viernes, 27 de mayo de 2011

HOY SE SABE QUIÉN SERÁ EL GANADOR DE LA DISTINCIÓN "COMPÁS DEL CANTE"


Siempre es un día importante para la historia del flamenco actual, el día que se reúnen los miembros del Jurado de la Distinción "Compás del Cante", creada y auspiciada por la Fundación Cruzcampo, a la que el crítico Manuel Martín Martín  le dejó para siempre en una de sus crónicas ser y significar el "Nobel del Flamenco".

En esta ocasión, se llega a la XXVI edición de la misma, en las que geniales artistas del cante, el baile y el toque se alzaron con el hermoso galardón del escultor Jesús Gavira. Este año, los miembros del Jurado, que se darán cita a las 12 del mediodía en las instalaciones de la institución, son los siguientes: Nicolás Muela Velasco, José Luque Navajas, Antonino Parrilla, Juan Peña Fernández "Lebrijano", Francisco Perujo Serrano, Gonzalo Rojo Guerrero y Emilio Jiménez Díaz, Secretario del Jurado con voz y voto.

Siempre es una gran responsabilidad, pero espero que el resultado final, como el del año pasado que fue a parar a manos de "Pansequito", sea todo un éxito y esté valorado por la afición.

Esta tarde, una vez sabido el fallo, pondré en estas misma páginas el nombre del galardonado/a. ¡Suerte!

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (3)


Un silbido desgraciado sobre el redondel duele más que la cogida de un Miura de los que pastan en Zahariche. Un grito a destiempo es una puñalada viva en el quiebro ceñido de la chicuelina en el que va prendido el alma del torero. Un insulto desde las gradas es cornada mortal, aviso de cloroformo sobre la piel sensible de quien se la deja, desde que hace el paseillo, para deleite y disfrute de aquellos que dicen gozar de paladar.

Confieso que soy "currista" y del Betis, y aguanto con estoicismo y humor las chanzas de mis amigos cuando me dicen: -¿Entonces, Emilio, cuándo te diviertes? Quizás no sepan ellos que mientras el fútbol sí que es pura y cara diversión, el toreo es otra cosa, demasiado seria: la lucha, poder a poder, de la fiera y el hombre, de la bravura con la inteligencia, del garbo y el señorío contra una noble mole que lleva la gloria y la muerte en sus dos velas alzadas y astifinas. En el fútbol existen técnicas, pizarras, entrenamientos, y son once hombres al frente de otros once. En el teatro se ensaya y sólo existe el miedo de no responder a la réplica del personaje cuando alza el maquinista el portalón del telón de embocadura. En el flamenco, Arte en el que he dejado media vida, cuentan las facultades, el rasgo del intérprete y el eco..., pero nos hay más riesgos que unos "guisquis" de más, la rozadura de una cuerda vocal o el mal acople con la sonanta de turno. En el toreo no, seguro que no. Cuando suenan los clarines nadie sabe con qué mala uva, o con qué honor de su divisa, atraviesa el portón la vida del triunfo o el luto de la historia. Todo es tempestad en ese momento cumbre..., porque el toro no es un simulacro, sino sangre viva y alterada. Porque el toro no es un tercio del cante que se lleva y abaniquea con mayor o menor poder, sino cumbre altiva, espadaña de codicias, torrentera de dehesas. Porque el toro no es un balón que, con más o menos habilidad, y con franquicia, entra o no dentro de unas fronteras físicas. El toro, queridos aficionados, es mucho más: astro y rey del anillo dorado, genio vivo, nervioso y descarado que lleva en sus puñales afilados facas contrabandistas que nada perdonan, el laurel y la esquela, el hombro y el mármol, el dinero y la miseria, el piropo más encendido y la primera estrofa del Padre Nuestro...

Que pregunten en Hinojosa del Duque por "Panchón", o por José Cándido en el salinero Puerto de Santa María, o por Pepe-Hillo en Madrid, o a las piedras maestrantes del coso de Ronda por el gran utrerano que fue Curro Guillén. Que anden las huellas de la antigua plaza de la calle de Alcalá y registren los últimos ayes de Manuel Parra y de "Pepete" -el primer torero muerto por las astas de un Miura-, de "El Espartero" y de Florentino Ballesteros, de Manuel Granero y del gran rey de la verónica que fue mi paisano Curro Puya. Que se imaginen la sangre de Pascual Márquez y aprendan lo que era por entonces la divisa de Concha y Sierra. Que rebusquen en los anales de la Maestranza sevillana el agónico suspiro del picador Marcos Sáez, o en el cercana Baeza el de Manuel Fuentes Rodríguez "Bocanegra", o en la campera y tristemente desaparecida Plaza de los Tejares el último y sangrante adiós de "Manene". O en la marinera Cartago por la valentía, hecha añicos, de Fermín Muñoz "Corchaíto". Que se acerquen los agnósticos más reacios de la fiesta a la olivarera Jae´n y apresen en sus memorias el hielo hecho sudor de "Parejito"; o a Barcelona, donde caía en la Plaza de las Arenas, por un miureño llamado "Desertor", Domingo del Campo "Dominguín". Que se empapen de Antonio Montes, de Manuel Lara "El Jerezano"; de José Claro, el "Pepete" sevillano que dejó su sangre en Murcia por querer salvar la vida de su picaor..., o vayan a la mediterránea Málaga por ver si aún se encuentra el último aliento de Manuel Báez "Litri"...

Si todavía le gritan a la hermosa composición estética del hombre frente al toro, por creer que hay engaños de por medio, que no duden en acudir al hermoso y cerámico coso de Linares y que pregunten por vuestro califal Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete"; o a Talavera para recoger entre sus dudas la trágica expresión de "Joselito", o a Manzanares para guardar la penúltima lágrima de Ignacio, cuya sangre no quería ver Federico sobre la arena; o busquen por las esquinas de la lejana Barceloneta la flor puntillera de Rafael Bejarano "La Pasera", o vayan a la verde Cantabria y pregunten en Santander por el gran varilarguero que fue Rafael Moreno "Pica", o que se acerquen por Vista Alegre y la muerte les traiga la tristeza doloridamente jonda de Luis Rivas Servián.

Pero, si con todo, tampoco creen en esta historia por anciana ya en nuestros tiempos, que echen sus miradas denunciadoras por Pozoblanco y busquen la otra mirada, velada y agónica, en plena juventud, de Francisco Rivera "Paquirri"; o aún más, que se acerquen a una Maestranza vestida de luto entre tantas vales y alberados arcos el pasado año, y metan sus manos, como santo Tomás, en las heridas de dos cuerpos de plata perdidos en los pitones de la fiesta, y se empapen con la sangre todavía fresca en la trágica memoria de "Montoliú" y de Soto Vargas...

-¡Toro, que vengo por ti!
-¡Yo por ti vengo, torero!
-¡Toro, que no me das miedo,
aunque un gran respeto sí!

