No quisiera estar yo en la piel del Presidente del Gobierno en estos momentos. Pero de gran parte de lo que está pasando sólo él, y sus ministros y sus asesores, tiene la culpa. Cuando se gobierna con desenfado -y eso que ahora no tiene la mayoría absoluta-, con más que demostrada soberbia, eludiendo las convocatorias de la Justicia para que aclare ciertas desagradables cosas, y con más flema y pasotismo que un lord británico, suele pasar lo que está pasando: que una parte del pueblo español quiere reconstruir la vida de su comunidad y, aunque sea ilegal -según la Constitución, esa que jamás se cumple y que solamente ampara a los más ricos y poderosos- pues: adelante, porque el pueblo unido jamás será vencido. Y, creamos o no en este dicho popular de soflamas, hasta ahora, desgraciadamente, están venciendo los independentistas.
El señor Rajoy (cuando hablo de él hablo también de sus cooperantes necesarios) está perdiendo esta partida de ajedrez, en la que ya le están dando los contrarios jaque al Rey, y no en sentido figurado. Espero, por el bien de todos, que España no se fracture, pero esas heridas de las revoluciones ciudadanas tardan mucho tiempo en curarse, si es que no se gangrenan y el mal es áun mucho peor. Mariano Rajoy, como en anteriores ocasiones, ha seguido gobernando con despotismo, claro nepotismo y un grave y perverso oscurantismo que a los que nos sentimos demócratas por encima de las siglas de los Partidos nos ha sonrojado. Y eso que la mayoría de las cosas inconvenientes para el Gobierno y el Estado -que ostenta el Rey- suelen esconderlas muy bien, sin que parezca que nos enteremos, los encargados de las cloacas del mismo. Menos mal que ponemos las orejas a los medios de comunicación dedicados a la investigación política.
El pulso del pueblo catalán es grave, muy grave, y muy difícil de corregir por mucho que intervenga el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General del Estado y la Virgen del Rocío, y por mucho que se aplique a última hora -cuando el marcador de la bomba se está acercando al punto cero- el tan manoseado y temeroso artículo 155 de nuestra Carta Magna, para nada conveniente para nosotros ni para nuestras relaciones internacionales.
Creo, como un ciudadano cualquiera, que ha hecho falta diálogo por parte del Gobierno, que ha sido, y sigue siendo tan prepotente. El órdago catalanista -con el que no estoy para nada de acuerdo- está ganando la partida a nivel popular: en la toma de la calle, en el desafío al poder soberano, en su lucha de banderas, en su secuestro general a la mitad de los habitantes catalanes, en su propaganda, en su coordinación de lo que no deja de ser un golpe de estado en toda regla. ¿Va esperar Rajoy al 1-O dejando pasar los días? Ya veremos qué pasa con la Diada mañana lunes. Puede ser el punto y seguido -ojalá que no- de otra de las tragedias que siempre han puesto luto en nuestra tierra noble.
¿Aprenderá usted de una vez por todas, señor Rajoy, de este mal trago que le están haciendo pasar los independentistas catalanes y que usted nos está haciendo pasar a todos?.
El pulso del pueblo catalán es grave, muy grave, y muy difícil de corregir por mucho que intervenga el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General del Estado y la Virgen del Rocío, y por mucho que se aplique a última hora -cuando el marcador de la bomba se está acercando al punto cero- el tan manoseado y temeroso artículo 155 de nuestra Carta Magna, para nada conveniente para nosotros ni para nuestras relaciones internacionales.
Creo, como un ciudadano cualquiera, que ha hecho falta diálogo por parte del Gobierno, que ha sido, y sigue siendo tan prepotente. El órdago catalanista -con el que no estoy para nada de acuerdo- está ganando la partida a nivel popular: en la toma de la calle, en el desafío al poder soberano, en su lucha de banderas, en su secuestro general a la mitad de los habitantes catalanes, en su propaganda, en su coordinación de lo que no deja de ser un golpe de estado en toda regla. ¿Va esperar Rajoy al 1-O dejando pasar los días? Ya veremos qué pasa con la Diada mañana lunes. Puede ser el punto y seguido -ojalá que no- de otra de las tragedias que siempre han puesto luto en nuestra tierra noble.
¿Aprenderá usted de una vez por todas, señor Rajoy, de este mal trago que le están haciendo pasar los independentistas catalanes y que usted nos está haciendo pasar a todos?.
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