martes, 24 de enero de 2012

EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: EN QUE DA MORAL CENSURA A UNA ROSA


EN QUE DA MORAL CENSURA A UNA ROSA,
Y EN ELLA A SUS SEMEJANTES

Rosa divina que en gentil cultura
eres con tu fragante sutileza
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura;

amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura:

¡cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas;
y luego, desmayada y encogida,

de tu caduco ser das mustias señas!
¡Con qué, con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!


Sor Juana Inés de la Cruz
"Obras escogidas"

FRASES PARA EL DESAYUNO (24)


"No deseches el ruego del atribulado ni apartes tu rostro del menesteroso"
(Eclesiástico)

Al que te pide dale, dale presto,
al pobre, al vanidoso y al modesto,
 a la víctima así como al sayón,
a la mujer, al niño y al anciano,
a cuanto ser extienda a ti la mano:
a todos sin reservas ni excepción.

Rafael Núñez

LIBROS CON POESÍA: LA POESÍA EN LA CÁRCEL


Nos lo dice el propio editor en la nota preliminar: La cárcel que para la Poesía representa este número de "Litoral" no es sólo una cárcel de barrotes y rejas. "Poesía en la cárcel" quiere ser la expresión del enfrentamiento de los poetas, con las injusticias, el fanatismo, los tópicos, los abusos del poder y las persecuciones sufridas por estos seres en la limpia y valiente expresión de sus sentimientos. En este número (61-62 y 63) se habla de Séneca, Arcipreste de Hita, Garcilaso, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Duque de Rivas, Espronceda, Jovellanos, Valle Inclán, Unamuno, Lorca, Miguel Hernández, Dionisio Ridruejo, Neruda y Celaya, entre otros, y como siempre está ilustrado a las mil maravillas. Como acompañamiento a esta ficha, he elegido el poema que José Bergamín dedicó a Pablo Neruda el año 1973.


A LA MEMORIA DE PABLO NERUDA

Suenan tambores que escucho
en la penumbra del parque
poblando de oscuros ecos
sonoros sus soledades.

Suenan tambores, tambores
que avanzan entre los árboles
agujereando el muro
silencioso del boscaje.

Con sus "cajas destempladas"
son "escándalo del aire":
suenan tambores, tambores,
tambores de muerte y sangre.

Doblan, redoblan sus sones
de amenaza resonante
como una hueste invisible
de fantasmas militares.

Suenan como si dijesen:
Matais, matais, matais...
Suenan, resuenan tambores,
tambores de muerte y sangre.


Autor: Varios
Edita: José María Amado y Arniches
Ciudad: Málaga-1976
Páginas: 265
Depósito Legal: MA. 128-1968

lunes, 23 de enero de 2012

DESDE MI TORRE: EL REBUJITO


Esta semana se me ha pasado tan rápida como se van los años desde que terminas la mili. Pero han sido siete días intensos de vivencias y de noticias, de las que no he podido dejar mi opinión porque he estado más tiempo en la cocina que ante el teclado del ordenador. Nos amanecíamos con la muerte de Manuel Fraga, al que Dios tenga en su santa gloria, y al que poderes fácticos están llevando a los altares como a un santo varón de mi admirado Luis Sánchez Polack, "Tip", olvidando algunos sucesos sin importancia como los cinco muertos de Victoria y más de cien heridos; la egolatría fascista de "la calle es mía", ya muerto el dictador; la justificación de la ejecución de Julián Grimau; la muerte del estudiante Enrique Ruano; la dimisión como director de Miguel Delibes de "El Norte de Castilla"; la voladura del diario "Madrid"... ¡Santo varón, santo varón! Esta España mía, esta España nuestra, que cantaba Cecilia...

Nos vino también el barcazo del "Costa Concordia" a manos del capitán Francesco Schettino, que no tenía pulso ni para manejar una barquita de la ría cerámica de la Plaza de España, pero que se las pegaba de gordo con una chavala, al parecer impresionante, a la que se beneficiaba -dicen las malas lenguas- de la proa a la popa. ¡Qué barbaridad!

Pepe "El Carnicero" le pisa la mano a Messi en el partido de la Copa del Rey entre el Madrid y el Barcelona y dice que fue si querer. Si es queriendo, se la deja impresa en vivo en el césped del Bernabeu para crear un nuevo paseo de las estrellas de Hollywood, pero en materia futbolística, mientras los responsables de la Federación Española de Fútbol siguen trincando, comiendo y viviendo de la mamandurria sin decir esta boca es mía. Ya estuvo a punto de arrancarle la cabeza a un jugador del Levante. Hasta que de verdad no cometa un asesinato, los mamandurrieros no tomarán cartas en el asunto.