Y entre percal y franela,
y con la tela embebida
al envite de las suertes
dos verdades van medidas:
la que te alza en la vida
o te desangra en la muerte.

-¡Torito..., venía por ti!
-¡Yo por ti venía, torero,
y mira que te advertí.
Lástima que en este albero
y por el pitón del miedo
me tocó la gloria a mí!

Y es verdad que siempre se canta a los toreros que sufrieron esa especie de gloria de la muerte en el mágico círculo donde la esperanza en la vida y el infinito de las sombras se dan la mano a cada instante. ¿Y por qué no al toro, si al final, cuando a uno se le trunca el triunfo y el otro va a una verdad cierta que lleva entre sus astas, pasan para siempre, y juntos, a esas dehesas simbólicas de la eternidad?


EL POETA DE LA SEMANA: RAFAEL DE LEÓN (7)


He comprado tres puñales
para que me des la muerte...

El primero, indiferencia,
sonrisa que va y que viene
y que se adentra en la carne
como una rosa de nieve.

El segundo, de traición;
mi espalda ya lo presiente,
dejando sin primavera
un árbol de venas verdes.

Y el último acero frío,
por si valentía tienes
y me dejas, cara a cara,
amor, de cuerpo presente.

He comprado tres puñales
para que me des la muerte...


Rafael de León

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (162)


MI LLAMA

Se va apagando,
mi llama se va apagando,
mi llama, que quiso ser
sol y canto.

Se apaga,
se va apagando,
se  va apagando mi llama,
mi  llama se va apagando.

¿Se va  apagando?

Un soplo de amor de súbito
la transforma en llamarada
y,  mi llama,
es un milagro,
un incendio
de luz  niña iluminada,
de luz  viva
vivamente  apasionada.

     México  D. F. 24  Mayo  2011

LIBROS CON SON FLAMENCO: "TORRES-MACARENA"


Con el subtítulo "25 años en el corazón del flamenco", este libro se editó con motivo del XXV Aniversario de la Peña Flamenca "Torres-Macarena" (1974-1999), recogiéndose en él toda la historia de la entidad, desde sus inicios en la modestísima sede de la calle Torres, pasando por sus importantes realizaciones, hasta la consecución de la amplia casa solariega de la calle Torrijiano.

Con la coordinación de Emilio Jiménez Díaz y la colaboración de Jerónimo Roldán Pardo, en este libro, que hoy se contempla con el placer de las cosas realizadas, están las mínimas y las grandes hazañas y la historia de todos los actos y el quehacer de todos y cada uno de los presidentes que por ella pasaron, algunos tan emblemáticos como Juan Campos Navarro -su fundador- o Manuel Centeno Fernández, el gran impulsor de la entidad. Se completa el ejemplar con numerosísimas fotografías de los actos en ella realizados, así como carteles de algunos de sus actos más representativos.


Edita: Peña Cultural Flamenca "Torres-Macarena"
Ciudad: Sevilla-1999
Páginas: 143
ISBN: No consta
Depósito Legal: SE-224-2000

jueves, 26 de mayo de 2011

PÁRESE, POR FAVOR, A PENSAR (3)


José Manuel Holgado es un amante de coleccionar graffitis robados con su objetivo, y en la Cava de los Civiles de Triana, frente por frente al colegio José María Izquierdo, alias "Procurador", que en parte se refleja en la imagen, ha hecho una nueva conquista, en el mismo lugar donde antes se asentaban las viejas carpinterías dedicadas a la fabricación de sillas artesanas, más tarde tuvo lugar un taller de marmolista en el que se veía desde la calle trabajar sobre la losa del pesado sello de la muerte, y por último una tienda dedicada a muebles de cocinas, armarios y puertas con diseños de la alta modernidad.

Sobre tanta febril actividad anterior, la huella de la crisis ha puesto su llaga en el rostro y en el corazón del local. En palabras de José Hierro, "parece que todos se hayan ido, o muerto". Como punto de atención de la mirada, la frase del graffiti nos connvoca a la reflexión: "Tengo hambre", apoyada por un símbolo o firma que no acierto a descifrar. ¿Pero quién tiene hambre? ¿Será el dueño del establecimiento el que ante la falta de clientes, por culpa de los impagos y de los altos impuestos y de la avariciosa negación de los bancos a dar créditos ha caído en el hoyo en el que ya se encuentran millones de españoles? ¿Será, quizás, uno de los cientos de menesterosos de los que van en busca de un plato de comida, andando unos pasos por la misma acera, al comedor social de las Hijas de la Caridad? ¿Será alguien que tiene verdadera hambre de justicia social y de igualdad tal como recoge una Constitución que en pocos puntos cumple su cometido?

Hambre, hambre, hambre, todos tenemos hambre voraz de que este desbarajuste que se ha propiciado a la humanidad se arregle cuanto antes, y habrá que gritarlo por todas las esquinas, por todos los escaparates en los que ayer veíamos el latir de una sociedad y hoy las señas de una muerte profunda.

Hasta el árbol que sale del mínimo alcorque, está tendido hacia una muerte próxima. Sólo le falta el leve viento  de una triste tarde de otoño para el adiós definitivo.


Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (15)


Quedó la última y sin ningún voto en aquel fatídico festival de Eurovisión en el que su "barca" no bogaba bien por el mundo de los gustos, pero si Remedios Amaya se hubiese presentado a un festival de ojos, seguro que se hubiese llevado el primer premio, tal la belleza y el fuego de los mismos. Ojos que enganchan a cualquiera y a los que se les podía dedicar la soleá que compuso José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

Las rositas tienen pinchos
y tus ojitos anzuelos
en donde yo me arreguincho.

Ojos que devuelven la alegría a cualquiera, como nos dice esta copla registrada por Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Cuando tus ojos me miran
siento en el fondo del alma
una esperanza que llega
y una pena que se marcha.

Ojos por los que uno no tiene más remedio que llorar cuando se ausentan, tal como reza esta copla anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Con lágrimas en los ojos
yo me despido de ti,
te pido que no me olvides,
que me quieras sólo a mí,
de ese gusto no me prives.

Ojos para dejarse mirar por ellos aunque sea por el postiguillo, según la copla anotada por Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco en el libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983):

Cuando paso por tu puerta
cierras y echas los cerrojos,
pero por el postiguillo
me están mirando tus ojos.

Ojos para tener suerte con ellos, tal como recoge el mismo cancionero:

Los ojitos de tu cara
si yo tuviera la suerte
que sólo a mí me miraran.

Ojos también para arrepentirse de haberlos miradas, según la copla que anotó "Demófilo" en 1881:

Los ojitos e mi cara
se m'habían de habé sartao
porque han mirao con cariño
ar que mar pago l'ha dao.

