sábado, 30 de abril de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (6)


Decíamos al principio de estos apuntes, que uno de los vértices del andamiaje en el que la copla se sustenta era el de la muerte, y muy especialmente si esta es la de la madre, la más sólida estructura de la familia. En ocasiones, lo que se ha criticado en demasía al cante flamenco, las coplas son tristísimas y nos hablan de sepulturas, hospitales y penas terribles. Ese sentimiento que el cancionero recoge en todo el siglo XIX, que es el de la gran creación de coplas populares, se ofrece tal como es, desnudo, sin quererlo dulcificar con otras expresiones más suaves. Veamos esta anotada por Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

Al pie de la sepultura
donde está la madre mía,
dejarme llorá un momento,
que mis ojos sean canales,
que llorando me alimento.

O esta otra, recogida por Antonio Machado Álvarez "Demófilo":

Allá en Puerta Tierra,
en aquel rincón,
están los huesos de la marecita
que a mí me parió.

El recuerdo constante de la muerte de la madre está incluso en la producción de los jóvenes poetas, como en esta copla de José Cenizo:

Airecito de la tarde,
tres añitos hace ya
que se me murió mi madre.

Y en esta tristísima, también de autor, como Manuel Balmaseda:

Al campito santo
fui con mi compare
pa que me ayudara a echá tierrecita
pa enterrá a mi mare.

El último suspiro y la terrible letra del cancionero popular:

Agonizaba mi madre
cuando me mandó llamar
y entre lágrimas decía:
ya no te vuelvo a ver más,
hija mía de mi vía.

El evocador recuerdo de unos tiempos perdidos en la copla por malagueña de José Luis Rodríguez Ojeda, publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008):

A la casa de mi mare
pena yo siento al volver
porque está oscura y sin nadie,
cuando en otro tiempo fue
la alegría de la calle.

La sublimación de la madre en esta copla del cancionero popular:

Corta una rama de un árbol,
se siembra y vuelve a crecer,
una madre cuando muere
ya no la vuelves a ver.

El presentimiento de la muerte en esta letra por seguiriyas escrita por José el de la Tomasa y publicada en su libro "Alma de Barco" (1990):

Cuando cantó el gallo
yo lo presentía
por los ojitos de mi hermana Gabriela
mi madre moría.

Y el amor desmedido en esta letra de Andrés Ruiz en su libro "Coplas de la emigración" (1976):

Cuando yo me esté muriendo
me acordaré de mi madre.
Es su cariño tan grande
que por mu lejos que viva
yo la quiero más que a nadie.

El llanto que trae el recuerdo de la madre, como nos dice este fandango anotado por el cantaor unionense Pencho Cros:

Desde que murió mi madre
yo sufro el mayor quebranto,
mi alma empieza a llorar
cuando canto por fandango,
no lo puedo remediar.

Otro fandango, esta vez anotado por Camilo Gómez Cruz en su libro "La poesía al fandango" (1991), nos vuelve a hablar de la muerte de la madre:

Doblarán campanas, señores,
eran las del mayor dolor,
era que la madre mía
esta mañana expiró,
qué pena más grande la mía.

Sigue el recuerdo de la ausencia maternal en esta otra copla de José Carlos de Luna, publicada en su libro "De cante grande y cante chico" (1942):

El retrato de mi madre
siempre lo llevo en el pecho,
y al tiempo de irme a acostar
lo saco, le doy un beso
y me harto de llorar.

Una de las más conocidas seguiriyas que hablan del hospital como lugar de dolor y de desgracia, la recoge el cancionero popular:

En el hospital,
a mano derecha,
allí tenía la madre de mi alma
la camita jecha.

Seguiriya que casi se ve ampliada con aquella que cantaba Antonio Mairena:

En este rinconcito
dejarme llorar
que se me ha muerto la mare de mi alma
y no la veo más.

O con esta otra, muy célebre, proveniente de Curro Durse y que han llevado en su repertorio la mayoría de los cantaores gitanos:

Eran los días señalaítos de Santiago y Santa Ana,
yo le rogué a mi Dios
que le aliviara a mi mare las duquelas
de su corazón.

En muchas coplas se habla del llamado "Viático", "Su Majestad" o la visita a los enfermos de muerte, tal como reza esta seguiriya del cancionero popular:

Hincarse de rodillas
que ya viene Dios,
que va a recibirlo la madre de mi alma
de mi corazón.

Y el recuerdo de la muerte de la madre, tal como hemos recogido en otras composiciones, también se ofrece en la copla de autor. En este caso, la autoría es de José Luis Rodríguez Ojeda, publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008):

Lástima de mi mare,
mi mare qué pena;
por muchos años, por tiempo que pase
me acuerdo de ella.

Mañana, si Dios quiere, algunas joyas más de la gran herencia de las coplas flamencas.

PUERTA DEL PRÍNCIPE: EL TRIUNFO (6)


EL TRIUNFO

¡Qué viril es tu casta por la arena
al enfrentarte con la fiera airada,
no te importa lo cruel de la cornada
ni el miedo, ni la sangre, ni la pena...!

Se yergue tu figura tan serena
con la gracia sutil y apasionada
y se enciende el acero de tu espada
en la hora crucial de la faena...

Y el triunfo te inunda, sonriente,
en revuelos de vivas y de óles;
igual que a un claro dios adolescente.

Y la Puerta del Príncipe, encendida
por las palmas, suspiros y arreboles,
te envuelve con la esencia de la vida.


