lunes, 23 de enero de 2012

DESDE MI TORRE: EL REBUJITO


Esta semana se me ha pasado tan rápida como se van los años desde que terminas la mili. Pero han sido siete días intensos de vivencias y de noticias, de las que no he podido dejar mi opinión porque he estado más tiempo en la cocina que ante el teclado del ordenador. Nos amanecíamos con la muerte de Manuel Fraga, al que Dios tenga en su santa gloria, y al que poderes fácticos están llevando a los altares como a un santo varón de mi admirado Luis Sánchez Polack, "Tip", olvidando algunos sucesos sin importancia como los cinco muertos de Victoria y más de cien heridos; la egolatría fascista de "la calle es mía", ya muerto el dictador; la justificación de la ejecución de Julián Grimau; la muerte del estudiante Enrique Ruano; la dimisión como director de Miguel Delibes de "El Norte de Castilla"; la voladura del diario "Madrid"... ¡Santo varón, santo varón! Esta España mía, esta España nuestra, que cantaba Cecilia...

Nos vino también el barcazo del "Costa Concordia" a manos del capitán Francesco Schettino, que no tenía pulso ni para manejar una barquita de la ría cerámica de la Plaza de España, pero que se las pegaba de gordo con una chavala, al parecer impresionante, a la que se beneficiaba -dicen las malas lenguas- de la proa a la popa. ¡Qué barbaridad!

Pepe "El Carnicero" le pisa la mano a Messi en el partido de la Copa del Rey entre el Madrid y el Barcelona y dice que fue si querer. Si es queriendo, se la deja impresa en vivo en el césped del Bernabeu para crear un nuevo paseo de las estrellas de Hollywood, pero en materia futbolística, mientras los responsables de la Federación Española de Fútbol siguen trincando, comiendo y viviendo de la mamandurria sin decir esta boca es mía. Ya estuvo a punto de arrancarle la cabeza a un jugador del Levante. Hasta que de verdad no cometa un asesinato, los mamandurrieros no tomarán cartas en el asunto.

Nos llegó la triste muerte -siempre una muerte es triste-, del cantaor madrileño, afincado en Sevilla, Martín Jiménez Jiménez, más conocido como "Martín Revuelo" por los tiempos en los que cantaba por bulerías y con una gracia significativa aquellas chuflillas que Rafael Alberti dedicase al torero Cayetano Ordóñez "El Niño de la Palma": ¡Qué revuelo! / ¡Aire, que al toro torillo / le pica el pájaro pillo / que no pone el pie en el suelo! / ¡Qué revuelo! Y "Revuelo" se le quedó para siempre desde Vallecas a Triana hasta morir en el "Virgen del Rocío", muy cerca de su Cava nueva del Polígono Sur. Mi pésame a su mujer, la trianera Juana, a su hijo, genio de la sonanta, Martín Chico, y a toda su gran familia y a la no menos grande del flamenco. Tuve la suerte de conocerlo y de admirarlo y de compadrear con él. Estuvimos juntos en Francia en el festival que organizaba mi hermano Santi, y el honor de presentarlo en muchas ocasiones. ¡Qué revuelo, Dios, qué revuelo cuando muere un artista!

Y entre la economía -menos mal que el señor Rajoy prometió no subirnos los impuestos-, y el pulso de Carmen (con n final) Chacón y Rubalcaba, para seguir viviendo del cuento de la principal mamandurria, que es el de la  política, no la futbolera, y las chuflas de verdad de los nuevos ministros, que no las chuflillas del poeta portuense, cuando la semana quería poner punto y final se me apareció por las puertas mi gran amigo y extraordinario escultor, pintor, poeta y artista de Alcalá de los Gazules, Jesús Cuesta Arana. Vino a casa, charlamos de lo humano y lo divino como sólo dos locos hablan: con pasión, intensidad, gozo y vehemencia, sabiendo que cada palabra es oro líquido que se escapa por la boca; que cada frase puede ser una sentencia; que cada risa puede ser el motivo de una nueva creación. Me encanta su personalidad. No tengo que decir que fue el escultor del monumento a la Petenera del pueblo gaditano de Paterna, ni de que tiene repartida su obra por media España, mientras espera la otra media. Lleva a mi paisano Belmonte metido en su corazón, hasta el punto de que escribió dos tomos sobre él: "La huella de un retrato". Tras charla tan interesante y distendida, bajamos al restaurante que tengo debajo de mi piso con el nombre rimbombante de "La Marquesita" y cenamos, mientras vimos al Betis y al Sevilla repartirse los puntos. ¡Menos da una piedra!

La semana no ha dejado de tener su marea, como siempre. Entre sus olas, la de haber alcanzado la cifra de 150.000 visitas a esta torre, cobaltada desde su naciencia. ¡Gracias a todos! ¿Mi mejor momento? Fue el sábado, cuando al medio día vino mi hijo Emilito, el gran artista y el gran hombre, a tomarse una cerveza conmigo. Nada me puede llenar más en tan poco espacio de tiempo.


6 comentarios:

  1. ¡Y también vimos juntos el partido! Muchos besos, papá.

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  2. Sí, sí que vimos juntos el partido del Madrid-Barcelona. Pero eso fue antes, mientras le dábamos un buen repaso a un churrasco con patatas y pimientos.

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  3. ¡Ay! JA, JA, JA...¡Cómo me he reído con lo de Pepe y el nuevo paseo de estrellas.

    La ironía...esa pizca de sal y pimienta que nos alegra la vida.

    GRACIAS.

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  4. Las estrellas creo que las vio el pobre de Messi. Pero, ¿cómo se le ocurre a todo un Real Madrid fichar a un perro de presa?

    Un abrazo.

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  5. Con la cara de buena gente que tiene el pobre de Pepe... la has tomado con él, Emilio.
    De entre lo bueno y lo malo (esto ya no tiene remedio) me quedo con ese contador de visitas que corre como tus días, nuestros días, a toda velocidad. Enhorabuena.

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  6. Tiene la cara de un doberman cabreado.
    Gracias a vosotros sí que es verdad que el contador de visitas lleva un ritmo vertiginoso. Es una alegría tener amigos como vosotros.

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