miércoles, 25 de mayo de 2011

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (1)


Aún residía yo en la calle Alfarería de Triana, en ese largo piso que era un mirador de flores y enredaderas y un placer para la vista. Me quedaban todavía dos años para saber de mi traslado a Córdoba, pero ya llevaba muchos unido a la ciudad califal por mor del flamenco y la amistad profunda. Y en 1993, me ofrecieron el honor de ser el pregonero de la Feria Taurina de Córdoba en el Círculo de la Amistad, siendo presentado por el gran escritor, artista y amigo, don Antonio Jiménez Poyato. Creo que soy un buen aficionado, pero, de ahí a cantar las excelencias de Córdoba en relación al toro, va un abismo, el mismo que yo intenté superar recluyéndome 15 días en el Parque Natural de Cazorla, en el hotel de sierra de mis amigos Narci y Efi. El pregón, amenizado por la Agrupación Musical Pedro Lavirgen, de Bujalance, se celebró en el "Salón Líceo" del Círculo el 20 de mayo del año que dije con anterioridad. Y para mí, también para los organizadores y el numeroso público asistente, fue una noche en la que no me echaron el toro a los corrales, lo cual aún sigo bendiciendo.

Como ayer comenzó la temporada taurina por estas tierras, me he acordado de aquel pregoncillo que ya tiene 18 años de antigüedad, y que a algunos de vosotros os gustaría conocer. Si no fuese así, porque sean contrarios a esta fiesta, pasen página, y tan amigos, como siempre. Lo vamos a dividir en cuatro o cinco apartados para ponerlo completo. No se entendería bien la faena sin ser así, y sin que Triana, como en todos mis pregones, sean, en parte, gran protagonista de los mismos. Comienzo:

Para ser bien nacido, como reza el refrán, en primer lugar quisiera agradecer a mi peón de brega de esta primera corrida de mayo, don Antonio Jiménez Poyato, esa ayuda lírica que, por tan cercana al callejón de los miedos, ha acercado a mis oídos y a los vuestros, sin duda para que mi fe novilleril se engrandezca y no se quebrante durante la lidia, y mis temores se achiquen ante la noble embestida de ese eral, o toro-toro, del Pregón Taurino de mi querida y siempre amigable Córdoba, que hoy tendré que parar, templar y mandar en su trayectoria si quiero salir airososo tras esa terna de excelentes diestros de la palabra y la poesía que aquí tuvieron cita y noches de triunfos en años anteriores: Manuel Benítez Carrasco, Antonio Murciano y Carlos Valverde Castilla.

Mis gracias también a mi apoderado, Rafael Salinas González, que uno es torero modesto y bien sabe cuánto tiene que trajinar quien te lleva en el alma y en el corazón para intentar colocarte en plazas importantes como esta de la que fue mayor ciudad de Occidente: cuna de adiestrados y expertos lidiadores, nobles vailargueros, hombres de plata que nunca alcanzaron el oro de la gloria, y novilleros que aún se juegan la vida por cerrados de lunas y estrellas, sueños de riquezas cortijeras y plazas aldeanas, milagreándoles el triunfo por los ojos, el miedo por las mejillas resecas y la muerte joven por las taleguillas de unos trajes de alquiler.

Desde este momento, quisiera que a mi capote de le enredaran los jazmines de mi Parque de María Luisa, para que al dar la media verónica de mi poesía, si es que sé bajar y ceñirme las manos barrocas al costado, todo el ruedo de este Círculo de la Amistad se arome de resurrección y gozo, de blancura olorosa sobre el amarillo albero de mi cercana Alcalá panadera, de airosa culminación y remate de la paz sobre la muerte, de jardinera alfombra que inunde los tendidos y en la que reciba el torero el ¡ole! emocionado por la faena al toro de la palabra: despaciosa, con ritmo, acompasada, para que parezca que el tiempo se ha parado en los relojes y ha puesto una pausa de silencios en el paso ajetreado de la vida.

Con el barro de los alfares de mi barrio de Triana, quisiera esculpir tu torería para dejar retablos de honores y de glorias por todas tus calles y tus plazas -como sin arcángel San Rafael fuesen- con los nombres señeros de aquellos que supieron convertir tu nombradía de Ciudad Universal por entre alamares y lentejuelas, rasos y sedas, bordados y azabaches, percales y franelas, triunfos y fracasos, enfermerías y milagrosas resurrecciones, lágrimas y lutos, humillaciones y sudores, apoyos y zancadillas, amores y desamores, tristezas y emociones compartidas...