Daniel Pineda Novo
"Sentimiento del Aljarafe"
1990

EL POETA DE LA SEMANA: LEOPOLDO DE LUIS (1)

LEOPOLDO URRUTIA DE LUIS nació en Córdoba el 11 de mayo de 1918, y falleció en Madrid el 20 de noviembre de 2005. Prácticamente su infancia y primera juventud la pasó en Valladolid, llegando a Madrid a la edad de 17 años. Alistado en el ejército republicano, fortaleció su amistad con Miguel Hernández e hizo amistad con León Felipe. Tras algunas colaboraciones en revistas y en la Hoja del Lunes de Madrid, editó su primer libro con el nombre de Romance, aunque su primera obra se considera "Alba del hijo", que se editó en 1946, con el apellido materno para evitar represalias del bando vencedor.
Entre sus más de treinta libros, deben destacarse, aparte del citado, "Huésped de un tiempo sombrío" (1948), "Los imposibles pájaros" (1949), "Los horizontes" (1951), "Elegía en otoño" (1952), "El árbol y otros poemas" (1954), "El padre" (1954), "El extraño" (1955), "Teatro real" (1957), "Juego limpio" (1961), "La luz a nuestro lado" (1964), "Aquella primavera" (1967), "Poesía. Antología 1946-1968", "Con los cinco sentidos" (1970), "De aquí no se va nadie" (1971), "Igual que guantes grises" (1979. Premio Nacional de Literatura), "Entre cañones me miro" (1981), "Una muchacha mueve la cortina" (1983), "Del temor y de la miseria" (1985), "La sencillez de las fábulas"(1989), "Los caminos cortados" (1989) y "El portarretratos" (2000), entre otros.

ELEGÍA


Con sus alas de plomo va la tarde;
pasa en la piel ceniza de los campos.
Difusamente cunde la penumbra,
vellón de sucia lana en el ocaso.

Tú eras también de luna y de paisaje...
Se ha oscurecido el mundo entre tus manos.
Se ha detenido el tiempo, río sordo.
La luz ya es sólo sombra de tus párpados.
Se siente caminar lejanamente.
Alguien cruza en la sombra hacia el pasado.
Nada delante. Olvido. dios en sueños
aún alienta en el alma su amor manso.
Se retorna al recuerdo cual las olas,
una vez y otra vez, con lento paso.
Duele el amor, duele la certidumbre
de saberse de amor y odio poblados.
¿Ves? Somos cual la encina, aquí en la sombra.
Honda raíz, enfurecidos brazos.
Ferviente savia oculta nos abrasa.
La libertad nos nace por el llanto.
como la luz, aquí también morimos,
en el hermoso otoño del ocaso.
Un ascua fugitiva hacia la sombra.
el amor anochece en nuestros labios.


Leopoldo de Luis
"Los horizontes"
Las Palmas de Gran Canarias. 1951.

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (135)

   
SONETO  DEL CAFÉ

Si  el café  del soneto  nos  reactiva,
la  vida se  ilumina  de ilusiones
y la acción se desborda en  mil acciones,
pues el café  en verdad  es acción viva.

Que es el café  energía inspirativa
e impulsora  de  artísticas  creaciones;
que es creador el café  de altas  visiones
y  dueño  es del don  de la inventiva.

Que es  el café un acervo de vivencias
que  enamoradamente  nos  seduce
con  litúrgica  y  bella esplendidez.

El café de aromáticas  esencias,
cuyo liquido endrino nos  conduce,
sorbo a sorbo,  a  la suma  lucidez.

LIBROS CON SON FLAMENCO: PRESENCIA DE CÁNTICO EN EL FLAMENCO


Este libro del flamencólogo cordobés Agustín Gómez, es el resultado de la conferencia que con este título ofreció el autor en el Ateneo de Madrid el 2 de junio de 1992, disertando sobre la vinculación del célebre grupo poético "Cántico" con el flamenco a través de algunos de sus miembros como Ricardo Molina, Mario López, Vicente Núñez, Pablo García Baena, Julio Aumente y Juan Bernier.


Edita: Ateneo de Córdoba
Ciudad: Córdoba-1995
Páginas: 73
ISBN: 84-88175-09-4
Depósito Legal: CO. 931/1995

viernes, 29 de abril de 2011

DESDE MI TORRE COBALTO: EL PUNDONOR DE "EL JULI"


Desde los 16 años, cuando gané mi primer sueldo a pulso, puedo decir que no he faltado a la Maestranza en las tardes en las que creía que había un cartel hecho para mi gusto: es decir, para llenarme de esencias artísticas en esa maravillosa danza que forman o ejecutan, casi a complot, el toro y el torero. He disfrutado de las esencias de mi Curro -porque currista soy converso-, de la sabiduría de Camino, del valor de Puerta, de la seriedad profunda de El Viti, del insondable misterio de Manolo Vázquez, del capote de Paula... Y, tiempos andando, sólo he puesto mis ojos y mi corazón en lo que una nueva juventud aportaba: recordando a Belmonte en la pierna p'alante, sin moverse, de mi paisano Emilio Muñoz: todos los terrenos son del torero... Parar, templar y mandar; en el honor y pundonor de Espartaco, en la sapiencia de Ponce, en el arte magistral de un Manzanares, padre e hijo, que bailaban en verde botella al pie de la Giralda.

He sentido el vaciamiento de Sandín, y la cornada de Vargas, y la muerte de Montoliú, y el portagayola más trágico de Cardeño, al que días antes había retratado en un soneto soñando en que soñara al toro sin ponerse ante la codicia de su estirpe...

Hoy me dado alegría resucitarme en aquella afición que me quitaron la retirada de Curro y las concesiones a la galería. Hoy, me ha vuelto a dar un vuelco al corazón cuando "El Juli" ha templado lo sublime al compás de las ondas cercanas del Guadalquivir, cuando la templanza se le ha enredado en el capote y la muleta, cuando él ha entendido que el toreo es el toreo, pero que en Sevilla, tan cerca de Triana, el toreo tiene un concepto distinto al que se suele llamar Arte.

Cuando lo han sacado a hombros por la Puerta del Príncipe, presiento que vería de frente mi arrabal de nacencia, que se acordaría de los grandes nombres que nacieron en esa fragüa del toreo antiguo, y que quizás se preguntase, en su tarde grande: -¿Y cuándo cruzará ese puente otro torero de Triana?

(Emilio Muñoz, el de la calle Pureza, estaba retransmitiendo su gesta para televisión.)

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (5)


Sigue el pique-pique en el cancionero popular en torno a las madres que no aceptan a los novios de las hijas, o al contrario. La lírica del pueblo siempre dio rienda suelta a este tema en las coplas, como esta que se recoge en el cancionero de Álvarez Curiel (1991):

Yo te quisiera querer
y mi madre no me deja,
en todo se han de meter
las pícaras de las viejas.

