Cataluña -jamás le voy a llamar Catalunya- está teatralizando la comedia, o más bien drama, o la vergüenza publica mayor de España desde el sainete del 23-F. Lo que pasó en el Parlamento catalán, lo que está pasando, más bien parece una charlotada sin gracia alguna, sin personajes como El Bombero Torero y su cuadrilla de enanos. Aquí los enanos, pero enanos mentales y locos de remate, son estos politicrastos de medio pelo que están viviendo del cuento desde hace muchos años y que, en vez de dar las gracias, se empeñan en mutilar a España. El Gobierno español tiene que hablar fuerte y lo más claro posible, y decidir con prontitud sin dejar margen a más payasadas. Sería conveniente -aunque pueda parecer una barbaridad y un crimen a los beneficiarios- suprimir todas las autonomías, descabalgar a esos 17 presidentes/as, a los cientos y cientos de asesores y consejeros, a los miles y miles de funcionarios que han cambiado sus vidas y ganancias gracias a las siglas de un Partido, de acabar con los abrepuertas, los recogecosas, los mindundis del Poder que viven como reyes mientras una gran parte de España -los trabajadores que la levantan- no llegan a fin de mes. Y, además, muchos, como los separatistas catalanes, no están contentos. ¡Cosas!
jueves, 7 de septiembre de 2017
DESDE MI TORRE: LA CHARLOTADA CATALANA
Cataluña -jamás le voy a llamar Catalunya- está teatralizando la comedia, o más bien drama, o la vergüenza publica mayor de España desde el sainete del 23-F. Lo que pasó en el Parlamento catalán, lo que está pasando, más bien parece una charlotada sin gracia alguna, sin personajes como El Bombero Torero y su cuadrilla de enanos. Aquí los enanos, pero enanos mentales y locos de remate, son estos politicrastos de medio pelo que están viviendo del cuento desde hace muchos años y que, en vez de dar las gracias, se empeñan en mutilar a España. El Gobierno español tiene que hablar fuerte y lo más claro posible, y decidir con prontitud sin dejar margen a más payasadas. Sería conveniente -aunque pueda parecer una barbaridad y un crimen a los beneficiarios- suprimir todas las autonomías, descabalgar a esos 17 presidentes/as, a los cientos y cientos de asesores y consejeros, a los miles y miles de funcionarios que han cambiado sus vidas y ganancias gracias a las siglas de un Partido, de acabar con los abrepuertas, los recogecosas, los mindundis del Poder que viven como reyes mientras una gran parte de España -los trabajadores que la levantan- no llegan a fin de mes. Y, además, muchos, como los separatistas catalanes, no están contentos. ¡Cosas!
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