O en esta otra en la que se comprueba lo peligroso del querer, anotada por el mismo folklorista:

Los ojitos e mi cara
tienen los cristales muertos,
s'han metío en er queré,
no saben lo que s'han jecho.

Los amores imposibles hacen llorar a los hombres, y así nos lo cuenta esta copla que anotó Gabriel Maria Vergara:

Lágrimas pido a mis ojos
y no hay lágrimas en ellos.
¡Tanto he llorado por ti
que ya ni lágrimas tengo!

Aunque hay quien llora y no sólo por unos ojos hermosos. La copla la anotó Francisco Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Mis ojos lloran por verte,
mi boquita por hablarte.
mis labios por darte un beso,
mis brazos por abrazarte.

Los sentimientos hacia la amada no sirven para nada si no son correspondidos:

Mis ojos te están diciendo
lo que sufre el alma mía,
tienes tan mal sentimiento
que te sirve de alegría
lo que yo estoy padeciendo.

Para que no ocurra lo anterior, debe hacerse caso del consejo de la copla de "Don Preciso":

Si la pasión te ciega,
mira primero
donde pones los ojos,
no llores luego:
los ojos abre,
mira que cuando acuerdes
ya será tarde.

Cuestión será de aclararse antes de caer prendido en las redes de unos ojos. Francisco Rodríguez Marín anotó esta copla en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Si me miras, me matas;
si no, me muero;
mátame, vida mía,
que morir quiero.

Muchas veces se maldice la hora en que se conoció a la amada. La copla es de Manuel Machado, publicada en su libro "Cante hondo" (1912):

Maldita sea la hora
en que penetré en tu casa,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios granas.

Pero en otras, las penas se buscan a conciencia. Nos lo dice la copla anotada por Álvarez Curiel en referencia a unos ojos negros:

Tengo mi corazón puesto
en una cara morena
y en unos ojitos negros:
para qué quiero más pena.

Aunque, tal vez, para ojos-ojos los que nos retrata Antonio Flores en esta soleá de su libro "Partitura flamenca" (1998):

Tiene los ojos de mora
es blanca como la luna
y brilla como la aurora.

El aborrecimiento por el puro amor es cosa que hemos visto con frecuencia en este manojo de coplas. Álvarez Curiel fue quien registró la siguiente:

Lloran mis ojos por verte,
tú renuevas mis martirios,
mira si es negra mi suerte
que te quiero con delirio
y tengo que aborrecerte.

Cuando la mirada no es limpia también lo deja registrado la copla, como en ésta de Juan Peña, publicada en su libro "Nuevas letras flamencas" (2000):

Lo que miro lo pervierto.
Todo lo que ven mis ojos
lo ensucia ya el pensamiento.

El símil con el sistema planetario tiene que ver mucho con los ojos. Fernán Caballero la publicó el año 1861:

Es tu cara la luna,
la redondita,
y tus ojos luceros
que la visitan.

A pesar de que haya ojos que desmienten con la boca lo que hablan. El cancionero popular andaluz, nos trae esta copla:

Esta gitana está loca,
lo que dice con los ojos
lo desmiente con la boca.

En azules se puede engarzar un corazón que no se prevenga de los ojos. La copla la registra José Cenizo Jiménez en su libro "Poética y didáctica del flamenco" (2009):

De garza tienes el cuello,
y garzos tus ojos son,
y así tengo yo engarzado
tu amor en mi corazón.

¿Nos pegamos un descansito hoy? ¡Vale! Es que de tanto mirar ojos tan bellos, tan traidores y asesinos, tan de cielo, tan perversos, tan enamorados..., tengo cansadas las pupilas. Mañana será otro día.

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (2)


Anteriormente nombraba a mi Capillita del Carmen, faro marinero y mariano de mi Triana natal. Y ahora, cuando en verdad voy a recibir a portagayola al toro de este pregón, me acuerdo de aquella coplilla que mi maestro, Manuel Barrios, incluyó en una hermosa y breve antología en homenaje a Fernando Villalón: aquel apuesto garrochista, ganadero que soñaba en conseguir toros de ojos verdes, y temperamental poeta de rutas contrabandistas, palos de majuagüa y marismeños atardeceres:

¡Ay, Madrecita del Carmen,
qué pena tan grande es
que me salga un toro bravo
y yo no pueda con él!

Porque la verdad, queridos amigos, es que gran valor hay que tener, si no se acompaña uno del Custodio de vuestra ciudad, adosado en las esquinas de vuestras calles, en los rincones de vuestras plazas, en las piedras de vuestros puentes, en la recoleta intimidad en flor de vuestros patios, y en ese otro intimismo de vuestras almas, para dar un pregón taurino en tierra de tan grandes entendidos, tantísimas tertulias -¡qué pena la de la calle Gondomar, cerrada por las llaves del luto!- y no pocas plumas expertas en estos menesteres que con amor, y muchísimo humor, dejaron colgados en las páginas -sepiadas ya por el tiempo-, apodos tan entrañables como "Triquitraque", "Don Canuto", "Selarom", "Julifer", "Paco Pica Poco", "El Pico" o "Tío Caniyitas", entre otros muchos especialistas del tema que desde tiempos inmemoriales hasta los nuestros, como le pasa a José Luis Sánchez Garrido, el sdempiterno "José Luis de Córdoba", son los que verdaderamente han hecho, natural a natural, quiebro a quiebro, minuto a minuto, tras una serie de muletazos intensos y faroleados de lápiz y papel sobre sus manos, el pregón vivo de una ciudad viva que siempre se ha espejeado en la torería para mirarse en sus tesoros del Arte, del Valor y del Duende.

¡Quién sabe si ya en aquella primera y legendaria corrida del año 1492, que en el Alcázar de los Reyes Cristianos se celebró en honor y divertimento del Príncipe Don Juan, o allá por algún balcón de la espaciosa Plaza de la Corredera, o por la Feria, o por la Magdalena, o por el sitio taurino al que siempre habéis nombrado con el bendito nombre de Campo de la Merced, y en las antiguas calendas que van del siglo XV a principios del XIX, no había por entre sus quicios los ojos avizores de algunos cronistas que llevaban en sus lenguas y ademanes el sublime pregón de una Córdoba que cantaba las gestas más que bravas de la fiera sobre el hombre, canto del valor más que del Arte, voz engrandecida y pregonera en corrillos de la temeridad sometida al temple de una muleta que inventó -serrano tenía que ser- el maestro Francisco Romero, fundador de toda una dinastía y el primer valiente que mató a un toro cuerpo a cuerpo, y a pie firme, marcando sobre los lanceadores los inicios de ese toreo que, con sus distintas suertes, gozamos en nuestros días!

El apellido Romero
me huele a lentizco y jara,
a toro, sierra y torero.

A torero, sierra y toro
y a mantillas de diez blondas.
¡Ay, qué bien le sienta a Ronda
un Romero sobre el oro!

