martes, 31 de enero de 2012

DESDE MI TORRE: ESTA TORRE SE HA TEÑIDO DE LUTO


Ayer, día 30 de Enero que jamás olvidaré, el "hachazo terrible y homicida" de la muerte que nos cantaba Hernández quiso darme en el centro del corazón haciéndomelo añicos, partiéndomelo en mil prismas de sangre. Mi niña, la mujer a la que elegí hace cerca de cincuenta años entre todas las mujeres; la esposa dulce, fiel y compañera; madre dulcísima de tres hermosos hijos y abuela amantísima de sus cuatro nietos, dejaba entre mis brazos su último latido. Dios quiso arrancármela de cuajo tras muchos años intentándolo con una cruel enfermedad. No ha dado tregua, no ha obrado el milagro de salvármela para la vida, no ha querido que llenara con ella y junto a ella la más que merecida jubilación.

Mi querida Loli ha volado al cielo de todos los justos desde la tierra al infinito; al cielo de esa gente buena que pasa por la vida derrochando felicidad y alegría. Nunca sabré pagarle todo el amor que me ha ofrecido durante cuarenta años de casados, ni su dadivosidad, sus consejos, sus sacrificios y sus desvelos. Siempre serán pocas las lágrimas que derrame por ella al rebrotarme en cada segundo miles de recuerdos: los momentos vividos -felices y menos felices-, las tristezas y desesperanzas, la pobre economía de nuestros inicios y la bonanza del final. Y me persiguen su risa espontánea, sus "loladas" contagiosas, sus ganas de vivir y de hacer vivir a los demás...

Todos los rincones de la casa me huelen a ella cuando he llegado de dejarla en no sé dónde. No está aquí conmigo, pero la sigue habitando por siempre y para siempre. No me hago a la idea de que la he perdido en la triste habitación de un hospital. No puede ser. De seguro que está conmigo jugando al escondite para darme la sorpresa de volver a aparecerse con esa risa contagiosa inolvidable. ¡Mi Lola!

Esté donde esté, ella sabe que la estoy llorando desde esta torre cobalto que hoy se ha envuelto con un crespón de luto. Me he quedado sin su cuerpo, sin su cara bonita y sin esos ojos verdes que tanto me llenaron de esperanzas. Pero sé que está aquí, a mi lado, para darme fuerzas y para que no caiga, y hasta con un pañuelo en sus manos para secarme las lágrimas que hoy, por ella, están labrando un surco por mi rostro.

Muchos amigos comunes vinieron hoy a darle la despedida y a demostrarle cuánto la querían. Vinieron también para acompañarme, para darme ánimo por tan terrible pérdida. Todos saben bien lo que la he querido en estas cuatro décadas inolvidables y la familia generosa, siempre apiñada, que supimos conformar. Gracias, amigos, porque hoy, aparte de mi dolor, siento el de nuestros hijos y el de nuestra familia, en la que también vosotros habéis sido, y sois, una parte muy importante.

Dios ha querido robármela, y aunque siempre me he enfrentado, Él, más potente que yo, y más sabio, me ha ganado la partida.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: AMOR MUEVE MIS ALAS


AMOR MUEVE MIS ALAS

Amor mueve mis alas, y tan alto 
las lleva el amoroso pensamiento, 
que de hora en hora así subiendo siento 
quedar mi padescer más corto y falto.

Temo tal vez mientra mi vuelo exalto, 
mas llega luego a mí el conoscimiento 
y pruébase que es poco en tal tormento 
por inmortal honor un mortal salto.

Que si otro puso al mar perpetuo nombre 
do el soberbio valor le dio la muerte, 
presumiendo de sí más que podía,

de mí dirán: «Aquí fue muerto un hombre 
que si al cielo llegar negó su suerte, 
la vida le faltó, no la osadía.»


Gutierre de Cetina

FRASES PARA EL DESAYUNO (31)


"Mejores son las heridas que vienen del amigo que los besos fingidos del enemigo".

¡Siempre los hombres matan lo que aman!
Con miradas de odios matan unos,
con miradas de amor los otros matan.
El cobarde asesina con un  beso
y el hombre de valor con una espada.

Oscar Wilde

LIBROS CON POESÍA: LAS MIL MEJORES POESÍAS DE LA LENGUA CASTELLANA


Este libro es de los grandes clásicos y ha sido reeditado en incontables ocasiones. En mi biblioteca ha ido apareciendo y reapareciendo constantemente, ya que es un libro que no he tenido más remedio que regalar a lo largo de los años, y siempre con la urgencia de no poderme quedar con la edición antigua. La selección está realizada por José Bergua y recoge ocho siglos de poesía española e iberoamericana. Como ilustración he elegido el poema de Gutierre de Cetina (1520-1560) titulado "Madrigal".


MADRIGAL

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis. miráis airados?
Si cuanto más piadosos
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.


