Los españoles lo estamos pasando muy mal estos días, fatal, peor imposible. España se está desangrando en una nueva guerra civil sin tiros y nadie, ni el rey ni el presidente Rajoy salen a la palestra pública para, al menos, dejarnos un mensaje de paz y tranquilidad, sosegar nuestros ánimos y aclarar nuestras dudas.
Se han desperdiciado muchos años, por unos y otros, para no tener que llegar a este punto de inflexión que ya no tiene vuelta atrás, para que no tuviésemos que sufrir todos está charlotada que lleva ya todos los días ofreciendo su espectáculo en Cataluña. Veo -y son muchos los tacos de almanaque que tengo-, colgadas las banderas de España en muchísimos balcones de mi barriada, como se hacía cada vez que a Franco le ponían un veto los países extranjeros o como cuando juega la selección de fútbol -curiosamente, llamada "la roja"-. Da la sensación de que todo nuestro país está en contra de Cataluña y de que la tierra catalana, que es parte importantísima del mismo país esté en contra de todas las comunidades que lo componen.
Unos dicen que el referendum no se va a celebrar, el presidente de la Generalidad dice que sí; unos dicen que cerrarán los colegios electorales, y otros que tararí, tararí; unos quieren derribar el potente muro con muchos policías, y los otros dicen que van a salvar todo lo salvable aunque sea colocando un cinturón de colegiales en cada centro de votación. Las cosas pintan bastos, pero es muy cierto que de mucho de lo que está pasando tienen la culpa la soberbia de Rajoy y el silencio habitual del Rey.
Creo que los españoles nos merecemos que nuestros más altos gobernantes den la cara en las diversas televisiones y en los demás medios de comunicación cuando existe un problema grave. Y este lo es. Ya quizás sea un poco tarde porque el ambiente está calcinado y somos muchos los que, sin estar de acuerdo con el independentismo catalán, estamos muy a favor de la Democracia, que es lo que añoramos desde hace muchos años con la indiferencia del gobierno hacia el pueblo al que representa, con la ley mordaza, con querer imponer la fuerza, como en Cataluña, donde debería habitar el diálogo, y tiempo han tenido. Al fuego jamás hay que echarle gasolina, y eso es lo que este PP y Ciudadanos no entienden. Hablando se entiende la gente, dice un antiguo refrán, pero la palabra sabia del pueblo no va con este nefasto gobierno. Y ayer, escuchando en la Cadena Ser una entrevista que le hicieron al cantautor y compositor Manolo García -sabio donde los haya- dijo que las moscas se cogen mejor con miel que con vinagre.
La máxima de Aristóteles en su famosa obra -que ya goza de cerca de 26 siglos- no vale para la política española, basada sólo en el palo y tentetieso y no para tomar decisiones y aplicarlas al bien común.
Cerrar el espacio aéreo catalán desde hoy, mandar el camión botijo disuasorio, miles y miles de efectivos de la Policía Nacional y Guardia Civil, y agentes secretos del CNI, no sirve para implantar la cordura, la paz y la tranquilidad. No siempre la fuerza acaba con el más débil, y si no que se lo digan a Goliat al que David, sin metralletas, sin fusiles especiales y con menos fuerza que un camaroncillo, le endiñó con una piedra enviada por su honda. El enfrentamiento sólo provoca más enfrentamientos, cuando no una herida de sangre que a toda costa debe ser siempre evitable, y que si pasa, lo que nadie quiere ni desea -a excepción de la CUP-, abriría una brecha en España imposible de cerrar por muchísimos años.
Humillar al contrario, nunca es el camino.
La máxima de Aristóteles en su famosa obra -que ya goza de cerca de 26 siglos- no vale para la política española, basada sólo en el palo y tentetieso y no para tomar decisiones y aplicarlas al bien común.
Cerrar el espacio aéreo catalán desde hoy, mandar el camión botijo disuasorio, miles y miles de efectivos de la Policía Nacional y Guardia Civil, y agentes secretos del CNI, no sirve para implantar la cordura, la paz y la tranquilidad. No siempre la fuerza acaba con el más débil, y si no que se lo digan a Goliat al que David, sin metralletas, sin fusiles especiales y con menos fuerza que un camaroncillo, le endiñó con una piedra enviada por su honda. El enfrentamiento sólo provoca más enfrentamientos, cuando no una herida de sangre que a toda costa debe ser siempre evitable, y que si pasa, lo que nadie quiere ni desea -a excepción de la CUP-, abriría una brecha en España imposible de cerrar por muchísimos años.
Humillar al contrario, nunca es el camino.