viernes, 8 de febrero de 2013

MIS CRÓNICAS DE TRIANA (12)


UN PASEO POR EL TARDÓN (2)

Todas las calles de esta flamante barriada fueron rotuladas el año 1955 con nombres de personas que iban desde la literatura a los conquistadores. Creo que son pocos los que se entretienen, como yo, en preocuparse por saber quién era el hombre de la calle que habitaban. Recuerdo que a casa llegaban cartas con la dirección “Los Pepinillos”, bajando a categoría de cucurbitácea al gran poeta, y periodista sevillano, nacido en 1875, José López Pinillos, más conocido por el seudónimo habitual de “Parmeno”.

Para que Triana sea un poco más eterna, demos un rápido listado al nomenclátor de estas calles de la popular barriada, al objeto de que sus habitantes sepan quién le da el nombre a su calle. Es una ofensa de que quien ha sido uno de los máximos poetas de la historia, el sevillano universal Antonio Machado, sólo tenga por parte de su tierra una calle sin salida en la barriada que se alzó sobre el antiguo Cortijo del Aceitero.

Así tenemos a Álvaro de Luna, conquense, valido de Juan II y condestable de Castilla; Álvaro Peláez, por Álvaro Pelagio, franciscano que llegó a ser obispo de la localidad portuguesa de Silves; Caballero de Illescas, sevillano nacido el año 1599, de nombre Diego, que llegó a ser virrey de Navarra; Gutiérrez Bravo, sacerdote sevillano que nació en 1713; Góngora, rotulada como plaza por el poeta cordobés, Luis de Góngora y Argote (1561); Gutiérrez de Alba, dramaturgo nacido en Alcalá de Guadaira el año 1822, llamado José; López de Gómara, de nombre Francisco, soriano nacido en 1510 y que fue capellán y secretario de Hernán Cortés; Lorenzo Leal, por el periodista, poeta y novelista lebrijano que nació en 1860; Lucas Cortés, de nombre Juan, jurista que nació en Sevilla el año 1624; Maldonado Dávila, científico sevillano del siglo XVII; Luis Mensaque,  por el industrial trianero Luis Mensaque Arana, fundador de la Falange de Sevilla, vilmente asesinado en la calle Rodrigo de Triana; Manuel de Lando, de nombre Fernando, poeta sevillano del siglo XIV, introductor del trovo italiano; Martínez de Irala, llamado Domingo, nacido en Vasconia en 1510 y conquistador del Paraguay; Morovellí de Puebla, de nombre  Francisco, que nació en Sevilla el año 1575 y fue gran crítico de Quevedo y defensor del Patronato de Santa Teresa de Jesús; Rubén Darío, por Félix Rubén García Sarmiento, poeta nicaragüense, padre del Modernismo, nacido en 1867; Torres Alarcón, por el erudito sevillano, llamado Juan; Gonzalo de Berceo, monje benedictino y escritor de la localidad riojana que le ofreció apellido artístico; Juan Valera, diplomático, político y escritor que nació en la localidad cordobesa de Cabra el año 1824; Jacinto Benavente (1866), dramaturgo madrileño, apellidado de segundo como Martínez y Premio Nobel de Literatura en 1922, quien dio paso a una humorística anécdota por parte de la madre de Estrellita Castro cuando se lo presentaron. La madre de la cantaora y actriz le espetó: -¡Don Jacinto, yo tengo un hijo como usted! A lo que cortesmente respondió el dramaturgo: -¿Ah, es escritor, señora?, contestando rápidamente la madre de Estrellita: -¡No, es maricón! ¡Cosas...! Y sigo: Gabriel y Galán, apellidos del poeta de la localidad salmantina de Frades de la Sierra, llamado José María, nacido en 1870; Garcilaso de la Vega, poeta y militar toledano que nació el año 1503; Pedro Antonio de Alarcón, nacido en la localidad granadina de Guádix en 1833, novelista del movimiento realista; Álvar Núñez, con añadido de Cabeza de Vaca –calle que se repite en el barrio de Nervión-, nacido en Jerez de la Frontera en 1490, que fue gran conquistador español y Juan Díaz de Solís (1470) navegante de Lebrija y descubridor del Río de la Plata.

No tengo espacio para detenerme en abundantes anécdotas que propiciaron. ¡Otro día será!


(Triana Crónica. Nº  12. Enero de 2012)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (39)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL TRANVÍA


Con el subtítulo "Crónica de costumbres de la ciudad de Sevilla (1887-1965)" el escritor y periodista Nicolás Salas sacó este libro sobre el tranvía, 29 años después de que yo hiciera la primera obra conocida sobre este sistema de transporte con el título "Sevilla y sus tranvías, apuntes y recuerdos de una historia perdida". Con un álbum gráfico de más de 100 imágenes, algunas escogidas de mi edición, el autor ya llega en este volumen a recoger el nuevo "Metrocentro" y a incluir algunos que otros datos como aportación a esta historia, a la que se unió también los dos ejemplares "Aquellos tranvías de Sevilla" dedicados a su historia técnica por parte de Francisco Marín Pereira y la colaboración de Manuel González y González. Libro que se lee de un tirón.


