
Que digo yo que cuando los expresidentes resucitan es que algo está fallando en el sistema democrático, porque cuando los viejos hablan, y en público, y poniendo los cachetes colorados a más de uno de sus colegas, es que estos no lo están haciendo bien, o sí lo hacen bien y a estos viejos, a estos cascarrabias, les cae mal la cosa. Ellos quisieran que el país siguiera siendo como ellos lo soñaron, pero cuando argumentan tal o cual cosa jamás se acuerdan de sus profundos errores. Felipe González -el renombrado más grande socialista tras Pablo Iglesias-, aboga porque los trabajadores trabajen más -no ha dicho si cobrando menos- y que se dejen el pellejo hasta que llegue "El Ocaso" a recogerlos. Y lo dice aquel al que escuché de propia boca que los empresarios eran omnívoros y que había que atacarlos, en una charla que dio en el salón de actos del colegio salesiano de Triana el día 2 de junio de 1973, curiosamente el mismo día y casi a la misma hora que en la barriada de Juan XXIII se detenía a un sonriente Eleuterio Sánchez "El Lute". Felipe, al que hay que agradecerle la modernidad de España, como a Carlos III, o a Alfonso XIII (sólo en Madrid), por estas fechas debería estar mejor callado y, si no quiere estarlo, recordar que le costó el puesto los manejos sucios que ya se iban instalando en el PSOE con el hermano de su vicepresidente Alfonso Guerra, el ínclito Juan, amo y señor de Sevilla. Le fallaron ahí sus dos bemoles porque su amigo Alfonso, muy amante teatrero, se los tenía cogidos desde la base, en las bambalinas y en el foso, en el patio de butacas y en el gallinero. Manejos que, aprendiendo, aprendiendo, aún llegan a nuestros días. Se tiene que callar con el "socialismo avanzado" de su ministro Boyer, el que hizo posible -por medio del Partido Socialista (?) OBRERO Español- que los miles de trabajadores de los grandes almacenes no pudiesen descansar los domingos para estar con sus familias, conversar con sus amigos e ir al fútbol si les apetecía, en claro beneficio de los grandes empresarios. Tiene que esconder su lengua tardía si recuerda el caso "Cisneros", y tiene que cerrar la boca sabiendo todo el mundo de que siendo un simple abogado laboralista del bufete de la calle Capitán Vigueras de Sevilla -junto a Rafael Escuredo-, es hoy día uno de los grandes millonarios de España tras pasar por la Presidencia. ¿Tanta ganancia dió aquella vaquería familiar de la cercana barriada de Bellavista, o fue, acaso, la Política?

Pero el otro exvicepresidente tampoco se puede estar callado. Faltaría más. Éste es que se cree que aún sigue estando en la presidencia del gobierno español, que es Franco "in eternum". En su libreta azul -como la del entrenador Louis van Gaal- ponía estrellas, cruces, sumas y restas, y cuando tuvo que dejar el barco nombró al fogonero, porque no quería que el futuro capitán le hiciese sombras. Y ahora va y se queja. Lo pone más que verde cuando le sale de allí, de donde todos sabemos que es "allí", le quiere dar consejos sin nadie habérselos pedido, le da por retambufa cuando quiere dejándolo al aire desde dos periódicos muy afines al Poder, lo pone a parir en la tele y encima -¡qué caradura!- quiere que el señor Rajoy, con todos sus ministros, como en las antiguas procesiones del Corpus, vayan a la presentación del segundo tomo -¡toma ya!- de unas memorias que ni siquiera es capaz de leer su mujer, Ana Botella, que aburre a las hienas, y que es -según los dos o tres que las han leído, a pesar de tan ingente propaganda- una enciclopedia total de la egolatría. Ante la ausencia de los ausentes, con balas dialécticas marcadas dice que toma nota, más o menos como hacía "Juncal" en aquella inolvidable serie.

Otro que tal anda es el señor Rubalcaba, que no se sabe si está, si ha salido, si entra, se va o si vuelve. Es el embaucador más grande de la historia. Los que están en las cercanías de la estación de Atocha son puros imitadores. La antigua escuela de Monipodio de la trianera calle Betis, era una auténtica escuela de honradez. La que ha tenido que organizar Susana Díaz -paisana de arrabal- para salvar el pellejo de este lobo estepario que sólo quiere vivir de la política -les pasa a todos- y estar en el candelero... ¿Cómo es que vuelve el PSOE? ¿Por qué se fue? ¿Hubo un vacío de la oposición hasta la fecha en la que se produce esta Conferencia? ¡Es que es muy grave, coño! El personal no debería pasar de estas aberraciones que pagamos con nuestro dinero. Tenemos la obligación y la vergüenza moral de denunciar estas cosas, cosas que son muy graves, y ciertamente, aunque el dinero es importante, muy lesas para nuestra moral. ¿Quién nos maneja, quién llevan nuestro rumbo, en qué manos estamos, amigos?

Y para terminar las cosas que me preocupan, y que han dado de sí la pasada semana, tenemos a la infanta Cristina... Pues el fiscal no ve el pobre nada para inculparla. Tendremos que regalarle las gafas de "El Pali" y otro par de repuesto de las que lleva "El Bari de Triana", con las que se ven hasta las piedras de mechero en un suelo de chinorrris. La chica es de lo más modosita, vive en una austeridad franciscana, no tiene nada de ella -eso sí es verdad-, y se encuentra acosada por las malas lenguas de la prensa, la radio y la televisión, que son malas, más que malas. ¿Pero, ella? Honrada y cabal, no ha tocado un euro que no sea suyo -¿eso es también verdad?-, y es una princesa a la que le han tomado manía. Recuerdo que en mi época de estudiante, y cuando salía tocando la bandurria en las rondas que dábamos los tunos los fines de semana, cantábamos una canción que no me sé totalmente, pero de la que apunto algunas estrofas:
La infanta, la infanta Leocadia,
se tapaba el chiquichí con una dalia.
Y la infanta, y la infanta Maribel,
se tapaba el chiquichí con un clavel.
La infanta, la infanta Sinforosa,
se tapaba el chiquichí con una rosa.
¡Hay que llamarle la atención a las infantas
por el uso que hacen de las plantas!
Eso está bien, eso está bien, eso está bien,
de esa opinión participo yo también.
Pues creo que todos participamos de que hay que llamarle la atención a esta infanta, y no sólo por el uso que pueda hacer de las plantas, sino por el de otras cuestiones. La mejor manera de salvar una Democracia es que la Justicia sea igual para todos. ¿Conformes?