larga si no es para que nada se escape al control del partido en el gobierno. Siempre he esperado que alguien del mismo me responda a esta duda. Por un lado, los artistas están que trinan -siempre trabajan los mismos-, las agencias de contrataciones están subsistiendo como pueden -por lo que también trinan-, y los aficionados de toda la vida trinamos todos porque siempre ha existido el flamenco, y con mucha dignidad, sin necesidad alguna del protectorado político. Parece que la única meta de esta Agencia, que tantísimo dinero tiene que costar mantener, aparte de hacer algunos ciclos que siempre llegan a los mismos lugares y que no todo el mundo tiene ocasión de disfrutar, es conseguir que el Flamenco sea reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Venga, empujemos todos para que así sea. Y cuando se logre: ¿se transformará en algo la verdadera substancia del flamenco?, ¿trabajarán y ganarán más los artistas más modestos?, ¿variará el ritmo de las soleares, el compás de las bulerías, los ayes de las seguiriyas? ¿tendremos que ponernos alguna distinción los aficionados en la solapa?

Llevo cerca de 40 años metido en este lío de la divulgación del Flamenco, y jamás se han necesitado políticos para protegerlo. Fue la época más grande y hermosa de los excelentes festivales, de la eclosión de las peñas y de los recitales de alto contenido en estas entidades. Todo era altruísmo y pasión por el flamenco, generosidad, afición cuajada de vivencias. Se hacían grandes homenajes sin que los organizaran las instituciones: a "El Perrate", "El Sordillo", "El Niño de la Calzá", "Quincena del Centenario de Manuel Vallejo", Romerito de Jerez, "Bambino", Gabriela Ortega. Puedo decir que un hombre solo: Pulpón, hizó más por el flamenco en su vida que todas las agencias andaluzas para el desarrollo, etc. que se puedan inventar. Es más, a quien es amante del Flamenco, un aficionado de verdad, para nada le hace falta el proteccionismo de ningún organismo estatal o regional. Todo está inventado. La afición es exclusiva del corazón y no sabe de siglas. Al Flamenco no hace falta canalizarlo, y si no que se lo pregunten a mi amigo "Fosforito", el flamante Presidente del consejo asesor de expertos de esta "cosa". Él sabe mucho de este "difícil mundo" -tal como lo definía Manuel Barrios-, así como del desprecio olímpico que la Junta de Andalucía tuvo con él en varias ocasiones, al menos dos que yo recuerde. Me explico en punto y aparte.

Cuando gracias a la habilidad de Francisco Vallecillo -y la dejación del ayuntamiento de Córdoba- éste consigue registrar el dominio "La Llave de Oro" a favor de la Junta de Andalucía en 1984, del que él era asesor de Actividades Flamencas, todos los aficionados pensábamos que por fin se iba a acabar la eterna polémica de las "Llaves", esa que al parecer jamás mereció Manuel Vallejo y sí El Nitri y Antonio Mairena. Todos creíamos que se había acabado el juego y que los tres "camelos" anteriores iban a enterrarse definitivamente. Nada ya de polémicas y ríos de tinta de filias y de fobias. La "Llave" -parafraseando la coplilla popular- en el fondo del mar de la memoria. Pero no, la Junta, tan lista, tan llena de asesores y de expertos, de los que no doy nombres porque algunos están muertos y otros han sido eternos embusteros de la crítica pagada, se deja caer con la concesión de la cuarta, y a título póstumo -¡toma del frasco, carrasco!- a José Monge Cruz "Camarón de la Isla" en el año 2000. Para nada había servido que "Fosforito" luchase por ella en 1962, ni su ingente obra, ni su más que demostrada experiencia, ni su enorme e interesante discografía. Aquellos "ilustrados" reavivaron la llama y se la concedieron a Camarón sin más, por decreto, ocho años después de muerto. Y a "Fosforito", para callar la polémica levantada, se la conceden 5 años después, en 2005, "Llave" que, por simple dignidad, si yo hubiese sido el cantaor pontanés, jamás hubiese aceptado. Ahí, de todas a todas, me decepcionó tanto el amigo y el maestro que jamás lo he felicitado por ese galardón que, si nunca tuvo valor, bastante menos después de los tejamanejes del gobierno andaluz. En dos siglos se dieron amigablemente tres, y en tan sólo cinco años se concedieron por decreto dos. ¡Viva Cartagena!

Cuando se inaugura la Fundación de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera en el antiguo Palacio de Pemartín, a la que asistí, y se preveía un movimiento político, ya hace de esto 22 años, el primer director debería de haber sido "Fosforito", del que todos los "expertos" conocían que no estaba pasando ni un buen momento cantaor ni económico. Ahora, cuando tiene 78 años de edad, se le ofrece un caramelo sin remuneración. Si él lo ha aceptado así, fenomenal y nada que objetar. Cada uno es libre de ponerle cotas a su vida. Lo que jamás comprenderé es que Antonio, que lleva más de 60 años de artista, y que ha ganado muchísimo dinero a cambio de su arte y su dignidad en el escenario sin "agencia andaluza para el des....", se meta ahora en un conglomerado de esta clase sin darse cuenta de que están utilizando su nombre como mascarón de proa de un galeón que todavía no ha llegado a ningún puerto después de tantos años de travesía. Claro está que la vanidad, y más a ciertas edades, nos hace ciegos.

Después de este repasillo que he creido necesario para exponer mi postura, vuelvo al principio: mis felicidades a la nueva directora de la Agencia, María de los Ángeles Carrasco, y al Consejo Asesor de Expertos presidido por "Fosforito", y mi ánimo para que se planifiquen y cumplan muchos proyectos -que jamás tienen por que ser caros- y más que a Japón, a Estados Unidos, al Liceo, etc., el flamenco se lleve a todas las localidades andaluzas, absolutamente a todas, para devolver la ilusión a los viejos aficionados y abrirle las pupilas a esa gran parte de una juventud que sólo está aficionada a los festivales de "las botellonas".

No sé hablar de otra forma y bien que lo siento. Pero hablando en plata -y no es por don Paulino, que es el que ha nombrado al excelente equipo- se entiende la gente.


(En la fotografía de la agencia EFE, Paulino Plata, Bibiana Aido, María de los Ángeles Carrasco y Fosforito)

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: 1936-1950 (35)


Vamos a ir apurando parte de las canciones más conocidas y recordadas de Conchita Piquer. Ya dije que su repertorio es tan largo que es muy difícil escoger lo mejor, entre otras cosas porque el rastreo puede ser siempre subjetivo. Tenemos que tener también en cuenta que parte de sus canciones sonaron o gustaron bastante más en la versión de otras artistas, por lo que, cuando llegue la hora de ellas las recordaremos, citando, por supuesto, la primera intérprete. Pero hay canciones que son Piquer-Piquer y que nadie superó porque tenían el marchamo de sus grandes obras. Una de ellas, por ejemplo, es esta que vamos a poner a continuación: "Lola Puñales", de Quintero, León y Quiroga, grabada por la artista el año 1948, incluyéndola en la película "Me casé con una estrella", y rodada en 1950 bajo la dirección de Luis César Amadori con el acompañamiento masculino del actor Luis Sandrini, que fue estrenada en 1952:

Entre la gente del bronce que cantaba y que bebía/ brillaba Lola Puñales;/ era una rosa flamenca que a los hombres envolvía/ igual que los vendavales./ Vino primero don Pedro, marqués,/ enamorado y galán,/ pero la Lola con mucho saber/ lo despreció por don Juan./ Y así la Puñales, perdiendo y ganando,/ trataba a los hombres de mala manera,/ hasta que una noche la fueron matando/ los ojos de un hombre que dijo a su vera:// ¿Quién ha encendío esa vela/ en tus ojeras de petenera,/ Lola Puñales?/ Que aunque no quieras, Dolores,/ matas de amores a los mejores/ y más cabales./ Sin saber cómo ni cuándo/ tú te vas a enamorar,/ con el fuego estás jugando/ y te tienes que quemar,/ y verás, sentrañas mías,/ lo que son ducas mortales/ cuando llores de agonía/ y te den las claritas del día/ sin dormir, Lola Puñales.// Con fatiguitas de muerte y sudores de agonía/ lloraba Lola Puñales,/ porque aquel hombre moreno se llevó pa toa la vía/ la rosa de sus rosales./ Mucho "te quiero y me muero, mujer",/ mucho "te juro por Dios",/ y si te vi no me acuerdo, después/ de que en sus brazos cayó./ Corrió como loca buscando la reja/ en donde de otra los besos bebía/ y un grito de muerte se oyó en la calleja/ mientras que unos ojos quedaban sin vía.// Vayan los jueces pasando,/ vayan firmando, que está esperando/ Lola Puñales./ Que no me importa esta pena/ ni ir a la trena, que estoy serena/ y en mis cabales./ Lo maté a sangre fría/ porque se burló de mí/ y otra vez lo mataría/ si volviera a revivir./ Conque apunte el escribano/ que al causante de mis males,/ por jurar cariño en vano,/ sin siquiera temblarle la mano,/ lo mató Lola Puñales.

Hubo un tiempo, quizás por las rarezas de Conchita Piquer o por querer cambiar de estilos de canciones, que se separa de Quintero, León y Quiroga y estrena composiciones de otro trío genial, el formado por Ochaíta,Valerio y Solano, aunque volvió más tarde a sus raíces. Una de las más hermosas canciones que le escriben a la artista, el año 1953, es "A Ciegas", que incluye en su espectáculo "Salero de España", estrenado ese mismo año en el Teatro Álvarez Quintero de Sevilla. Es una hermosísima canción de la que se han hecho muchas versiones, siendo extraordinaria la que recientemente ha realizado de ella Miguel Poveda (2009):

Yo muchas noches sentía,/ cercano ya el día,/ tus pasos en la sala./ "Gracias a Dios que has llegado,/ que no te ha pasado/ ninguna cosa mala."/ En tus manos un aroma/ que trasminaba como el clavel,/ pero yo lo echaba a broma/ porque era esclava de tu querer./ "Que me he entretenido.../ las cosas del juego."/ Y yo te decía/ cerrando los ojos/ lo mismo que un ciego:// No tienes que darme cuenta,/ a ciegas yo te he creido,/ yo voy por el mundo a tientas/ desde que te he conocido./ Llevo una venda en los ojos/ como pintan a la Fe;/ no hay dolor como esta gloria/ de estar creyendo sin ver./ Mi corazón no me engaña/ y a tu caridad se entrega./ ¡Duerme tranquilo, sentraña,/ que te estoy queriendo a ciegas.// No sé qué mano cristiana/ abrió una mañana/ mi puerta de repente,/ luz que cortó en mil pedazos/ como un navajazo/ mi venda de la frente./ Me quitaron la ceguera/ con un cuchillo de compasión/ y hoy va solo por la acera/ sin lazarillo mi corazón./ "Todo eso es mentira,/ lo afirmo y lo pruebo"./ Y yo te decía queriendo ponerme/ la venda de nuevo:// No tienes que darme cuentas,/ que no te las he pedido;/ quien va por el mundo a tientas/ lleva los rumbos perdidos./ Yo me clavaré en los ojos/ alfileres de cristal/ por no verme cara a cara/ contigo y con tu verdad./ Mientes de noche y de día/ y a jurarme en falso llegas.../ ¡Sigue mintiendo, alma mía,/ para yo quererte a ciegas!

Quintero, Rafael de León y Quiroga le escribieron una hermosa canción-romance "Cárcel de oro" (1956) para su último espectáculo "Puente de coplas" que la artista estrenó en el Teatro Apolo de su tierra en marzo de 1957. Al ser, como otras, una de las joyas del género, fue muy versionada por artistas de su época y artistas actuales. Pero nadie, ni siquiera Rocío Jurado, le dio el empaque de la Piquer.

Cuando tú me diste amparo no era más que una gitana/ con un traje de volantes y una enagua almidoná,/ y me vi por tu cariño, de la noche a la mañana,/ convertía en una reina de brillantes coroná./ Pero a mí desde el principio me cansaba tu ternura,/ me agobiaba aquel encierro que me impuso tu pasión,/ y una noche en que tus celos me colmaron de amargura/ con la hiel de mis palabras yo maté tu corazón:// Tanto decirme te quiero, te quiero,/ yo no lo puedo aguantar,/ como un pájaro me muero, me muero,/ necesito libertad./ Abre puertas y cerrojos/ que me dé la luz del sol,/ que están ciegos ya mis ojos/ de tinieblas y dolor./ Por mi madre yo te imploro y te lloro/ que no pienses más en mí;/ no te quiero, no te adoro,/ yo no sirvo pa vivir/ en esa cárcel de oro.// Y con prisa por dejarte yo me fui por los caminos,/ con mis coplas y mis sueños y mis ansias de vivir/ y al momento mis volantes se enredaron entre espinos/ y los nardos y las rosas fueron cardos para mí./ Del vinagre que ahora bebo la culpita sólo es mía/ y maldigo hasta la hora que probé la libertad./ Pordiosera de cariño te suplico noche y día/ que en la cárcel de tus brazos tú me vuelvas a encerrar.// Vuelve a decirme te quiero, te quiero,/ vuelve a decirlo, por Dios,/ sin oírlo yo me muero, me muero/ como un nardo sin olor./ Pa borrarte los agravios/ que te hice padecer,/ si pudiera de mis labios/ me arrancara hasta la piel./ Vale más que los tesoros del moro/ tu cariño para mí./ Por tu madre yo te imploro/ que me encierres pa vivir/ en esa cárcel de oro.// (Estribillo final) A una fragua yo me echara/ pa salir purificá,/ si de nuevo tú en mi cara/ te volvieras a mirar./ Vale más que los tesoros del moro/ tu cariño para mí./ Por tu madre yo te imploro/ que me encierres pa vivir/ en esa cárcel de oro.

Sería totalmente imposible para el trabajo que estamos pretendiendo hacer de recordar las más importantes canciones que pasaron por nuestras vidas a lo largo del siglo XX, poner todas y cada una de las coplas. Sólo hemos intentado escoger desde el inicio las que, por una causa u otra, han quedado impresas en la memoria del pueblo. No quieren decir que sean las mejores de cada intérprete, pero sí las más significativas bien por el tema o por la época en que se estrenaron. La obra de Conchita Piquer completa, y de otras artistas, nos llevaría semanas y semanas, pero no ha sido ese nunca nuestro propósito. Muchos títulos se quedan fuera de este trabajo, pero las canciones que hemos puesto creo que es valiosa muestra para mejor entender la historia de la copla.