Autor: Nicolás Salas
Edita: Almuzara
Ciudad: Córdoba-2008
Páginas: 110
ISBN: 978-84-92573-05-9
Depósito Legal: CO-1186-08 

jueves, 7 de febrero de 2013

DESDE MI TORRE: ¿BASURAS EN SEVILLA...? ¡ANDA, QUILLO!


¿Dicen que Sevilla está llena de basuras y que hay más de seis mil toneladas de ellas desparramadas por sus calles? ¿Quién o quiénes son los encargados de cuantificar el peso? ¿Existe una oficina de funcionarios puestos a dedo por la Junta y el Ayuntamiento versados en este tema para, a ojo de buen cubero, decirlo con tanta exactitud? Me río, aunque de ajena vergüenza. Pero se me desata la risa cuando contemplo a mi Ciudad llena de inmundicias y nadie dice la verdad: ni los calculadores de tanta mierda de sus calles, ni los munícipes del PP que tanto dicen velar por Sevilla, ni los sindicatos  ni hasta los que están sufriendo esta degradación que ya va para nueve días. Pulularán las ratas alrededor de los contenedores -tan olvidadas-, como en los años de la posguerra, y volverán aquellas enfermedades antiguas que, desde el Hospital de Las Cinco Llagas, Hospital Central, Hospital de la Sangre o de La Macarena, intentaba cortar, casi sin medios, el insigne don Antonio Cortés. Volvemos a la posguerra, a su hambruna y su miseria. Volvemos a la mierda aunque tengamos el AVE y excelentes autovías y autopistas. Volvemos tras el 39, pero con más mierda por las calles. Sí, esto es una auténtica mierda, una mierda y basura apestosa que sólo han propiciado los aprendices de políticos, esos que se aferran a la poltrona, manejan sin saber manejar, y les da igual que el turismo se vaya, que Sevilla, nuestra querida ciudad, salga en las portadas de los principales medios de comunicación del mundo como una ciudad fétida, guarra y descuidada, lo que antes ha pasado ya en otros pueblos y ciudades de esta desconocida España..

Las únicas basuras que hay en esta Gran Ciudad del Orbe, tan cantada en todos los tiempos, son nuestros políticos. Zoido, cuando estaba en la cómoda oposición, se fijaba -y se hacía la imprescindible foto- ante un banco de la barriada de Bellavista al que le faltaban los tornillos. Zoido se fijaba en las papeleras, en las farolas, en los descuidados jardines, en fin, en problemas domésticos de poco cuño. Cuando le ha tocado lidiar el "Miura" de la política de verdad, se ha acojonado tanto que es incapaz de salir del burladero; más o menos como hacía "El Gallo", Rafael, cuando la cosa pintaba "bastos". A él, como a todos sus delegados de distritos de todas las collaciones de la Ciudad, lo que le gusta son las cofradías, las hermandades, el pescaíto frito que ofrecen detrás de cualquier acto "capillita" que se precie, la placa, el piropo, la medalla que le cuelgan al cuello tras diez abrazos de ojana y miles de lisonjas, la misa catedralicia de la Inmaculada, el Corpus -grande o chico-, las hermandades de Gloria, el Viacrucis de la Fe, las tertulias cofrades de "El Rinconcillo" y para de contar... ¿Sevilla? ¡Que espere! ¿Basuras? ¿Qué basuras, quillo...? Aquí no pasa nada, ni viene una nueva "Expo" para dejar esto como una patena, tanto de delincuentes, pedigüeños o bolsas... ¡Viva Sevilla, el PP y la mare que los parió a todos!

Hoy es cuando tiene que dar la cara el alcalde y sus acólitos, y no para decir que Sevilla está de pena por esta huelga, sino para decir que él es el principal responsable. ¡Ya está bien de no preocuparse de los problemas del personal público! Lo que Zoido quiere es que cobren menos los que hacen que esté limpia y brillante nuestra ciudad, que esos operarios trabajen más horas a cambio de nada, que se les quiten sus derechos, ganados a pulso de huelgas durante tantos años, esos que la derecha a la que Zoido pertenece ha borrado en un año de ejercicio. Posiblemente es que nuestro alcalde actual lo único que quiere es salir siempre en la fotografía con Rajoy y los altos cargos del Partido, acaparar poder, dejarse ver, sentirse importante..., y que las cosas de la ciudad marchen solas. Si yo fuese alcalde de la maravillosa Ciudad que él preside, de seguro, eso al menos, que no habría basuras en las calles sevillanas, porque todos los políticos de uno y otro signo estarían en el vertedero de Torreblanca. ¿Basuras en Sevilla? ¡Anda ya, quillo, si toda la basura está en la Casa Grande de San Francisco!