Nos llegó la triste muerte -siempre una muerte es triste-, del cantaor madrileño, afincado en Sevilla, Martín Jiménez Jiménez, más conocido como "Martín Revuelo" por los tiempos en los que cantaba por bulerías y con una gracia significativa aquellas chuflillas que Rafael Alberti dedicase al torero Cayetano Ordóñez "El Niño de la Palma": ¡Qué revuelo! / ¡Aire, que al toro torillo / le pica el pájaro pillo / que no pone el pie en el suelo! / ¡Qué revuelo! Y "Revuelo" se le quedó para siempre desde Vallecas a Triana hasta morir en el "Virgen del Rocío", muy cerca de su Cava nueva del Polígono Sur. Mi pésame a su mujer, la trianera Juana, a su hijo, genio de la sonanta, Martín Chico, y a toda su gran familia y a la no menos grande del flamenco. Tuve la suerte de conocerlo y de admirarlo y de compadrear con él. Estuvimos juntos en Francia en el festival que organizaba mi hermano Santi, y el honor de presentarlo en muchas ocasiones. ¡Qué revuelo, Dios, qué revuelo cuando muere un artista!

Y entre la economía -menos mal que el señor Rajoy prometió no subirnos los impuestos-, y el pulso de Carmen (con n final) Chacón y Rubalcaba, para seguir viviendo del cuento de la principal mamandurria, que es el de la  política, no la futbolera, y las chuflas de verdad de los nuevos ministros, que no las chuflillas del poeta portuense, cuando la semana quería poner punto y final se me apareció por las puertas mi gran amigo y extraordinario escultor, pintor, poeta y artista de Alcalá de los Gazules, Jesús Cuesta Arana. Vino a casa, charlamos de lo humano y lo divino como sólo dos locos hablan: con pasión, intensidad, gozo y vehemencia, sabiendo que cada palabra es oro líquido que se escapa por la boca; que cada frase puede ser una sentencia; que cada risa puede ser el motivo de una nueva creación. Me encanta su personalidad. No tengo que decir que fue el escultor del monumento a la Petenera del pueblo gaditano de Paterna, ni de que tiene repartida su obra por media España, mientras espera la otra media. Lleva a mi paisano Belmonte metido en su corazón, hasta el punto de que escribió dos tomos sobre él: "La huella de un retrato". Tras charla tan interesante y distendida, bajamos al restaurante que tengo debajo de mi piso con el nombre rimbombante de "La Marquesita" y cenamos, mientras vimos al Betis y al Sevilla repartirse los puntos. ¡Menos da una piedra!

La semana no ha dejado de tener su marea, como siempre. Entre sus olas, la de haber alcanzado la cifra de 150.000 visitas a esta torre, cobaltada desde su naciencia. ¡Gracias a todos! ¿Mi mejor momento? Fue el sábado, cuando al medio día vino mi hijo Emilito, el gran artista y el gran hombre, a tomarse una cerveza conmigo. Nada me puede llenar más en tan poco espacio de tiempo.


OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (23)


EL CARRO DE LA NIEVE

El frigorífico -no tal como hoy lo conocemos y ni mucho menos tan sofisticado-, que fue un invento del ingeniero francés llamado Charles Tellier, en la segunda mitad de XIX, hubiese sido imposible imaginarlo en cualquiera de las cocinas de nuestras casas hasta hace poco más de cuarenta años. Cortita estaba la cosa en aquellos tiempos, primero porque las pocas viandas que se tenían se compraban al día y no había nada para congelar o poner al frío y, después porque el agua se ponía al fresco en el recipiente llamado búcaro o botijo, salidos de los alfares trianeros, de Lebrija y La Rambla, labor a la que se dedicaba un gremio de vendedores de este producto que algún día sacaremos también estas páginas. Sólo a partir de 1950 comenzaron a entrar los primeros frigoríficos en nuestro país, aunque comprenderán que lo tenía tan sólo los muy pudientes.

Yo si llegué a conocer durante muchos años en casa de mi abuela, ama de llaves de un canónico de la Catedral de Sevilla, que vivía en la trianerísima calle Pureza, una especie de armatoste de un metro de altura aproximadamente llamado nevera o heladera, pero a la que había que echar hielo. Era prácticamente un cajón forrado de zinc, con una cubitera debajo que recogía el agua del "deshielo", que había que ir vaciando de cuando en cuando, y con un grifo lateral del que salía agua fresquita, que era prácticamente para lo que se utilizaba, aparte de enfriar alguna que otra botella de vino. Pero está claro que el hielo, que los propios hombres te lo subían a casa sobre una arpillera que se colocaban al hombro, a real el cuarto de barra, había que comprarlo no muy de tarde en tarde.

El carro de la nieve, que así era como lo llamábamos los chiquillos -de ahí el dicho de tienes más niños que el carro de la nieve-, independientemente de surtir de hielo a esta poca clientela habitual como mi abuela, solía pararse siempre en las puertas de los bares y tabernas para llevar la mercancía, que es cuando aprovechábamos los críos para coger los trozos que solían caerse tras el corte de las barras con una especie de gruesa lezna. Por cierto que, en la calle Castilla, esquina a Procurador, estuve a punto de ahogarme al atravesarse el trozo en mi tráquea. Por hacer lo que no debía, ni más ni menos.

