viernes, 31 de agosto de 2012
DESDE MI TORRE: APUNTES DE MI CUADERNO
DELICIAS DEL EROTISMO: ANÓNIMO DEL SIGLO DE ORO

LIBROS CON POESÍA: RIMAS Y LA CASA ENCENDIDA


jueves, 30 de agosto de 2012
DESDE MI TORRE: SIETE MESES CONTIGO

DESDE MI TORRE: FUEGO EN LAS ALMAS


DELICIAS DEL EROTISMO: EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ

LIBROS CON POESÍA: RETRATOS DESDE EL TENDIDO

miércoles, 22 de agosto de 2012
DESDE MI TORRE: ¡HASTA LA VUELTA!
martes, 21 de agosto de 2012
DELICIAS DEL EROTISMO: RUBÉN DARÍO

LIBROS CON POESÍA: RETABLO DE NAVIDAD

lunes, 20 de agosto de 2012
DESDE MI TORRE: ¡Y SE MUEVE EL BALÓN!

DELICIAS DEL EROTISMO: ANÓNIMO DEL SIGLO DE ORO

LIBROS CON POESÍA: RETABLO DE CENIZAS

domingo, 19 de agosto de 2012
DELICIAS DEL EROTISMO: PIETRO ARETINO

LIBROS CON POESÍA: RESEÑA DE LOS DÍAS


sábado, 18 de agosto de 2012
DELICIAS DEL EROTISMO: JUAN-EDUARDO CIRLOT

LIBROS CON POESÍA: RESCATE DE UNOS POEMAS OLVIDADOS

viernes, 17 de agosto de 2012
TRIANA EN MI MEMORIA: LA PRIMERA LUZ

Tal vez, las primeras memorias que tenga de mi vida fueron mis paseos por la calle Betis, en las que unas altas y oxidadas barandas, rematas en formas puntiagudas, nos separaban de la orilla del río, en la que unos gigantescos álamos crecían cercanos, tatuados de nombres y corazones, cercanos al agua. Tornasolados, hermosos, verdes y grises en primavera y verano, y una paleta de sienas y amarillos en el dorado otoño. Sé que mi primera visión que pueda recordar es la de mi madre, paseándome por esa acera que ella tantas veces recorrió en sus años de juventud, cuando vivía junto a su hermana Teresa y su familia –niña de la guerra, y huérfana-, en un piso amplio y lleno de luz del número 88.
No tengo otra visión que la de ella, a la que casi recuerdo con moña de jazmines en su pelo cobrizo, siempre oloroso, con nariz afilada de patricia romana, con una amplia sonrisa que bastaba para llenar todo mi universo, con vestidos de flores y cara de virgen trianera, más de Estrella alabastrina que de morena Esperanza.
Cuando fui creciendo, el mismo paisaje marcó mi vida, y por la misma acera de la orilla derecha del Río Grande. Paseaba todas las tardes a Yola, la perrita que mi abuela amaba tanto y, a cambio del paseo, don Miguel Bermudo, Canónigo de la Catedral, y de la que ella era su ama de llave, me daba una moneda de plata, preciosa, que mis padres se encargaban de decir que había que depositar en una alcancía de barro, que estaba siempre vacía por muchos paseos que le daba yo a Yola desde El Altozano al terrizo de lo que más tarde se convirtió en Plaza de Cuba.
Fue creciendo el niño, pero mi vista estaba allí, sentado sobre el musgo fresco y húmedo de la orilla, quedándome embobado con la visión mágica que me ofrecía una torre más alta de lo que yo me pudiese imaginar. ¡Qué hermosa! Me enseñaron que se llamaba Giralda y, andando el tiempo de un niño que no perdía la vista a nada, me prometieron subir a ella. Fue la excursión y el descubrimiento más grande de mi vida. Mis padres, aunque muy pobres, cumplieron con la palabra dada. El campanero era gran amigo de mi progenitor –sin duda, amigo de versos y de vinos-, y allá que, tras una caminata en rampa, escalones y estrecheces, por cuyos ventanales angostos yo veía entusiasmado que mi vista mandaba sobre la Ciudad, me veía enano ante sus gigantescas campanas, observando su enorme esfera del reloj, y, en una última escarpada, me vi tocando con mis manos frágiles una gran esfera de bronce, y , arriba de ella, esa gran figura que era su veleta, y que hasta muchos años más tarde no supe que llamaban el Giraldillo, porque todo el mundo se empeñaba en conocerla como Santa Juana.
La curiosidad de un niño tan insistente como el que he creído sentirme siempre, hasta incluso ahora que soy un niño jubilado, me ha deparado momentos como el que viví la primera vez que subí a la Giralda, esa torre altísima a la que sentí por primera vez junto a mis padres, plateada de día, dorada al Poniente, símbolo de mi niñez, veleta máxima de mi fe. Rosa, que no piedra -dije alguna vez-, mujer, que no torre, que hoy me resucita de nuevo la lejana nacencia. ¡Mi Giralda!
DELICIAS DEL EROTISMO: JUAN JIMÉNEZ

LIBROS CON POESÍA: RELÁMPAGOS TARDÍOS