MIS CRÓNICAS DE TRIANA (11)


UN PASEO POR EL TARDÓN (1)

Pocas barriadas dentro de un gran barrio como es Triana –raíz y matriz- gozan de tan conocido nombre como el de esta periferia urbana que estuvo a punto de ser llamada como de la Virgen de la Esperanza en 1957 y que, pocos días más tarde, da en llamarse y ser titulada como de San Gonzalo, a pesar del barrio anexo del mismo nombre. Los munícipes de aquel tiempo –como los de ahora- estaban tan despistados en nomenclaturas que al final el pueblo, siempre sabio, siguió llamándola “El Tardón”, nombre que ha prevalecido desde antes del siglo XIX.

Dicen los que saben, que más o menos donde está ahora la Plaza de San Martín de Porres, al final de San Jacinto, existió un fielato de los habituales en las entradas de caminos que venían del cercano Aljarafe. Uno de ellos transcurría por la que hoy conocemos como avenida de Álvar Núñez, y el otro, llamado de “Los Gordales”, y también de “El Botijero”, por la de Juan Díaz de Solís, aunque ya a principios del siglo XX todo ese gran espacio se denominó como “Cortijo del Aceitero”, denominación que consta en los papeles oficiales de los pisos que, sobre estos terrenos, comenzara a construir, a inicios de los años 50, el Instituto Nacional de la Vivienda en tiempos del gobernador civil don Alfonso Orti Meléndez-Valdés (1949-1959), y para cuya adquisición se debería depositar la cantidad de 4.025 pesetas –una cantidad muy seria para los tiempos-, y una mensualidad de 277, 06 de la primera mensualidad. Hoy nos puede parecer de risa lo que en nuestros días no equivale a un euro y pico, pero aún me sorprende que las 2.000 familias que ocuparon aquellos pisos pudieran hacer frente al tirón.

La mayoría de los que allí formamos nuevo asiento, éramos provenientes de familias desalojadas de viejos corrales, emigrantes y nuevos matrimonios. Una buena cosa tenía este “Tardón” al que tanto recordamos: y es que era como la prolongación gigantesca de nuestras casas de vecindad de nacencia, que casi todos sus habitantes eran jóvenes, y que hubo una generación importantísima en la historia de Triana que creció con los mismos juegos, las mismas escuelas y los mismos argumentos de vida. Ah, y otra más, muy importante: que el gobierno repartió a los moradores para que hubiese un equilibrio de convivencia. Y así, en cada casa, donde vivían 20 vecinos, los ocupadores eran administrativos, funcionarios, gitanos, comerciantes, hosteleros y… en todos estos bloques anexados habitaba un miembro de la Policía Armada o de la Guardia Civil, con lo cual todos los conatos posibles vecinales estaban ampliamente controlados.

El paso de la casa del “Turruñuelo” al “Tardón” significó para mí un gran cambio en mi vida. De tanto vivir en lineal, ¡qué vértigo de miedos la primera vez que me asomé al barandal de su balcón! De tanto vivir en solitario, ¡qué alegría de formar parte de una amplia comunidad de niños y niñas que más o menos teníamos las mismas edades…! ¡Qué gran gozo pasar allí de la infancia a la juventud, robar los primeros besos y sentirlos robados, percibir los primeros calambres de la sexualidad, adivinar la belleza de un rostro y de unos pechos que aún estaban formándose! Fue la fragüa de muchos millares de trianeros que ya hoy peinamos canas, pero que allí descubrimos, poco a poco, serenamente , la sabiduría y el placer de la vida.

Todo el barrio era nuestro, porque todo se abría ante nuestros ojos: sus plazas de Góngora y de Luis  Mensaque; sus calles transversales: López de Gómara, Lorenzo Leal y Rubén Darío; sus pasos sin salida, como Antonio Machado o López Pinillos; sus túneles tristones, sus vericuetos y rincones perfectos para el primer y más temeroso beso… Toda la chavalería nos sabíamos sus perfiles de memoria: Alarcón, Gabriel y Galán, Gonzalo de Berceo, Jacinto Benavente, Lucas Cortés, Manuel de Lando… La tienda de Primitivo, “El Cañón”, la farmacia, el puesto de los churros y patatas fritas…

Un nuevo vivero fue “El Tardón” para hijos del artisteo y la farándula: Los Montoya, Isabel Pantoja, Los Morancos, Lucía, Lola Carmona…

Barrio de artistas, pintores,
de poetas y toreros.
¡Qué buen mantillo en tus surcos,
Cortijo del Aceitero!