También de allí, de un barrio tan torero como el mío, que mira desde la calle Betis a la plaza maestrante, con una banderilla en pie llamada Giralda -campanario y símbolo de la fe que crearan las prodigiosas manos de vuestro paisano Hernán Ruiz-, te he querido traer, para ofrecértelo sobre un capote verde y oro donde va prendida mi Esperanza gitana y marinera, el suspiro amoroso de "Chicuelo", aquel que dio la alternativa al rayo vertical de "Manolete" ante el testimonial y garboso quiebro cetrino de "Gitanillo", ese trianero que era capaz de prender en el vuelo suave de la verónica el reposado aleteo de una mariposa. Y te traigo la maestría fragüera de "Cagancho", aquel gitano de la Cava que llevaba al toro embelesado en la muleta con los tercios rancios y marcados de una soleá de su casta. Y la silueta de mentón erguido y piernas patizambas de un Juan Belmonte, al que vuestro califa "Machaquito" otorgó la alternativa en Madrid y al que bautismaron los entendidos como "El Pasmo de Triana", aquel revolucionario que fue quien paró y templó, mandando en el redondel, los nuevos terrenos del toreo, aunque, después de tantos triunfos, él no supiera mandar y templar -¡qué pena!- el pitón de plomo que en su finca de "Gómez Cardeña" se le metió por las sienes en un segundo de destemplanza, de amarga soledad y profundo hastío.

Y de Manuel Varé "Varelito", otro trianero de oro al que Sevilla arrastro a la afilada navaja de los pitones, como quiso hacer cierto sector sevillano con vuestro primer califa en 1879, coreando a voz en grito un pareado desgraciado: ¡Uno, dos y tres, asesino cordobés! Te traigo la trágica verdad de una fiesta cargada de mentiras y de belleza, la frase agónica por el callejón, todavía fresca la sangre talaverana de Joselito, de: ¡Ya os habéis salido ustedes con la suya!, por la que aún lleva crespones negros los tres arcos isabelinos de mi puente.

Y de Antonio Montes también te traigo su última lágrima, su penúltimo aliento, su faz sobrecogida en un suspiro por Antonio Fuentes y "Bombita" en esas tierras mexicanas que ya preconizaba la copla:

En un barco velero
se marcha a Cuba
el gran Antonio Montes,
dí que no suba,
porque le aguarda
la muerte a Antonio Montes
lejos de España.

Y te traigo mi amor encendido en la chicuelina de nuestro río por la misma orilla de nuestros afanes: ¡Córdoba, romana y mora y callada en la preciosa definición machadiana, la más romanizada de la Bética, cabecera principal de Al-Andalus! ¡Córdoba, tierra fecunda de Séneca y Lucano, de Ziryab, Averroes y Maimónides, de tolerantes abderramanes, literarios y eruditos alhaquenes y poderosos almanzores, pero también tierra de oro y redondel de sueños para los capotes de "Panchón" y "Pepete", de "Bocanegra" y "Lagartijo", "Manene" y "Guerrita", "Machaquito" y "Manolete"... y de tantos y tantos otros como cuajaron de gestas gloriosas ese trisílabo de historias de tu profundo nombre!

Desde el hermoso encaje en piedra de la Capillita del Carmen de mi Puente de Triana, he venido hasta el tuyo de San Rafael:

De puente a puente he venío.
Pa cantar tu torería,
me trajo el pitón del río.

Y he venido para que tu Arcángel, teniendo como subalternos a San Acisclo y Santa Victoria, dejando a la otra orilla el Campo de la Verdad, me lleve hasta la otra verdad, envuelta en sangre muchas veces, de tus mejores gestas taurinas:

Con la venia
para pisar este albero,
ruego al señor Presidente
advierta a los aguaciles
que no abran los toriles
sin que antes brinde el torero.

Que aguarden los toros fieros
con sus astas encendidas,
que no empiece la corrida,
que no suenen los clarines,
que bajen los serafines
a quitarme la montera,
que a la Córdoba torera
le traigo, desde Sevilla,
un beso para su orilla
arcangélica y morena.

¡Por ti, Córdoba bravía!
¡Por ti, Córdoba la llana!
¡Por ti, Córdoba, sultana
de la mejor torería!
¡Por ti, por tu valentía
y por tu arte a granel,
porque eres el redondel
donde el capote se queda
entre las manos de seda
del Arcángel Rafael!


2 comentarios:

  1. ¿Pregoncillo?
    A mí la llamada fiesta nacional, ni me vá ni me viene,pero no soy anti-nada ( y me cubro mucho de opinar de un arte que desconozco y no entiendo ). Y no paso página.
    Muy bellas las alusiones a tan hermosa tierra y a tan grandes personajes que ha dado Córdoba.
    Aunque me quedo con el paseo histórico de los toreros trianeros y con la copla de Antonio Montes.
    Gracias por traerlo a su blog.

    ResponderEliminar
  2. Un día tendrías que venir a los toros conmigo, mejor a una novillada, para que apreciaras cuánto Arte hay en esta verdad y mentira de la fiesta. Arte que ha inspirado a escritores, pintores, escultores y genios de la danza y la guitarra.
    Gracias por los halagos, tan escasos en estos tiempos que corren, amigo Paco.

    ResponderEliminar