Me cuesta mucho trabajo pensar que en Sevilla exista hoy en día algo que no hayan tentado, y estropeado, los políticos y sus adláteres. El anterior alcalde, señor Monteseirín, que se creyó que la ciudad era suya, la lió de gordo arrogándose la trinidad faraónica de Keops, Kefrén y Micerino, estropeándonos un paisaje singular de calles y plazas con bodrios arquitectónicos que dejaron, además, las arcas vacías, y de los que él se llevaría su "lógica" comisión, de seguro nada desdeñable. Nos metió el tranvía de los escobazos a golpe de calzador para un recorrido risible que se cargó dos de las avenidas más hermosas; nos construyó un metro-tren que no llega a cincuenta centímetros, y nos metió también, para los manejos de las empresas de la Corporación, a sus más íntimos amigos..., y así, así, vayan sumando desatinos en las tres legislaturas más largas de la alcaldía sevillana.
Su mano derecha, o su valido, como he leído en alguna parte, fue Manuel Marchena, que también hizo las maletas junto a Monteseirín cuando los votos cambiaron de signo, ya que, en esa época dorada de don Alfredo, había conseguido las cotas más altas de poder en las empresas municipales, se pegaba unos viajes de aúpa junto a su protector, la mayoría de ellos a cuenta del erario, y otros por invitación de terceros, alardeaba de tener a su disposición dos coches oficiales, y fue Dios, único y trino, de Emasesa, que era, más o menos, la joya de la corona.
No me meto en que haya visitado más El Prado (los juzgados sevillanos) que la caseta de "Er 77" por motivos que pocos ciudadanos desconocen. Para eso está la Justicia. Pero ahora es que nos enteramos que el Tribunal de Cuentas de Madrid lo investiga por "embotellar agua del grifo" con una marca llamada "DeSevilla", y cuyas botellas, de estudiado diseño, se vendían -las pocas que se vendieron- a 5,50 euros. Su invento costó de pérdidas a la empresa pública de abastecimiento Emasesa la cantidad de 1.104.918 euros, nada, una tontería, una nimiedad en una ciudad con cerca de 90.000 parados. El negocio no pudo ser más escandaloso, ya que sólo generó unos 10.000 euros de venta, mientras que los gastos de promoción, con sus viajes representativos -los de él, claro- ascendieron a cerca de 600.000 euros. ¿No les parece que el agua del grifo de Sevilla es demasiado cara?
¡Cosas! Cualquier día, con esta tropa, nos enteramos que han vendido la Giralda y la Torre del Oro en un lote a cualquier emir de Arabia Saudí.