El protocolo del ayuntamiento de Sevilla no ha bajado a tanto como para hacer hijo predilecto de la ciudad a Eleuterio Sánchez Rodríguez, "El Lute", entre otras cosas, aunque aquí lo capturasen, porque, acaso, sería "adoptivo", ya que nació en un suburbio salmantino. Si saco esta fotografía a colación es porque no se me olvida que fue precisamente ese día en el que lo detuvieron en Sevilla, en la barriada de Juan XXIII, el 2 de junio de 1973, cuando conocí y pude charlar por primera vez con él a Felipe González, el que con el tiempo, nueve años más tarde, llegaría a ser el primer presidente andaluz del Gobierno de España.
Fue en un acto -evidentemente clandestino- que se celebró en el salón alto anexo a la iglesia de los salesianos de Triana. Estaba lleno de una juventud deseosa de que algo cambiase en España, y la charla fue sobre la gran mentira del sindicato vertical y los sindicatos amarillos de las grandes empresas, y de la importancia que tenía estar vinculado a la Unión General de Trabajadores. Al finalizar su exposición, las preguntas se sucedían unas a otras, tal era el deseo de todos de colaborar a levantar un país mejor. Yo ya estaba casado y tenía un hijo con otro que venía de camino, tenía un puesto en una empresa, una gran superficie que me exprimía al máximo y en la que echaba más horas extraordinarias que lectivas sin pagármelas. En esa misma línea estábamos todos los asistentes rasados. Felipe González, que por aquel tiempo contaba con 29 años de edad, tenía un piquito de oro y logró convencernos a todos, yo creo que incluso a algunos de la "social" que estaban entremezclados en el auditorio y que yo conocía de sobras por estar mi trabajo junto a la célebre jefatura de la Gavidia de tan tétricos y malos recuerdos.
Al salir de allí, junto a mis compañeros Manuel Fernández Chavez y Pepe Salvatierra, fue cuando pudimos enterarnos de la gran noticia que ya corría por las calles. -¡Han cogido al Lute, han cogido al Lute...!, ese globo sonda, hecho para engañabobos, que Franco soltaba a su antojo para distraer al personal, y que formaba una trilogía de asueto junto a los partidos de fútbol y las innumerables corridas televisadas, radiadas por Matías Prats.
A partir de ese día, fueron varias las veces que tomé café con él -casualmente, ojo- en el bar Victoria de la Plaza del Duque, frente por frente a mi trabajo y que regentaban los hermanos Alonso. Allí, ya lo conocí acompañado del que fuera su vicepresidente, Alfonso Guerra, quien me invitó en alguna que otra ocasión a asistir a los ensayos del grupo teatral que él dirigía: "Esperpento", cuya sede estaba alrededor de la Plaza del Museo, no recuerdo bien ahora si en la calle Goles o en la de Redes. Allí se daban cita muchos de los que después llegarían a tener un gran peso en el Partido. Sin darme cuenta, me estaban metiendo en la boca del lobo. Y una cosa era querer cambiar la situación laboral de este país y otra entrar de lleno en un movimiento político de los que siempre he querido estar fuera, quedándome sólo con mi pensamiento.
De todas formas, me dio mucha alegría cuando ese joven al que yo conocí, y al que casi nadie conocía, y que se hacía llamar por "Isidoro", salió como Presidente de España con una mayoría absoluta de 202 diputados. España respiraba socialismo con el nombre personalísimo de "felipismo".

Felipe estaba muy bien apoyado desde el extranjero por grandes pesos pesados de la política mundial que querían establecer una democracia en España. Su nombre de batalla lo sabía hasta el propio Franco, tuvo conversaciones con don Juan Carlos antes de morir el dictador, y sus pasos parecían ser perseguidos cuando en realidad todo estaba pactado y más que pactado. Los sótanos oscuros de la política. Aún antes del congreso francés de Suresnes en 1974, Felipe ya era un peso fuerte en la clandestinidad, acabó con el histórico Rodolfo Llopis, fracturándose el Partido, y se convirtió en diputado a las Cortes en las primeras elecciones democráticas de 1977. Listo como el hambre, y con enorme ambición de poder, supo mover los hilos, como a nosotros nos movió aquella conferencia de 1973.
Una vez en la poltrona del Poder, tuvo sus muchos días claros y oscuros. No podemos olvidarnos de la expropiación dudosa de Rumasa, que casi regaló a sus propios amigos, y de la que se dice que él algo trincó por el camino; de la instauración de los contratos basura, favoreciendo a los empresarios; de la estampación de su firma en la más que de derechas Ley Boyer; el recorte por las prestaciones de desempleo; el llamado "medicamentazo"; el aumento de la deuda pública; el recorte de las pensiones... ¡Vaya, vaya, que el socialista aquel que casi me llega a convencer tuvo, por esos devaneos con la banca y los empresarios, dos grandes huelgas generales importantes: la de 1988 y la de 1994! Pero él ya estaba en el dólar...