Autor: Varios
Selección: José Bergua
Edita: Juan B. Bergua
Ciudad: Madrid-1995
Páginas: 774
ISBN: 84-7083-061-9
Depósito Legal: M. 38.258-1995

lunes, 30 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (30)


EL MIELERO

Esta foto de 1925, firmada por Alfonso, que me envía de su colección José Manuel Holgado, nos deja de nuevo el regusto de aquellos vendedores callejeros que venían casa por casa a ofrecernos su mercancía, en este caso la rica miel, casi siempre de la Alcarria. Yo recuerdo a estos vendedores allá por los años 50, cuando venían con sus cántaras voceando ¡el mieleeeeero...!, y recuerdo muy bien que casi todos llevaban como vestimenta habitual, encima de la camisa, una especie de camisola de color gris abrochada en un único botón a la altura del cuello. Ignoro si era la clásica vestimenta de trabajo de los manchegos dedicados a este oficio, y me gustaría me lo pudiese aclarar alguno de mis lectores.

Es curioso que su pregón sí fue recogido en Andalucía por Guichot y Sierra, allá por 1881. Pregón que tomo transcrito del libro de Bonifacio Gil "Cancionero del campo" (Taurus Ediciones. Madrid-1966):

Tres cuartos, medio cuartiyo
de miel de caña,
que con la paletiya
se rebaña.
Y quien la come un día
no se le orvía.
Y hoy sabe a merengue;
y que mañana no vengo,
que anoche me lo dijo el amo.

EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: ESTA LUZ DE SEVILLA...


ESTA LUZ DE SEVILLA...

Esta luz de Sevilla... Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. —La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.

Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.

Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.

Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.


Antonio Machado

FRASES PARA EL DESAYUNO (30)


"Cuán cierto es que no hay placer sin dolor y que la pena siempre se mezcla a la alegría".
(Ovidio)

Del amor y el placer hasta el exceso
los reinos recorrí de beso en beso;
por fin huí de todo lo que existe.

Y en mi torre que mira hacia el poniente,
hallé que era el dolor la única fuente
y hoy soy feliz porque aprendí a ser triste.

Alberto Ángel Montoya

LIBROS CON POESÍA: LAS MANOS CIEGAS DEL INFINITO


Este libro del poeta sevillano Manuel Lozano Hernández se unió al resto de su obra, en la que están, entre otros títulos "Desde Sevilla el latido" (1977), "De la raíz al alba" (1980), "Parte y pensamiento del Arte" (1984) y "Poemas de Bajo-Guía" (1991). Como ilustración de "Las manos ciegas del infinito", he elegido el poema marcado con el número XXXI.


Las manos de un beso apasionado
es como el recuerdo
de una ciudad asediada.

El beso puede ser manos de labios
y aluvión oprimido
de un muerto tacto que resucita,
que muere y resucita,
en el golpe de sangre
de esos fuegos artificiales,
que es la traca final
del deseo.


Autor: Manuel Lozano Hernández
Edita: El autor
Ciudad: Sevilla-1982
Páginas: 95
ISBN: 84-300-6982-8
Depósito Legal: SE-168-82

domingo, 29 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (29)


LOS CASTAÑEROS

Curiosamente, esta forma de ganarse la vida según la temporada no ha desaparecido de nuestras calles y plazas. El castañero aún sigue viéndose en muchos lugares de las ciudades, sobre todo en los de más tránsito, y justamente durante los meses de noviembre y diciembre, que es época por excelencia de tan excelente fruto. Nunca, al menos que yo recuerde, han dejado de hacer su aparición en muchas esquinas de todas las ciudades y casi con el mismo artilugio: el carrito para acarrear el carbón y el material, el anafe de carbón con su tubo de salida para el humo, un fuelle o soplillo de los de toda la vida, la cacerola agujereada para la preparación, las tenazas para avivar la lumbre, el cuchillo para hacer la incisión necesaria a la castaña, trapos para limpiar la mercadería y papel de estraza para hacer los cucuruchos en los que se ofrece la mercancía.

Más o menos original, estos puestos ambulantes solían ser muy parecidos, como en la fotografía de arriba de los años sesenta o como la de abajo, bastante anterior. Los castañeros se ganaban, y se ganan en este tiempo algo de jornal para sobrevivir, y lo más curioso es que lejos de entender que sólo se encuentran en nuestro país, es viejo oficio conocido en practicado en todas las latitudes. La presencia del castañero en nuestras calles es, como dijo alguien, un anticipo oloroso y crujiente de la Navidad.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: MIRÉ LOS MUROS DE LA PATRIA MÍA


MIRÉ LOS MUROS DE LA PATRIA MÍA

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

    Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

    Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de mi anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

    vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en qué poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.


Francisco de Quevedo

FRASES PARA EL DESAYUNO (29)


"Es difícil olvidar de repente un largo amor"
(Cátulo)

Lumbre que jamás quemó.
juego entretenido,
y en el que, como es sabido,
quien más pone pierde más.