Recuerdo que el carro, revestido de chapa por dentro y tirado por un mulo, estaba pintado de amarillo llevando la palabra "HIELO" en grandes mayúsculas de color rojo en ambos laterales. Ya a partir del lento resurgimiento económico de le década de los sesenta, más bien a finales de ella, el frigorífico empezó a entrar poco a poco en nuestras vidas, y hoy, como nos ha pasado con tantas y tantas cosas: la televisión, el DVD, el coche, el móvil..., y sigan añadiendo etcéteras, creeríamos que no podríamos hacerlo sin ese artilugio, ciertamente valioso para nuestro bienestar y comodidad, que apenas si pudieron disfrutar nuestros antepasados.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: LA TARDE


LA TARDE

La tarde se ha vestido de tristeza
con un sayo de nube sin costura
y esta humilde, plomiza vestidura
la envuelve con su aroma de pobreza.
También su corazón tiene certeza
de esta severa y lóbrega amargura,
cilicio que le ciñe la cintura
sembrando de penumbra su pureza.
Sobre el tálamo rojo del poniente,
un viajero de oro, enamorado,
a la tarde dejó de sombra encinta.
La tarde se gangrena lentamente
como la herida en guerra de un soldado.
La tarde va anegándose de tinta.

Víctor Jiménez
"El tiempo entre los labios"
2009

FRASES PARA EL DESAYUNO (23)


"Es necesario vigilar siempre: muchas son las asechanzas que se tienden a los buenos"
(Lucio Accio)

Mi vida es un erial:
flor que toco se deshoja;
que, en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

Gustavo Adolfo Bécquer

LIBROS CON POESÍA: LA PEREZA


Este libro del poeta romántico madrileño, Augusto Ferrán, fue publicado por primera vez en el año 1871, dándolo a conocer a los 110 años la editorial Demófilo dentro de sus Cuadernos Andaluces de Cultura Popular, en su número 3. El año 1861 salió su primer libro, titulado "La Soledad", que fue muy alabado por el propio Bécquer. Fue una pena que su obra, escasa pero interesante, no fuera divulgada al paso del tiempo. Para ilustrar la ficha, he elegido estos cantares que se acercan totalmente a la lírica popular flamenca.


1
Es tanta la confusión
que oculto dentro del pecho,
que ya no sé mis pesares
distinguir de los ajenos.

Por eso cuando te pones
a contarme tus fatigas,
digo para mis adentros:
"¿pues no son estas las mías?".

2
Voy como si fuera preso:
detrás camina mi sombra,
delante mis pensamientos.

3
Es una historia sencilla:
ella quería de veras,
y él de veras no quería.


Autor: Augusto Ferrán
Edita: Demófilo
Ciudad: Córdoba-1981
Páginas: 49
ISBN: 84-85157-24-9
Depósito Legal: CO-63-1981

domingo, 22 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (22)


EL REPARTIDOR DE PAN

Desde hace muchos años, ya han desaparecido de las calles de nuestras ciudades y pueblos estas estampas del clásico repartidor de pan dejando sus encargos a la habitual clientela, pan crujiente y bien horneado el de Sevilla porque veía directamente desde la cercana Alcalá de Guadaira, que gozó la fama merecida de llamarse popularmente como "Alcalá de los panaderos", en cuyo tren -según datos del investigador local don Francisco Rivero- inaugurado el 10 de Enero de 1873, y que duró hasta 1962, venían los panaderos con sus mulos, repletas sus angarillas del pan nuestro de cada día. Tras la llegada, cada uno se repartía sus distritos y todos contentos. He visto repartir muchas veces el pan de esta manera en mis años de niño y ya de mozo, aunque también, por la década de los sesenta, en vez de hacerse el reparto con bestias, se hacía con el moderno triciclo.


Concretamente, por la barriada de El Tardón -que ya ha salido varias veces en estas páginas-, el repartidor de pan, en una fotografía muy parecida a esta, era un hombre muy trabajador, también alcalareño, llamado Antonio "El Panadero", siempre tocado de una boina negra y acompañado en sus labores de un hijo medio subnormal, que se entretenía más jugando con nosotros que ayudando a su padre en trabajo tan laborioso. Me imagino a Antonio levantándose de madrugada, recogiendo su pan de alguna de las grandes panificadoras de su pueblo, o fabricándolo él mismo acompañado de su familia, cargando el carro, bajándose en la desaparecida estación de San Bernardo y llevando al barrio tan pesada carga repartiéndola entre sus variopintos clientes. Tiempos, sin duda, difíciles para poderse llevar él también el pan a la boca.