Hoy, para esbozar la esplendidez de esa gran parcela taurina en la que Córdoba tiene tan alta voz y voto por lo hombres, triunfos y muertes que ha dado a la historia sublime: esa que quieren cargarse con banderillas negras los falsos ecologistas y gran parte de los mal llamados "pueblos cívicos de Europa", que no han dudado nunca en integrar la corrupción, la inmoralidad y la droga, el miedo y el hambre, cuando no el genocidio como sistema encubierto en el recuerdo del mundo, ha venido desde la misma margen de la orilla derecha del Río Grande, donde están situadas en sus burladeros de agua Triana y Córdoba, a cantar a un puñado de valientes que se jugaron la muerte, o mejor, la vida en el envite; hombres a los que les temblaron las piernas y el corazón cuando se abrían, de par en par, el negro portalón de los chiqueros..., y veían, o no querían ver, al enemigo de frente, a dos puñales buscando pelea en el mágico círculo de la lidia, aunque el torero rezase por lo bajini entre sus miedos:

Nadie se lleve ese toro,
aunque la gente se espante,
que no hay un torito malo
con un torero delante.

Pues aquí me tienes, Córdoba, como único espada frente al toro lírico de este pregón taurino al que quisiera recibir con mi capote en una tanda de verónicas lentas. No esperéis la brega de fechas, datos o listas..., que ya para eso está el "Cossío". El pregón es un canto sencillo, aunque adornado, a veces, de humildes y cadenciosas melodías. Y por estos aires, matizando las suertes como Dios me dé a entender, intentaré lidiar a ese torito al que voy a lancear, llevándolo encelado a punta de capa, por el húmedo burladero que va desde Córdoba a Sevilla.

Habría que preguntarse antes de que se abran los toriles del miedo: ¿Qué es la fiesta? Que no todo es oro y aplauso y triunfo en ese encuentro de la vida y la muerte. Que no todo son marquesas, folklóricas y señoritas de la alta sociedad por entre los perfiles casamenteros o caprichosos del torero. Que no todo son los ríos caudalosos del dinero. Hay mucho sudor y mucha lágrima detrás de muchas tardes. Y mucho escalofrío cuando llega la hora mágica y se escucha el primer toque de clarín. Y muchas palpitaciones bajo el oro de los alamares pensando en las sombras lúgubres de los chiqueros.

Ni hay tanta verdad ni tanta mentira. A la gran tragedia que es el Toreo en sí, le sobran gentes que todo lo quieren saber desde la cómoda posición de los tendidos, y son incapaces de ser peones de brega o simples auxiliadores, en tardes complicadas, echando al menos sobre el ruedo el capote fortuito de la comprensión, la crítica amable o el aplauso estimativo, aún en tardes en las que el diestro tiene la suerte de espaldas a su pundonor, la lidia regular de sus subalternos y dos pitones asesinos de un manso con clara querencia a hacer clavel de sangre, sobre el amarillo albero, de un hombre joven al que sólo anima, desde el palco real de su camarín, la Virgen de los Dolores.


EL POETA DE LA SEMANA: RAFAEL DE LEÓN (6)



I
Lo mataron en Granada,
una tarde de verano
y todo el cielo gitano
recibió la puñalada...

Sangre en verso derramada,
poesía dulce y roja
que toda la vega moja
en amargo desconsuelo
"sin paño de terciopelo
ni cáliz que la recoja".

¯
(Por cielos de ceniza
se va el poeta;
la frente se le riza
como veleta.
Toda Granada
es una plazoleta
deshabitada)
¯
II

"Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos".
En la palma de sus manos
como un niño lo traían...

Las mujeres se rompían
los volantes de la enagua,
y el Darro bailaba el agua
en un triste soniquete
que sonaba a martinete
y a cante grande de fragua...

¯
(¡Encended los faroles;
romped el velo;
cantad por "caracoles",
que viene el duelo!
¡Como una espada,
llevadlo, así, entre "oles"
por su Granada)
¯

III

No te vayas buen amigo
quédate aquí con nosotros;
están soltando los potros
junto a lo verde del trigo...

Están soñando contigo
temblando de calentura,
gitanas de piel oscura
y brillante cabellera
y hay una boca que espera
morderte labio y cintura...

¯
(Desnúdate deprisa,
que vengo herido;
quédate con la risa
como vestido...
Quiero beberte
y que luego dormido
venga la muerte...)
¯
IV

"Rosa de los Camborios
gime sentada a la puerta"
medio viva y medio muerta
entre paños mortuorios.

A la luz de los velorios,
con pena de jazmín chico,
cual dos palomas sin pico
muestra sus pechos helados,
heridos y acuchillados
lo mismo que Federico.

¯
(¡Que doble, bronce y plata,
la Vela, Vela,
que se ha muerto la nata
de la canela!
Mi bien amado
de limón y ciruela
va amortajado...)
¯
V

Ignacio Sánchez Mejías
"con toda su muerte al hombro"
sale pálido de asombro
a las barandas sombrías...

Todas las ganaderías
mugen a la misma hora
y en el filo de la aurora,
junto a los bravos erales,
sobre el mar de los trigales,
la brisa también lo llora...

¯
(¡Ignacio, dame el vaso
con el ungüento;
no puedo dar un paso,
ya no me siento!
Quiero abrazarte,
pero me ciega un viento
de parte a parte...)
¯
VI

Dentro de su traje oscuro
te nombra Bernarda Alba...
la tarde pinta de malva
la rosa blanca del muro.

En la calle pisa duro
un caballo sin jinete;
dan en la torre las siete
y Angustias, con voz sombría,
solloza un Ave María
derrumbada en el poyete.

¯
(Por la tapia del huerto
te llamé en vano...
-¡Dime que no está muerto
Pepe, el Romano!-
Ciego de zambra,
con un Ángel gitano
va por la Alhambra...)
¯
VII

-¿De quién es ese lamento
que sobre la noche rueda?...
-De Marianita Pineda,
que está bordando en el viento...

Con hilos de sentimiento,
a la vez que borda y canta
y con mano fina planta
entre sangrientos jardines
una rosa de carmines
que enjoyará su garganta...

¯
(¿Qué bordas, Marianita,
sobre esa tela?
La flor para una cita
que me desvela...
¡En seda cuaja
lo que Granada grita
que es su mortaja...)
¯
VIII

"¡Hijo con un cuchillito
que apenas cabe en la mano",
de tu romance gitano
cortaron la flor del grito!

¡Ay, qué dolor infinito
de pedernal y de rosa;
voy y vengo como loca
sin que consolarme pueda
porque ni un hijo me queda
para llevarme a la boca!

¯
(Aquel traje de pana
que se ponía...
Aquella faja grana
que se ceñía...
¡Tanto cuidarlo,
y una flor de canana
para matarlo!).
¯
IX

Desde su balcón volado,
pálida, triste y mocita,
te llama Doña Rosita,
con el aliento apagado...