(Triana Crónica. Nº 11. Diciembre de 2011)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (38)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL TORNO DEL ALFARERO


Este libro del onubense José Romero Moreira, quien llegara a ser Presidente de Honor de la Peña Trianera, es un canto global a la Triana que lo acogió desde 1939. Su cariño al arrabal le hace hablar en este volumen de todas las instituciones, de todos los industriales, de sus escritores, poetas y pintores, de cuantas personas dejaron sus huellas por este solar. En esta obra se recogen, además, un capítulo de agradecimientos y un anexo de personalidades del barrio en homenaje al autor. Libro entrañable para conocer la Triana íntima, la que hicieron sus habitantes a través de sus obras.


Autor: José Romero Moreira
Edita: Junta Municipal del Distrito
Ciudad: Sevilla-1998
Páginas: 220
Depósito Legal: SE-1.140-1998

miércoles, 6 de febrero de 2013

DESDE MI TORRE: CÁDIZ, EL MÁS VALIENTE MEDIO DE COMUNICACIÓN SOCIAL


Uno de los cursos intensivos que debieran darse en las diversas Facultades de Ciencias de la Información de nuestro país, es un paseo de diez días por la Gran Facultad del Teatro Falla de Cádiz, al objeto de que los aspirantes a periodistas aprendan a tener libres sus lenguas y a opinar con la misma sinceridad que lo hacen cuartetos, coros, chirigotas y comparsas gaditanas. Ya quisieran para sí los más nombrados columnistas y los mejores pagados líderes radiofónicos y de televisión, tener la agilidad mental para cantar las cuarenta a los políticos, a los jueces, a los corruptos, a los que están esquilmando a nuestro país, y hasta a la propia Corona. No son payasos, ni gente divertida, ni personal que nos hacen pasar unos ratos agradables: son gente con una sabiduría gigantesca, con una rapidez mental extraordinaria, con un sentido musical nato, con un compás envidiable, pero, sobre todo, con una lengua que no se calla ante las injusticias, que nadie ha podido hacer callar..., hasta ahora, y que pone los puntos sobre las "íes" sobre todos los problemas que estamos viviendo.

Quizás se me pudiese apostillar que lo hacen a nivel colectivo. Pero detrás de estos tangos, pasodobles, cuplés y popurrís, tras estas letras valientes que dicen las verdades del barquero, "o del banquero", hay nombres y apellidos que han escrito y siguen escribiendo la Historia de Oro de la Libertad en la tierra de la Primera Constitución Española. ¡Vivan esos cojones! El Concurso del Carnaval gaditano es una Ciencia que debería haber sido premiada con el Premio "Príncipe de Asturias". No entiendo si son mejores unos coros u otros, unas chirigotas u otras, y apenas entiendo las comparsas -reinas, al parecer, del Carnaval-, recordándome mucho los cuartetos a la "Murga de Manolín", sin duda copiada de ellos, de los gaditanos. Pero cada año, sin importarme los disfraces, las puestas en escenas, la calidad de los forillos y la calidad de la música, estoy pendiente del mensaje de los textos. Ni "El País", ni "El Mundo", ni "ABC", ni "La Razón", ni los demás diarios en prensa existentes; ni "Onda Cero, "La COPE", "La SER", "Radio Nacional"..., ni todas las cadenas de televisión que tienen cabida en nuestra triste España, tienen la calidad de informar, y tan objetivamente, como el Carnaval de Cádiz, de nuestros problemas cotidianos, y de hacerlo con tanta valentía, nadando y sin guardar la ropa, que es lo que hacen, diariamente, la mayoría de esos periodistas, de prensa, de radio y televisión que quieren alelarnos con cuatro comentarios vacíos y más que consensuados con la dirección de sus medios, que, a la vez, obedecen a grandes empresas políticas y de Poder.

Aunque sólo fuese por eso, por la lección que Cádiz le da gratis a todos los medios de comunicación: ¡Viva Cádiz, picha!


MIS CRÓNICAS DE TRIANA (10)


AÑORANZAS POR EL TORRUÑUELO

No es cierto que la memoria herida sea la peor y más infeliz de las memorias. Desde el corral de mi nacencia de la calle Torrijos, casi no me di cuenta de cuándo llegué a este lugar, compuesto de tres calles fantasmagóricas a las que aún no había llegado a todas las casas el luminoso invento de Thomas Alva Edison; calles que, más que trianeras por absorción del gran arrabal, parecían decorados de un Far-West para que rodara Edwin S. Porter a la banda de Bill Doolin en el atraco al tren de Rock Island.