Rafael Tejada

LIBROS CON POESÍA: LAS ACROBACIAS DEL DESEO


Brasileño de Säo Paulo, Eduardo García (1965) tiene publicados los poemarios "Las cartas marcadas" (1995), "No se trata de un juego" (1998), "Horizonte o frontera" (2003), "Refutación de la elegía" (2006) y "La vida nueva" (2008). Este libro, titulado "Las acrobacias del deseo" es el número 162 de la colección poética "Los Cuadernos de Sandua". Para ilustrarlo, he elegido el poema "Debiera ser verdad".


DEBIERA SER VERDAD

Debiera ser verdad, debiera el día
inundarse de luz como hoy lo veo,
con su gesto de sábado y ventanas
abiertas al rumor del oleaje:
caminas junto a mí, tu voz me alcanza
con su aliento de fruta y la cadencia
de tus pasos se funde con mis pasos
y no nos cabe el alma ni este puro
fervor de criaturas que el deseo
arroja hacia una playa que no existe.


Autor: Eduardo García
Edita: Cajasur, Obra Social y Cultural
Ciudad: Córdoba- 2009
Páginas: 44
ISBN: 978-84-7959-682-8
Depósito Legal: CO. 558/2009

sábado, 28 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (28)


EL CARBONERO

Esta fotografía de último de los años 40, la recoge Nicolás Salas en el segundo tomo de su libro "Sevilla en tiempos de María Trifulca", y nos indica en su pie que fue uno de los últimos carboneros ambulantes de Triana, llamado Antonio Rodríguez "El Lobo". Yo he llegado a conocer esta estampa por las calles de mi barrio durante algunos años. Nuestras abuelas y madres, por la falta de otra clase de combustible, sólo utilizaban el carbón para poner a "hervir las perolas", llevándose horas y horas dándole que te dale al "soplillo" para que el fogón no se apagase.

Recuerdo los fogones en el pasillo de mi corral. Cada vecino tenía el suyo. Por eso los alquileres de las habitaciones eran con "derecho a cocina", que no dejaba de ser un mísero hueco sobre la pared con una especie de parrilla encima. Una vez que nos fuimos a vivir a El Tardón, allá por el año 1956, todos los pisos venían equipados con una cocina gigantesca de hierro, ya bastante más moderna, que era un armatoste fabricado en los altos hornos de Bilbao, que al menos tenía una puerta en la que se introducía el carbón, pero el procedimiento era el mismo: mucho movimiento de mano con el soplillo de pleita o de palma para mantener las brasas vivas. También el carbón se ha usado muchísimo, acompañado de cisco picón, en los clásicos braseros para calentarse en el invierno. Muchas muertes y graves accidentes, sobre todo infantiles, provocaron estos artilugios cuyas componentes se avivaban con la llamada badila.

No sólo había vendedores ambulantes como este que mostramos, sino que era muy normal, por su gran uso, que en cada calle hubiese una carbonería, establecimiento pequeño que, tras la incorporación del petróleo al uso doméstico, siguió existiendo hasta incluso la llegada de las primeras bombonas pequeñas de gas, que ellos se encargaban también en vender, hasta que el oficio languideció para siempre.


Cuando llegó el petróleo, con aquel olor horrible dentro de aquellas cocinas, con aquellos infernillos feísimos, al menos a nuestras madres les pareció un milagro la invención. Ya se acabó tener que ir a comprar carbón y a deshollinar cada dos por tres. También el petróleo pasó a mejor vida y empezaron a comercializarse aquellas cocinas blancas de gas que ya llegaban hasta tener tres fuegos, lo que equivalía a que se pudieran ir haciendo o cocinando varias cosas a la vez. Desde aquellos fuegos de carbón a los días nuestros de la vitrocerámica, pasó demasiado tiempo. No estaban los inventores por aquello de aliviar con rapidez tantísimos sudores de nuestras sacrificadas madres.

Con estos inventos que fueron saliendo al mercado lentamente, desapareció un oficio, aparte del vendedor ambulante y carbonero, que nos recoge la fotografía que nos manda de su archivo nuestro querido José Manuel Holgado Brenes: el de cisquero, el que convertía la leña en cisco picón para mezclarlo con el carbón. Yo pude verlos en alguna que otra ocasión en los pinares de Aznalcázar y de Almonte, pero de eso hace muchos años, tantos que me ha dado alegría recibir esa imagen que me devuelve a mis años de niñez.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: UN SONETO ME MANDA HACER VIOLANTE


UN SONETO ME MANDA HACER VIOLANTE

Un soneto me manda hacer Violante, 
que en mi vida me he visto en tal aprieto; 
catorce versos dicen que es soneto: 
burla burlando van los tres delante. 

