Son cientos, miles de páginas las que se están escribiendo estos días en todos los medios de comunicación, incluso en los extranjeros, con motivo del claro golpe de Estado que el gobierno catalán, en un pulso -que nadie podía esperar hasta ahora- le está echando al español, al que pertenece, nacido y refrendado por todos en la Constitución, esa a la que, evidentemente, creo que no toman en cuenta muchos catalanes desde el 27 de diciembre de 1978.
Las diversas emisoras y televisiones no se quedan atrás del papel impreso. Nos están martilleando desde el amanecer hasta la alta madrugada, desayunamos y almorzamos y merendamos con lo mismo. En una palabra: estamos hartos ya del problema que se ha inventado Cataluña para querer desprenderse de España, y sobre el que se manifiesta Rajoy que no podrá ser posible llegar a esa meta del 1 de octubre, aunque haya que deforestar a todas las provincias y pueblos del país de los agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional para enviarlos allí, agentes a los que les atacan los coches, rompiéndoles los cristales, llenándolos de pegatinas de separación y arrojando botellas y mierdas en su interior. ¿No había Mossos de Escuadra para impedirlo, ni Policía Nacional, ni miembros de la propia Guardia Civil a la que despojaron incluso de algunas de sus armas reglamentarias? No lo comprendo. Nadie lo comprende. Nadie puede entender que el benemérito cuerpo -tan querido y odiado a la vez por todos los españoles, según le haya ido la convivencia con él tanto en la dictadura como en la democracia-, sea secuestrado por los manifestantes durante todo un día y una madrugada, rodeado y acojonado por las huestes enfervorecidas.
La cosa va a más, por una parte y por otra. Ha habido tiempo, mucho tiempo, para un diálogo político, pero cuando una de estas -la del gobierno que preside el PP- dice que va a ganar al gobierno catalán por diez a cero, pasa lo que pasa: que el pueblo siempre es mayoría y que en muchas ocasiones -posiblemente no sea ésta- casi siempre lleva la razón, porque nadie se queja de una falsa apendicitis cuando sabe que es muy probable que lo operen sin haberle realizado antes las pruebas necesarias.
Aquí ha faltado mano izquierda. Rajoy ya hace tiempo que tenía que haber dimitido con todo su equipo, ese, con su jefe a la cabeza, que está desgastando a España a pasos agigantados: con impuestos y más impuestos, con leyes mordazas -como en el franquismo-, con el palo y tentetieso, esquilmando las arcas de todos los españoles, con algunos de sus ministros y mandamases acusados de robo, prevaricación..., y de muchas cosas más que se guardan algunos jueces proclives al Partido y que tapan los encargados de las alcantarillas del Poder. La respuesta infantil del Gobierno es que los catalanes más: el tema de Pujol, las comisiones del 3%..., pero es que esa atrocidad, como las suyas, debía haberlas cortado el gobierno español desde el inicio, como Felipe González debía haber fulminado a su compañero Alfonso Guerra cuando el tema de su hermano Juan. Pero aquí no pasa nada: ni los EREs, ni la Gurtel, ni la Púnica... País de "robadores" y, encima, aplaudidos y bendecidos por la mayoría de partidos que se dicen democráticos. De aquellos barros estos lodos.
El Gobierno, está claro, puede parar todo aplicando el artículo 155 de la Constitución. Sería un error grave, ya que el Gobierno no cumple la mayoría de sus artículos, empezando por el 14 de que los españoles somos todos iguales ante la ley; el 16 (3); el 18 (2), excepto la patada en la puerta de Corcuera; el 31 (3) sobre prestaciones de carácter público; el 33 (1) sobre el derecho a la propiedad privada y a la herencia -¿Verdad, Susana Díaz?-; el muy irritante de incumplimiento del 39 (1) sobre la protección social, económica y jurídica de la familia; el 44 (puntos 1 y 2) sobre la promoción de la ciencia y la investigación, que por eso se nos van por miles al extranjero nuestros grandes jóvenes cerebros; el muy aberrante artículo 47 sobre el que "todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada", aunque para nada habla de los miles de desahucios en todas las provincias españolas; el 49, prácticamente anulado de la tan cacareada Ley de Dependencia; el 50 en la que "Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periodicamente actualizadas la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad", sin querer mencionar que no sólo no se suben las pensiones sino que la pobre asignación de los abuelos mantiene a toda una familia en paro. ¿Seguimos hasta el artículo 169 de nuestra Constitución, sus disposiones transitorias, y su disposición derogatoria? Ya está bien de cansarme y de cansaros. Ni el artículo 155 es un buen bálsamo para la calma, porque hasta podría resucitar una nueva guerra entre separaciones de hermanos, ni la terquedad del gobierno catalán -que hasta la entrada de la policía lo tenía todo previsto, y sigue con el pulso- es buena jugada.
La soberbia y el silencio continuado del Gobierno del país está generando más problemas de los que podrían haberse evitado con una política seria, con el entendimiento de dos formas de pensar distintas. Muchos españoles -también los españoles no independentistas- tenemos miedo y lo estamos pasando mal, y mucho más cuando las razones del gobierno no nos convencen ni nada nos aclaran. Y a todo esto: ¿Dónde está Felipe VI? Al menos su padre -el ahora rey emérito- dio la cara -estuviese implicado o no- la noche del 23-F. Este golpe de estado es aún peor. Y no sé si me equivoco, pero él es ahora el Jefe del Estado de España y todos los españoles queremos que se pronuncie para quedarnos un poco más tranquilos.
A todos, a los gobernantes que quieren judicializar el conflicto, y a los que se mantienen erre con erre frente al gobierno constitucional, les recomendaría la lectura de la recopilación de artículos del gran periodista Manuel Chaves Nogales, titulado como ¿Qué pasa en Cataluña?, que analiza a la perfección lo que pasó ahora justamente hace 73 años: el último golpe de estado catalán. Y es que no aprendemos, nunca este país va a aprender de sus múltiples errores.