En nuestros días, en los que comemos pan más parecido al chicle que a otra cosa, no se debería olvidar de nuestra memoria el ejemplo de estos laboriosos hombres que a pie, a grupa de mulos, en triciclos o carrillos de mano, repartían el pan por nuestra ciudad en unos tiempos difíciles para ganarse el jornal. Sirva el nombre de Antonio "El Panadero" para homenajear, en su condición de hombre bueno, a un gremio que de siempre nos quitó el hambre a fuerza de muchas horas de trabajo y dedicación, y para, por extensión, homenajear a Alcalá, de del Guadaira, la del cante de Joaquín el de la Paula, pero, sobretodo, "la de los panaderos", como cantaba aquella soleá del hijo de su tierra Enrique Rodríguez Baltanás:

Soy de Alcalá panadero:
bordada traigo una cinta
que lo dice en mi sombrero.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: DESNUDA


DESNUDA

"De desnuda que está brilla la estrella"
(Rubén Darío)


De desnudo que está tu cuerpo, brilla;
refulge entre lo oscuro tu blancura,
mi locura se ciñe a tu cintura
y ante tu altar mi lumbre se arrodilla.

Mi boca sangra con la maravilla
de dentellada de tu dentadura,
mientras voy navegando la hermosura
ardida de tu mar, de orilla a orilla.

Te separo de mí por verte entera,
te hago girar y va tu cabellera
y me enreda y me roza y me sonríes.

De tal modo me enciendes y encenizas
que el tiempo ya no pasa. Y me eternizas.
Y pone amor los puntos en las íes.


Antonio Murciano
"Concierto en mí"
1981

FRASES PARA EL DESAYUNO (22)


"Quien toma esposa, toma pleitos y dolores"

Fue una mujer amante,
de un corazón tan noble como tierno,
quien me hizo conocer que olvidó Dante
más de veinte suplicios en su Infierno.

Ramón de Campoamor

LIBROS CON POESÍA: LA PALABRA Y LA ESPERA


Con el subtítulo de "Visión poética de Manuel Fernández Calvo", la Colección de Poesía Ángaro, en su número 143, publicó este estudio del profesor José Cenizo Jiménez sobre la obra del que fue gran poeta y fundador del Grupo y la Colección Ángaro. Con atinado prólogo de Manuel Gahete Jurado, el autor va analizando con el bisturí de la palabra, y por medio de cuatro capítulos, la vida y poesía de este sacerdote poeta, su teoría y práctica y el lenguaje y estilo de la misma. Es un extraordinario trabajo de teoría literaria. Para ilustrar esta ficha, he elegido uno de los poemas de Fernández Calvo -en este caso, un soneto- de su libro "La palabra infinita".


Cuando yo muera, Dios, cuando yo muera
y el alma mía de mis venas huya
hacia la luz de la palabra tuya,
florecida en eterna primavera;

cuando yo muera, Dios, cuando yo muera
y mi alma en tus latidos se recluya,
palpitando en tu boca un aleluya
eternamente azul por vez primera;

cuando yo muera, Dios, cuando mis manos
-frías de eternidad- vivan tus manos
en infinita posesión entera,

cuando mis ojos, fijos en la altura,
abracen el color de tu figura,
oh Dios, mi Dios... Yo Dios, cuando yo muera.

Manuel Fernández Calvo


Autor: José Cenizo Jiménez
Edita: Ángaro
Ciudad: Sevilla-2007
Páginas: 85
ISBN: 978-84-930938-8-4
Depósito Legal: SE-5034-07

sábado, 21 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (21)


EL SILLERO

¡Niñaaaaas, el silleeeeero...! este era el grito del pregonar de aquel hombre humilde que con muy poco utillaje paseaba por nuestras calles para ponerle el culo de asiento a las sillas viejas, o para arreglar y encolar los palillos que hacían de contrafuertes en la base de la misma. Como instrumentos, el serrucho de madera, cuya hoja se tensaba por medio de un palo que hacía que la cuerda se atirantase, su haz de aneas previamente humedecidas justamente para la labor y la cuña de madera para ajustar el material al gusto del artesano. En la acera más próxima, hiciese frío o calor, el sillero buscaba su hueco y allí depositaba sus pocas pertenencias. Era un oficio de auténtico artista: habilidad suma y mucha paciencia. Aunque no es oficio totalmente desaparecido, porque aún quedan algunos de estos artesanos por varios rincones de España, sí es cierto que ya no se ven por las calles, cargando a lomos el pesado mazo del material y soltando una y otra vez el sencillo pregonar.

Con la época horrible de los cambios de mobiliario, a finales de los sesenta, las sillas de aneas se tiraron o malvendieron para llenar las casas de tapizados en skay, y muebles de charol, feísimos, desapareciendo también las hogareñas cómodas, plateros y chineros, que hoy -lo que son las cosas-, tienen un valor incalculable no sólo por los diseños sino por el propip de la madera.

Recuerdo, cuando vivía con mis padres en la populosa barriada de El Tardón, a un sillero agradabilísimo -siempre pasaba el hombre por aquel barrio-, que soportaba mientras hacía su trabajo a un chaparrón de niños que no parábamos de preguntarle cómo se hacía aquello, y que muchas veces nos daba auténticas lecciones artesanales con la paciencia de un santo. Un día -ya el hombre era muy mayor- apareció muerto en el llamado campo del orozuz y a todos los niños se nos quedó helado el corazón. A partir de esa fecha, ya no escuchamos jamás aquel pregoncillo que daba el bueno de Antonio: ¡Niñaaaaas, el silleeeeero...!