Yo pensé que no hallara consonante 
y estoy a la mitad de otro cuarteto; 
mas si me veo en el primer terceto 
no hay cosa en los cuartetos que me espante. 

Por el primer terceto voy entrando 
y parece que entré con pie derecho, 
pues fin con este verso le voy dando. 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho 
que voy los trece versos acabando; 
contad si son catorce, y está hecho.


Lope de Vega
"La niña de plata"
1617

FRASES PARA EL DESAYUNO (28)


"Quien no cela no ama".
(San Agustín)

No hay criatura sin amor,
ni amor sin celos perfecto,
ni celos libres de engaños,
ni engaños sin sufrimientos.

Tirso de Molina

LIBROS CON POESÍA: LA ÚLTIMA LLUVIA


El presente libro, editado en la colección poética de Carena, pertenece al poeta Francisco Morales Lomas, narrador y crítico literario, y presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. Entre su obra poética, se encuentran títulos como "Veinte poemas andaluces" (1981), "Basura del corazón" (1985), "Azalea" (1991), "Tentación del aire" (1999), "Balada del Motlawa" (2001), "Salumbre" (2002), "Eternidad sin nombre" (2005), "Noche oscura del cuerpo" (2006) y "El agua entre las manos" (2006). Como ilustración para esta fiche he elegido el poema "Luz".


LUZ

Digo ojos y se ilumina
la palabra que asciende
al cielo y, fúlgida, enciende
la antorcha de luz divina.
Claro arcano que camina
por la escalas del cielo
y despojada del velo
del mundo, en desconcierto,
alienta en el dulce huerto
la esperanza del vuelo.


Autor: Francisco Morales Lomas
Edita: Carena
Ciudad: Barcelona-2009
Páginas: 79
ISBN: 978-84-92619-07-8
Depósito Legal: B. 11.185-2009

viernes, 27 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (27)


EL TITIRITERO

Aunque el titiritero -según el diccionario- es aquel que construye o maneja títeres y marionetas, yo desde niño siempre he escuchado esta palabra cuando aparecían por mi corral dos o tres personas, casi siempre de etnia gitana, acompañados por la célebre cabra, a la que hacían subirse dócilmente en unos tacos torneados de madera puestos encima de una escalera. Desde lejos ya se escuchaba la algarabía de esta pequeña tropa, compuesta por el jefe del clan, normalmente un buen trompetero -los he escuchado maravillosos-, la gitana que pasaba el platillo tras cada actuación y una chavala descoyuntada que hacía ejercicios y que, en algunas ocasiones, tocaba una pandereta. Decían que venían de Hungría, pero en la mayoría de las ocasiones eran gitanos portugueses.

Hoy, por aquello de la ley de la protección de animales, es impensable seguir viendo a la cabra, pero los titiriteros siguen aún animando las calles y plazas de nuestros barrios con el singular sonido de la trompeta, aunque con menos parafernalia que en mis años infantiles, cuando se formaban coros gigantescos alrededor de ellos.

Por Triana, hace poco más de un año, estando varios amigos habituales en el "ateneo" de El Ancla, tuvimos la ocasión de disfrutar de la música de este gitano yugoslavo de la fotografía de abajo, al parecer llamado Antonio Acosta, y al que conocía el poeta Eugenio Carrasco "El Perlo de Triana", que le dedicó un soneto, que puede leer en el blog "Triana en la red". Es un genio tocando la trompeta, aunque ya lleva sobre un carrillo, para hacerse los bajos, un órgano electrónico conectado a unas baterías. ¡Hasta los titiriteros han entrado en la modernidad!

Siempre he disfrutado viéndolos, escuchando la música de la vieja trompeta y dejando en el platillo el correspondiente óbolo. Es una forma como otra de ganarse la vida, llenando el alma de cierta melancolía por el paso del ayer.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: CAMPIÑA CORDOBESA


CAMPIÑA CORDOBESA

A Mario López

Bajo el ala del ángel, la mañana
del campo enciende su cirial votivo
en la amapola y alza en el olivo
kiries de alondras a la luz temprana.

Verde liturgia sacra que engalana
el ara de los surcos, el festivo
salterio de la esquila, cuerpo vivo,
viril rojo del sol que cela y grana.

Cereal relicario, reverente
anunciación humilde de la espiga,
oración de pesada argentería.

Por la cal y la palma y la simiente
va y viene azul el labio y la cantiga,
el aire, portapaz de Andalucía.


Pablo García Baena
"Homenaje a Mario López"
1997

FRASES PARA EL DESAYUNO (27)


"De los elogios que hace del vino, se arguye que a Homero le gustaba"
(Horacio)

Líquido que sólo 
beben dos veces los hombres:
el día que comen pato
y el día que no lo comen.