Eran tres sus calles, como La Pinta, La Niña y la Santa María, o como el triunvirato de Gitanillo, Manolete y Arruza. A partir de 1940, muchos trabajadores de jornal ínfimo, profesionales de oficio, y recién casados, labraron las casas, con sus propias manos y los elementos de construcción más cercanos a ellas, en los terrenos llamados Tejar de El Torruñuelo, en sitio de casi nadie, pagando el metro cuadrado a quince pesetas. Si sus calles se llamaban al inicio como A, B y C, que ni nombre tenían, a algún culto preboste de la Ciudad se le ocurrió rotularlas con nombres de personajes ilustres que aún permanecen en su nomenclátor, así los del jurista y poeta sevillano Cristóbal Mosquera de Figueroa, el del teólogo y escritor del XVI, Juan de Pineda, y el del gran vidriero de la Catedral de Sevilla, Arnao de Flandes.

En aquel primer trozo de vida, entre chinches, piojos y ratas, descubrí allí la “miguilla” y estrené mi primera pizarra y lapicero; aprendí a convivir con los niños que tenían lo mismo que yo, es decir, tan poco como yo; aprendí a montar en las bicicletas remendadas que alquilaba Genaro a perra gorda la vuelta; coleccionaba las bolas de cristal que taponaban las gaseosas del minúsculo bar de Victoriano “El Jorobao”; fabricaba mis primeros y queridos juegos; remontaba gigantescos panderos de caña, papel de seda y telas viejas; recortaba mis soldados y los pegaba con engrudo casero hecho de harina y agua; lanzaba al cielo la “reolina”, jugaba al trompo, a los huesos de damascos, a la billarda, a la tángana, a la lima con las primeras lluvias de septiembre, al aro, a la pelota de trapo y a las cajillas, cambiaba estampas y me dejaba los nudillos en el rudimentario patinete…

Y en aquel Torruñuelo lejano en la memoria, sentí qué significaba la muerte de un amigo, de Cristobalín, ahogado en las primeras excursiones a Mazagón… Allí sufrí la pérdida de mi hermana Pepi cuando corrían los días de Semana Santa de 1955, y allí, en aquellas calles que formaban la “H” del heroísmo por la supervivencia, supe de las purgaciones con ricino, de las dolorosas inyecciones de “Hepal Crudo”, de mucho pan con aceite y muchas sopas de tomates…, pero me negaría a mí mismo si no dijese que también supe de la sana dicha de la libertad.

Hoy, cuando alguna vez que otra mis pasos retornan por allí, me acuerdo de la barbería de Juan “El Legionario”, que te pelaba casi de balde y encima te obsequiaba con tabaco; de los bautizos y bodas que se celebraban en “Casa Picón”; de “Villa Cristobalina”, el inmenso corral en el que el gran músico y compositor, Gualberto, soñaba con una vida cuajada en pentagramas; de Enrique “El Marconi”, el que arreglaba las viejas lámparas de los pocos aparatos de radio existentes…

Cincuenta y cinco años más tarde, la nostalgia aún me lleva a desandar lo andado y encontrarme, niño yo todavía, con baby de crudillo, por las calles de la infancia.


(Triana Crónica. Nº 10. Noviembre de 2011)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (37)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL RÍO, EL BAJO GUDALQUIVIR


Es uno de los libros más preciados por mí en la biblioteca destinada a los temas sevillanos, no sólo por sus muchas e inéditas ilustraciones sino por sus hermosos y escogidos textos, nacidos de la pluma de diversos autores. El volumen, con edición de lujo, no deja nada al aire de la vieja historia del Guadalquivir: "El río en los textos clásicos greco-latinos", "El Betis en época romana", "El Guadalquivir musulmán", "Las armadas descubridoras y colonizadoras desde Sevilla de Colón a Magallanes", "El río y el comercio con América", "La vida en los muelles. El Arenal", "El río y la navegación en la Historia Moderna", "Arriadas en Sevilla: Triana y el Castillo de la Inquisición", "Historia de un naufragio", " El río en el siglo XVIII y la Compañía de Navegación del Guadalquivir", "Compañías de navehación y barcos a vapor", " Aproximación a la arqueología del bajo Guadalquivir", "Las Marismas", "El antiguo estuario", "La imagen del río: vistas y textos de los viajeros", "La tierra y el río", "El río y su entorno", " El cauce del bajo Guadalquivir", "La barra de Sanlúcar", "Distribución de poblamientos en el bajo Guadalquivir", "La pesca en el río Guadalquivir: pasado, presente y futuro", "Aves y caza", "LOs toros guadalquiveños de las marismas bajas", "El Guadalquivir y el desarrollo de la Sevilla contemporánea", "Pasado, presente y futuro de la calidad del agua", "La recuperación de los recursos fluviales", "De Alcalá a Sanlúcar", "Guadalquivir: textos escogidos" y "Encuesta sobre el río". ¿Que quiere saber algo más sobre el gran río de la Bética y orgullo de Sevilla?, pues tírese a él de cabeza. Ninguna obra más completa que ésta sobre el tema.


