jueves, 19 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (19)


LA TIENDA DE ULTRAMARINOS

Con la implantación masiva de las grandes superficies, poco a poco fueron desapareciendo -afortunadamente no hasta su totalidad- muchas tiendas de barrio de las llamadas de coloniales o de ultramarinos, comercios familiares que eran, en su gran mayoría, de personas provenientes de Cantabria, León y Soria. Había muchas en Sevilla, en todas las capitales de provincias y en pueblos grandes. En la calle Alfarería de Triana, donde viví muchos años antes de residir en Córdoba, frente por frente a mi casa, tenía su tienda mi buen amigo Alfredo, norteño, bético como un sevillano más, y con el mejor material que uno pueda imaginarse en jamón, bacalao y conservas. Le echaba muchas horas al negocio, como todas las tiendas que he conocido, pero no perdonaba jamás un partido de su Betis del alma ni una corrida de Curro Romero y, además, rompiendo la tradición de "agarrados" que pesaba sobre este gremio, era un hombre ciertamente muy desprendido. 

Mi tío Eugenio, casado con una hermana de mi madre, era leonés y defendía una peseta como Agustina defendió a Zaragoza ante el avance de los franceses, pero también le gustaba de vez en cuando pegarse sus viajes con mis padres a Lourdes, Fátima o Guadalupe, al Santuario de la Virgen de la Cabeza o adonde hubiese una advocación mariana, ya que eran amantes de la devoción a María. Tenía la tienda en la Avenida de los Teatinos, en la barriada llamada El Tiro de Línea, y el material era supremo. Su ahorro, aparte de las ganancias correspondientes por el género, estaba en ir siempre en bicicleta a todos lados a los que tuviera que moverse en la ciudad, y en su baby crudo, siempre impecable, que le ahorraba sus buenos reales en el vestir. Famosas por su calidad fueron siempre en Sevilla "Casa Marciano", "El Centro de Castilla" en la plaza de Chapina, "Primitivo" en El Tardón y "Casa Moreno" en la céntrica calle Gamazo, aparte de un sin fin de ellas, como "Soria" de la calle Monsalves, célebre por sus bocadillos extraordinarios, adonde acudía cada día por mi cercano trabajo en la Plaza del Duque, la muy célebre de "El Bacalao" de la calle Placentines.... Muchas, muchísimas que mi memoria no podría abarcar, unas desaparecidas, como "El Reino de León" en la calle Pureza y otras no.


Recuerdo a la perfección la tienda que había frente por frente al corral de mi nacencia, esquina de Torrijos con Pelay Correa, "Casa Carmelo". Este tendero, también norteño, nos quitó mucha hambre en tiempos difíciles, ya que la mayoría de las veces, hasta que verdaderamente no podía más, el hombre vendía "fiao" apuntándote en su libretilla particular, pero sin poner a la compra ni un solo céntimo de más por aquella ventaja que utilizaban los vecinos. Buena gente las de este gremio de montañeses santanderinos, sorianos, leoneses y de Castilla que se afincaron en Andalucía en una época donde no había ni para comer.

Mi querido tío Antonio, hermano de mi madre, tuvo tienda en Triana y en El Cerro del Águila, y fue maestro de una legión de charcuteros que hoy rozan mi edad y que pronuncian su nombre con auténtica veneración. Terminó sus días en el restaurante sevillano "El Áncora" como maestro cortador de jamón, oficio en el que ganó muchos premios internacionales y que le hizo viajar, como representante de España, a muchas ferias turísticas. Mi tío había aprendido, como meritorio, de aquellos norteños que llegaron a nuestras tierras, y creo que hasta su bondad y dulzura, su sonrisa y su trato de educación exquisita, y por supuesto su maestría en el oficio, los aprendió de ellos, de aquellos que dejaron por algunos perfiles de nuestros barrios su amor al trabajo y, aparte de las lógicas ganancias, su amor al prójimo, que es aún más importante.


7 comentarios:

  1. Gracias, Emilio, por recordar a estos comerciantes, como lo fue mi abuelo. Te faltó incluir su tienda, Casa Sanz, frente a los Jardines de Murillo, fundada en 1930. Me ha encantado tu artículo. Un abrazo.

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  2. No sabía que también tu abuelo era del querido gremio, y ya he dicho que se me han quedado muchas en el tintero de la mala memoria, así como no he dicho por rapidez, que muchas de ellas eran tiendas de ultramarinos-bar, donde degustaban las excelentes chacinas y conservas de la "casa".
    Me alegro de que te haya gustado.
    Un abrazo.

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  3. Nos haces abrir las puertas de la memoria.
    En Triana eran famosos, entre tantos, los mostradores de Pariente, donde hoy la Anselma y donde estuvo empleado tu amigo Alfredo; el de La Bomba, competencia de El Cañón (en este dio Belmonte un ágape a su cuadrilla tras el primer triunfo en la Maestranza); el de la tienda de mi madre, o sea, donde yo iba por los mandaos, que era La Piletilla regida por Pablo Garrudo y situada en una accesoria del corral Sánchez (Cava de los civiles). Hace años le hicimos un homenaje a Justo, el tendero del Centro de Castilla. Y no quiero olvidar a los mostradores más flamencos, el de Villa Troya y el de Casa Félix en la Plazuela, sucesores de aquella Casa Rufina de Cagancho y los Pelaos; tampoco al más antiguo, el de La Unión Palentina en el Altozano.
    El denominador común era que estaban gobernados por norteños sobrados de trabajo y de corazón. Fueron una suerte para Triana, barrio obrero por antonomasia y en una posguerra interminable.

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  4. ... conocí a tu tío Antonio, todo un caballero y un verdadero artista ante "la pata". Él puede servir de arquetipo a la figura popular a la que le has dedicado el día.

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  5. Pues nombrados quedan en este blog todos los establecimientos de los que tú has ido tirando de la memoria. Si desconocía que llegases a conocer a mi tío Antonio, un ejemplo en todo. De mi larga familia materna, era el más parecido a mi madre en esas cosas, como el trato, que los hicieron especiales.

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  6. Me lo presentaste un día en tu casa de Alfarería; lo recuerdo bien porque me dejó la sensación de que acababa de conocer a un gran hombre. Creo que sólo lo vi en aquella ocasión.

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  7. Él gustaba de ir a casa cuando yo compraba un jamón y el único que quería que me lo empezase era mi tío Antonio. Ahí lo conocerías, claro.

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