Las diversas emisoras y televisiones no se quedan atrás del papel impreso. Nos están martilleando desde el amanecer hasta la alta madrugada, desayunamos y almorzamos y merendamos con lo mismo. En una palabra: estamos hartos ya del problema que se ha inventado Cataluña para querer desprenderse de España, y sobre el que se manifiesta Rajoy que no podrá ser posible llegar a esa meta del 1 de octubre, aunque haya que deforestar a todas las provincias y pueblos del país de los agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional para enviarlos allí, agentes a los que les atacan los coches, rompiéndoles los cristales, llenándolos de pegatinas de separación y arrojando botellas y mierdas en su interior. ¿No había Mossos de Escuadra para impedirlo, ni Policía Nacional, ni miembros de la propia Guardia Civil a la que despojaron incluso de algunas de sus armas reglamentarias? No lo comprendo. Nadie lo comprende. Nadie puede entender que el benemérito cuerpo -tan querido y odiado a la vez por todos los españoles, según le haya ido la convivencia con él tanto en la dictadura como en la democracia-, sea secuestrado por los manifestantes durante todo un día y una madrugada, rodeado y acojonado por las huestes enfervorecidas.
La cosa va a más, por una parte y por otra. Ha habido tiempo, mucho tiempo, para un diálogo político, pero cuando una de estas -la del gobierno que preside el PP- dice que va a ganar al gobierno catalán por diez a cero, pasa lo que pasa: que el pueblo siempre es mayoría y que en muchas ocasiones -posiblemente no sea ésta- casi siempre lleva la razón, porque nadie se queja de una falsa apendicitis cuando sabe que es muy probable que lo operen sin haberle realizado antes las pruebas necesarias.
Aquí ha faltado mano izquierda. Rajoy ya hace tiempo que tenía que haber dimitido con todo su equipo, ese, con su jefe a la cabeza, que está desgastando a España a pasos agigantados: con impuestos y más impuestos, con leyes mordazas -como en el franquismo-, con el palo y tentetieso, esquilmando las arcas de todos los españoles, con algunos de sus ministros y mandamases acusados de robo, prevaricación..., y de muchas cosas más que se guardan algunos jueces proclives al Partido y que tapan los encargados de las alcantarillas del Poder. La respuesta infantil del Gobierno es que los catalanes más: el tema de Pujol, las comisiones del 3%..., pero es que esa atrocidad, como las suyas, debía haberlas cortado el gobierno español desde el inicio, como Felipe González debía haber fulminado a su compañero Alfonso Guerra cuando el tema de su hermano Juan. Pero aquí no pasa nada: ni los EREs, ni la Gurtel, ni la Púnica... País de "robadores" y, encima, aplaudidos y bendecidos por la mayoría de partidos que se dicen democráticos. De aquellos barros estos lodos.
El Gobierno, está claro, puede parar todo aplicando el artículo 155 de la Constitución. Sería un error grave, ya que el Gobierno no cumple la mayoría de sus artículos, empezando por el 14 de que los españoles somos todos iguales ante la ley; el 16 (3); el 18 (2), excepto la patada en la puerta de Corcuera; el 31 (3) sobre prestaciones de carácter público; el 33 (1) sobre el derecho a la propiedad privada y a la herencia -¿Verdad, Susana Díaz?-; el muy irritante de incumplimiento del 39 (1) sobre la protección social, económica y jurídica de la familia; el 44 (puntos 1 y 2) sobre la promoción de la ciencia y la investigación, que por eso se nos van por miles al extranjero nuestros grandes jóvenes cerebros; el muy aberrante artículo 47 sobre el que "todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada", aunque para nada habla de los miles de desahucios en todas las provincias españolas; el 49, prácticamente anulado de la tan cacareada Ley de Dependencia; el 50 en la que "Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periodicamente actualizadas la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad", sin querer mencionar que no sólo no se suben las pensiones sino que la pobre asignación de los abuelos mantiene a toda una familia en paro. ¿Seguimos hasta el artículo 169 de nuestra Constitución, sus disposiones transitorias, y su disposición derogatoria? Ya está bien de cansarme y de cansaros. Ni el artículo 155 es un buen bálsamo para la calma, porque hasta podría resucitar una nueva guerra entre separaciones de hermanos, ni la terquedad del gobierno catalán -que hasta la entrada de la policía lo tenía todo previsto, y sigue con el pulso- es buena jugada.
La soberbia y el silencio continuado del Gobierno del país está generando más problemas de los que podrían haberse evitado con una política seria, con el entendimiento de dos formas de pensar distintas. Muchos españoles -también los españoles no independentistas- tenemos miedo y lo estamos pasando mal, y mucho más cuando las razones del gobierno no nos convencen ni nada nos aclaran. Y a todo esto: ¿Dónde está Felipe VI? Al menos su padre -el ahora rey emérito- dio la cara -estuviese implicado o no- la noche del 23-F. Este golpe de estado es aún peor. Y no sé si me equivoco, pero él es ahora el Jefe del Estado de España y todos los españoles queremos que se pronuncie para quedarnos un poco más tranquilos.
A todos, a los gobernantes que quieren judicializar el conflicto, y a los que se mantienen erre con erre frente al gobierno constitucional, les recomendaría la lectura de la recopilación de artículos del gran periodista Manuel Chaves Nogales, titulado como ¿Qué pasa en Cataluña?, que analiza a la perfección lo que pasó ahora justamente hace 73 años: el último golpe de estado catalán. Y es que no aprendemos, nunca este país va a aprender de sus múltiples errores.
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