Autor: Varios
Edita: Equipo 28
Ciudad: Madrid-1985
Páginas: 240
Depósito Legal: M-15090-1985

martes, 5 de febrero de 2013

MIS CRÓNICAS DE TRIANA (9)


EN LA FRONTERA DE LA BARRIADA DE SAN GONZALO

Casi todos los trianeros tienden a unir el barrio León con la barriada de San Gonzalo que, aun siendo barrios diferentes, están tan unidos y maridados como para ser confundidos en sus lindes. En esta barriada, los límites están perfectamente delimitados por la Avenida del conquistador jerezano y Adelantado del Río de la Plata, Álvar Núñez, la Avenida de Coria, la Plaza de San Martín de Porres y la calle Dolores León. El nombre de la misma lo toma de la iglesia situada en la plaza de su nombre, dedicada al santo portugués Gonzalo de Amarante, y cuya advocación se puso en honor del General vallisoletano, Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, propiciador, junto a su mujer, de estas pequeñas pero hermosas construcciones de doble planta, con jardín de entrada y patio trasero, así como de la barriada de Santa Genoveva de Sevilla.

Estas casas comenzaron a construirse el año 1938, en parte del espacio de la antigua Huerta de la Torrecilla, por iniciativa de la Obra Nacional de Casas Baratas para Obreros y Empleados y Caballeros Mutilados,  y se rotularon en 1943 con los nombres de Plaza de San Gonzalo, Azucena, Barbacana, Batán, Clavel, Giralda, Antigua y Llana, cambiándose este nombre en 1945 por el de Nuestra Señora de la Salud, y el de Antigua, el año 1972, por el del Cristo del Soberano Poder, titulares de la hermandad que reside en el templo.

Ese mismo año de 1938, el 29 de junio, se colocó la primera piedra del templo que iba a ser parroquia del barrio, siendo madrina del acto la esposa de Queipo, Genoveva Martí Tovar, y cuya bendición, por el Cardenal Pedro Segura y Sáenz, se celebró el 12 de junio de 1942. El mismo año, se fundan en la reciente parroquia la cofradía de nazarenos de Jesús ante Caifás y Nuestra Señora de la Salud y la Sacramental, compuesta de jóvenes de Acción Católica y de la Archicofradía Sacramental del Sagrario, fusionándose ambas el año 1952. La imagen del Cristo primitivo fue tallado por José Luis Pires y la de la Virgen por Rafael Lafarque, y ambas fueron sustituidas a causa de un incendio que se originó en la iglesia en 1977. La de Nuestra Señora de la Salud  la talló Luis Ortega Bru y la del Cristo, tan reciente, también de su autoría en 1975, tuvo que ser restaurada totalmente. La primera vez que procesionó Nuestro Padre Jesús Soberano fue el año 1948 y la Virgen, con escasos enseres, el año 1955. Así lo cantaba la antigua saeta: La Virgen de la Salud / no tiene palio ni manto: / ¡Con cuánta pena camina / por las calles de Sevilla / la hermandad del Lunes Santo!

El atrio natural de esta barriada, es el lado Poniente de la Plaza de San Martín de Porres, con el ambulatorio “Amante Laffón” en el lugar que ocupaba el nunca inaugurado “Hotel Guitarra”; el Mercado de San Gonzalo, que de terrizo es hoy día un ejemplo de modernidad e higiene; el edificio de Cáritas y las inolvidables calesitas de Luis León, con más de cincuenta años en el solar.

En mi agenda sentimental, en esa historia imperecedera de la Triana Eterna, recuerdo por sus aledaños el cine Giralda, unas veces montado en el solar del ambulatorio y otras en la trasera de La Torrecilla, en la calle Giralda y Virgen de la Salud; el olor inconfundible de los naranjos de sus calles, y el que salía a albahacas, damas de noche y jazmines de los mínimos y preciosos patios delanteros de estas edificaciones, adonde íbamos los colegiales, tijeras en mano, a robar –que palabra más grande en la infancia- rosas de pitiminí para llevarlas a la Virgen del colegio Procurador en el mes de María, llamado también el de las flores…


(Triana Crónica. Nº 9. Octubre de 2011)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (36)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL REAL MONASTERIO DE SAN CLEMENTE


Es un interesantísimo libro que con el título "Un proyecto de rehabilitación: el Real Monasterio de San Clemente" forjaron Fernando Villanueva y Rufina Fernández en este volumen de lujo con copiosas e interesantísimas fotografías e ilustraciones. En él se nos informa de la rehabilitación total de tan antiguo edificio religioso, que fue recuperado de la ruina gracias a la Exposición Universal de 1992. En este informe arquitectónico, los autores dividen el libro en los siguientes apartados: "El monasterio en su entorno", "El monasterio en el tiempo", "El monasterio en la actualidad", "Las artes decorativas en la iglesia" y "Estado general del edificio y últimas intervenciones". Una excelente obra para conocer por dentro uno de los más célebres y antiguos conventos de la ciudad de Sevilla.