Rafael Tejada

LIBROS CON POESÍA: LA TIERRA AMENAZADA


Este autor mexicano, avecindado en Madrid desde su juventud, fue premio Adonais en 1943 por su libro "Edad del hombre". José Suárez Carreño (1915), que colaboró con la iniciativa teatral de García Lorca en "La Barraca", fue amigo personal de Dalí y Camilo José Cela, y un guionista de cine de mucha fama. A él se debe, precisamente, el texto de la película "Cabaret", que compartió con Eduardo Manzano. "La tierra amenazada" es el resultado de sus experiencias de la Guerra Civil española, que retrata magistralmente. Como ilustración se podían poner todos sus excelentes poemas, aunque me he decidido por el titulado "Recuerdo de los muertos".


RECUERDO DE LOS MUERTOS

Está la encina, solitaria y triste,
en la parda quietud de aquel terreno.
En el campo de peña miserable,
es un árbol desnudo, gris, tremendo.

La única voz de los peñascos mudos
que ponen su dolor junto a los cielos.
La única voz que nace de esta tierra
es su tronco desierto, adusto, ciego.

Yo pienso en hombres que aquí luchan.
Yo pienso en hombres que aquí han muerto.
Vuelvo a mirar la encina solitaria,
los campos que se pierden a lo lejos.
Miro en los aires nubes que van sombrías,
miro el mudo torrente de los cielos.

Aquí, sobre la tierra dura,
aquí sobre la tierra, han muerto.
Hombres que agonizaron, que perdían
la forma de su sangre sobre el suelo.

Aquí, sobre los altos riscos
que en siglos y por siglos son misterio.
Aquí, sin árboles, sin hierba,
en la peña desnuda, están sus huesos.


Autor: José Suárez Carreño
Edita: Editorial Hispánica
Ciudad: Madrid-1943
Páginas: 84

jueves, 26 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (26)


EL JUEGO DEL ARO

Nadie que tenga más o menos mi edad podrá decirme que no ha tenido un aro en su vida ni ha jugado con él. La imaginación de los niños de aquellos años de posguerra no tenía límites, y sólo hacía falta cualquier elemento de desecho para convertirlo en un juguete personalizado con el que pasarse horas y horas en plena actividad. Hoy, nuestras calles se han despoblado de niños jugando al trompo, a la lima, a la  piola -con, o sin espoliniqui-, a las chapas, a la tángana, al turco, al tejo, a las bolas (canicas para el profano), a las chapas,  a la pelota, al caballito, al pañuelo... Los niños de hoy están en casa al pie de una consola digital, sin más distracción que matando marcianos o bombardeando objetivos. Era una alegría en aquellos años 50 ver una calle poblada de críos que, según cada época del año, ponía en valor un juego u otro. La mayoría de estos juegos, aunque parecieran de ayer, ya venían de tiempos de los romanos, y así nos lo recuerda la historia, fijándolos para siempre en el cuadro "Juego de niños", en 1560, el pintor holandés Brueghel "El Viejo", que recoge en él hasta unos 80 juegos diferentes que los niños de mi época, desconociendo el cuadro, seguíamos practicando, lo que nos habla que se fueron transmitiendo de generación en generación hasta la nuestra, tras la que ya fueron decayendo a causa de la llamada sociedad de consumo.


El aro de mis años infantiles era, por regla general, una llanta vieja de bicicleta a la que hacíamos girar con un palo. A falta de ésta, porque hasta la chatarra escaseaba, nos conformábamos con la propia cubierta, a la que los niños dimos el nombre de "aro blando", porque era dificilísimo soportarlo en pie más de un minuto. Yo tuve la suerte de que un vecino de mi calle de Juan de Pineda, en El Turruñuelo, muy amigo de mi padre, Cristóbal "el fragüero", me hiciera uno de verdad, es decir, un aro de hierro con su guía, que no era otra cosa que una especie de vara de hierro con una horquilla en uno de sus extremos, que era la que "guiaba" con fiabilidad el aro, terminada en un puño de madera torneada para hacer más fácil las distintas maniobras del juego. Era como si me hubiesen regalado el paraíso. También le hizo otro a su hijo, mi amigo Cristobalín. Él y yo vacilábamos de lo lindo como los grandes potentados de los mejores aros de la calle.

El principal distraimiento del aro era el de ir paseándose con él como fiel compañero por los límites de las callejuelas del barrio, pero existían variantes como la de aro contra aro: ponerse dos contrincantes frente a frente, a una distancia acordada, y lanzar el aro para que el compañero lo recogiera y supiera enviártelo. La habilidad consistía en la rapidez. Aquel que primero perdía el aro del contrario, o se le caía en el envío, perdía irremediablemente. Otra de las modalidades era la de los obstáculos. Se cogían varias piedras y se hacía un circuito, por el que había que hacer pasar el aro con mucha habilidad; más o menos como el examen que hoy en día hacen los que quieren sacarse el carnet de conducir de motocicletas, o el que practican en los entrenamientos los futbolistas para simular intentar driblar al contrario. 