Un heliotropo morado
le acuchilla las ojeras
y corta con sus tijeras
adormecidas de herrumbre
su corazón hecho lumbre
por cincuenta primaveras...

¯
(¿Quién cambió los papeles
en el piano?
¿Quién secó los claveles
de mi verano...?
¡Ay, qué tormento!
¿Dónde estás, primo hermano,
que no te siento?)
¯
X

Sobre el hoyo de la cama
donde su flor se le mustia
igual que un río de angustia
una mujer se derrama...

Llama en vano, llama y llama
al hijo que se le esconde...
-¿En qué jardines, en dónde,
hallar mi nardo de esperma...?

Grito preñado de Yerma
al que el hijo no responde...

¯
(¡A la nana, mi niño,
que es madrugada...!
¡A la nana, cariño,
flor de Granada!
¡Si yo pudiera
quedarme embarazada
yo te pariera!)
-

XI

"Antonio Torres Heredia
Camborio de dura crin",
llora al filo de la media
noche por el Albaicín...

Suena la voz de un muecín
como una fuente delgada,
y desde Sierra Nevada,
una paloma doliente,
baja a besarle la frente
al poeta de Granada...

(¿A dónde vas, amigo,
con tu secreto?
Te llevarás conmigo
voz y soneto...
¡Cómo gemía
dentro de tu esqueleto
la poesía!)


Rafael de León

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (161)


HOY

Hoy me acuerdo,
y no sé por qué me acuerdo,
pero hoy,
amigos míos  ya muertos,
me acuerdo
de los mecheros de yesca
con que encendían sus cigarros
aquellos  hombres de tierra,
curtidos por el trabajo,
de mi pueblo.

Me acuerdo,
¡y cómo, amigos,  me acuerdo!,
de  aquellos toscos  mecheros
de  yesca.
    
     México D. F. 22 Mayo 2011

LIBROS CON SON FLAMENCO: TEORÍA DEL CANTE JONDO


Con motivo del XV Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba se reeditó este magnífico estudio del profesor Hipólito Rossy, uno de nuestros más eminentes músicos y folkloristas. Independientemente del trabajo que desarrolla sobre las posibles influencias del cante, Rossy disecciona en la segunda parte, con pericia y minuciosidad, uno a uno de los cantes que conforman el cante jondo o flamenco.

El libro, cuya primera edición de realizó en 1966, recoge los siguientes apartados: "El problema del nombre", "El problema del origen", "Relaciones del cante jondo con otras músicas", "Relaciones del cante jondo con el baile flamenco", "El aprendizaje y la actuación pública", "Estructura musical del cante jondo y flamenco", "Expansión del cante flamenco", "Cantes a voz sola", "Cantes libres con guitarra", "Cantes de Levante", "Grupo de los fandangos", "Cantes métricos con guitarra" y "Otros cantes flamencos", rematándose el trabajo con algunos diseños musicales y con el apéndice de la bibliografía manejada. Nada se deja en este libro a la improvisación y todos los temas están estructurados y desarrollados a la perfección.

Libro que recomiendo a aquellos que quieran conocer más en profundidad este difícil pero apasionante mundo del cante jondo.


Edita: Credsa, S.A.
Ciudad: Barcelona-1998
Páginas: 314
ISBN: 84-7056-354-8
Depósito Legal: B. 21.291-1998

miércoles, 25 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (14)


¡Qué mirada la de Imperio Argentina en esta fotografía sensacional a la que hoy recurrimos como portada de la página! Hermosa también esta seguidilla que puede definir esos ojos, anotada en "El pueblo andaluz", edición facsímil de 1995:

Tus ojos para soles
son muy pequeños;
para estrellas son grandes,
serán luceros.
Pero en tu cara
lucen más que el que alumbra
por la mañana.

Mirada hermosa como relata esta copla, anotada por Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991): 

Con ese mirar que tienes
que parece que no miras
el corazón me lo robas
y el alma me la cautivas.

Ojos que encienden, según la copla recogida por Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Toca a fuego, que en mi pecho
han encendido una hoguera
y se ocultan los autores
bajo tus pestañas negras.

Ojos cautivadores de los que dificilmente puede escaparse:

Toda mi vida en Argel
no me cautivaron moros,
y ahora que he venido a España
me cautivaron tus ojos.

 El llanto llega a los ojos por muchos motivos. Lloró Boabdil al tener que dejar Granada, pero también lloran los hombres por el amor de una mujer. La copla por granaína es de José Juis Rodríguez Ojeda, publicada en su libro "Mis letras para el cante" (2008):

Con el llanto de mis ojos
se fue perdiendo la Alhambra,
y me acordé del rey moro
que lloró por ti, Granada,
lo mismo que yo te lloro.

Ojos que cornean como un toro bravo en la copla anotada por Álvarez Curiel:

Ya está el torito en la plaza,
mi corazón en la arena,
ya me están dando cornás
los ojos de mi morena.

Ojos que se convierten en cadenas presidiarias en la copla que anotan Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco en el libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983):

Vas a acabá haciendo buenas
las cadenas de la cárcel,
las de tus ojos me ahogan
y me arrastran por la calle.

Ojos, junto con otros encantos femeninos, que hacen perder la cabeza al más frío de los hombres, según registra el "Novísimo cancionero erótico y sentimental" (1882) de Juan Manuel Villén:

Tienes ojos de cielo,
cutis de nieve,
como el oro es tu pelo
y tu pie breve.
Esos encantos
harán perder el seso
hasta a los santos.

Los ojos abiertos son retadores, pero si están un poco adormilados... La copla la recoge Fernán Caballero en su libro "Cuentos y poesías populares andaluces" (1861):

Tienes unos ojuelos
que me los clavas
en lo más escondido
de mis entrañas,
y si los pones
un poquito adormidos...
¡Jesús, entonces!...

También los ojos se vuelven tristes, casi siempre por problemas amorosos. La copla la registra Francisco Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucia en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Los ojitos de mi cara
balían un dineral,
y he tenido que benderlos
por lo que quisieron dar.

Muy parecida a esta otra anotada por Álvarez Curiel:

Los ojitos de mi cara
por ti los voy a vender,
cuando los ojitos vendo
¿por ti qué no venderé?

Y a esta que recogió José Luis Navarro en su libro "Cantes y bailes de Granada" (1993):

Los ojitos de mi cara,
¿quién los compra? que los vendo,
¡qué pobre me estoy queando
que hasta los ojitos vendo!

Ojos y labios no suelen ser pacifistas en las cuestiones amorosas:

Son tus ojos dos luceros
cargados de munición
y tus palabras las balas
que matan mi corazón.