Para terminar con estos capítulos de Conchita Piquer, de la gran artista valenciana, vamos a hacerlo con la canción que, tal y como explicamos, la retiró de los escenarios en Isla Cristina, el 13 de enero de 1958, cuando llevó allí su espectáculo "Puente de coplas". Con letra y música de su gran trío de autores, la última canción que cantó la Piquer sobre la escena fue esta hermosa habanera titulada "Mañana sale":

Tiene el color del semblante/ de una virgen de marfil,/ lleva en los labios un cante/ y en la mano un quince mil./ De un coche de dos caballos/ sale una voz con corona:/ "Si quieres, rosa de mayo,/ seré el vasallo de tu persona"./ Palabras que lleva el viento/ y luto en el corazón.../ La calle del Sacramento/ sintió el lamento/ de su pregón.// ¿A quién le vendo la suerte?/ ¡Mañana sale y está premiado!/ (Mis ojos tienen que verte/ por tres puñales atravesado)./ ¡La fortuna pa mañana!/ ¿Quién me compra un quince mil?/ (Te repiquen las campanas/ a la hora de morir)./ ¡Cuatro series! ¡Qúe bonitas!/ ¡Voy tirando los caudales!/ ¡Son de doña Manolita!/ ¿Quién me compra este penita?/ ¡Mañana, mañana sale!// Yendo de juerga en su coche/ con corona de marqués,/ le dieron muerte una noche/ en la calle Lavapiés./ Nadie el motivo sabía,/ nadie conoce la clave./ La niña que le vendía/ la lotería sí que lo sabe./ Quizás que un mismo cuchillo/ vengó una doble traición./ Envuelto en su mantoncillo/ va el estribillo de este pregón:// ¿A quién le vendo la suerte?/ ¡Mañana sale y está premiado!/ (A mí me dieron la muerte/ con los puñales que te han clavado)./ ¡La fortuna pa mañana!/ ¿Quién me compra un quince mil?/ (Que me doblen las campanas/ y me entierren junto a ti)/ ¡Cuatro series! ¡qué bonitas!/ ¡Voy tirando los caudales!/ ¡Son de doña Manolita!/ ¿Quién me compra esta penita?/ ¡Mañana, mañana sale!// (Estribillo final) Y en el filo de la aurora,/ desde Sol a Chamberí,/ nadie sabe por qué lora/ pregonando un quince mil./ ¡Cuatro series! ¡qué bonitas!/ ¡Voy tirando los caudales!/ ¡Son de doña Manolita!/ ¿Quién me compra esta penita?/ ¡Mañana, mañana sale!

Pues mañana nosotros seguiremos con una mujer que viene pegando fuerte y que empieza a incomodar a Conchita Piquer desde hace algunos años, hasta el punto de que la valenciana le "robó" algunas de sus más hermosas canciones. Nos referimos a la artista sevillana Juanita Reina, otra gran señora de la canción y la escena.

(En la fotografía, Conchita Piquer)

PAULINO GONZÁLEZ JIMÉNEZ: FLORES AMARILLAS

FLORES AMARILLAS

Había en su risa sones de campana
que alegraba mi oriente y mi occidente
y su mirada luminosamente
competía con la luz. Cada mañana,

desbordada de amor su risa sana
era un río y un mar bajo mi puente.
También la vi llorar amargamente
su pena y la de otros. Por mi hermana

la memoria insaciable me interroga:
¿Fue tango de Gardel, o de Quiroga
fue un manojo de alegres tonadillas?

Tango y copla que evoco muchas veces
sonando entre los góticos cipreses
de su tumba con flores amarillas.

domingo, 20 de junio de 2010

DESDE MI TORRE: OTRO AÑO EN SEGUNDA


Ayer sí apretaron las tuercas los muchachos del Betis a un Levante que vino a pasearse a la Palmera. Como siempre: cuando ya no dependemos sólo de nosotros, cuando estamos en la cuerda floja y la célebre espada de Damocles está a punto de caer. Han tenido todo un año para resarcir a la afición del bajonazo del año pasado por el mismo motivo. Pero no, todo el año jugando mal, perdiendo en muchísimas ocasiones, empatando cada dos por tres y haciendo un juego pésimo, dejándolas venir, soñando siempre con la esperanza del último minuto. Y ayer, hasta Capi llorando. Sería por el dinero de la prima perdida. Todo un año desesperando a una afición única, no metiéndole un gol ni al arcoiris, corriendo menos de lo necesario. Un equipo sin base, sin esquemas, con una atonía que aburre a los cocodrilos. Que no lloren, que hubiesen sudado antes la camisetas, que le hubiesen echado casta.

Y el Presidente, el dueño, sin dar la cara, escondiéndose siempre en su palacio de invierno de la calle Jabugo, con la mínima vergüenza del que ninguna tiene. Pasó ayer lo que tenía que pasar, lo que se veía venir desde el primer partido de la temporada: que el Betis no tiene equipo ni para jugar a los futbolines. Subir a primera no estaba en haber ganado en Salamanca. La subida ha estado siempre cuestionada por el juego y el resultado de la mayoría de los partidos. Lo malo es que como Lopera siga así: faltándole el respeto a una afición modélica, no acudiendo al palco ni siguiendo al equipo, sin invertir de cara al futuro, creyendo que este equipo que lo hicieron grande varias generaciones es una más de sus empresas fantasmas, el Betis se va a llevar varios años más sufriendo la división de plata.

Los béticos no nos merecemos el comportamiento de estos jugadores que han debido llevar al equipo en el primer puesto de la tabla durante todas las jornadas. Ya está muy antiguo el grito solidario de otros tiempos de ¡Viva el Betis manque pierda! Y por supuesto, desde hace muchos años, no nos merecemos a un Presidente que parece que lo salvó en su día para hundirlo en el cieno para toda la eternidad.

Pues nada, otro año en segunda. Otro año sufriendo la mofa de la afición contraria. Otro año teniendo que agachar las orejas cada fin de semana cuando miremos el marcador y veamos que ocurre un poco más de lo mismo. ¿Los barones del Betis no tienen nada que decir? ¿Se habrán dado cuenta, por fin, de que les faltó coraje cuando dejaron que Lopera comprase al Betis como negocio? Ellos sembraron los vientos de estas tempestades que tenemos.

Llevo a mi favor, para no desfondarme, el ser bético pero no tonto.

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: 1936-1950 (34)


Continuamos hoy con la genial Conchita Piquer, ya que su repertorio quizás sea el más extenso de toda la historia de la copla. Además de haber sido una excelente cancionista, le acompañaba su hermosura y su tipo escultural, y de ambos atributos hizo gala tanto en algunos posados fotogénicos para sus programas y las revistas especializadas, como en otros de claro tinte erótico tan en boga por aquellos años. ¡Era mucha Concha esta valenciana!

Dentro de estos años 40, que fueron los de su mayor producción, es muy difícil elegir los temas mejores de su repertorio, ya que Conchita Piquer cuidaba todas y cada una de sus canciones. No todas -el pueblo es soberano en el recuerdo- llegaron a la inmortalidad de la memoria, y por eso iremos escogiendo las que aún todavía hay alguien que las tararea. En esta ocasión, la letra nos habla del imposible e hipotético amor del pintor Julio Romero de Torres con la modelo de su célebre "La chiquita piconera", María Teresa López. Esta canción de Rafael de León y el cordobés Nicolás Callejón, con música del maestro Quiroga, la graba Conchita Piquer en 1942, en "La Voz de su Amo", y dice así:

El pintor la respetaba/ lo mismo que algo sagrao/ y su pasión le ocultaba/ porque era un hombre casao./ Ella lo camelaba con alma y vía/ hechizá por la magia de su paleta/ y al igual que una llama se consumía/ en aquella locura negra y secreta.// Y cuando de noche Córdoba dormía.../ y era como un llanto la fuente del Potro,/ una voz decía:/ ¡Ay, chiquita piconera,/ mi piconera chiquita!/ Esta carita de cera/ a mí el sentío me quita./ Te voy pintando, pintando/ al laíto del brasero/ y a la vez me voy quemando/ de lo mucho que te quiero./ ¡Válgame San Rafael,/ tener el agua tan cerca/ y no poderla beber!// Ella rompió aquel cariño/ y le dio un cambio a su vía,/ y el pintor, igual que un niño,/ lloró al mirarla perdía./ Y cambió hasta la línea de su pintura,/ y por calles y plazas lo vio la gente/ deshojando la rosa de su amargura/ como si en este mundo fuera un ausente.// Y cuando de noche Córdoba dormía.../ y era como un llanto la fuente del Potro,/ el pintor gemía:/ ¡Ay, chiquita piconera,/ mi piconera chiquita!/ Toda mi vida la diera/ por contemplar tu carita./ Mira tú si yo te quiero/ que sigo y sigo esperando/ al laíto del brasero/ para seguirte pintando./ ¡Válgame la Soleá,/ haber querío olvidarte/ y no poderte olvidar.