El aro que me hizo Cristóbal, el amigo de mi padre de El Turruñuelo", me lo robó un gitanillo casi de mi misma edad, de los que habitaban, por aquel entonces, en el llamado "Hotel Guitarra", donde hoy se encuentra en Triana el ambulatorio "Amante Laffón", aquel que fue inaugurado por el eminente doctor don Antonio Cortés y bendecido por el cardenal José María Bueno Monreal. ¡Cosas de la vida! Paseaba yo con mi aro como compañero desde El Tardón hasta mi calle de tantos sueños y desgracias como fue Juan de Pineda para ver a mis tatas, Ana y Gertrudis, y a una segunda madre para mí como fue Consuelo, aquella que me llegó a enseñar a mimar y a querer a las plantas desde niño. En mitad del camino, y ante la amenaza de una mínima navaja, mi aro desapareció, y con él gran parte de mi vida...

¡Lo que da de sí un aro, aquel aro inolvidable! Aún recuerdo la escena de cómo llegué a casa de mis tatas llorando por la pérdida. Al año siguiente, no sólo me había quedado sin el aro perfecto hecho por Cristóbal, sino que en su primera visita al mar, en Mazagón, a su hijo, mi amigo y contrincante del aro, Cristobalín, mi compañero de juegos, se lo tragó la mar de una dentellada...

Cada vez que, como hoy, recuerdo aquel juego del aro, la imagen de Cristobalín se me aparece. No sé en qué cielos andará, si es que es verdad que existe un cielo para los buenos, pero en mi juventud, y asociado al aro, le escribí este poema que aún lloro en nombre de la niñez:

De no saber de mar 
se ahogó mi amigo, 
el hijo de Cristóbal, 
el fragüero. 

Por Huelva fue, 
en Mazagón, 
qué duelo 
de ese Cristobalín 
que era mi amigo. 

Qué duelo 
y qué miedo 
de María, su madre, 
y del fragüero. 

Qué hierro más encendido 
y traicionero en su pecho. 
Qué ola, llama maldita, 
dejó al fragüero sin cuerpo 
cuando a su Cristobalín 
lo trajeron yerto. 

Cinco o seis años tendría 
cuando comprendí el misterio, 
cuando supe que una vida 
vale más que un hombre muerto, 
cuando supe que una muerte 
mata cien vidas a un tiempo. 

Ya María no reía, 
ni vi fumar al fragüero, 
ni Cristobalín corría 
remontando su pandero
ni haciendo correr su aro
de fino y pulido hierro.

La mar huelvana lo quiso. 
Desde entonces, por él rezo. 

El aro. ¡Mi aro! Aquel aro que me robó el gitanillo del "Hotel Guitarra". Mi suerte. La mala suerte de que mi mejor amigo, Cristobalín se enredase en la O caprichosa de una ola a la que nunca supo driblar. ¡Cosas de la vida! ¡Cosas...!


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: NO DIRÉ DÓNDE...


NO DIRÉ DÓNDE...

No diré dónde, ni con quién, ni cuándo,
ni nombre, ni país, ni mes, ni día.
En cualquier parte hay una tarde fría
con hojas secas que se van volando.

Y dondequiera ha habido un lecho blando
y una puerta cerrada que se abría,
como frontera sin soberanía
para el furtivo amor de contrabando.

Pero lo que no ocurre dondequiera
es que volví otra tarde, en primavera,
yo solo, por el parque envejecido,

y vi dos nombres en un tronco seco,
y fue mi corazón, bajo el chaleco,
un brusco garabato y no un latido.


José Ángel Buesa
"Tiempo en sombra"
1970

FRASES PARA EL DESAYUNO (26)


"Día a día vamos muriendo, porque día a día se nos va restando una parte de la vida
y, a medida que vamos creciendo, la vida decrece"
(Séneca)

Algo se muere en mí todos los días;
del tiempo en la insonora catarata
la hora que se aleja me arrebata
salud, amor, ensueños y alegrías.

Julio Flórez

LIBROS CON POESÍA: LA SOMBRA DEL VUELO


El número 132 de la colección poética "Los Cuadernos de Sandua" nos trajo esta muestra de haikus de Ricardo Martínez-Conde, autor, entre otras publicaciones, de "Los argumentos de la tarde", "Los días sin nombre", "Cuentas del tiempo" y "De cuanto nos es dado".


La flor azul
aporta melancolía
a la tarde.