Los ojos se les ponen llorosos a los enamorados cuando no pueden estar cerca de la persona amada. Álvarez Curiel anotó esta copla:

El cielo está nublao,
parece que va a llover,
así tengo yo los ojos
cuando no te puedo ver.

Llorar es bueno de vez en cuando,pero no tanto como nos dice en esta seguiriya Alcalá Venceslada en su lbro "De la solera fina" (1925):

Seca ya los ojos,
no me llores más:
como que tienes los ojitos secos
de tanto llorar.

Una cosa es que se pueda ofender con la mirada, y otra bien distinta la manera de remediarlo. La copla la recoge el cancionero popular:

Si con el mirar te ofendo
me lo mandas a decir,
yo me saltaré los ojos
por no darte que sentir.

Barbaridad que aún es mayor en la que anota Rodríguez Marín:

Si con er mirar te ofendo
y con el hablar te agrabio,
yo me sartaré los ojos
y me coseré los labios.

Hermosísima esta copla de la ausencia que nos dejó Manuel Machado en su libro "Cante hondo" (1912):

¿Para qué quieren oír
y para qué quieren ver
oídos que no la escuchan,
ojitos que no la ven?

Una bella mirada con una chispa de fuego suele hacer estragos en los enamorados, tal como cuenta esta seguidilla anotada por Fernán Caballero:

Mi corazón de cera,
tus ojos soles,
contempla si me miras
cómo me pones.
Y si reparas,
verás que me derrito
de una mirada.

No pocas veces tropieza uno con la hermosura de unos ojos, tal como dice la copla de Salvador Rueda, publicada en su libro "Antología flamenca":

Ciego que va por la calle
en el escollo vacila,
y mi corazón tropieza
en tus dos negras pupilas.

La ceguera del amor sí es ciertamente peligrosa. Antonio Machado Álvarez "Demófilo" rescata esta copla:

Como sabes que no beo
me bas poniendo con maña
chinita por los caminos
pa que tropiese y me caiga.

Con esta copla del cancionero popular no debe tener celos la amada:

No tengas celos, morena,
no tengas celos, mi amor,
que sólo a dos niñas quiero
y las de tus ojos son.

Uno puede "amorenarse" tan sólo con arrimarse a unos ojos como nos describe la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Los ojos de mi morena
tienen tan brillo y tal fuego
que yo no me acerco mucho
porque me quedo moreno.

Hermoso el símil de los ojos con la pena del hombre de esta copla del cancionero popular.

Los ojos de mi morena
son del color de la noche
de tanto mirar mis penas.

Y hermosa esta soleá con la que nos despedimos por hoy, cuya autoría es de mi buen amigo Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):

Lágrimitas por ti lloran
los ojos que ayer te vieron
y vuelven a verte ahora.

Lo dicho: por hoy lo dejamos, y hasta mañana, si Dios quiere.

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (1)


Aún residía yo en la calle Alfarería de Triana, en ese largo piso que era un mirador de flores y enredaderas y un placer para la vista. Me quedaban todavía dos años para saber de mi traslado a Córdoba, pero ya llevaba muchos unido a la ciudad califal por mor del flamenco y la amistad profunda. Y en 1993, me ofrecieron el honor de ser el pregonero de la Feria Taurina de Córdoba en el Círculo de la Amistad, siendo presentado por el gran escritor, artista y amigo, don Antonio Jiménez Poyato. Creo que soy un buen aficionado, pero, de ahí a cantar las excelencias de Córdoba en relación al toro, va un abismo, el mismo que yo intenté superar recluyéndome 15 días en el Parque Natural de Cazorla, en el hotel de sierra de mis amigos Narci y Efi. El pregón, amenizado por la Agrupación Musical Pedro Lavirgen, de Bujalance, se celebró en el "Salón Líceo" del Círculo el 20 de mayo del año que dije con anterioridad. Y para mí, también para los organizadores y el numeroso público asistente, fue una noche en la que no me echaron el toro a los corrales, lo cual aún sigo bendiciendo.

Como ayer comenzó la temporada taurina por estas tierras, me he acordado de aquel pregoncillo que ya tiene 18 años de antigüedad, y que a algunos de vosotros os gustaría conocer. Si no fuese así, porque sean contrarios a esta fiesta, pasen página, y tan amigos, como siempre. Lo vamos a dividir en cuatro o cinco apartados para ponerlo completo. No se entendería bien la faena sin ser así, y sin que Triana, como en todos mis pregones, sean, en parte, gran protagonista de los mismos. Comienzo:

Para ser bien nacido, como reza el refrán, en primer lugar quisiera agradecer a mi peón de brega de esta primera corrida de mayo, don Antonio Jiménez Poyato, esa ayuda lírica que, por tan cercana al callejón de los miedos, ha acercado a mis oídos y a los vuestros, sin duda para que mi fe novilleril se engrandezca y no se quebrante durante la lidia, y mis temores se achiquen ante la noble embestida de ese eral, o toro-toro, del Pregón Taurino de mi querida y siempre amigable Córdoba, que hoy tendré que parar, templar y mandar en su trayectoria si quiero salir airososo tras esa terna de excelentes diestros de la palabra y la poesía que aquí tuvieron cita y noches de triunfos en años anteriores: Manuel Benítez Carrasco, Antonio Murciano y Carlos Valverde Castilla.

Mis gracias también a mi apoderado, Rafael Salinas González, que uno es torero modesto y bien sabe cuánto tiene que trajinar quien te lleva en el alma y en el corazón para intentar colocarte en plazas importantes como esta de la que fue mayor ciudad de Occidente: cuna de adiestrados y expertos lidiadores, nobles vailargueros, hombres de plata que nunca alcanzaron el oro de la gloria, y novilleros que aún se juegan la vida por cerrados de lunas y estrellas, sueños de riquezas cortijeras y plazas aldeanas, milagreándoles el triunfo por los ojos, el miedo por las mejillas resecas y la muerte joven por las taleguillas de unos trajes de alquiler.

Desde este momento, quisiera que a mi capote de le enredaran los jazmines de mi Parque de María Luisa, para que al dar la media verónica de mi poesía, si es que sé bajar y ceñirme las manos barrocas al costado, todo el ruedo de este Círculo de la Amistad se arome de resurrección y gozo, de blancura olorosa sobre el amarillo albero de mi cercana Alcalá panadera, de airosa culminación y remate de la paz sobre la muerte, de jardinera alfombra que inunde los tendidos y en la que reciba el torero el ¡ole! emocionado por la faena al toro de la palabra: despaciosa, con ritmo, acompasada, para que parezca que el tiempo se ha parado en los relojes y ha puesto una pausa de silencios en el paso ajetreado de la vida.