El enamorado toma algunas veces sus precauciones, como en esta letra del cancionero que llevaba en su repertorio Antonio "El Arenero" a compás de soleá:

Cuando paso por tu calle
llevo pan y voy comiendo
pa que no diga tu madre
que con verte me mantengo.

Para los desamores también la lírica tiene su copla a punto:

Anda diciendo tu madre
que yo a ti te he entretenío,
y yo te tengo apuntá
en el libro del olvío.

Deseos de casarse no le faltan a esta mozuela de la copla. Y mal lo lleva su madre si no accede a sus deseos de matrimonio. Lo canta por garrotín Antonio Mairena:

Si mi mare no me casa
este domingo que viene,
le pego fuego a la casa
con toíto lo que tiene.

Las comparaciones se suceden en el cancionero por culpa de las dichosas madres:

Si tu madre no me quiere,
la mía te quiere menos,
si la tuya te realza
la mía me sube al cielo.

Cuando muchas veces las madres quieren lo máximo para las hijas, también el cancionero popular se previene, como en esta copla ciertamente muy popular:

Si tu madre quiere un rey
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Demasiado fuerte esta otra donde el amado/a pidió la muerte de su suegra. La recoge Ricardo Molina en su libro "Cante flamenco. Antología." (1969):

Tú le pediste a Dios
que mi madre se muriera
y mi madre se murió,
y ahora busca a quien te quiera,
que ya no te quiero yo.

Muy fuerte también esta que sigue, presente en el "Novísimo cancionero flamenco" de Juan Manuel Villén (1887):

Tu madre es una arrastrá
que por algunos parnés
entregará tu persona
hasta al mismo Lucifer.

El insulto se impone ante los malos modales en esta copla por soleá:

Tu madre es una judía,
que pasa por mi verita 
y no da los buenos días.

La férrea vigilancia materna también se recoge en las coplas. He aquí una muestra que nota Álvarez Curiel:

Tu madre me monta guardia
como si fuera un castillo;
ni guardias ni centinelas,
te tienes que venir conmigo
quiera tu madre o no quiera.

Con esta variante que también anota el mismo investigador:

Tus ojos son dos luceros
en la Venta de Antequera;
tú tienes que ser pa mí
quiera tu madre o no quiera.

El asentimiento con un poquito de guasa también da alas a la copla, tal como así hace notar esta letra por soleá que se recoge en "La poesía lírica en andaluz" (1983):

Tu madre no dice ná,
tu madre es de las que muerden
con la boquita cerrá.

El estado de ánimo lo refleja a la perfección esta triste letra de Manuel Balmaseda (1881):

Tu madre se habrá creío
que algún dañito me ha hecho,
con decí que yo ando triste
¡y no sabe que ando muerto!

El juramento de un rompimiento total también se recoge en el cancionero en esta copla por seguiriya:

Ve y dile a tu madre
que ande reposá,
porque tu ropa junto con la mía
no se va a lavar.

En esta soleá del maestro Antonio Mairena se pone de manifiesto las carencias de la amada:

Vergüenza vienen vendiendo,
dile a tu madre que compre,
que a ti te hace más falta
que a una puertecita los goznes.

Tanta presión suelen meter las madres y la opinión paisana que el amor se convierte en aborrecimiento, tal como dice la copla del poeta José Cenizo en el libro "De la tierra al aire":

Ya no te quiero ni ver,
entre tu mare y la gente
aborrecí tu querer.

En esta copla que cantaba por bulerías por soleá Antonio Mairena, el tema es casi idéntico:

Yo contigo vivo hasta el morir
pero a tu madre yo no la camelaba
que ha hablaíto mu mal de mí.

Pero evidentemente todas las coplas tienen su revancha, como esta del cancionero popular:

Anda diciendo tu madre
que no me quiere por sordo,
y yo no te quiero a ti,
chiquilla, por lo que oigo.

Y mañana, otra dosis de esta gigantesca muestra de la lírica popular.

PUERTA DEL PRÍNCIPE: JUAN BELMONTE (5)


JUAN BELMONTE

VIDA

El aire de la mañana
se viste de azul y oro
porque están jugando al toro
los chiquillos en Triana.
Con su mirada temprana
un muchacho los veía.
Aquel muchacho tenía
pájaros en la cabeza
y allí tuvo la certeza
de saber lo que quería.

MUERTE

Negro el toro de la vida
se igualó ante tu mirada
y la luz quedó, asombrada,
en tus ojos detenida.
¿Qué momento de tu historia
se detuvo en tu memoria?
No hubo reloj ni hubo un gesto,
ni el aire anunció tu muerte:
se te puso el toro en suerte
y la rutina hizo el resto.


Fernando Pérez Camacho
"Suerte de varas" (Antología 1996)
"El Siglo de Oro de la Poesía Taurina" (2009)

EL POETA DE LA SEMANA: MANUEL ALCÁNTARA (7)


EN AQUEL TIEMPO

Yo tuve el corazón capaz de lluvia. 
Ocurría febrero con sus alas 
y el tiempo digital nos puso juntas 
las manos y los ojos y los cuerpos: 
toda la tierra que el amor excusa. 

Igual que el viento en las banderas altas 
se comportó en nosotros esta música. 

Me fui quedando acompañado y cierto, 
entendido en los bosques de mi jungla, 
leñador orgulloso de raíces 
que no debieron nunca estar ocultas. 
Lo de siempre se puso a ser distinto: 
el mar entero cupo en una urna, 
el hielo de los vasos provenía 
de una lejana nieve, nuestra y única, 
mis manos migratorias se quedaron 
a vivir en tu tierra más profunda 
y en mi boca, de siempre descontenta, 
dimitían de pronto las preguntas. 

Presenciadas por dos cambian las torres, 
la muerte aplaza sus gestiones últimas 
y estar vivo se agita y condecora. 
La muerte debe ser como un espejo 
donde uno mira y mira sin ver nunca. 
Ven cerca. Más. Que entre los dos no quepa 
ninguna muerte ni ninguna duda. 
Te hablo desde febrero y desde siempre: 
sabemos del amor por lo que alumbra, 
por lo que tuerce y acrecienta y rige, 
por su forma de andar en la penumbra... 
Y así, sobre semanas perseguidas 
izamos con esfuerzo nuestra alma. 