Evidentemente que es una fábula, una imagen poética de un posible amor en la mente de sus autores, pero alimentada, sencillamente, por la vida jaranera, flamenca y enamoradiza del gran pintor cordobés. El milagro de la copla es reducirnos a la yema de su biografía en unos cuantos renglones. Julio y sus mujeres morenas, como ya hemos visto en otras canciones, se ganó a pulso entrar en la obra de los grandes compositores. De todas formas, debemos conocer que Rafael de León creaba muchas de sus coplas basándose en la visualización de la realidad cotidiana. Pero, para conocer a la perfección al pintor y al hombre, dentro de los terrenos de la literatura, podría recomendar a mis blogueros varias obras sobre su arte y su persona. Prefiero recomendar esta: "Julio Romero de Torres: su vida, su obra y su mundo", de su biógrafo y especialista en su pintura Francisco Zueras Torrens, editado por el Ayuntamiento de Córdoba en 1974. Una obra maestra.

La próxima muestra que vamos a poner de Conchita Piquer es una canción cómica, tan del gusto de Rafael de León, con música del eterno Quiroga: "La Niña de la Estación" (1942), que si hoy se analiza puede que nos conmueva y nosotros mismos trastoquemos el sentido de la letra. Una mujer, posiblemente loca -eso es lo que le quita el humor negro a la letra- y solterona, sólo tiene como distraimiento diario ver pasar los trenes por la estación de su pueblo con los versos de Bécquer y Campoamor en su memoria: ¿La Rinconada, Brenes, Cantillana, Lora del Río, Peñaflor, Palma, Posadas...? ¿La Venta de la Salud, Dos Hermanas, Utrera...? ¿Villa del Río, Montoro, Marmolejo, Linares-Baeza...? ¿Quién sabe? Sólo se sabe, como en el soneto que pusimos el día 18 de Paulino González, inspirado en este tema, que, al igual que esta Niña de la Estación, todos esperamos siempre no se sabe qué tren de ida o de regreso. Para mí, aunque sus autores la denominaron "canción cómica" es una auténtica joya dramática. El papel, por supuesto, lo bordaba Conchita Piquer en los escenarios:

Los suspiros son aire y van al aire,/ las lágrimas son agua y van al mar./ Dime, mujer, cuando un tío se pira,/ ¿sabes tú dónde va?/ Bajaba todos los días/ de su casa a la estación/ con un libro entre sus manos/ de Bécquer a Campoamor./ Era delgada y morena,/ era de cintura fina,/ era más cursi que un guante/ la señorita Adelina./ Y como ver pasar trenes/ era toda su pasión,/ en el pueblo la llamaban/ la Niña de la Estación.// ¡Adiós, señor, buen viaje!/ ¡Adiós, que lo pase bien!/ ¡Recuerdos a la familia!/ ¡Al llegar escríbame!/ ¡Mándeme usted la sombrilla!/ ¡No olvide "La Ilustración"!/ ¡Y no olvide que me llaman/ la Niña de la Estación.// Volverán las oscuras golondrinas/ en mi balcón sus nidos a colgar,/ pero aquel ambulante de correos,/ aquel no volverá.../ Descarriló el tren expreso/ una mañana de abril/ y aquel descarrilamiento/ hizo a Adelina feliz./ Ella vendóle la frente/ y lo cuidó como a un niño,/ y él, que era guapo y valiente,/ juróle eterno cariño./ Y luego, cuando a la noche/ volvió a partir el tren,/ con voz de carne membrillo/ así le dijo al doncel...// ¡Adios, amor, buen viaje!/ Adiós, que lo pases bien!/ ¡Recuerdos a tu familia!/ ¡Al llegar escríbeme!/ ¡No te olvides del retrato,/ mándame "La Ilustración"!/ ¡Y no olvides que te espera/ la Niña de la Estación!// Mi carta que es feliz, pues va a buscaros,/ cuenta os dará de la memoria mía./ Aquella mujer soy, que de esperaros,/ se quedó en la estación helada y fría./ Pasaron meses y meses/ y aquel galán no volvió/ y Adelina se ha casado/ con el jefe de estación./ Pero con tan mala suerte/ que a los dos días del hecho/ murió su pobre marido/ de dos anginas de pecho./ Y la pobre, medio loca,/ creyéndose en la estación,/ cuando ya se lo llevaban/ así al fiambre cantó:// ¡Adiós, amor, buen viaje!/ ¡Adiós, que lo pases bien!/ ¡Recuerdos a la familia!/ ¡Al llegar, escríbeme!/ ¡No te olvides del retrato!/ ¡Mándame "La Ilustración"!/ ¡Y no tardes, amor mío,/ que hace frío en la estación!

Está claro que los autores lo tratan como un tema cómico. No creo que nadie sea capaz, ni viene al caso, por ser "guapo y valiente" jurar amor eterno a una mujer. Lo mismo que es una comicidad manifiesta el saber cómo habla la "carne de mebrillo". Habrá que preguntar si habla o no a la gente de Puente Genil, especialista en temas membrilleros.

Por estos años, tal vez la canción más famosa de Conchita Piquer y la más versionada es "Romance de la otra", con letra de Quintero y León, y música de Quiroga, grabada en 1944 con una segunda versión diez años más tarde, y que incluyó en el repertorio de su espectáculo "Retablo español". Según Manuel Francisco Reina, en su interesante y casi flamante libro "Un siglo de copla" (Ediciones B. Barcelona, 2009), este romance, al que los autores nombraron musicalmente como "Farruca", reseña rigurosamente la propia biografía de Conchita Piquer cuando se enamoró del torero Antonio Márquez, que estaba casado con la cubana de origen vasco Ignacia de Arechavala, mientras convivía con ella:

¿Por qué se viste de negro,/ ¡ay, de negro!/ si no se le ha muerto nadie?/ ¿Por qué está siempre encerrada,/ ¡ay, por qué!/ como la que está en la cárcel?/ ¿Por qué no tiene familia,/ ni perrito que le ladre,/ ni flores que la diviertan,/ ni risa que le acompañe?/ Del por qué de este por qué/ la gente quiere enterarse,/ cuatro suspiros responden/ y no los entiende nadie,/ y no los entiende nadie.// Yo soy la otra, la otra/ y a nada tengo derecho/ porque no llevo un anillo/ con una fecha por dentro./ No tengo ley que me ampare,/ ni puerta donde llamar,/ y me alimento a escondías/ con tus besos y tu pan./ Con tal que vivas tranquilo,/ qué importa que yo me muera,/ te quiero siendo la otra/ como la que más te quiera.// ¿Por qué no fueron tus labios,/ ¡ay, tus labios!/ que fueron las malas lenguas?/ Las que una noche vinieron,/ ¡ay, por qué!/ a leerme la sentencia./ El nombre que te ofrecía/ ya no es tuyo, compañera,/ de azahares y velo blanco/ se viste la que lo lleva./ Como fue tu voluntad,/ mi boca no te dio queja,/ cumple con lo que has firmao/ que yo no valgo la pena,/ que yo no valgo la pena.// (Refrán).