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: CIEN SONETOS DE AMOR


LXXXVI

Nos mintieron, amor, nos han mentido
como mienten los hombres por costumbre,
como el viento que silba en cualquier cumbre
parece que respira y no ha nacido.

Fue el engaño de un ritmo, fue el latido
del sonido en la llama de su lumbre,
no sé ya lo que fue -la podredumbre
que siempre en la mentira ha persistido-.

Nos mintieron, amor, era mentira
como siempre es mentira la infinita
máscara del dolor y el desencanto.

Enrédate en mis brazos, ven y mira
que el color del Danubio mientras grita
es de oscura tristeza -color llanto-.


Enrique Barrero Rodríguez
"Cien sonetos de amor"
1996

FRASES PARA EL DESAYUNO (21)


"Prestar con usura es poco menos que robar"
(Publio Sire)

Acumulación
del doblón sobre el doblón;
vicio que degrada al hombre
y le convierte en ladrón,
aunque callando este nombre.

M. Ossorio

LIBROS CON POESÍA: LA NOCHE DEL SIGLO XX


El número 44 de la colección poética "Los Cuadernos de Sandua", nos trajo este poemario del cordobés Federico Abad (1961), poeta, novelista, narrador y músico, colaborador de revistas culturales y literarias. Entre algunas de sus obras, aparte de la presente, caben destacar: "Atolones" (1987), "Viaje al Marsupio" (1990), "La estratagema" (1990) y "Metro" (2011). Del presente libro, he elegido el poema titulado "Acta de desvelo".


ACTA DE DESVELO

Nunca verás en mis ojos insomnes
porque tú estás dormida
y es lejano tu sueño a mi vigilia:
bebe de otra fuente más dulce,
habita un planeta menos gravitado.

Mandar mi carta desde esta madrugada
sería para hablarte de paredes,
de muros alzados en mi piel,
porque nunca es tan lúgubre la soledad.
Si la vieras, pronto la desharías;
pero no ve quien sueña: sólo sueña.

Nunca verás dos faros apagados en la noche
y a un farero perdido en la tormenta.
Hay silencio. Mi mar embravecido
sólo sabe hacer ciclones invisibles
sin dar sino serenas apariencias.


Autor: Federico Abad
Edita: Cajasur, Obra Social y Cultural
Ciudad: Córdoba-1999
Páginas: 46
ISBN: 84-7959-302-4
Depósito Legal: CO. 852/1999

viernes, 20 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (20)


LA TRILLA

Es muy probable que de cada una de las muchas faenas del campo, la más recordada sea siempre la de la trilla, labor totalmente extinta por culpa de las grandes cosechadoras que hacen todos los trabajos correspondientes al trigo, o al cereal en general, en tan sólo unas horas. Uno de los primeros trabajos del ciclo del trigo era la arada, de la que hablábamos hace unos días, y después de la arada, realizada hoy también a máquina, la siembra, de la que se decía  por tierras de Extremadura esta jocosa esta coplilla:

Yo sembré trigo en un cerro
creyendo que era en un llano,
y he venido a recoger
alpiste para el canario.
Ole, y ole, y ole, resalada,
alpiste para el canario.

Tras la siembra, aparte de mirar al cielo todos los días, las rogativas:

Ya venimos a tu Casa,
Sagrada Virgen María,
como mansos corderitos
 a pedirte agua bendita.

Los trigos se secan,
la hierba no nace;
los animalitos
se mueren de hambre.

Tras la siembra, la siega, de sol a sol los segadores segando y haciendo los haces. Y tras la siega, la tarea diaria de trillar con el apero rústico de madera, en cuya parte inferior iban incrustradas numerosas piedras u hojas de cuchillas aserradoras para separar, en parte, el grano de la paja; apero, el del trillo, que se uncía a los mulos para rotar una y otra vez en ese terreno llano del cortijo llamado era. El cancionero del campo andaluz también nos dejó su coplilla para esta labor:

Por detrás de los montes
el sol se pone
y se escuchan los cantos
de los peones.

Ya está la parva echa,
señor nostramo,
denos nuestro dinero,
que ya nos vamos.

El peón en el campo,
de estrella a estrella
mientras pasan los amos
la vida buena.

¡Qué denigrante el trato de señor nuestro amo! Para que después digan que en nuestro país nunca hubo esclavitud.... Y tras la trilla la parva, separar con las hoces alzadas al aire la paja del grano. La paja volaba y el grano se quedaba en la era, labor que también se llamaba voltear el grano, y más tarde, por si la labor anterior hubiese sido poca, el espigueo de nuevo al trigal, el acarreo del material al granero, y el convertirlo en harina en el molino hasta llenar los costales. En tierras manchegas solía cantarse esta coplilla molinera:

En la puerta del molino
me puse a considerar
las güeltas que da la piedra
para moler un costal.

