martes, 24 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (13)


Si hablamos de ojos no podemos olvidar los de la genial sevillana Pastora Imperio, ojos de delirio -decían-, y ojos de los que se quedó prendido para su fatalidad Rafael Gómez "El Gallo", que bien hubiera podido cantar la copla que anotó Francisco Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Yo en tus ojos me enredé
y entre tus sombras me hundí,
por ti el sueño se me fue,
todas mis dichas perdí,
sólo mi pena encontré.

Y es que los ojos hieren y descentran un poco a los hombres, tal como nos dice la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Cuando en tus ojos me miro
no sé qué pasa por mí,
sólo porque no me olvides
diera la vida por ti.

De nuevo nos aparecen por el cancionero los ojos como fuentes de luz, como en esta seguiriya de Antonio Rincón Muñiz, publicada en su libro "Alconchel" (1989):

La noche es oscura
cuando tú no estás;
pero a tu lao, si abres los ojos
es noche estrellá.

Hermosa la metáfora de estrellas como símil de los ojos. También la registra Fernán Caballero en una copla que recogió en 1861:

Las estrellas del cielo
son mil y siete,
con las dos de tu cara
son mil y nueve.

De nuevo utiliza el firmamento Antonio Rincón en esta soleá:

Estaba la noche oscura
pero tú abriste los ojos
y entonces salió la luna. 

Mirarse en los ojos de la persona amada es uno de los deseos del enamorado, aunque Manuel Machado quiere además muchas más cosas:

La persona tuya
es lo que yo quiero.
Tenerte en mis brazos,
mirarme en tus ojos
y comerte a besos.

Hay hombres que son incansables en busca de la persona amada, tal como refiere la copla anotada por Álvarez Curiel:

Por el ojo de una aguja
te tengo que perseguir,
si el Dios del cielo me ayuda
tú tienes que ser pa mí,
en eso no pongas duda.

Por fin aparecen por la copla unos ojos verdes, tal como los tenía Pastora Imperio. La seguidilla la recoge Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Me están mirando
unos ojillos verdes
me están mirando
y en su mirar parece
que están hablando.
Hablando a solas,
que los míos no saben
de esa persona.

Todo se le puede quitar a la persona menos el placer libre de la vista. Esta copla está anotada por Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en las mejores coplas amorosas" (1929):

Me han quitaíto el hablarte,
pero no me han quitaíto
los ojillos pa mirarte.

Bonita metáfora sobre los ojos negros la de esta copla registrada por Álvarez Curiel:

Los ojos de mi morena
ni son chicos ni son grandes,
que son aceitunas negras
de los olivos gordales.

Elegante manera de solicitar un beso es la que nos enseña esta copla anotada por Gabriel María Vergara:

Abre un poquito la boca
y baja los ojos luego,
que quiero ver el rincón
en donde escondes los besos.

Y hermosísimo este piropo:

Forman tus ojos dos arcos
con un entrecejo en medio,
que parece abril y mayo
cuando están de flores llenos.

Los ojos sirven muchas veces para mirar de cerca lo que nunca se ha querido ver. Así lo dice el cancionero popular andaluz:

La gente hablaba de ti
y a nadie quise escuchar
y al final me convencí
que decían la verdad,
yo con mis ojos lo vi.

También hay que tener cuidado en qué cara se ponen los ojos, algunas veces estos enamoramientos on imposibles, tal como nos dice la antigua seguidilla que recoge en su libro "Don Preciso" (1802):

El que pone los ojos
en imposibles,
no extrañe que sus penas
sean terribles:
y es necesario
que padezca quien quiso
ser temerario.

Las pestañas, como guardianas de los ojos, tampoco se han quedado sin coplas. Fernán Caballero nos recoge esta que publicó el año 1861:

Manojitos de alfileres
me parecen tus pestañas,
cada vez que las menea
se me clavan en el alma.

Con esta breve variación en la anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992), y registrada también por Rodríguez Marín:

Manojos de alfileres
son tus pestañas,
cada vez que me miras
me las enclavas.

Siguiendo el refrán de "Ojos que no ven, corazón que no siente", la copla por soleá del cancionero andaluz nos dice lo siguiente:

Me quiero ir de esta tierra
porque ojitos que no ven
corazoncito que no quiebra.

La maldición se deja sentir en esta copla anotada por "Demófilo", que nos indica que debemos dejarnos llevar por unos ojos buenos antes que por el dinero:

Mardita sea la persona
que se yeba der dinero
y no se deja yebar
e unos ojos negros buenos.

De nuevo los ojos como causa de las enfermedades de los enamorados en la copla de Manuel Machado, publicada en su libro "Cante hondo" (1912):

Mi mal no tiene remedio,
ésta sí que es la verdad,
tus ojos, chiquilla, han sido
causa de mi enfermedad.

Para probar la mirada de una mujer, una vez sólo basta. Nos registra la copla Francisco Rodríguez Marín:

Cuando yo güerba a mirarte,
de un fuerte dolor de clabo
los ojitos me se sarten.

No se puede enamorar mejor que con este piropo que recoge la copla por seguidilla de Alcalá Venceslada, publicada en su libro "De la solera fina" (1925):

Son flores de romero,
niña, tus ojos,
y una flor de granado
tus labios rojos.
¡Si Dios quisiera
que esa cara florida
para mí Fuera!

Jamás pudo el llanto de unos ojos caer en mejor sitio para hacer florecer el mejor parto de nuestra Andalucía. La preciosa copla, como todas las suyas, es de Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):

En la Sierra de Segura,
llorando tu mal vivir
y mi negra desventura,
caló el llanto en piedra dura
y brotó el Guadalquivir.

Y por hoy, nos quedamos por el término de Cazorla, con ese bendito llanto y ese nacimiento que cantara para la eternidad el gran Antonio Machado:

¡Oh Guadalquivir!
te vi en Cazorla nacer
hoy en Sanlúcar morir.

Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!

Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿sueñas con tu manantial?

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