Con el barro de los alfares de mi barrio de Triana, quisiera esculpir tu torería para dejar retablos de honores y de glorias por todas tus calles y tus plazas -como sin arcángel San Rafael fuesen- con los nombres señeros de aquellos que supieron convertir tu nombradía de Ciudad Universal por entre alamares y lentejuelas, rasos y sedas, bordados y azabaches, percales y franelas, triunfos y fracasos, enfermerías y milagrosas resurrecciones, lágrimas y lutos, humillaciones y sudores, apoyos y zancadillas, amores y desamores, tristezas y emociones compartidas...

También de allí, de un barrio tan torero como el mío, que mira desde la calle Betis a la plaza maestrante, con una banderilla en pie llamada Giralda -campanario y símbolo de la fe que crearan las prodigiosas manos de vuestro paisano Hernán Ruiz-, te he querido traer, para ofrecértelo sobre un capote verde y oro donde va prendida mi Esperanza gitana y marinera, el suspiro amoroso de "Chicuelo", aquel que dio la alternativa al rayo vertical de "Manolete" ante el testimonial y garboso quiebro cetrino de "Gitanillo", ese trianero que era capaz de prender en el vuelo suave de la verónica el reposado aleteo de una mariposa. Y te traigo la maestría fragüera de "Cagancho", aquel gitano de la Cava que llevaba al toro embelesado en la muleta con los tercios rancios y marcados de una soleá de su casta. Y la silueta de mentón erguido y piernas patizambas de un Juan Belmonte, al que vuestro califa "Machaquito" otorgó la alternativa en Madrid y al que bautismaron los entendidos como "El Pasmo de Triana", aquel revolucionario que fue quien paró y templó, mandando en el redondel, los nuevos terrenos del toreo, aunque, después de tantos triunfos, él no supiera mandar y templar -¡qué pena!- el pitón de plomo que en su finca de "Gómez Cardeña" se le metió por las sienes en un segundo de destemplanza, de amarga soledad y profundo hastío.

Y de Manuel Varé "Varelito", otro trianero de oro al que Sevilla arrastro a la afilada navaja de los pitones, como quiso hacer cierto sector sevillano con vuestro primer califa en 1879, coreando a voz en grito un pareado desgraciado: ¡Uno, dos y tres, asesino cordobés! Te traigo la trágica verdad de una fiesta cargada de mentiras y de belleza, la frase agónica por el callejón, todavía fresca la sangre talaverana de Joselito, de: ¡Ya os habéis salido ustedes con la suya!, por la que aún lleva crespones negros los tres arcos isabelinos de mi puente.

Y de Antonio Montes también te traigo su última lágrima, su penúltimo aliento, su faz sobrecogida en un suspiro por Antonio Fuentes y "Bombita" en esas tierras mexicanas que ya preconizaba la copla:

En un barco velero
se marcha a Cuba
el gran Antonio Montes,
dí que no suba,
porque le aguarda
la muerte a Antonio Montes
lejos de España.

Y te traigo mi amor encendido en la chicuelina de nuestro río por la misma orilla de nuestros afanes: ¡Córdoba, romana y mora y callada en la preciosa definición machadiana, la más romanizada de la Bética, cabecera principal de Al-Andalus! ¡Córdoba, tierra fecunda de Séneca y Lucano, de Ziryab, Averroes y Maimónides, de tolerantes abderramanes, literarios y eruditos alhaquenes y poderosos almanzores, pero también tierra de oro y redondel de sueños para los capotes de "Panchón" y "Pepete", de "Bocanegra" y "Lagartijo", "Manene" y "Guerrita", "Machaquito" y "Manolete"... y de tantos y tantos otros como cuajaron de gestas gloriosas ese trisílabo de historias de tu profundo nombre!

Desde el hermoso encaje en piedra de la Capillita del Carmen de mi Puente de Triana, he venido hasta el tuyo de San Rafael:

De puente a puente he venío.
Pa cantar tu torería,
me trajo el pitón del río.

Y he venido para que tu Arcángel, teniendo como subalternos a San Acisclo y Santa Victoria, dejando a la otra orilla el Campo de la Verdad, me lleve hasta la otra verdad, envuelta en sangre muchas veces, de tus mejores gestas taurinas:

Con la venia
para pisar este albero,
ruego al señor Presidente
advierta a los aguaciles
que no abran los toriles
sin que antes brinde el torero.

Que aguarden los toros fieros
con sus astas encendidas,
que no empiece la corrida,
que no suenen los clarines,
que bajen los serafines
a quitarme la montera,
que a la Córdoba torera
le traigo, desde Sevilla,
un beso para su orilla
arcangélica y morena.

¡Por ti, Córdoba bravía!
¡Por ti, Córdoba la llana!
¡Por ti, Córdoba, sultana
de la mejor torería!
¡Por ti, por tu valentía
y por tu arte a granel,
porque eres el redondel
donde el capote se queda
entre las manos de seda
del Arcángel Rafael!


EL POETA DE LA SEMANA: RAFAEL DE LEÓN (5)



Iba convaleciente
de una herida de amor en el costado;
iba casi inconsciente
cuando te vi a mi lado
y hasta el pulso por ti se me ha parado...

Buscaba mi cintura
un brazo que de noche la ciñera,
ansiaba con locura,
un labio que se uniera
a mi boca cansada por la espera...

Buscaba un hombro amigo
en donde reposar la madrugada
y un tibio olor a trigo,
una mano apretada
y el divino calor de una mirada.

Estaba tan vacía,
tan harta de soñar y tan sin sueño,
tan lejana y tan fría,
tan libre y tan sin dueño,
que tan sólo morir era mi empeño...

Por lo cual, asombrada,
me quedé contemplando al mediodía
tu figura delgada,
tu suave armonía
y tu casi perfecta geometría.

Alegres nos miramos
en la tarde morada de violetas
y después caminamos
por plazas recoletas
salpicadas de rejas y macetas.

Y de noche temblando,
perdida entre la niebla de tu viento,
me bebí suspirando
la menta de tu aliento,
en un beso apretado, dulce y lento...

¡Qué espesa la saliva!...
¡Qué lejano el ruido de la calle!...
Y el labio como iba
-mariposa en el valle
de la espalda- ... buscando el fino talle...

Se desbocó en mi frente
el pulso como un perro malherido
y paralelamente,
te sentí, en un gemido,
doblarte en mi garganta sin ruido.

Y después... la almohada,
pesarosa del rizo y la postura
y la sábana helada,
-mortaja de blancura-
plisándose sin voz a mi cintura.


Rafael de León

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (160)


MATAMOS

 Matamos al ruiseñor
y enjaulamos a la alondra.

Vamos de  mal  en peor,
si ya  andábamos errados
ahora se agranda el error.

  México D. F. 23 Mayo 2011 

LIBROS CON SON FLAMENCO: TARANTA, CANTES Y ARTISTAS DE LINARES


El escritor jiennense Manuel Urbano desarrolla en este libro un excelente trabajo de investigación sobre el mundo de la Taranta, su origen minero y su historia, el contexto social en el que nació y sus principales intérpretes, además de enriquecernos con el ambiente flamenco de Linares y con un amplio rol de los cantaores de la localidad.