Sí que es totalmente biografía histórica, como la que pusimos hace unos días de "Eugenia de Montijo", la canción-marcha "Romance de la Reina Mercedes" que Conchita Piquer cantaba con una sublime majestad y señorío. A la hermosa letra de Quintero y León se une la gran música de Quiroga, trío que aunados por el propio Antonio Márquez casi exclusivamente en estos años dedicaban toda su producción a ella, así como montaban sus famosos espectáculos, entre ellos "Tonadilla", donde incluyeron esta canción. La grabación se hizo en 1948 en "La Voz de su Amo" y el espectáculo se estrenó en el Poliorama de Barcelona el año 1949 -año en el que nací- y pocas semanas después en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Esta canción se hizo famosísima en la versión cinematográfica "¿Dónde vas Alfonso XII?" que realizó la guapísima y jovencísima trianera Paquita Rico el año 1958. Ha sido, igualmente, una canción muy versionada por diferentes artistas de la copla, pero me quedo, particularmente, con la versión por bulerías de Bernarda de Utrera, que la grabó en 1968 acompañada a la guitarra por Melchor de Marchena. Si no tienen esta versión de Bernarda, háganse con ella en cualquier tienda de discos antiguos, pero es imprescindible poseerla y escucharla mil veces. Seis minutos de gloria en el paraíso de la bulería:

Una dalia cuidaba Sevilla/ en el parque de los Mompansié,/ ataviada de blanca mantilla/ parecía una rosa de té./ De Madrid con chistera y patillas/ vino un real mozo muy cortesano/ y a Mercedes besó en las mejillas/ pues son los niños primos hermanos./ Un idilio de amor empezó a sonreír...,/ mientras cantan en tono menor/ por la orillita del Guadalquivir:// María de las Mercedes,/ no te vayas de Sevilla,/ que en nardo trocarse puede/ el clavel de tus mejillas./ Que quieras o que no quieras,/ y aunque tú no dices nada,/ se nota por tus ojeras/ que estás muy enamorada./ Rosita de Andalucía,/ amor te prendió en sus redes/ y puede ser que algún día/ amor te cuesta la vía,/ María de las Mercedes.// Una tarde de la primavera/ Merceditas cambíó de color/ y Alfonsito que estaba a su vera,/ fue y le dijo: "¿Qué tienes, mi amor?"/ Y lo mismo que una lamparita/ se fue apagando la soberana,/ y las rosas que había en su carita/ se le volvieron de porcelana./ Y Mercedes murió empezando a vivir,/ y a la plaza de Oriente, ¡ay, dolor!/ para llorarla fue todo Madrid.// María de las Mercedes,/ mi rosa más sevillana,/ ¿por qué te vas de mis redes/ de la noche a la mañana?/ De amores son mi heridas/ y de amor mi desengaño/ al verte dejar la vida/ a los dieciocho años./ Adiós, princesita hermosa,/ que ya besarme no puedes./ Adiós, carita de rosa,/ adiós mi querida esposa,/ María de las Mercedes.// (Estribillo final) En hombros por los madriles/ cuatro duques la llevaron/ y se contaron por miles/ los claveles que le echaron./ Te vas camino del cielo/ sin un hijo que te herede./ España viste de duelo/ y el rey no tiene consuelo,/ ¡ay, María de las Mercedes!.

En esta canción, marcha, tonadilla o simplemente copla, sí hay una base biográfica sobre el amor y el matrimonio de Alfonso XII con María de las Mercedes de Orleans, hija de los duques de Montpensier, que murió a los 18 años de edad, cinco meses después de contraer matrimonio. Sevilla la quería mucho porque, al parecer, tantos sus padres como ella fueron muy caritativos con el pueblo sevillano.

Y mañana, si Dios quiere, más.


(En la fotografía, Conchita Piquer)

PAULINO GONZÁLEZ JIMÉNEZ: REO

REO

Soy el culpable de mi vida. El reo
condenado a la muerte poco a poco.
Ayer me equivoqué. Hoy me equivoco.
Hago con mis recuerdos un museo

de imágenes perdidas que entreveo
como un rompecabezas raro y loco,
que en vano en mi memoria yo retoco
porque con nitidez nunca las veo.

No es verdad que se apague lo perdido
como moneda de oro que se esconde
por la calle sin fin del tiempo huido.

Y el tiempo de por sí gran caballero
me pondrá claridades cuando y donde
busque entre mis nostalgias de viajero.

sábado, 19 de junio de 2010

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: 1936-1950 (33)


Aunque ya desde 1922, por medio de su paisano y gran compositor Manuel Penella, Conchita Piquer empezaba a darse a conocer y no precisamente en su país, sino casualmente en Nueva York, nadie podría pensar que se iba a convertir en la gran diva de la canción española, en la máxima intérprete de este género, en su maestra más consumada. No es exageración lo que Carlos Herrera dejó como comentario en el libro de Martín de la Plaza "Conchita Piquer. Biografía no autorizada" (Alianza Editorial. Madrid, 2001): "La obra de la Piquer en la escena española es comparable a la de Edith Piaf en Francia, o Ella Fitzgerald en América."

Desde esta fecha hasta la del 13 de enero de 1958 en la que dice adiós a su profesión en Isla Cristina cuando estaba con su espectáculo "Puente de coplas", son más de doscientos los títulos que estrenó, aparte de seis películas -no le gustaba mucho el cine, porque ella no quería que le mandase ningún director-, y nueve montajes que paseó por todo el mundo.

Fue precisamente en Nueva York donde hizo sus primeras grabaciones entre los años 1922-24 en la importantísima Columbia Records. En estos discos grabó cuplés revisteriles, chotis, fados, tangos, fox-trot, pasodobles y canciones varias, incluyendo sus primeras canciones "La maja de rumbo" y "El florero", entre "La piconera cordobesa", "Pepa la naranjera", "Canción gitana" o una versión de "Amapola" y otra de "Es mi hombre" de la famosa Mistinguet, y muchas más. Pero, sin duda, sus grandes años, cuando se consolida como reina de la canción o de la copla, es a partir de 1935.

Conchita Piquer fue mucha Conchita Piquer en todos los sentidos. Fue tan profesional, tan exigente consigo misma y con tanto sentido de la responsabilidad, tanto en los ensayos como en los escenarios, que chocó muchas veces con sus propios compañeros de "su" compañía, con las artistas y los artistas de su tiempo, y hasta con los propios autores y compositores. Precisamente su retirada en Isla Cristina se debió a un fallo suyo imperceptible para el público y para el propio maestro Posadas, que dirigía la orquesta, cuando estaba cantando "Mañana sale". Nadie se dio cuenta, excepto ella, que no se lo perdonó.

Sería difícil elegir, para esta breve historia que estoy desarrollando, las mejores de sus canciones de esta época esplendorosa. Ya pusimos como ejemplo en otras páginas del blog "Almudena", "Eugenia de Montijo", "Ojos verdes", "Si vas a Calatayud" y "Triniá". Para seguir hoy con su recuerdo vamos a ver uno de los pasodobles también más versionados de la historia de la copla: "La Parrala", con letra de Rafael de León y Valerio y música del maestro Quiroga. Fue grabada el año 1940 en el sello "La Voz de su Amo", y con dirección de Luis César Amadori, Conchita Piquer la incluyó en la película "Me casé con una estrella", estrenada en 1952:

La Parrala dicen que era de Moguer,/ otros aseguran que fue de la Palma,/ pero nadie supo de fijo saber/ de dónde sería Trini la Parrala./ Las malas lenguas decían/ que las claritas del día/ siempre le daban bebiendo,/ pero nadie comprendía/ el por qué de la agonía/ que la estaba consumiendo./ Unos decían que sí,/ otros decían que no,/ y pa dar más que decir/ la Parrala así cantó:// Que sí, que sí, que sí, que sí,/ que a la Parrala le gusta el vino./ Que no, que no, que no, que no,/ ni el aguardiente ni el marrasquino./ Que sí, que sí, que sí, que sí,/ que si no bebe no pué cantar,/ que no, que no, que no, que no,/ que sólo bebe para olvidar./ ¿Quién me compra este misterio?/ Adivina, adivinanza./ ¿Por quién llora, por quién bebe,/ por quién sufre la Parrala?// Dos hombres riñeron una madrugá/ dentro del colmao donde ella cantaba./ Y el que cayó herido dijo al expirar:/ "Por tu culpa ha sío, Trini la Parrala"./ Los jueces al otro día/ a la Trini preguntaban/ si a aquel hombre conocía/ y la Trini contestaba:/ "Yo no lo he visto en mi vía/ ni sé por qué lo mataban."/ Unos dijeron que sí,/ otros dijeron que no,/ y pa dar más que decir/ la Parrala así cantó:// Que sí, que sí, que sí, que sí,/ que la Parrala tiene un amante./ Que no, que no, que no, que no,/ que ella no quiere más que su cante./ que sí, que sí, que sí, que sí,/ que si no bebe no pué cantar./ Que no, que no, que no, que no,/ que sólo bebe para olvidar.