Y, parafraseando al pintor Joaquín Sorolla, ¿habría alguien todavía, en aquellos años, a los que les pareciese caro el pan?


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: SIEMPRE DE UN LADO A OTRO


SIEMPRE DE UN LADO A OTRO

Se me enreda el vivir, el cada día,
desconsolada voy tras largo duelo
a solas con mi llanto y mi pañuelo,
el compañero fiel de esta agonía.

Siempre de un lado a otro mi porfía:
avanzo, retrocedo, vuelta al vuelo,
del abismo a la cumbre, de ella al suelo.
Ni rastro de esperanza en lejanía.

Hoy sé, si la memoria no me engaña,
lo que fueron mentiras y verdades,
lo que tuve y no tuve, lo más mío.

Un río de recuerdos me acompaña,
en él los sueños y las realidades.
Cierro los ojos y navego el río.


Concha Lagos
"Agua"
2008

FRASES PARA EL DESAYUNO (20)


"La filosofía se puede disimular, pero no la elocuencia".
(Quintiliano)

Elocuencia es facultad
que a todas luces admira,
porque pinta la mentira
del color de la verdad.

Ossorio y Bernard

LIBROS CON POESÍA: LA MUERTE PEQUEÑA


Con prólogo de Miguel Pérez Ferrero se editó por primera vez este libro, en Madrid, en 1948, logrando otra segunda edición en Buenos Aires en 1954, y esta tercera en México en 1971. El autor, el poeta granadino Manuel Benítez Carrasco, divide este ejemplar en tres apartados: "Canciones", "Paisaje" y "Soleá y romance". De este último apartado, he elegido su poema "Por soleá".


POR SOLEÁ

Ay, esta guitarra, plaza
sonora de mi dolor.
La prima le quiere dar
un capotazo al bordón,
porque el bordón, como un toro
del sentimiento mayor,
va repartiendo profundas
cornadas al corazón.

De tu cárcel de seis rejas
sal si puedes, Soleá,
para ver si puedes darle
compaña a mi soledad.

A tu puerta está llegando
un río de agua y de pena;
ábrele, guitarra, y dile
cómo se matan las penas.

Y tú, despierta, despierta
y ponte a considerar
si tiene remedio el llanto
cantando por soleá.


Autor: Manuel Benítez Carrasco
Edita: Impresota Azteca
Ciudad: México-1971
Páginas: 114

jueves, 19 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (19)


LA TIENDA DE ULTRAMARINOS

Con la implantación masiva de las grandes superficies, poco a poco fueron desapareciendo -afortunadamente no hasta su totalidad- muchas tiendas de barrio de las llamadas de coloniales o de ultramarinos, comercios familiares que eran, en su gran mayoría, de personas provenientes de Cantabria, León y Soria. Había muchas en Sevilla, en todas las capitales de provincias y en pueblos grandes. En la calle Alfarería de Triana, donde viví muchos años antes de residir en Córdoba, frente por frente a mi casa, tenía su tienda mi buen amigo Alfredo, norteño, bético como un sevillano más, y con el mejor material que uno pueda imaginarse en jamón, bacalao y conservas. Le echaba muchas horas al negocio, como todas las tiendas que he conocido, pero no perdonaba jamás un partido de su Betis del alma ni una corrida de Curro Romero y, además, rompiendo la tradición de "agarrados" que pesaba sobre este gremio, era un hombre ciertamente muy desprendido. 

Mi tío Eugenio, casado con una hermana de mi madre, era leonés y defendía una peseta como Agustina defendió a Zaragoza ante el avance de los franceses, pero también le gustaba de vez en cuando pegarse sus viajes con mis padres a Lourdes, Fátima o Guadalupe, al Santuario de la Virgen de la Cabeza o adonde hubiese una advocación mariana, ya que eran amantes de la devoción a María. Tenía la tienda en la Avenida de los Teatinos, en la barriada llamada El Tiro de Línea, y el material era supremo. Su ahorro, aparte de las ganancias correspondientes por el género, estaba en ir siempre en bicicleta a todos lados a los que tuviera que moverse en la ciudad, y en su baby crudo, siempre impecable, que le ahorraba sus buenos reales en el vestir. Famosas por su calidad fueron siempre en Sevilla "Casa Marciano", "El Centro de Castilla" en la plaza de Chapina, "Primitivo" en El Tardón y "Casa Moreno" en la céntrica calle Gamazo, aparte de un sin fin de ellas, como "Soria" de la calle Monsalves, célebre por sus bocadillos extraordinarios, adonde acudía cada día por mi cercano trabajo en la Plaza del Duque, la muy célebre de "El Bacalao" de la calle Placentines.... Muchas, muchísimas que mi memoria no podría abarcar, unas desaparecidas, como "El Reino de León" en la calle Pureza y otras no.


