sábado, 21 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (21)


EL SILLERO

¡Niñaaaaas, el silleeeeero...! este era el grito del pregonar de aquel hombre humilde que con muy poco utillaje paseaba por nuestras calles para ponerle el culo de asiento a las sillas viejas, o para arreglar y encolar los palillos que hacían de contrafuertes en la base de la misma. Como instrumentos, el serrucho de madera, cuya hoja se tensaba por medio de un palo que hacía que la cuerda se atirantase, su haz de aneas previamente humedecidas justamente para la labor y la cuña de madera para ajustar el material al gusto del artesano. En la acera más próxima, hiciese frío o calor, el sillero buscaba su hueco y allí depositaba sus pocas pertenencias. Era un oficio de auténtico artista: habilidad suma y mucha paciencia. Aunque no es oficio totalmente desaparecido, porque aún quedan algunos de estos artesanos por varios rincones de España, sí es cierto que ya no se ven por las calles, cargando a lomos el pesado mazo del material y soltando una y otra vez el sencillo pregonar.

Con la época horrible de los cambios de mobiliario, a finales de los sesenta, las sillas de aneas se tiraron o malvendieron para llenar las casas de tapizados en skay, y muebles de charol, feísimos, desapareciendo también las hogareñas cómodas, plateros y chineros, que hoy -lo que son las cosas-, tienen un valor incalculable no sólo por los diseños sino por el propip de la madera.

Recuerdo, cuando vivía con mis padres en la populosa barriada de El Tardón, a un sillero agradabilísimo -siempre pasaba el hombre por aquel barrio-, que soportaba mientras hacía su trabajo a un chaparrón de niños que no parábamos de preguntarle cómo se hacía aquello, y que muchas veces nos daba auténticas lecciones artesanales con la paciencia de un santo. Un día -ya el hombre era muy mayor- apareció muerto en el llamado campo del orozuz y a todos los niños se nos quedó helado el corazón. A partir de esa fecha, ya no escuchamos jamás aquel pregoncillo que daba el bueno de Antonio: ¡Niñaaaaas, el silleeeeero...!


2 comentarios:

  1. Recuerdo cuando llegaban al corral con el haz de anea colgado en las espalda. LA verdad es que su desaparición fue forzada por la aparición de otro estilo de mobiliario. Cuando en los ochenta me dijeron dónde vivia un superviviente de ese oficio, acudí a verle y le encargué una sillita de juguete para mi hija. Me cobró bastante caro. LA sillita creo que la conserva mi hija. Creo que el oficiono se ha perdido del todo porque hay casas de muebles que siguen vendiendo ese tipo de sillas, sobre todo para decorar casetas de feria y patios de estilo andaluz. Saludos, Emilio.

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  2. Se ha perdido el oficio de sillero callejero, pero silleros quedan muchos en muchos pueblos de España. Las que llamamos "sillas sevillanas", esas que se ponen en la "casetas" de feria, y que pintadas en azul, rojo o verde están decoradas con motivos inspirados en la tradicional cerámica de "montería", tan trianera, se fabrican en la población onubense de Galaroza, donde hay varios fabricantes. Ha desaparecido el sillero de calle porque ¿quien tiene hoy día en su casa una silla con asiento de anea?
    Un saludo cordial.

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