Manuel Alcántara

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (134)


FRENTE   A  FRENTE

Tu  cielo de  nubes  blancas.
Mi trigal de espigas  verdes.

Cerré  mis ojos. Cerré
los  balcones de mi mente
y  vi a Dios y Dios me vio
y nos  vimos frente a frente.

La luz soñaba en el aire.
La sed  cantaba en la  fuente.

   
   México D. F. 25 Abril 2011

LIBROS CON SON FLAMENCO: POR BULERÍAS


Con el subtítulo "100 años de compás flamenco", Silvia Calado, periodista y directora de la revista online "Flamenco-world.com", aborda el estudio de este "palo" singular del flamenco, el más alegre, bullicioso y versátil. Aunque yo no esté muy de acuerdo con algunos temas que la autora desarrolla en el libro, tengo que considerar que es un excelente trabajo para conocer más en profundidad la historia de este cante y baile que ha tenido importantísimos protagonistas a lo largo del último siglo.

La autora divide el libro en los siguientes apartados: "Primero fue la palabra. Etimología de la Bulería", "En busca del fuego. Posibles orígenes de la Bulería", "Siete, ocho, nueve, diez, un, dos. El misterioso compás de la Bulería", "Rimas a compás. Las letras por Bulerías", "Y Pastora las bautizó. Primeras noticias del cante por Bulerías", "Cartografía bulerista. Tipología del palo: Cádiz, Jerez, Sevilla", "El arte de la pataíta. Notas sobre el baile por Bulerías", "Sonantas con soniquete. Notas sobre el toque por Bulerías", "Un, dos, tres. Evolución de la Bulería", "Palabra de bulerista. Testimonios a compás", "Guía de audición. 100 bulerías" y "Referencias".

Libro recomendado para los muchos amantes y aficionados.


Edita: Almuzara
Ciudad: Córdoba-2009
Páginas: 235
ISBN: 978-84-92573-88-2
Depósito Legal: CO-1107-09

jueves, 28 de abril de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (4)


La palabra madre sale muchas veces en el cancionero como referencia para piropearla por haber dado a luz hijas tan hermosas. Escojamos una primera muestra de la lírica popular:

A la madre de esta niña
le tengo yo que decir
adónde ha ido por semilla
pa sembrar ese alhelí.

O esta otra de muy parecido contenido:

A la madre de esta niña
le voy a pedir un favor,
que me enseñe la maceta
donde ha criado esta flor.

Hasta la copla se edulcora cuando hay pasteles de por medio:

Tu madre tuvo que ser
a la fuerza pastelera,
porque un dulce como tú
no lo fabrica cualquiera.

También las coplas relatan las desavenencias entre la amada y el amador por culpa de las intromisiones maternales. Lo recoge en esta primera muestra el cantaor y poeta José el de la Tomasa en su libro "Alma de barco" (1990):

A tu madre no la entiendo
que quiere que yo te olvide
cuando más te estoy queriendo.

Si es como cuenta la siguiente copla, el novio seguro de que tenía razón. La registra el cancionero popular:

A tu casa no me arrimo
que tu bata ha naquerao
lo que siendo yo tu primo
debiera haberse callao.

Aunque no siempre las madres suelen salirse con la suya en esto de los amores:

Al morir mi madre dijo
que dejara de quererte
sin saber la pobrecita
que olvidarte era mi muerte.

El desprecio o desdén por la mujer o el hombre amado por parte de la madre, da lugar a coplas como estas que tienen múltiples variaciones:

Anda diciendo tu madre
que me desprecia por pobre,
anda y dile a tu madre
que ayer se cayó una torre.

Anda diciendo tu madre
que a la reina te mereces,
y yo como no soy reina 
no quiero que me desprecies.

Anda diciendo tu madre
que yo contigo no igualo,
eso será en el dinero
porque en vergüenza te gano.

Anda diciendo tu madre
que es muy pronto pa casarte,
pues que te eche en adobo
y avise cuando te saque.

Anda diciendo tu madre
que yo le quito el dormir,
dentro de su casa tiene
la que me lo quita a mí.

Anda diciendo tu madre
que yo no tengo vergüenza:
bien puede considerar
que es la pasión que me ciega.

Anda diciendo tu madre
que conmigo andas perdiendo;
y conmigo estás ganando
un veinticinco por ciento.

Anda diciendo tu madre
que no me quiere pá ná,
pá menos la quiero yo,
mira qué casualidad.

Hermosísima la versión del cantaor trianero Antonio González Garzón "El Arenero" que hacía de este letra una obra maestra por soleá:

Anda diciendo tu mare
que tú vales más que yo,
ni tú ni tóa tu familia
ni el Dios que a ti te creó.

Existe otra expresión muy parecida en la copla recogida en "La poesía lírica en andaluz" (1983):

Anda diciendo tu madre
que eres tú mejor que yo,
y ni ella que te ha parío
ni el padre que te engendró
se comparan con los míos.

Y por hoy, aunque seguiremos con este tema mañana mismo, gracias al gran manantial de coplas sobre este mismo asunto, nos despedimos con la palabra valiente de una novia como encargo ante la que podría haber sido su futura suegra.

Anda, ve y dile a tu madre
que te pele y que te monde,
que te vuelva a dar la teta
y que te enseñe a ser hombre.

Lo dicho, hasta mañana..., si Dios quiere.

PUERTA DEL PRINCIPE: CHICUELO (4)


CHICUELO

Tan pequeño, tan airoso,
tan alegre mano breve,
aquel giraldillo leve.
o cascabel milagroso,
o canario rumoroso,
crótalo de sal albina,
que al pie de Justa y Rufina,
zarandilla de la seda,
al ángel de la Alameda
apresó en su chicuelina.


Francisco Montero Galvache
"Ovaciones en mi albero"
1986

EL POETA DE LA SEMANA: MANUEL ALCÁNTARA (6)


SONETO PARA ESPERARTE EN UNA CAFETERÍA

Resulta que la historia estaba escrita 
cuando yo quise hacerla a mi manera. 
Cuando yo no quería que volviera 
resulta que la historia resucita. 