Autor: Ricardo Martínez-Conde
Edita: Cajasur, Obra Social y Cultural
Ciudad: Córdoba-2006
Páginas: 44
ISBN: 84-7959-629-5
Depósito Legal: CO. 1.319/2006

miércoles, 25 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (25)


Hoy es fácil encontrarse por las calles y plazas con vendedores ambulantes que te ofrecen toda clase de artículos. La mayoría de ellos son senegaleses que llevan un auténtico almacén en lo alto, en sus manos y en sus mochilas. Hasta una motosierra me ofrecieron hace unos días en la Taberna del Moriles, en la que la mayoría de los sábados me uno a mi charpa de amigos para tomar unas copas. También es fácil encontrarse de nuevo a los chamarileros asentados en los espacios públicos peatonales con el ofrecimiento de un sin fin de objetos, desde libros más usados que los vasos de los bares, hasta monedas y quincallería varia. Poco ha variado este "comercio" libre que siempre ha existido en nuestro país, lo hayan realizado unos u otros.

La imagen de hoy tiene el interés de un vendedor que me ha recordado a los años cincuenta y sesenta de nuestra existencia: la del vendedor ambulante de corbatas. Estos hombres llevaban un mazo de todos los colores, estilos y calidades, aunque el precio, por aquello del regateo, casi siempre se quedaba a gusto de vendedor y comprador. 

Los recuerdo en Sevilla, muy especialmente, en los alrededores de la antigua estación ferroviaria de Plaza de Armas, la llamada estación de Córdoba, frente por frente a ella, en las puertas de los muchos bares, casas de citas y pensiones que allí tenían asentamiento, lo que siempre me ha hecho pensar por qué en ese sitio y no en otro. Ese lugar es el que más recuerdo de estos típicos vendedores, aunque solían pulular también por las calles céntricas. Pero al ser ese un paso casi obligado para mí, en mis retinas se ha quedado fijada esa imagen para siempre. Lo que jamás he podido entender  es por qué y para qué comprar una corbata, y en la calle, en años en los que apenas si había dinero para ponerle un cuello nuevo y unos puños a la gastada camisa.


EL SONETO NUESTRO DE CADA DÍA: IMITANDO UNA ODA DE SAFO


IMITANDO UNA ODA DE SAFO

¡Feliz quien junto a ti por ti suspira!
¡quien oye el eco de tu voz sonora!
¡quien el halago de tu risa adora
y el blando aroma de tu aliento aspira!

Ventura tanta -que envidioso admira
el querubín que en el empíreo mora-
el alma turba, el corazón devora,
y el torpe acento, al expresarla, expira.

Ante mis ojos desaparece el mundo,
y por mis venas circular ligero
el fuego siento del amor profundo.

Trémula, en vano resistirte quiero...
de ardiente llanto mi mejilla inundo...
¡deliro, gozo, te bendigo y muero!


Gertrudis Gómez de Avellaneda
"Poesías selectas"
1968

FRASES PARA EL DESAYUNO (25)


"¡Ay de los vencidos!"
(Tito Livio)

¡Ay del que pierde su arrogante silla
y en vil escaño o vergonzoso yugo
bajo el altivo triunfador se humilla!
¡Ay del que doble el cuello o la rodilla
delante de su juez o su verdugo!

Ricardo León

LIBROS CON POESÍA: LA POTESTAD DEL CÍRCULO


En la coleccion de autores noveles de la Diputación de Jaén, apareció este libro de Alfonso S. Barragán Rincón, compuesto de 45 poemas , la mayoría de ellos en torno al amor y a la vida. Como ilustracion, he elegido el poema que el poeta titula "Nuevas formas".


NUEVAS FORMAS

Deslizar de lágrimas por un rostro
como casas de apagadas luces
como lluvia lenta de anónimos dedos
desgranando notas al teclado.
Un callado contorno
que rodeó siempre su originaria forma,
esa difusa evocación del suspiro que encalló en el viejo muelle
donde todo en desorden se almacena.


Autor: Alfono S. Barragán Rincón
Edita: Diputación de Jaén
Ciudad: Jaén-1992
Páginas: 60
ISBN: 84-86843-49-9
Depósito Legal: J-314-1992

martes, 24 de enero de 2012

DESDE MI TORRE: LA MADRE DE MARTA


Esa es la otra cara de Marta del Castillo, asesinada y desaparecida, tal día como hoy, de hace tres años. Es el rostro del dolor profundo e insondable de una madre desesperada. Cualquier dolorosa sevillana, con todos mis respetos, es una Nancy a la vera de este rostro que ha ido esculpiendo la dejación y la injusticia. A Eva Casanueva no le hacen falta las lágrimas postizas de la talla de "La Roldana". Sus lagrimales le han dejado los surcos marcados por un río de lutos y desesperanzas. Pónganle una corona y un manto bordado en oro sobre terciopelo negro y súbanla a un paso para encontrar a la Virgen de la Soledad más auténticamente dolorosa. 

No le han matado a su hijo por explicar su palabra comprometida. No ha visto su sepulcro. No ha podido darle un último beso de despedida, ni llevarle flores a su tumba. A Marta, a su hija, la asesinó un niñato de poco más de metro y medio, con el que colaboraron varios sayones que hoy siguen tomando cervezas en la barra de un bar gracias a una blandísima sentencia. A Marta la hemos matado y escondido entre todos para cometer un segundo asesinato: el de esta mujer joven que ya no sabe ni qué edad tiene de tanto y tanto buscar entre las sombras.