Del mismo año, aunque después de hizo una nueva grabación en 1954, e incluida también en la misma película, es la canción con aires de bulerías "A la lima y al limón", que todavía se sigue recordando por los amantes de la copla:

La vecinita de enfrente, no, no,/ no tiene los ojos grandes,/ no tiene el talle de espiga, no, no,/ ni son sus labios de sangre./ Nadie se acerca a su reja,/ nadie llama a dus cristales,/ que sólo el viento de noche/ es quien le ronda la calle./ Y los niños cantan/ a la rueda, rueda,/ esta copla triste/ que el viento le lleva.// A la lima y al limón/ tú no tienes quien te quiera./ A la lima y al limón/ te vas a quedar soltera./ Qué penita y qué dolor,/ qué penita y qué dolor,/ la vecinita de enfrente/ soltera se quedó,/ solterita se quedó,/ a la lima y al limón.// La vecinita de enfrente, no, no,/ nunca pierde la esperanza/ y espera de noche y día/ aquel amor que no pasa./ Se han casado sus amigas,/ se han casado sus hermanas/ y ella solita y sin novio/ se ha quedado en la ventana./ Y otros niños cantan a la rueda, rueda,/ el mismo estribillo/ que el viento se lleva.// (Refrán)// La vecinita de enfrente, si, sí,/ a los treinta se ha casao/ con un señor de cincuenta, sí, sí,/ que dicen que es magistrado./ Lo luce por los paseos,/ lo luce por los teatros,/ y va siempre por la calle/ cogidita de su brazo./ Y con ironía/ siempre tararea/ el viejo estribillo/ de la rueda, rueda.// A la lima y al limón,/ que no me quedé soltera./ A la lima y al limón,/ que ya tengo quien me quiera./ Ya mi pena se acabó,/ ya mi pena se acabó./ Que un hombre llamó a mi puerta/ y le di mi corazón./ Y conmigo se casó./ ¡A la lima y al limón!

"No me llames Dolores" con letra y música muy pegadizas, correspondientes a Rafael de León y al maestro Quiroga -inseparables de la artista, o la artista inseparable de ellos-, la grabó Conchita Piquer el año 1941, haciéndose rápidamente muy popular, popularidad que también ha llegado a nuestros días en lo que yo llamo memoria colectiva de la copla:

Cuando el domingo te pones/ tu traje negro de pana/ y ese clavel en la boca/ y el sombrero de ala ancha;/ cuando acaricias silbando/ los hierros de mi ventana,/ de tanto y tanto quererte/ el corazón se me para.// No me llames Dolores,/ llámame Lola,/ que ese nombre en tus labios/ sabe a amapola,/ sabe a amapola./ De noche y día/ sólo pienso en tí,/ que eres la vía/ pa mí, ay, ay, sí./ Si te llamas Francisco,/ llámate Antonio,/ que Antonio se llamaba/ mi primer novio,/ mi primer novio.// Ni tu madre a mí me quiere,/ ni la mía a ti tampoco./ ¡Qué nos importa de nadie/ si nos queremos nosotros!/ Aunque pongan una tapia/ y tras de la tapia un foso,/ han de saltarlos tus brazos/ y han de cruzarlos mis ojos./ (Refrán).

Son, como vemos a lo largo y ancho de la canción española, andaluza, o simplemente copla, historias de amores posibles o imposibles, celos, dudas, duques que se enamoran de violeteras, marquesas que se enamoran de gañanes, toreros que abandonan a sus madrinas, solteras ricas, amantes que no llevan un anillo con una fecha por dentro... La vida misma pero en la almendra de una copla. Una tesis doctoral del amor y el desamor condensada en un folio. La copla lleva en sus estrofas los tres capítulos principales en los que el hombre y la mujer piensan: el amor, la vida y la muerte. Si a esta concisión le acompaña una música excelente -en muchas ocasiones realizada sobre la marcha-, se produce el milagro. ¿Quién, con menos mimbres, puede hacer una obra maestra como "Tatuaje"?

La grabó Conchita Piquer en el sello Odeón en 1941, incluyéndolo en su espectáculo "Ropa tendida", que se estrenó en el Teatro Reina Victoria en 1942. Es, como muchas de ellas, de las más versionadas por ser tan hermosa. Desde Miguel de Molina a Pasión Vega han sido muchos los artistas que la han grabado y la han llevado en su repertorio. En la voz de La Piquer, era, y sigue siendo, una obra maestra. La letra fue del moguereño Xandro Valerio y de Rafael de León, y la música, como siempre, de Quiroga:

El vino en un barco de nombre extranjero,/ lo enconré en el puerto un anochecer/ cuando el blanco faro sobre los veleros/ su beso de plata dejaba caer./ Era hermoso y rubio como la cerveza;/ el pecho tatuado con un corazón./ En su voz amarga había la tristeza,/ doliente y cansada, del acordeón./ Y ante dos copas de aguardiente/ sobre el manchado mostrador/ el fue contándome entre dientes/ la vieja historia de su amor.// Mira mi brazo tatuado/ con este nombre de mujer./ Es el recuerdo del pasado/ que nunca más ha de volver./ Ella me quiso y me ha olvidado,/ en cambio, yo no la olvidé,/ y para siempre voy marcado/ con este nombre de mujer.// El se fue una tarde con rumbo ignorado/ en el mismo barco que lo trajo a mí,/ pero entre mis labios se dejó olvidado/ un beso de amante que yo le pedí./ Errante lo busco por todos los puertos;/ a los marineros pregunto por él,/ y nadie me dice si está vivo o muerto/ y sigo en mi vida buscándolo, fiel./ Y voy sangrando lentamente,/ de mostrador a mostrador,/ ante una copa de aguardiente/ donde se ahoga mi dolor.// Mira tu nombre tatuado/ en la caricia de mi piel,/ a fuego lento lo he marcado/ y para siempre iré con él./ Quizás ya tú me has olvidado,/ en cambio, yo no te olvidé,/ y hasta que no te haya encontrado/ sin descansar te buscaré.// (Recitado) Escúchame, marinero,/ y dime: ¿qué sabes de él?/ Era gallardo y altanero,/ era más dulce que la miel./ Mira su nombre de extranjero/ escrito aquí, sobre mi piel.// (Cantado) Si te lo encuentras, marinero,/ dile que yo muero por él.