El estudio del edificio del Real Monasterio de San Clemente y el Proyecto de Rehabilitación integral que aquí se presenta constituyen una sencilla pero significativa muestra de los muchos proyectos de rehabilitación y restauración que se están llevando a cabo en Sevilla con ocasión de los eventos de 1992. Sin embargo, San Clemente contiene elementos diferenciadores que lo hacen especialmente interesante: su antigüedad original, pues data del siglo XIII, su pertenencia a la Orden del Cister, apenas implantada tierras abajo del río Tajo, y su carácter de panteón real, pues sus muros albergan memorias de reinas, antes recluidas allí en vida, desarrollando una vida conventual con monjas del estado llano y con otras de la nobleza.


Autor: Fernando Villanueva y Rufina Fernández
Edita: Comisaría de la Ciudad de Sevilla para 1992
Ciudad: Sevilla-1991
Páginas: 110
ISBN: 84-7952-014-9
Depósito Legal: M-16.310-1991

lunes, 4 de febrero de 2013

CRÓNICAS DE MI TRIANA (8)


POR LOS LINDEROS DE "LA TORRECILLA"

Si llevamos nuestros pasos por la espina dorsal de San Jacinto, antes de Manuel Carriedo, y mucho antes calle de Santo Domingo, se nos reavivarán los recuerdos al llegar a la altura de la barriada de Santa Cecilia, allí donde se asentaba la gigantesca huerta que llevaba el nombre del santo dominico, y en la que se alzaba en verano el cine donde nos arrancaba una sonrisa Manolo Morán o Pepe Isbert, o nos dejaba la humanidad de sus películas el italiano Aldo Fabrizi. Nostalgia también de la cochera de tranvías, en la que se encerraban los coches del “peligro amarillo” de las líneas trianeras, o los platas y con franja azul de La Puebla del Río, Tablada y de la línea Pañoleta-Camas. Huerta de los baños temerosos en la sucia alberca y tranvías, no menos sucios, que hoy vienen a nuestra memoria…

Las frondosas moreras llenaban de vida, con su verdor y sus frutos, la acera del asilo de la Fundación Carrere, y frente por frente, casi abandonada y vetusta se alzaba la torre de una cortijada antigua, llamada de la Torrecilla, edificio que albergó el bar Eloy, ante cuya puerta paraban los tranvías del Barrio de León, los hombres bebían vino peleón como cosacos sevillanos, acompañado de gigantes alcaparrones y, para matar el tiempo, jugaban a la tángana apostándose unas grasientas monedas… Para nada se me han borrado esos días de mi historia infantil.

Cuentan los que saben que el capitán Alonso López de la Vega creó un Patronato de Legos en la Parroquia de Señora Santa Ana, nombrando patronos administrativos a los curas de la misma y a la Ilustre Hermandad del Santísimo Sacramento, entre cuyo patrimonio se encontraba una huerta, llamada de la Torrecilla, con bellísima cortijada y de 39 aranzadas andaluzas de tierra, equivalente en su magnanimidad a 143.208 metros cuadrados, que se cedió en usufructo, a cambio del tributo pertinente, a un holandés llamado Juan Bautista Plateboet, por espacio de “tres vidas por cincuenta años”, según escritura formalizada, el 17 de noviembre de 1732, ante el escribano público don Antonio Tomás de Zúñiga.

Tras muchos avatares, tiempo y dueños, un buen día tomó posesión de estas huertas y de su edificio un hombre de gran voluntad e iniciativas, don José León y León, que tuvo la feliz idea de construir un barrio moderno que, desde entonces, ya lleva su nombre; barrio de diez calles rectilíneas, con una plaza amplia interior y el resultado de una avenida –antigua carretera de San Juan- a la que se llamó Avenida de Coria. Él pidió al ayuntamiento reservarse el nomenclátor de las calles, y así se bautizaron con el nombre de sus familiares: Plaza de Anita, nombre de una de sus hijas, religiosa del Sagrado Corazón en un convento de Soria, Ángel Solans, Dolores León, Enrique León, José León, José León Sanz, María Ortiz, Regla León y Regla Sanz, dedicándole una al Padre Maruri, sacerdote jesuita confesor familiar, y al general de brigada Carlos Martínez Romero, amigo íntimo y propulsor con él de este barrio singular.