Esta mujer, como mi Cachorro, como el Cachorro al que tanta devoción tenía Marta, lleva tres años expirando, tres años que son tres siglos en el alma de una madre. Y lleva en su pecho los puñales del silencio sevillano, tan maestrante y tan del Gran Poder. Espera que Sevilla se tire a la calle en aluvión, como en una tarde de Domingo de Ramos o en la madrugada del Jueves Santo, pidiendo a gritos que canten estos niñatos -¡Ay, cuartel de la Calzá...!- para saber dónde están esas primaveras de su hija Marta, dónde se encuentra... 

Sevilla tiene una nueva advocación, la gran advocación: Eva Casanueva. Son reales los puñales sobre su corpiño, reales sus lágrimas, real y más que demostrado su dolor, verdadero el talante de una mujer que ya no sabe qué camino tomar cuando los asesinos de su hija están todos en libertad, y el único confeso, ese  niñato llamado Miguel Carcaño, ya mismo está tomando un guisqui junto al mismo juez Poncio al que le ha resbalado -dicen que según los formulismos judiciales- el dolor, la terrible pena de esta auténtica virgen de Sevilla.


OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (24)


EL ZAPATERO REMENDÓN

Cuidadín, cuidadín con el nombramiento de "remendón" a personas que han sido y son excelentes artistas en esta profesión, gremio muy abundante en número hasta la llegada de las vacas gordas de finales de los 60, y que fue desapareciendo poco a poco hasta volver a resurgir en este momento en que una crisis nueva ha hecho su aparición. Pero siempre han existido, lo que pasa es que han sido "guadianas" entre el estado de bienestar y la tiesura.

La imagen correspondiente de arriba es de la serie "Triana en el objetivo de Holgado Brenes", del día 27 de enero del pasado año 2011, en el blog que fácilmente pueden encontrar http://trianaenlared.blogspot.com, fotografía a la que yo adornaba con algunos comentarios de este hombre que desarrollaba su trabajo en una accesoria de la Plaza del Altozano trianera.

A mí me ha gustado siempre el nombre de zapateros de banquilla, como así gustaba llamarse al excelente artesano de este gremio, y extraordinario cantaor flamenco de Villanueva del Ariscal, Manuel Márquez "El Zapatero", que hasta logró por ambas cosas una plaza rotulada con su nombre en su pueblo de nacencia y un monumento, y que aún puede contarlo con la plena vitalidad que goza a pesar de haber pasado los 80 tacos de almanaques. Son muchas horas las que pasé en su taller hablando de cante, mientras lo veía trabajar y su mujer, Isabel, le ponía un gran tazón con café y leche,  "migá" a base de bien, y a mí, según la hora, una cerveza o un vino de la propia tierra. Por su "cuarto", con su mandil de siempre y sentado en su banquilla ante la clásica mesa baja, llena de leznas, puntillitas, hilo encerado, leznas, martillos, tenacillas, "sacabocaos", cuchillas, cortadores, escoplos, bigornia, hormas y más hormas, y todos los enseres propios de su oficio, hablaba y no paraba de cante..., pero tampoco de trabajar: cose que te cose, curtiendo pieles, contradiciendo la mala fama de vagos que le dedicaron proverbios y refranes a lo largo de los años.


Los zapateros remendones, como siempre los han llamado, aunque otra denominación excelente era la de "zapateros de viejo", estaban situados por las pequeñas accesorias de las ciudades y algunas veces trabajaban hasta en la propia calle, adonde sacaban su banquilla y mesa. Tan artistas eran, y son los que quedan, que prácticamente de unos zapatos que estaban para tirarlos los convertían en nuevos con suelas, tacones, cosidos, remaches, cordones y hasta lustrados, que así te lo dejaban a la hora de la entrega.

No sé si por aquello de la gestión política crítica con el ex-presidente José Luis Rodríguez Zapatero, en la puerta de un zapatero de banquilla podía leerse un cartel en la puerta que decía: "No soy ZAPATERO, soy reparador de calzado". ¡La guasa siempre es sabia!

Tan se decía que eran vagos -cuando jamás fue así- que existían unas letrillas que tengo fichadas y que decían así:

El buen zapatero, por no pecar
el lunes no ha de trabajar,
el martes para descansar,
el miércoles para reposar,
el jueves afila las cuchillas;
el viernes, moja el cuero;
el sábado, ablanda el taburete,
y el domingo trabajaría...
pero no es el día.

¡Gloria y loor a estos zapateros de banquilla, remendones o reparadores de calzado que están volviendo a nuestros barrios por culpa de una crisis que no da para comprarse unos zapatos nuevos cuando ellos te los dejan mejor que nuevos con su trabajo cotidiano y habilidad artesanal!