Resulta que en el tiempo de la cita 
tendrán que hacer un banco de madera. 
Al corazón le viene bien la espera, 
quién sabe si además la necesita. 

Azafatas de vuelo alicortado 
van del café a las piñas tropicales 
por aires ciudadanos y ruidosos. 

Arriba el tiempo nuevo ha presentado 
sus fluorescentes luces credenciales 
y enrolla pergaminos luminosos.


Manuel Alcántara 

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (133)


FLOR  ÚNICA

La acariciadora y preciosa palabra.
La  palabra, hiriente y desgarrante.
La  flor de la palabra.
La palabra, más allá del color.
La palabra, su irresistible aroma
en prodigiosa acción transformadora.
La  palabra, su potencial hipnótico.
La  palabra,  la  palabra,
                                     ¡flor única!

   México  D. F. 24 Abril  2011

LIBROS CON SON FLAMENCO: POÉTICA Y DIDÁCTICA DEL FLAMENCO


José Cenizo Jiménez, licenciado, poeta, y escritor prolífico, es un amante de la copla flamenca y un especialista de la metodología para llevarla a los centros docentes, labor a la que ha dedicado media vida. El presente libro lleva una parte teórica sobre el flamenco y los aspectos métricos y temáticos de sus coplas, y una segunda en la que el autor aborda las cuestiones didácticas y metodológicas entre el flamenco y la enseñanza, en la que ofrece ejemplos prácticos para desarrollar en las aulas.

El autor divide el libro en los ocho apartados siguientes: "Breve reseña del flamenco", "Didáctica del flamenco", "El flamenco como recurso didáctico en el área de Lengua Castellana y Literatura", "Didáctica en otras áreas", "Cine y videoteca flamenca", "Direcciones útiles", "Anexo" y "Conclusiones y despedida".

Libro muy interesante para los profesionales de la enseñanza que han de prepararse para la propuesta de llevar el flamenco a la escuela, promesa que ha hecho el Consejero de Cultura tras la denominación de la UNESCO.


Edita: Signatura ediciones
Ciudad: Sevilla-2009
Páginas: 243
ISBN: 978-84-96210-83-7
Depósito Legal: SE-4450-09

miércoles, 27 de abril de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (3)


El amor de la madre, tal como está de manifiesto en las coplas que manejamos, es insustituible por cualquier otro. La madre es la gran protectora, dejando en un muy segundo plano la imagen paterna. Lo decíamos al principio y nos lo vuelve a recordar esta composición del cancionero popular:

Si cual tengo padre
tuviera yo madre
no andarían estos chorrelitos
sin calor de nadie.

Por su respeto se puede llegar a matar, tal como sugiere esta copla de Salvador Rueda que inserta en su "Antología Flamenca":

Si mi madre fuera pobre
y pidiera pan por Dios,
y le dijeran perdona,
estaba en la cárcel yo.

La preocupación de una madre por la suerte de un hijo está perfectamente recogida en esta célebre copla por Taranto que cantaba Concha "La Peñaranda":

Son las tres de la mañana,
dónde estará este muchacho,
si andará bebiendo vino
o estará por ahí borracho
o una mujer me lo ha entretenío.

El amor a la madre también se expresa con comparaciones de tipos diversos. Por ejemplo, en esta copla recogida por el cancionero popular y que habla del desamor por parte de la mujer amada:

"Te quiero más que a mi madre",
muchas veces me decías,
yo no pude figurarme
lo poco que la querías.

Este brevísimo remate que se pone a la Soleá, describe a la perfección el amor a la madre sin más adjetivaciones:

Te quiero yo
más que a la madre
que me parió.

El amor a la mujer amada suele saltarse algunas normas de preferencias:

Te quiero más que a mi vida,
más que a mi padre y mi madre
y si no fuera pecado
más que a la Virgen del Carmen.

Y la sublimación total de la madre en esta copla del cancionero:

Tengo una santa en mi casa
que se parece a mi madre;
es tanta la semejanza
que ni el mismo Dios lo sabe
quién es mi madre o la santa.

O en esta otra:

Un céntimo le di a un pobre
y me bendijo mi madre,
para limosna tan chica
qué recompensa tan grande.

Y lo imposible: el amor llevado desde el cordón umbilical en este desgarrador fandango muy al uso en los años cuarenta:

Un niño estaba llorando
en la tumba de su madre,
y llorando le decía:
tengo frío y mucha hambre,
levántate madre mía.

Y hasta el perdón más sencillo por la mala vida de aquella que le dio el ser en este otro fandango de las tierras de Huelva:

Viejecita y ya ni vé
con lo guapa que ante ha sío,
para criar a sus hijos
se tuvo hasta que vender,
qué buena madre he tenío.

La terrible sensación de desamparo ante la muerte de la madre querida, copla del cancionero de Manuel Balmaseda (1881):

Ya se me murió mi madre
y a Dios le pido llorando
que nunca me desampare.

O esta seguiriya tétrica del mismo autor:

Yo le pagaré
al sepulturero
pa que me entierre donde está mi mare
si acaso me muero.

Toda protección materna se pierde ante su muerte. Nos lo dice este fandango que recoge Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Yo me encuentro por la calle
enfermo y abandonao,
desde que murió mi madre
nadie me quiere a su lao,
con ella debió llevarme.

La orfandad entra, evidentemente, en la escala de las grandes desgracias, tal como registra esta copla recogida por Camilo Gómez Cruz en su libro "La poesía del fandango" (1992):

A un ciego le pregunté
las tres desgracias más grandes:
el querer y no poder,
no tener padre ni madre,
el haber visto y no ver.

Continúan las coplas hablando de la imagen de la madre como la única y verdadera protección:

Cuando mi madre murió
mi hermanillo me abrazaba:
hermano, ya se cayó
el árbol que nos tapaba

Y mañana, un manojo más de coplas.

PUERTA DEL PRÍNCIPE: MORANTE DE LA PUEBLA (3)


MORANTE DE LA PUEBLA

Por Seguiriya, por Soleá, por Debla...
Por derecho, acortando la distancia,
derramando su aroma, su fragancia,
José Antonio Morante, de la Puebla.