Recuerdo a la perfección la tienda que había frente por frente al corral de mi nacencia, esquina de Torrijos con Pelay Correa, "Casa Carmelo". Este tendero, también norteño, nos quitó mucha hambre en tiempos difíciles, ya que la mayoría de las veces, hasta que verdaderamente no podía más, el hombre vendía "fiao" apuntándote en su libretilla particular, pero sin poner a la compra ni un solo céntimo de más por aquella ventaja que utilizaban los vecinos. Buena gente las de este gremio de montañeses santanderinos, sorianos, leoneses y de Castilla que se afincaron en Andalucía en una época donde no había ni para comer.

Mi querido tío Antonio, hermano de mi madre, tuvo tienda en Triana y en El Cerro del Águila, y fue maestro de una legión de charcuteros que hoy rozan mi edad y que pronuncian su nombre con auténtica veneración. Terminó sus días en el restaurante sevillano "El Áncora" como maestro cortador de jamón, oficio en el que ganó muchos premios internacionales y que le hizo viajar, como representante de España, a muchas ferias turísticas. Mi tío había aprendido, como meritorio, de aquellos norteños que llegaron a nuestras tierras, y creo que hasta su bondad y dulzura, su sonrisa y su trato de educación exquisita, y por supuesto su maestría en el oficio, los aprendió de ellos, de aquellos que dejaron por algunos perfiles de nuestros barrios su amor al trabajo y, aparte de las lógicas ganancias, su amor al prójimo, que es aún más importante.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: LA SOLEDAD


LA SOLEDAD

La soledad depura la tristeza.
La soledad es tiempo acorralado.
Un tiempo donde vivo levitado
pensando y sopesando mi certeza.

La soledad es tiempo que embelesa
y no tiene ni límite ni lado,
porque vivo se vive amortajado,
feliz entre la paz y la firmeza.

La soledad es tiempo con aroma
a muerte presentida y verdadera,
y al hombre pacifica cuando asoma.

La soledad es tiempo para amarse,
un tiempo en que, se quiera o no se quiera,
tiene el hombre por fuerza que mirarse.


Manuel Ríos Ruiz
"Coplas y sonetos"
2001

LAS COSAS DE INTERNET


Con el título la nueva publicidad de "MANGO"
he recibido este correo desde Francia.
Sin comentarios.

FRASES PARA EL DESAYUNO (19)


"Lascivas son las páginas que he escrito, pero mi vida es honesta".
(Marcial)

Vida honesta y ordenada,
usar de pocos remedios
y poner todos los medios
de no apurarse por nada.
La comida, paseada,
ejercicio y diversión,
beber con moderación,
salir al campo algún rato;
poco encierro, mucho trato
y continua ocupación.

Doctor José de Letamendi

LIBROS CON POESÍA: LA MIRADA DE CÓRDOBA


Con el subtítulo "Homenaje a Julio Romero de Torres", y presentado y antologado por CarlosBeck, se nos presentó este número 88 de la colección poética "Los Cuadernos de Sandua", con poemas de Manuel Machado, Francisco Villaespesa, Mario López, Pablo García Baena, Ginés Liébana, José de Miguel, Francisco Benítez y Carlos Clementson. Para ilustrarlo, he elegido el soneto que le dedicase José de Miguel:


VENUS DE LA POESÍA

La Venus Afrodita que surgía
de las olas del mar, y que pintara
Boticelli, tal vez, hoy envidiara
a la Venus -carnal- de la Poesía.

En la Córdoba austera nacería
el artista genial que sublimara,
con su áureo pincel -ofrenda en ara-
a una diosa, prodigio de armonía.

Julio Romero fue quien diera vida
con la magia del óleo y su destreza
a ese cáliz de amor, cálido ensueño;

un dulce cuerpo que a gustar convida
la oferente dación de su belleza,
alma, fuego, desdén, sacro beleño.


Autor: Varios
Edita: Cajasur, Obra Social y Cultural
Ciudad: Córdoba-2003
Páginas: 46
ISBN: 84-7959-503-5
Depósito Legal: CO. 504/2003

miércoles, 18 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (18)


EL BETUNERO

El gremio del lustrado de zapatos, llamado más comúnmente como el de los betuneros, ha sido el de los más prestigiosos en todas las capitales de nuestro país. Por una parte, porque eran verdaderos artistas en el arte de dejar los zapatos como nuevos, limpios y brillantes. Por otra, porque era gremio curtido en la filosofía de la vida, hablador y culto en muchas materias, sobresaliendo en las taurinas, en las que eran verdaderos maestros. Siempre se ha dicho -y no sé por qué- que el flamenco y el toreo han ido unidos de la mano. Se olvidaron de los betuneros, tan diestros en el arte de "El Fillo" como en el de "Cúchares", y bastante más cerca de Castelar que del mudo de Santa Ana. Abre nuestra página, con el magistral retrato de Antonio Badía,  un singular personaje, llamado Francisco Filigrana Moreno, y que ha lustrado los mejores zapatos de toda la historia trianera. Fue legionario en sus tiempos de juventud, con diez mil anécdotas de su tercio Juan de Austria, y terminó iluminando zapatos a compás de bulerías, mientras tiraba los cepillos por lo alto y te metía diez bayetazos de los buenos sin romper jamás el ritmo.