Por la hermosura de la letra y de la música casi puede parecer una herejía parodiar esta canción, pero no nos olvidemos que el propio Rafael de León se divertía en muchas ocasiones haciendo una letra paralela totalmente humorística como pudieron ver mis blogueros en "Triniá", caso que ocurrió con otras muchas. En esta ocasión, elegimos la parodia que de ella hizo Emilio El Moro, el que remedaba el repertorio de las propias artistas que lo contrataban:

Se la trajo un barco de unos balleneros./ La encontré en el puerto un amanecer,/ cuando junto al faro, sobre un cubo viejo,/ sus cuarenta arrobas dejaba caer./ Era grande y rubia como una mazorca,/ su pecho de vaca como un camión,/ y en su boca larga tenía dos bigotes,/ lo mismo que un guardia de circulación./ Y ante dos litros de aguardiente/ se me plantó en el mostrador,/ y fue bebiendo lentamente/ hasta acabar con el bidón.// Mira mi brazo tatuado/ con los recuelos de un café. Esto que ves junto al sobaco/ es el retrato de mi Andrés./ El tío granuja me pegaba/ con la correa de un tirapiés,/ y para siempre voy marcada/ desde el tobillo hasta el tupé.// Se piró una tarde con rumbo ignorado/ en un mercancías que llegó hasta aquí,/ pero entre sus dedos se llevó enredado/ mi reloj de oro, porque no le vi./ Y loco la busco por todos los puertos,/ a los marineros le explico quién es,/ y algunos me dicen que me vaya al polo,/ porque allí hay ballenas pa parar un tren./ Y voy andando entre la gente/ sin mi cadena y mi reloj,/ y menos mal que no vio un diente/ que con un puente tengo yo.// Tengo un zapato tatuado/ sobre los dedos de mi pie./ La muy ballena me ha pisado/ y calza un ciento veintitrés./ Quizás la gorda me ha olvidado,/ en cambio yo no la olvidé,/ y hasta que no la haya encontrado/ nunca sabré la hora que es.// (Recitado) Escúchame, marinero,/ y dime, ¿no la has vuelto a ver?/ Tenía la cara de un pandero/ y andaba como un chimpancé./ Mira el tacón de su zapato/ clavado aquí sobre mis pies.// (Cantado) Si te la encuentras, marinero,/ no pares nunca de correr.

Mañana seguiremos con más coplas de éxito de Conchita Piquer, la gran señora de la canción.


(En la fotografia, Conchita Piquer en un retrato de Walken)

PAULINO GONZÁLEZ JIMÉNEZ: CAÑEBOLO

CAÑEBOLO

Don Fernando Tercero. Cañebolo.
Desarmada la turba musulmana
y en su frente la tropa castellana.
Fue una visión fugaz. El valle solo

y Alfonso Diez que inicia el protocolo
de la repoblación. Una mañana
pude entreverlo tras de la ventana
del tren de lejanías. Yo violo

la ley del tiempo. Fantaseo la historia,
leyenda y tradición. Mi desmemoria
transforma aquella aldea en un instante.

...Y al viejo Cañebolo la realeza
le dio ornato con templo y fortaleza
y le llamó la Puebla del Infante.

viernes, 18 de junio de 2010

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: 1936-1950 (32)


Hace unos días hablábamos de pasada de Gracia Jiménez Zayas, "Gracia de Triana", recordando algunos apuntes de sus canciones y la composición que hizo tan famosa: "La hija de don Juan Alba", con letra de Francisco Infantes y música del maestro Luis Rivas. Hoy pensamos extendernos más en su obra, una obra que goza de títulos que han llegado hasta nuestros días y otros que se perdieron en el olvido. Gracia de Triana fue el lado opuesto al de su paisana Antoñita Colomé. Mientras Antoñita fue una gran actriz y regular cantante, Gracia de Triana no servía especialmente para la gran pantalla, pero sí era una gran cantaora flamenca y una excelente cancionista, amén de extraordinaria intérprete de saetas. Para conocer bien su obra cinematográfica y algunos detalles de su vida, les recomiendo la lectura del libro "Triana. Un barrio de cine", de Ángel Vela (RDeditores. Sevilla, 2008), en sus páginas 358 a 361, y "La Copla. Canción popular española" (Planeta-De Agostini. Barcelona, 1991) de José Ramón Pardo, páginas 188-189.

Una de las composiciones que cantaba Gracia de Triana por bulerías fue la célebre "Los limoneros", con letra de Ramón Perelló y música de Daniel Montorio:

Cuando el sol va dorando/ los limoneros, los limoneros,/ ya viene mi huertana/ por el sendero, por el sendero./ Por el sendero viene,/ viene cantando, viene cantando:/ "Mi cariño en el huerto/ me está esperando, me está esperando"./ Doblan sus ramas,/ los limoneros, los limoneros./ Doblan sus ramas/ los limoneros, los limoneros,/ repitiendo conmigo:/ "Por ti me muero, por ti me muero"./ ¡Ay, ay, ay, ay, limonero,/ ay, ay, ay, ay, limonar!/ Como la quiero, la quiero/ nadie jamás la querrá./ ¡Ay, limonero, ay limonero,/ ten compasión!/ Dile tú que por ella se muere,/ se está muriendo mi corazón;/ dile que por ella se muere,/ se está muriendo mi corazón./ Gargantillas de oro/ voy a mercarle,/ y unos zarcillos finos/ como corales, como corales,/ y pa su pelo negro/ y pa su pelo negro, ¡ay, pa su pelo!/ peinecillos que brillen/ como luceros, como luceros.

Otra de las más conocidas, aunque años más tarde sonó más en la versión de su paisana Carmen Florido y en la de Lolita Sevilla, fue "Una jaca cartujana", un pasodoble de Cantabrana y el maestro Moradiellos:

Llegó nuestra horita buena/ me dijo una madrugá,/ ponte bonita, serrana,/ que tengo mi jaca pa ti engalaná./ Que las campanitas tocan/ a la horita del querer/ y llevándote a la grupa/ entre los mocitos/ yo presumiré.// Una jaca cartujana/ y un sombrero cordobés/ para llevarte a la feria, serrana,/ ayer tarde te compré./ Ponte el pañuelo de talle/ prendido en el clavelón/ y tu bata de percal/ para que la gente diga:/ "Mira qué bonita va"// La miraban tos los hombres/ y él en vez de presumir/ se veía en su carita/ que aquellas miradas/ le hacían sufrir./ Ni en casetas ni en colmaos/ nos paramos a beber,/ y el mocito iba diciendo:/ los celos marditos/ dan fuerza al querer.// (Refrán).

Quizás una de las más famosas que grabase la artista fue "Los aceituneros", también con ritmo de bulerías, con letra y música de Nicolás Callejón -que fue su protector, casi su padre- y de Genaro Monreal. La grabó en 1941, y años más tarde la incluiría en su repertorio su paisana Marifé:

Mare, yo tengo un novio aceitunero/ que tiene vareando mucho salero./ Cuando me ve me dice:/ "Voy a morir por ti"./ Mare yo tengo un novio aceitunero,/ que aceitunero me gusta a mí.// Dale a la vara,/ dale bien que las verdes son las más caras,/ y las negras pa ti, tipití, tipití, tipití,/ que voy con la estera/ ay, que voy detrás de ti./ Y mientras tanto te contaré/ las cositas que paso por tu querer.// Cogiendo la aceituna el me decía/ con palabritas dulces que me quería./ Se acabó la faena, y no lo he vuelto a ver/ cogiendo la aceituna, y el me decía/ que se moría por mi querer.// (Refrán).

Dentro de la gran producción de Gracia de Triana, bastante más acercada al flamenco que a la copla, tenemos que destacar la canción por bulerías que la hizo tan popular y que aún hoy, con el paso del tiempo, es una de sus mejores interpretaciones. Me refiero a las bulerías "Que buena soy" (1941), con letra de Pérez Ortiz y música del maestro Rivas, aunque en algunos tratados se la atribuyen a Carmelo Larrea. Nos inclinamos por Rivas porque fue uno de los grandes compositores de la artista y porque así está referenciado en los discos de Gracia:

Por una copla gitana,/ con un sentir bien marcao,/ dan los gachés de Triana/ lo que en un año han ganao./ ¡Ay, qué te quiero gitano del alma,/ aunque no pienses lo mismo que yo!/ Besando las flores me paso la vía,/ besando las flores de mayo y abril,/ porque las flores de la serranía/ me alivian las penas/ que siento por ti.// Me dicen tós que soy buena,/ y yo me creo que soy mala,/ por qué no arranco esta pena/ que escrita llevo en mi alma./ Qué buena soy, qué mala soy.// Lo que más quiero en mí vía,/ aunque es mi fataliá,/ son las penas y alegrías/ que este gitano me da./ ¡Ay, qué te quiero gitano del alma, aunque no pienses lo mismo que yo!/ Triana del alma/ porque eres la reina/ te abrazan las flores y el Guadalquivir,/ la Torre del Oro la llevas por peina/ y encierras la cuna del arte cañí.// (Refrán).