De la Puebla del Río, de la orilla
de la ilusión, del arte, de la suerte.
Te vi en la Maestranza y fuera verte
y saberte sentado ya en Sevilla.

Elegante el desplante en verde y oro,
el derechazo, el natural, y luego
el do de pecho y la ovación a coro.

Feria de Abril. Y es cera lo que arde.
Y el aire que olía a nardo, a rosa, a espliego...
¡Inolvidable quinto de la tarde!


Antonio Murciano
"Poeta en la Maestranza"
IV Pregón Taurino de Sevilla 1986
Ediciones Guadalquivir 1999

EL POETA DE LA SEMANA: MANUEL ALCÁNTARA (5)


ARCÁNGEL DE PEREZA

Un arcángel me ronda indiferente, 
oigo sus alas cerca de mi aliento; 
un arcángel me ronda, yo lo siento 
con el peso del aire por mi frente. 
El me enseñó a decir "inútilmente" 
y a darle los propósitos al viento; 
su espada, del metal del desaliento 
se hundió en mi voluntad desobediente. 
Arcángel rondador de la desgana, 
que se lleva el dolor que no me tomo 
para traerlo el día de mañana... 
Sujetas van las penas por las bridas, 
enjaezadas, dolientes, nobles, como 
las mulas al final de las corridas. 
Sólo la ociosidad es mi tarea. 
Las morunas naranjas, gajo a gajo, 
vierten su antiguo zumo, y en el tajo 
se ha vuelto perezosa la pelea. 
Si esto es vivir, que venga Dios y vea 
cómo ando con la vida cuesta abajo... 
Que cuesta estar de pie mucho trabajo 
para después marcharse adonde sea. 
El naufragio que llevo entre las sienes, 
que es verdad que no cabe en cualquier río, 
me trae a mal traer... Y aquí me tienes 
contándole una historia a los desiertos, 
machacando la vida en hierro frío, 
hablando de la muerte con los muertos. 
Lo sabe el corazón. Que no se diga 
que el corazón no sabe lo que tiene. 
Sobre su propia muerte se sostiene 
pero la sangre a veces se fatiga. 
Cansado y todo dice Dios que siga 
habitando el vacío, que se llene 
de noches y de nada... Mientras viene 
uno se echa a dormir. Pereza obliga. 
Con la genealogía de los trinos 
cantando está la antigua voz del arte 
a la insegura sombra de la suerte, 
la memoria se llena de caminos 
pero no llegaré a ninguna parte 
con este corazón de mala muerte. 

Manuel Alcántara

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (132)


AL ENTRAR

Al entrar  al camposanto
saludé a mis  muertos vivos
y mis muertos  vivos eran
sentimientos malheridos.
Pedí auxilio a mis fantasmas
y no me dieron auxilio.
Supe que yo no era  yo.
Dios  me dio al fin  por perdido
y perdido di  yo  a Dios.
Entré  en el reino del Limbo
y decidí  suicidarme.
Dios  se suicidó conmigo.


 México D. F. 25 Abril  2011 

LIBROS CON SON FLAMENCO: POESÍA FLAMENCA


Fue uno de los primeros libros de poesía flamenca que cayó en mis manos éste de Antonio Murciano, con quien más tarde he mantenido y mantengo una fructífera amistad, colaborando juntos en muchas ocasiones. El libro, hoy resueltamente aumentado en sus recientes antologías, fue el germen de su obra poética en materia flamenca, una obra citada en numerosísimas ocasiones en periódicos, revistas, libros y cancioneros.

El autor, que precede su obra con "Letanía y oración a Santa María de los Buenos Cantes". divide el volumen en estos apartados: "El cante", "El baile", "La guitarra", "La Poesía" y "La copla", apartados que engloban 63 poemas.

Libro muy recomendable para los amantes de la poesía y del flamenco.


Edita: Libros Dante
Ciudad: Madrid-1976
Páginas: 149
ISBN: 84-85120-19-1
Depósito Legal: M-32182-1976

martes, 26 de abril de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (2)


La madre también se erige en protagonista de la copla cuando se convierte en la mediadora de las relaciones del hijo con la amada, bien entrometiéndose en las relaciones, bien negándose a ellas o aconsejando por la propia experiencia. En esta ocasión, las coplas que el pueblo creó se dividen en varios bloques: dándole la razón a la madre, teniéndola como consejera o consultora, o estando totalmente enfrentados con la posición maternal. La primera muestra que traemos hoy, recogida del cancionero popular de Álvarez Curiel, se refiere al miedo de la madre a las relaciones de su hijo:

Mi madre a mí me decía
que me tenía que ver
en la cárcel de Almería
por culpa de una mujer.

Con la variante de saber cómo se llamaba la mujer culpable de la privación de libertad:

Mi madre me lo decía
que me tenía que ver
en la cárcel de Almería
por culpa de una mujer
que se llamaba María.

En esta otra se rebela con ella. Cada uno tiene su vida:

Mi madre dice que es pera
y yo digo que es manzana,
mi madre quiso a quien quiso
y yo a quien me dé la gana.

Y en esta se acuerda del consejo ante el amor perdido:

Mi madre me dijo a mí
que cantara y no llorara,
que echara al lao las penas
y de ti no me acordara.

Copla que tiene su variación en el consejo de que sepa guardarla:

Mi madre me dijo un dia
que cantara y no llorara,
que echara penilla al aire
pero que no la olviara,
qué buena era mi madre.

De nuevo, la figura materna se mete en la copla como consejera sabia de amores que no marchaban bien:

Mi madre me lo decía
que contigo no me hablara,
yo la desobedecía,
mira si me salió cara
la desobediencia mía.

También la soleá se erige como conductora de una letra del mismo cariz:

Mi madre me lo decía
que yo a ti no te quisiera,
mira si te conocía.

La seguiriya hiriente ante el temor de la pérdida de la madre en la copla genial de Manuel Balmaseda:

Mi mare está mala,
si llega a morí
a un dibé del cielo llorando le digo
qué será de mí.

Y el miedo ante la desolación de la posible muerte materna:

Mientras mi madre me viva
tengo en mi casa un rincón,
cuando ella se me muera
al asilo me voy yo
por no tener quien me quiera.