En sus albas acertadas, hay que hacer constar que hubo un gran crecimiento económico en su mandato, con el sudor de los trabajadores, como siempre; que modernizó el país y lo dotó de amplias redes viarias y que instauró el tren de alta velocidad (AVE); que abrió el país al exterior; que hizo que España entrase en la Comunidad Económica Europea, para bien o para mal; y que, en definitiva, bajo sus mandatos, España soltó el aire de cuarenta años de dictadura y se liberó de no pocas mordazas, aunque también es verdad que nos metió en la OTAN, a pesar de un referéndum ciertamente aliñado.
Sus peores días en la memoria, seguro que estarán en saber (?) que fue la X del GAL, responsable de más de veinte asesinatos; estar marcado políticamente por el caso Lasa y Zabala; tener sobre sus hombros la larga historia del uso de los fondos reservados; haber aceptado tantas y tantas corruptelas: caso Roldán, caso Juan Guerra, caso Filesa... Un hombre, al fin, con todas sus virtudes y contradicciones. El precio del Poder.
Este largo prólogo -creo que demasiado extensivo-, es para dejar mi opinión sobre la ocurrencia del alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, curiosamente del PP, de hacer Hijo Predilecto de Sevilla a Felipe González Márquez el próximo día 30 de Mayo, festividad de San Fernando, a lo que se ha opuesto -¡faltaría más!- la formación de Izquierda Unida. O Zoido es una Hija de la Caridad, organización eclesiástica a la que también se premia, a pesar de saber evadir a la perfección sus impuestos y prebendas, o es un inconsciente, lo que ya es bastante peor.
No creo que Felipe González sea hombre de títulos, ya que desechó, no sé si de corazón o por despecho, el título nobiliario que le ofreció el rey Juan Carlos una vez terminado su mandato, con la excusa de su coherencia personal y política, que él basaba en ser lider de un partido socialista y obrero, aunque creo que lo de obrero le sobró, porque la "O" de obrero se le cayó hace mucho tiempo de sus siglas al Partido Socialista. Pero, en fin. Ahora, sí acepta de muy buen grado este reconocimiento de una ciudad tan maravillosa como voluble, tan encantadora como encanallada. Creo que por esas mismas convicciones podría decir que no acepta ningún honor de esa derecha contra la que tanto ha despotricado. ¡Cosas de viejos! ¡Viva Zoido y Cartagena! ¡Aquí, como siempre, o con el palo o con el cirio, sin tintas intermedias!
Ahora bien -y por más que he buscado los datos en internet no he podido encontrar ninguno-, me pregunto: -¿Tiene Cernuda ese título, y Bécquer, y Antonio Machado, y José María Izquierdo, y Manuel Chaves Nogales, Joaquín Romero Murube, Melchor Rodríguez García "El Ángel Rojo", las Hermanas de la Cruz...? Es que no lo sé, de verdad, y me encantaría que alguien me sacase de esta terrible duda. Sigan poniendo nombres de pintores, hombres de Ciencia, escritores, periodistas, y de seguro que harán una lista interminable en la que siempre se quedará como último, a razón de sus méritos, el de este ex-presidente, porque creo que el hacer una Expo y poner un AVE a nuestra disposición es poco bagaje para ser nombrado con tan alta distinción.
Con los títulos hay que tener mucho cuidado. Este no es el ramito de violetas que cantaba "la Piquer". Yo, solamente por haber instaurado el AVE, se lo daría con los ojos cerrados, pero el nombre de Sevilla debe tener la suficiente entidad para no darse libremente por mi propia comodidad y la del colectivo. Ya se ha desprestigiado bastante el nombre de mi ciudad con monumentos que no vienen al caso (valga el ejemplo de la Duquesa de Alba). Cualquier día, y porque tenía mucha gracia y era muy buena persona, se lo entregamos a Gandía a título póstumo, con mis respetos a tan genial humorista. El mismo respeto que yo me merezco como sevillano para que, en mi nombre, se tengan más cuidado con estas cosas. Los experimentos sólo deben hacerse con gaseosa, y el nombre de SEVILLA pesa mucho para jugarlo a una partida de poker con la política, esa que todo lo ensucia y empaña. Si a Felipe González Márquez lo hacen Hijo Predilecto de Sevilla, que me borren del censo, por favor, aunque le dé las gracias, silenciosamente, cada vez que cojo ese tren de alta velocidad para Madrid.
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