Se publicó el volumen con motivo del XIX Congreso Nacional de Actividades Flamencas, celebrado en dicha localidad el año 1991.

El autor divide el libro en los siguientes capítulos: "Un río de brazos surca los olivares", "Metal de vida y muerte", "Ensayo para ligar los tercios", "Acordes finales", "Por otros palos" y "Catálogo incompleto de los artistas de Linares", intercalándose en el volumen una amplia colección de fotografías y carteles flamencos.

Libro muy recomendado para conocer este "palo" singular de la baraja cantaora y la biografía de muchos artistas desconocidos por nuestros lares.


Edita: Ayuntamiento de Linares
Ciudad: Jaén-1991
Páginas: 173
ISBN: 84-86843-44-8
Depósito Legal: J. 708-1991

martes, 24 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (13)


Si hablamos de ojos no podemos olvidar los de la genial sevillana Pastora Imperio, ojos de delirio -decían-, y ojos de los que se quedó prendido para su fatalidad Rafael Gómez "El Gallo", que bien hubiera podido cantar la copla que anotó Francisco Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Yo en tus ojos me enredé
y entre tus sombras me hundí,
por ti el sueño se me fue,
todas mis dichas perdí,
sólo mi pena encontré.

Y es que los ojos hieren y descentran un poco a los hombres, tal como nos dice la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Cuando en tus ojos me miro
no sé qué pasa por mí,
sólo porque no me olvides
diera la vida por ti.

De nuevo nos aparecen por el cancionero los ojos como fuentes de luz, como en esta seguiriya de Antonio Rincón Muñiz, publicada en su libro "Alconchel" (1989):

La noche es oscura
cuando tú no estás;
pero a tu lao, si abres los ojos
es noche estrellá.

Hermosa la metáfora de estrellas como símil de los ojos. También la registra Fernán Caballero en una copla que recogió en 1861:

Las estrellas del cielo
son mil y siete,
con las dos de tu cara
son mil y nueve.

De nuevo utiliza el firmamento Antonio Rincón en esta soleá:

Estaba la noche oscura
pero tú abriste los ojos
y entonces salió la luna. 

Mirarse en los ojos de la persona amada es uno de los deseos del enamorado, aunque Manuel Machado quiere además muchas más cosas:

La persona tuya
es lo que yo quiero.
Tenerte en mis brazos,
mirarme en tus ojos
y comerte a besos.

Hay hombres que son incansables en busca de la persona amada, tal como refiere la copla anotada por Álvarez Curiel:

Por el ojo de una aguja
te tengo que perseguir,
si el Dios del cielo me ayuda
tú tienes que ser pa mí,
en eso no pongas duda.

Por fin aparecen por la copla unos ojos verdes, tal como los tenía Pastora Imperio. La seguidilla la recoge Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Me están mirando
unos ojillos verdes
me están mirando
y en su mirar parece
que están hablando.
Hablando a solas,
que los míos no saben
de esa persona.

Todo se le puede quitar a la persona menos el placer libre de la vista. Esta copla está anotada por Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en las mejores coplas amorosas" (1929):

Me han quitaíto el hablarte,
pero no me han quitaíto
los ojillos pa mirarte.

Bonita metáfora sobre los ojos negros la de esta copla registrada por Álvarez Curiel:

Los ojos de mi morena
ni son chicos ni son grandes,
que son aceitunas negras
de los olivos gordales.

Elegante manera de solicitar un beso es la que nos enseña esta copla anotada por Gabriel María Vergara:

Abre un poquito la boca
y baja los ojos luego,
que quiero ver el rincón
en donde escondes los besos.

Y hermosísimo este piropo:

Forman tus ojos dos arcos
con un entrecejo en medio,
que parece abril y mayo
cuando están de flores llenos.

Los ojos sirven muchas veces para mirar de cerca lo que nunca se ha querido ver. Así lo dice el cancionero popular andaluz:

La gente hablaba de ti
y a nadie quise escuchar
y al final me convencí
que decían la verdad,
yo con mis ojos lo vi.

También hay que tener cuidado en qué cara se ponen los ojos, algunas veces estos enamoramientos on imposibles, tal como nos dice la antigua seguidilla que recoge en su libro "Don Preciso" (1802):

El que pone los ojos
en imposibles,
no extrañe que sus penas
sean terribles:
y es necesario
que padezca quien quiso
ser temerario.

Las pestañas, como guardianas de los ojos, tampoco se han quedado sin coplas. Fernán Caballero nos recoge esta que publicó el año 1861:

Manojitos de alfileres
me parecen tus pestañas,
cada vez que las menea
se me clavan en el alma.

Con esta breve variación en la anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992), y registrada también por Rodríguez Marín:

Manojos de alfileres
son tus pestañas,
cada vez que me miras
me las enclavas.

Siguiendo el refrán de "Ojos que no ven, corazón que no siente", la copla por soleá del cancionero andaluz nos dice lo siguiente:

Me quiero ir de esta tierra
porque ojitos que no ven
corazoncito que no quiebra.

La maldición se deja sentir en esta copla anotada por "Demófilo", que nos indica que debemos dejarnos llevar por unos ojos buenos antes que por el dinero:

Mardita sea la persona
que se yeba der dinero
y no se deja yebar
e unos ojos negros buenos.

De nuevo los ojos como causa de las enfermedades de los enamorados en la copla de Manuel Machado, publicada en su libro "Cante hondo" (1912):

Mi mal no tiene remedio,
ésta sí que es la verdad,
tus ojos, chiquilla, han sido
causa de mi enfermedad.

Para probar la mirada de una mujer, una vez sólo basta. Nos registra la copla Francisco Rodríguez Marín:

Cuando yo güerba a mirarte,
de un fuerte dolor de clabo
los ojitos me se sarten.

No se puede enamorar mejor que con este piropo que recoge la copla por seguidilla de Alcalá Venceslada, publicada en su libro "De la solera fina" (1925):

Son flores de romero,
niña, tus ojos,
y una flor de granado
tus labios rojos.
¡Si Dios quisiera
que esa cara florida
para mí Fuera!

Jamás pudo el llanto de unos ojos caer en mejor sitio para hacer florecer el mejor parto de nuestra Andalucía. La preciosa copla, como todas las suyas, es de Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):

En la Sierra de Segura,
llorando tu mal vivir
y mi negra desventura,
caló el llanto en piedra dura
y brotó el Guadalquivir.

Y por hoy, nos quedamos por el término de Cazorla, con ese bendito llanto y ese nacimiento que cantara para la eternidad el gran Antonio Machado:

¡Oh Guadalquivir!
te vi en Cazorla nacer
hoy en Sanlúcar morir.

Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!

Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿sueñas con tu manantial?