Copla que parece que se hace realidad en esta seguiriya recogida por el cancionero popular:

Murió mi madre,
solo me quedé,
desamparao y sin calor de nadie
fatigas pasé.

Ningún amor como el de la madre, ningún beso como el suyo, según recoge el fandango hermoso de Manolo Fregenal:

No son besos de verdad
los besos que son compraos,
que los besos verdaderos
son los que una madre da
y esos no cuestan dineros.

Y el mayor desinterés filial en esta seguiriya desgarradora:

Penas tié mi madre,
penas tengo yo,
y las que siento son las de mi madre,
que las mías no.

La madre también aparece en muchísimas composiciones como mediadora ante graves problemas, tal como cuenta este martinete del cancionero:

Ponte, madre, el mantoncillo
y ven conmigo a la Audiencia
y habla tú con el fiscal
a ver si con tu presencia
me ponen en libertad.

O como madre dolorosa que llora por la pena de sus hijos:

Pobrecita de mi madre,
llorando de pena está,
que vienen los undunares
buscando a mi hermano Juan.

Mañana, queridos blogueros, continuaremos con este manantial de coplas que tienen a la madre como protagonista de los múltiples asuntos de la vida.

PUERTA DEL PRÍNCIPE: ROMERO A CINCO CARTELES (2)


ROMERO A CINCO CARTELES

Así que el Garbo le llena
el corazón de alegría,
y se cambia en mediodía
la noche que lo encadena,
se transfigura en la arena
ese increíble torero
-más que torero, ¡joyero!-
que en el mundo lidiador,
entre la hiel y el clamor,
se llama Curro Romero.

Es un ojalá, un quién sabe,
un vamos a ver, un sí,
un no, a lo mejor aquí,
que en ningún cálculo cabe
si será ceniza o Ave
Fénix del aire torero,
ese bético Durero
del toreo mejor grabado,
al que Sevilla ha llamado
Curro Impar, Curro Romero.

Romero a cinco carteles.
Todo un reto a la ruleta
del capote y la muleta
a los milagros más fieles.
Un suspiro de caireles
se levanta en todo albero,
al pisarlo ese torero
de zapatilla a montera,
al que Sevilla le diera
por nombre, Curro Romero.

Y... ¡viva el verde alamar!
¡Vivan el valor y el miedo!
¡Y viva el "quiero y no puedo"!,
por... lo que pueda pasar.
¡Y viva el callado andar
de ese Albéniz giraldero,
o Almotamid muletero,
color alquimia y habano,
que en el ferial sevillano
se llama Curro Romero!


Francisco Montero Galvache
"El clarín y la palabra"
1995

EL POETA DE LA SEMANA: MANUEL ALCÁNTARA (4)


EL POETA HABLA POR SOLEARES
DE LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE

Cuando termine la muerte,
si dicen: ¡A levantarse!,
a mí que no me despierten.

Que por mucho que lo piense
yo no sé lo que me espera
cuando termine la muerte.

No se incorpore la sangre
ni se mueva la ceniza
si dicen: ¡A levantarse!.

Que yo me conformo siempre
y una vez acostumbrado
a mí que no me despierten.


Manuel Alcántara

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (131)


ELLAS

Ellas,  bellamente  invisibles,
no  me abandonan nunca.
Ellas están aquí, suaves, amorosas.
Nunca  jamás  violentas,
generosas  y dulces,
flotando  en armonía,
fieles,  fieles, muy fieles, fidelísimas .
Que lo invisible nunca nos engaña,
como suele engañarnos lo visible.
Que  en verdad  lo invisible
es lo  único real.
No hay  más  fuerza real
que lo invisible,
poderoso poder que  jamás cambia
y  cambia,  instante a instante,
desconcertante  paradoja,
todo aquello que creemos  visible.
Ellas,  bellamente  invisibles,
no me  abandonan nunca,
que ellas  son el hogar
donde  he  vivido  siempre
y vivo y canto ahora
y siempre viviré;
pues  son ellas la vida
y aunque  visible  en todo,
son porque son y son
lo  sagrado  invisible,
que  mueve la energía y la poesía 
invisible y sagrada
que  mueve a la  Creación,
en constante y radiante  movimiento.

   
   México D. F. 23 Abril  2011

LIBROS CON SON FLAMENCO: POESÍA FLAMENCA


Con el subtítulo "Análisis de los rasgos populares y flamencos en la obra poética de Antonio Murciano", María del Carmen García Tejera, profesora de Crítica Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz, analiza en este ensayo la amplísima obra flamenca del poeta de Arcos de la Frontera Antonio Murciano, así como los antecedente de la lírica flamenca a través de otros poetas.

La profesora divide el libro en los siguientes apartados: "El flamenco en la poesía española", "La huella del flamenco en la poesía del siglo XX", "Flamenco y poesía, hoy", "Datos para una biografía de Antonio Murciano", "Perfil del Cante", "El flamenco en la poesía navideña de Antonio Murciano", "Poesía Flamenca", "Estudio métrico de la primera parte", "Estudio temático de la primera parte", "Estudio estilísticos de la primera parte", "Estudio métrico-temático de la segunda parte", "Características del estilo en la letra flamenca aplicadas a la copla", "Apéndice", "Conclusiones generales" y "Bibliografía".

Libro muy interesante para los entendidos que quieran visionar de manera intelectual la poética de Murciano.


Edita: Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz
Ciudad: Cádiz-1986
Páginas: 380
ISBN: 84-600-4207-3
Depósito Legal: CA-3-86
Adquisición: Servicio de Publicaciones
Domicilio: Doctor Marañón, 3. 11002-CÁDIZ
Teléfono: 956-015268
Correo electrónico: publicaciones@uca.es

lunes, 25 de abril de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (1)


La trilogía de intenciones en el cancionero flamenco, siempre gira en torno a tres conceptos básicos que se manejan en un gran tanto por ciento de las coplas: el amor, la vida y la muerte. Sobre estos tres soportes se construye gran parte de la lírica andaluza. Pero de ellos, la mayor cantidad de coplas giran en torno a la madre: como invocación en momentos difíciles, describiendo su amor generoso, comparándola con el más alto concepto de la belleza, enfrentándola al amor de la novia o de la propia mujer, elevándola en su sabiduría y sublimándola en la mayoría de sus perfiles. La muerte de la madre tiene un gran protagonismo en la lírica de tipo popular, no así el padre, siendo también la principal protagonista en temas de celos, amores y enfrentamientos.

