EL BETUNERO
El gremio del lustrado de zapatos, llamado más comúnmente como el de los betuneros, ha sido el de los más prestigiosos en todas las capitales de nuestro país. Por una parte, porque eran verdaderos artistas en el arte de dejar los zapatos como nuevos, limpios y brillantes. Por otra, porque era gremio curtido en la filosofía de la vida, hablador y culto en muchas materias, sobresaliendo en las taurinas, en las que eran verdaderos maestros. Siempre se ha dicho -y no sé por qué- que el flamenco y el toreo han ido unidos de la mano. Se olvidaron de los betuneros, tan diestros en el arte de "El Fillo" como en el de "Cúchares", y bastante más cerca de Castelar que del mudo de Santa Ana. Abre nuestra página, con el magistral retrato de Antonio Badía, un singular personaje, llamado Francisco Filigrana Moreno, y que ha lustrado los mejores zapatos de toda la historia trianera. Fue legionario en sus tiempos de juventud, con diez mil anécdotas de su tercio Juan de Austria, y terminó iluminando zapatos a compás de bulerías, mientras tiraba los cepillos por lo alto y te metía diez bayetazos de los buenos sin romper jamás el ritmo.
El betunero siempre ha sido un personaje de postín. Antes, en Sevilla y otras muchas ciudades, existían establecimientos de "Lustrados de zapatos". Recuerdo que mi padre de los limpiaba en uno muy famoso de la calle Sierpes -no acierto a recordar su nombre- que estaba en la misma acera y muy cerca del cine Imperial, casi al lado de la papelería Ferrer. Pero los "limpias" que siempre ganaban la partida eran los callejeros, los que se apostaban en las terrazas de los bares más famosos, como Los Corales, el sitio habitual del café de Juan Belmonte y Rafael "El Gallo" y de otros toreros de lujo, y en los de los alrededores del Hotel Colón y, por supuesto, los que andurreaban por todos los barrios y tenían sus sitios comunes para ejercer su oficio.
Todos recordamos a "Búfalo", el betunero cien por cien taurino encarnado por el actor lucentino Rafael Álvarez "El Brujo" en la serie "Juncal", y hasta al cantaor Angelillo haciendo de betunero en la película "El negro que tenía el alma blanca", que cantaba por colombianas que "con mi caja y mi cepillo me creo el amo mundo", película a la que hicieron una letra humorística que corrió como la pólvora por toda Sevilla, y que más o menos decía así:
Fueron dos chicas un día
a un cine de Salamanca
a ver el negro que tenía,
que tenía el alma blanca.
Le decía una a la otra:
-por mucho que tú te empeñes,
si es que tiene el "arma" blanca
es preciso que la enseñe.
Francisco Filigrana "El Chaque", que era el que siempre me limpiaba los zapatos, me hizo un día una putada de lujo. Testigo de aquel acto fue nuestro gran amigo Ángel Vela y el lugar la Taberna ·El Carbonero". Me parece que lo he contado en alguna que otra ocasión en en estas mismas páginas. Hace muy pocos días me había comprado unos zapatos de ante en verde oscuro, preciosos. Era un capricho que tenía desde hacía años, hasta que los compré. Un buen día -según se mire- me lo encontré en el mencionado negocio de los hermanos Canela y le dije: -Chaque, coge un cepillo limpio y pégale a esto un buen limpiao, más que nada para quitarle el polvo. Charla que te charla con Ángel, un par de cervezas tranquilas con sus tapas correspondientes, y cuando miro cómo va la limpieza de mis queridos zapatos me los encuentro teñidos de negro, sí: de negro. Cuando quería matarlo, me dijo tan tranquilo: -Ahora sí que han quedao bien, mira que unos zapatos verdes... ¡Palabra de honor!

Le tengo un cariño especial a los betuneros, gremio que está desapareciendo al compás de los tiempos. Lo que ignoro es por qué siempre han combinado su oficio con el de vender lotería, será cuestión de que siempre se les daba bien colarle un décimo a a sus habituales. Y curioso es también que cuando te ponían los naipes para no mancharte de betún los calcetines, utilizaban siempre cartas de la baraja española, nada de picas, ases, caballos o jotas de la baraja americana. ¿Grandes patriotas, o es que eran más baratas?
También este gremio ha tenido su chistografía. Se cuenta que era un betunero tan flojo que iba por las calles pregonando su publicidad: ¡Limpia, limpia, aquí está el limpia, señores...! Y cuando lo llamaba alguien que tenía los zapatones muy grandes cambiaba al momento de pregón: -¡Pipas, caramelos, chicles...! La guasa, gracia y arte de esta Andalucía genial. O cuando a alguien se le quiere decir que está tieso, se le dice aquello de ¡Venga ya, hombre, que ganas menos que un betunero en la playa!
En Córdoba, hace tiempo que no lo veo, me limpiaba los zapatos un betunero, gitano granaíno, que me recitaba de memoria poemas y más poemas de Lope de Vega, de Quevedo, Garcilaso... Una vez que le pregunté por qué y de donde ese gusto, me contestó que le habían regalado hace mucho tiempo "Las mil mejores poesías de la lengua castellana", y que no se leía otra hasta que no se había aprendido la anterior de memoria. ¡Betuneros, gente del lustre, esas mis personas queridas que jamás deben desaparecer de nuestro espacio cotidiano!
Con este soneto que dejé a "El Chaque" en mi libro "Muy ilustres personajes de la Triana popular", quiero rendir mi homenaje a este gremio de tan grandes artistas como singulares y queridas personas:
Francisco Filigrana, ¡vaya nombre!,
apellido que suena a mil palillos,
a chicuelina y danza y paseíllos
y a hermosas diabluras de renombre.
Pero mire su estampa y no se asombre:
su cuerpo enjuto, traviesos los ojillos,
al son de bulerías sus cepillos
y, tras chaleco negro, ¡qué gran hombre!
Toca las palmas y baila y betunea
sentado en una caja que atesora
cremas, balletas, naipes... mucho amor.
Que aunque es delgado El Chaque no es de anemia,
es que es finura pura su academia
que a Triana da lustre y esplendor.