Los tanguillos "Copla en la noche" (1942) fue otro de los estrenos de Gracia de Triana, con letra de Montoro y música del extremeño Juan Solano. La verdad es que es una de las coplas que no ha llegado a la memoria de nuestros días y que sólo se ha quedado en los archivos de los aficionados a este tema tan gigantesco como variopinto:

Una venta en el camino/ y en la venta una mujer,/ y metía entre sus carnes/ una copla y un querer./ Dicen que cantaba al viento/ al llegar la oscuriá,/ y el viento lleva su cante/ por vereas y caminos/ hasta cerca de la mar.// ¡Qué bien canta,/ qué bien canta,/ qué bien canta esta mujer,/ tiene en el pecho una espina,/ ay, ay, ay,/ tiene en el pecho una espina/ y en los labios un clavel...

Sin duda la primera canción de éxito de Gracia de Triana fue "Ovejitas blancas", una especie de canción de serranas por bulerías con letra de Perelló y Palma y música del maestro Monreal, que se lleva a la gran pantalla en 1945 en la película "Castañuela", y que fue estrenada en el cine Avenida de Madrid. Es la primera película en la que Gracia de Triana actua como protagonista:

Mis ovejas son blancas y con lunares,/ con las que tengo negras, cuarenta pares,/ y en el otoño, niño, y en el otoño,/ cuando no comen hierba/ comen madroños.// Una cordera blanca que yo tenía,/ que yo tenía,/ con la flor de la jara se mantenía./ Se mantenía, mare, se mantenía,/ una cordera blanca que yo tenía,/ que yo tenía.// Tiene mi ovejita vellón rizao/ y un cordero merino yo le he mercao,/ y si Dios quiere, niña,/ y si Dios quiere,/ tendrá veinte corderos/ pa el mes que viene.// (Refrán).

Habría que integrar entre sus grandes éxitos una canción, especie de tanguillo y danzón cubano, muchísimas veces versionado (Sara Montiel, Isabel Pantoja, Carlos Cano) y totalmente anclado en la memoria colectiva: "Niña Isabel" (1944), con letra de Alejo Montoro y música de Juan Solano. Su grabación es, además, perfecta y nítida en nuestros días, siendo una maravilla la música del maestro Solano:

En el café del vapor/ de la bahía cubana,/ cantaba niña Isabel,/ que era la flor de La Habana./ Cantaba para la gente/ de la tierra y de la mar,/ y nadie vio que una pena/ se enredaba en su cantar./ ¡Que cante niña Isabel!,/ grita la marinería/ y canta la flor morena/ casi muerta, casi fría...// Ay, niña Isabel,/ que tiene los ojos de noche cubana./ Ay, niña Isabel,/ que tiene los labios de miel de banana./ Me mata una pena... me mata un querer/ que va por los mares vestida de añil,/ ¡ay, niña Isabel!,/ que si al agua se van tus suspiros/ me voy de La Habana siguiéndote a ti.// En el café del vapor/ no canta ya la cubana./ Un marinero español/ se la llevó una mañana./ Vestida de azules claros/ fue más dichosa en la mar/ ya libre de aquella pena/ que mataba su cantar:/ ¡Que cante niña Isabel!/ hoy grita su marinero,/ y desde lejos La Habana/ canta alegre al mundo entero.// (Refrán).

Nos quedamos sin espacio, por hoy, para, aparte del cancionero que hemos mencionado, dejar las letras de "Cantillanera", una hermosísima composición con aires semanasanteros a la Virgen de la Asunción; "Alegrías del pañuelo", "Paquiro", "Yo no te puedo querer", "El aperaó", "No vayas a la sierra", "La Venta de los Gatos", "Titirimundi", "Los Pastorcitos", "Custodia la jerezana" o "Sevillanas de la Cava". Espero incluirlas cuando hagamos una a una las biografías por épocas de cada uno de los artistas que las compusieron.


(En la fotografía, Gracia de Triana)

PAULINO GONZÁLEZ JIMÉNEZ: ESTACIÓN

ESTACIÓN

Un autobús. Viajeros sin maleta
que corren a hacer cola en la taquilla.
El reloj de perfil. La campanilla.
Junto al andén un grupo que se inquieta.

Hace frío de bufanda y de chaqueta.
Pasa un tren desde Córdoba a Sevilla
y los viajeros tras su ventanilla
ven huir la estación. Tan pizpireta

Concha Piquer pasa en su melodía,
taconeando con su andar travieso
y su cursi y genial melancolía.

Ramón de Campoamor cruza en expreso
por mi interior. Yo espero todavía
no sé qué tren de ida o de regreso.

jueves, 17 de junio de 2010

DESDE MI TORRE: LA MUERTE DE ILDEFONSO PINTO


Me he enterado esta misma mañana por un correo de mi compadre Bohórquez y, después, por la prensa del día: Ildefonso Pinto había muerto anteayer en su hermosa y querida localidad de Bollullos del Condado, donde sus paisanos le tenían dedicada una plaza y un monumento.

Conocí a Ildefonso hace muchos años, allá por 1975, y fueron muchos los festivales en los que estuvimos juntos por esos pueblos de Dios. No había concurso donde él se presentase que no ganase, porque era desde pequeño un gran aficionado y un extraordinario conocedor de todos los cantes, sobresaliendo siempre en los de Levante y en el difícil mundo de las Saetas. En La Unión, donde coincidíamos casi todos los años, ya que llevaba 18 intentando conseguir el máximo galardón de la "Lámpara Minera", por fin la consiguió en la XXX Edición, en 1990, compitiendo señorialmente con José Parrondo, que fue el segundo premio de esta modalidad. Ildefonso, además, hizo doblete, ya que consiguió también el primer premio por Tarantas. Recuerdo su gran emoción al bajar del escenario y abrazarnos. Ambos sabíamos los años que llevaba presentándose con la ilusión de llevarse la preciada "Lámpara". Ni que decir tiene lo bien que lo pasamos aquella noche celebrándolo en el bar Minero.

Estuvo varias veces en mi programa "Ser del Sur", una de ellas cantando en directo, y me pidió el año 1992 que le hiciese la contraportada de su disco de larga duración "Saeta de Oro", así como la presentación del mismo en el teatro de su tierra. Era Ildefonso, aparte de un gran cantaor que nunca alcanzó la profesionalidad por su trabajo diario, una excelente persona con todo el mundo. Recuerdo con el amor y cariño que él y su mujer nos recibieron en su casa una vez que estuvimos en ella, me parece que el día que yo ofrecía una conferencia en los jardines, acompañado por los cantes de Chano Lobato, la guitarra de Postigo y el baile de María Oliveros. Se desvivía por atender a todos cuandos amigos pasábamos por Bollullos.
Hace unos meses, por su propio deseo y del editor, Francisco Sosa, de Ediciones Giralda, se empeñaron en que yo hiciese su biografía. Cuando le envié una especie de cuestionario de urgencia, ya Ildefonso Pinto estaba herido de muerte. Esta ha venido anunciada de largo, con el previo aviso de una enfermedad que lo ha ido minando lentamente.

Mi pésame a su mujer y a todos sus familiares. Y mi oración a Dios para que lo acoja, como no puede ser de otra manera, en el seno de las grandes personas de buena voluntad. ¡Descanse en paz quien tantos motivos nos ofreció de gloria!


(En la fotografía, Ildefonso cantando con Antonio Fernández en La Unión. 1990)