jueves, 30 de agosto de 2012

DESDE MI TORRE: FUEGO EN LAS ALMAS


La noticia corrió como la pólvora y nos sorprendió a todos aquellos que queríamos entender que Ruth y José estaban vivos en casa de cualquier amigo del padre. Pero la realidad, una vez más, ha superado a la ficción, aunque nos cueste trabajo creerlo, a pesar de que jamás entendamos qué anida en una mente que logra la venganza por la separación de su mujer quemando y haciendo desaparecer a sus hijos y se convierte durante meses en un consumado actor negando un acto tan salvaje y espeluznante, tan fuera del pensamiento de cualquier persona normal.

En Córdoba hay fuego en las almas por la incineración de estas dos criaturas a manos de su propio padre, dos críos indefensos que, durante seis años Ruth, y dos José, sólo le llenaron de risas, besos y carantoñas, aportándole la vida que él negó a los suyos. Cada día este caso se iba convirtiendo en un calvario común que todos hemos ido padeciendo; cada semana, los cordobeses salían a su calle más emblemática para dejar constancia a la madre, en absoluto silencio, de que todos estaban a su lado; cada mes que pasaba de la desaparición, era una punzada lacerante que nos traía el calendario.

España entera ha llorado viendo el rostro de esa madre que también ha muerto con sus hijos, que murió, entre la esperanza y el mal presagio, el 8 de Octubre del pasado año. No hay palabras que puedan justificar la vileza de este hombre, la sinrazón, la barbarie premeditada, la locura inspirada en su afán de protagonismo... Todos hemos muerto un poco con Ruth y José. Este cabrón nos ha incinerado el alma a todos en un tiempo tan falto de valores y en el que sólo anida la tristeza por todos nuestros puntos cardinales. Todos teníamos la fe de que estos niños aparecerían cualquier día para volver junto a su madre y para devolvernos a todos la sonrisa. Se nos ha quedado congelada en los labios y marcada a fuego en el corazón. Sólo nos queda pedir -¡qué difícil!- que Dios le dé a la madre la entereza suficiente para seguir viviendo. Y de paso, pedir al Ministro del Interior que dote de más medios a la Policía Científica, porque el triste fallo de sus hombres, la ligereza en una investigación tan crucial, sólo ha hecho aumentar este dolor familiar diez meses más.


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