El betunero siempre ha sido un personaje de postín. Antes, en Sevilla y otras muchas ciudades, existían establecimientos de "Lustrados de zapatos". Recuerdo que mi padre de los limpiaba en uno muy famoso de la calle Sierpes -no acierto a recordar su nombre- que estaba en la misma acera y muy cerca del cine Imperial, casi al lado de la papelería Ferrer. Pero los "limpias" que siempre ganaban la partida eran los callejeros, los que se apostaban en las terrazas de los bares más famosos, como Los Corales, el sitio habitual del café de Juan Belmonte y Rafael "El Gallo" y de otros toreros de lujo, y en los de los alrededores del Hotel Colón y, por supuesto, los que andurreaban por todos los barrios y tenían sus sitios comunes para ejercer su oficio.

Todos recordamos a "Búfalo", el betunero cien por cien taurino encarnado por el actor lucentino Rafael Álvarez "El Brujo" en la serie "Juncal", y hasta al cantaor Angelillo haciendo de betunero en la película "El negro que tenía el alma blanca", que cantaba por colombianas que "con mi caja y mi cepillo me creo el amo mundo", película a la que hicieron una letra humorística que corrió como la pólvora por toda Sevilla, y que más o menos decía así:

Fueron dos chicas un día
a un cine de Salamanca
a ver el negro que tenía,
que tenía el alma blanca.
Le decía una a la otra:
-por mucho que tú te empeñes,
si es que tiene el "arma" blanca
es preciso que la enseñe.

Francisco Filigrana "El Chaque", que era el que siempre me limpiaba los zapatos, me hizo un día una putada de lujo. Testigo de aquel acto fue nuestro gran amigo Ángel Vela y el lugar la Taberna ·El Carbonero". Me parece que lo he contado en alguna que otra ocasión en en estas mismas páginas. Hace muy pocos días me había comprado unos zapatos de ante en verde oscuro, preciosos. Era un capricho que tenía desde hacía años, hasta que los compré. Un buen día -según se mire- me lo encontré en el mencionado negocio de los hermanos Canela y le dije: -Chaque, coge un cepillo limpio y pégale a esto un buen limpiao, más que nada para quitarle el polvo. Charla que te charla con Ángel, un par de cervezas tranquilas con sus tapas correspondientes, y cuando miro cómo va la limpieza de mis queridos zapatos me los encuentro teñidos de negro, sí: de negro. Cuando quería matarlo, me dijo tan tranquilo: -Ahora sí que han quedao bien, mira que unos zapatos verdes... ¡Palabra de honor!


Le tengo un cariño especial a los betuneros, gremio que está desapareciendo al compás de los tiempos. Lo que ignoro es por qué siempre han combinado su oficio con el de vender lotería, será cuestión de que siempre se les daba bien colarle un décimo a a sus habituales. Y curioso es también que cuando te ponían los naipes para no mancharte de betún los calcetines, utilizaban siempre cartas de la baraja española, nada de picas, ases, caballos o jotas de la baraja americana. ¿Grandes patriotas, o es que eran más baratas?

También este gremio ha tenido su chistografía. Se cuenta que era un betunero tan flojo que iba por las calles pregonando su publicidad: ¡Limpia, limpia, aquí está el limpia, señores...! Y cuando lo llamaba alguien que tenía los zapatones muy grandes cambiaba al momento de pregón: -¡Pipas, caramelos, chicles...! La guasa, gracia y arte de esta Andalucía genial. O cuando a alguien se le quiere decir que está tieso, se le dice aquello de ¡Venga ya, hombre, que ganas menos que un betunero en la playa!

En Córdoba, hace tiempo que no lo veo, me limpiaba los zapatos un betunero, gitano granaíno, que me recitaba de memoria poemas y más poemas de Lope de Vega, de Quevedo, Garcilaso... Una vez que le pregunté por qué y de donde ese gusto, me contestó que le habían regalado hace mucho tiempo "Las mil mejores poesías de la lengua castellana", y que no se leía otra hasta que no se había aprendido la anterior de memoria. ¡Betuneros, gente del lustre, esas mis personas queridas que jamás deben desaparecer de nuestro espacio cotidiano!

Con este soneto que dejé a "El Chaque" en mi libro "Muy ilustres personajes de la Triana popular", quiero rendir mi homenaje a este gremio de tan grandes artistas como singulares y queridas personas:

Francisco Filigrana, ¡vaya nombre!,
apellido que suena a mil palillos,
a chicuelina y danza y paseíllos
y a hermosas diabluras de renombre.

Pero mire su estampa y no se asombre:
su cuerpo enjuto, traviesos los ojillos,
al son de bulerías sus cepillos
y, tras chaleco negro, ¡qué gran hombre!

Toca las palmas y baila y betunea
sentado en una caja que atesora
cremas, balletas, naipes... mucho amor.

Que aunque es delgado El Chaque no es de anemia,
es que es finura pura su academia
que a Triana da lustre y esplendor.