Lo deja bien claro esta copla por seguiriya recogida del cancionero popular:

Como tengo a mi padre
tuviera a mi madre,
nunca estuviera en casita ajena
en manos de nadie.

O este fandango del Alosno que se hizo tan popular:

Cuando se muere una madre
se caen siete columnas,
y cuando se muere un padre
no se cae más que una,
siendo cariños iguales.

Hasta el mismo padre comprende en la lírica popular la fuerza fundamental del matriarcado. Recoge esta copla Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

Cuando se murió mi madre
la tierra tembló aquel día,
mi padre desconsolao
llorando así me decía:
¡El fin del mundo ha llegao!

En este trabajo que hoy comenzamos, y que he ido preparando tras largos meses de acopio de material, vamos a contemplar la imagen de la madre tratada por medio de las coplas en el cancionero popular. Para ello, he utilizado, aparte de la tradición oral, los importantes cancioneros al uso que nos dejaron Antonio Machado Álvarez "Demófilo", Fernán Caballero, Rodríguez Marín, Álvarez Curiel, José María Pérez Orozco y Alberto Fernández Bañuls, José Calles, Manuel Garrido Palacios y gran parte de la discografía existente. Por otra parte, he recurrido también a los cancioneros de autores, siendo los principales consultados los de Manuel Balmaseda, Manuel Machado, José Carlos de Luna, Alcalá Venceslada, José el de la Tomasa, José Luis Rodríguez Ojeda, Camilo Gómez Cruz, José Cenizo, Juan Peña, José Manrique, Andrés Ruiz, Antonio Flores, Pencho Cros, Juan Manuel Villén, José Sánchez Bernal "Naranjito de Triana", Salvador Rueda, Julio Porlán, Ginés Jorquera, José Prada, Miguel Ángel Villar, Ángel Roca y Daniel Pineda Novo, entre otros.

Debo advertir que en este trabajo se quedarán fuera muchas coplas, ya que nuestro propósito sólo es el de acercar parte de ese material a los lectores interesados en este hermoso tema en el que el pueblo, una vez más, deja su impronta de exquisito poeta anónimo. De todas formas, alrededor de 500 coplas van a ser analizadas en este pequeño trabajo que someto a vuestra lectura y crítica.

Aunque casi todos los "palos" del flamenco gozan de alguna copla que tiene a la madre como protagonista, se decantan para ser interpretados los temas por Soleá, Martinete, Carcelera y Seguiriya, aunque también se manifiestan, pero en menor cantidad, en Fandango y Nana. Al existir muchos temas carcelarios, es normal que estas letras se prodiguen más, como he dicho, en la estructura métrica de la Carcelera y en muchísimas de la Seguiriya, al ser estos unos "palos" que casi siempre nos hablan en sus coplas de quejas lastimosas y de privación de libertad.

Al ser letras tomadas de diversos cancioneros, estas se irán cruzando mezclando el castellano puro, algunos léxicos de la pronunciación andaluza, términos del "caló" o lengua gitana, así como de germanía y jergal. Valga un ejemplo en esta copla de soleá que habla del recuerdo perpetuo de la madre y que pertenece al cancionero popular, encontrándose reflejada en algunos con leves variantes que no desfiguran su mensaje:

A la mare de mi alma
lo que la camelo yo,
siempre la tengo metía
dentro de mi corazón.

Es muy constante el ruego a alguna advocación religiosa implorando la mejoría de la enfermedad materna, como en esta seguiriya que cita al Cristo de la Cárcel, con mucha devoción en Mairena del Alcor:

Al Cristo de la Cárcel
yo le estoy pidiendo
pa que la mare de las mías entrañas
no siga sufriendo.

Ruego que algunas veces se convierte en claro reproche por la denegación de una petición:

Con la Virgen del Carmen
estoy enojao,
que le había pedío la libertá'e mi mare,
no me la ha otorgao.

El amor de la madre se convierte en reverencia inmensa en esta Toná, cantada por Antonio Mairena, y en la que se habla en su copla popular del desprendimiento natural materno:

Dios se lo pague a la pobre de mi bata
por lo bien que conmigo lo hacía,
que tos los días que tenía el año
a mí me llevaba la comía.

Y, algunas veces, en reverencia a algún tito que hace "favores" a la madre, tal como recoge el cancionero popular:

El tío Frasquito de Huéjar
le hizo a mi madre un niño,
ya tengo un hermano más,
Dios se lo pague a Frasquito.

No pocas veces la copla, referente a la madre, habla de sepulturas, velatorios y sepelios. La tristeza del mensaje alcanza el cénit en letras como esta que cantaba y dejó grabada el jerezano don Antonio Chacón:

En la tumba de mi madre
a dar gritos me ponía
y escuché un eco del viento:
No la llames, me decía,
que no responden los muertos.

Copla que tiene una variación, a partir del segundo verso, en el fandango alosneño que también registra el cancionero:

En la tumba de mi madre
flores no quieren nacer,
y en las demás sepulturas
las veo prevalecer,
yo lloro con amargura.

El amor desde niño a la madre también se encuentra registrado, como en esta copla por Petenera, escrita y cantada por "Naranjito de Triana", y recogida en el libro "De la tierra al aire" (1992):

Llorando un niño decía:
Mi mare está en una estrella,
yo me quisiera morir
pa subí al cielo con ella,
que está muy sola sin mí.

Aunque es verdad que el amor de la madre siempre es sublimado, más verdad es aquello del refrán de que el tiempo lo borra todo. Lo dice el fandango de Alosno:

Me faltó la madre mía,
loco me creí volver,
y luego a los pocos días
volví a reír otra vez,
hasta una madre se olvía.

Y mañana continuaremos con este tema apasionante que ojalá guste a los seguidores de este blog en el que el cancionero tiene un lugar de honor.