Un poco más tarde, el general Gonzalo Queipo de Llano propició crear una anexa barriada de hermosas casitas con breve jardín de entrada y con una iglesia dedicada al santo de su nombre… Pero, como decía el genial camarero de “Irma la dulce”, de Billy Wilder, esa será otra historia…


(Triana Crónica. Nº 8. Septiembre 2011)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (35)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL MOSCÚ SEVILLANO


El  prolífico escritor y periodista valenciano, afincado en Sevilla desde hace muchos años, Nicolás Salas, trata en forma de novela, como continuación de "Morir en Sevilla", Premio Ateneo en 1986, esa década de los años treinta en la que se conoció a la ciudad, dentro y fuera de nuestras fronteras, como "Sevilla la roja". La novela recoge parte de los acontecimientos tristes que se dieron en la capital hispalense desde el último tercio del siglo XIX hasta 1936. Esta novela histórica nos desvela parte de ese entramado en los siguientes apartados: "Ciudad sin tiempo", "La esperanza frustrada", "¡Viva la República!", "¡Viva Rusia!", y "Sevilla en llamas".


Autor: Nicolás Salas
Edita: Universidad de Sevilla
Ciudad: Sevilla-1990
Páginas: 254
ISBN: 84-7405-588-1
Depósito Legal: S-632-1990

domingo, 3 de febrero de 2013

DESDE MI TORRE: LAS ACLARACIONES DE RAJOY


No me extiendo más, no tengo la intención de cabrearme más de lo que hice ayer, cuando estuve todo el día pendiente de los medios de comunicación para ver qué nos contaba nuestro Presidente de esa reunión tan urgente -¡Prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras van...!- en la que, curiosamente, no se permitió la entrada a esos medios, a los que se alojó en una sala con pantalla para ver la comparecencia cual si estuviesen contemplando un partido de fútbol. Creo que la cita de ayer era muy importante, más que importante, porque creo, como la gran mayoría de los españoles que se está jugando el futuro de nuestra nación, y en la que debieron aclararse las cosas de una vez por todas. Ni un caso más de corrupción y cualquier político con la menor sospecha de haber incurrido en ella, preventivamente a la cárcel, y nos da igual que se llame Mariano Rajoy, Luis Bárcenas, Dolores de Cospedal, Ana Mato...No más engaños, hombre. No se han querellado aún con "El País". ¿Por qué? Bárcenas aún anda suelto. ¿Por qué? La propia policía, en su unidad de la UDEF ha acusado a Ana Mato de recibir prebendas y de ciertas ligerezas sustanciosas mientras la Sanidad se le ha mermado a todos los españoles. ¿También está equivocada la Dirección Central de la Policía? Pues entonces, apaguemos las velas de nuestras esperanzas y vayámonos. ¡Qué descaro..., por no decir otra cosa! ¡Vaya país! ¿Queremos que en Europa se nos escuche...?

CRÓNICAS DE MI TRIANA (7)


DE CUANDO TRIANA PUDO SENTIR LA MUERTE

No es tiempo de Semana Santa, ni yo soy semanasantero, pero hoy, en este verano que ha entrado con todo su fuego, me he acordado de la fecha trágica que para Triana fue el 26 de febrero de 1973, cuando las llamas redujeron a ceniza a “La Señorita” del Patrocinio y “El Cachorro” pudo dejar de expirar para siempre.

Curiosamente, en Triana nunca muere Cristo. El arrabal no lo permitiría, porque Triana es un barrio de resurrección y gozo, de alegría y vida. Cristo puede estar declarando ante Caifás, orando a su Padre para que pase el cáliz de sus horas más amargas, ser azotado y atado a la columna del pretorio, convertirse en Nazareno camino del Calvario, tener su tercera caída y seguir eternamente expirando en la cruz. Pero muerto, nunca. El caserío quiere tener siempre a Cristo vivo, a su lado, quizás para cantarle por lo bajini, a golpe de martinete, la saeta que me salió de los labios hace ya muchos años: Expiras el año entero / y nunca mueres, Señor, / y es que el barrio trianero / no quiere que en el madero / se muera su Salvador.

Nunca muere “El Cachorro”, que es el símbolo siempre expirante y en cruz de la propia Triana. Sus ojos velados en la agonía de la muerte, como los de este arrabal que languidece por sus venas sin que ninguna institución, entre ellas las propias hermandades, tengan el valor suficiente para quitar los clavos y sanar las heridas y denunciar a los ejecutores diciendo que Triana, como su Cachorro, se nos está muriendo poco a poco, que está agonizando en el madero de la desidia, de la despreocupación y de la clase política. Que está al fin, como Él, abandonada a su suerte…

Pero aquella tarde de hace treinta y ocho años, el arrabal casi pudo sentir el último latido de su Cristo gitano, de ese Señor de la Expiración envuelto en coplas y leyendas, latido de los trianeros y la más alta expresión del barroco sevillano. Acabó el incendio con la imagen bonita y aniñada de Cristóbal Ramos, que la soñase allá a principios del XVIII, con las imágenes de san Isidoro y san Leandro del siglo XVI, y con un hermoso ángel que los que chanelan de Arte atribuían a Luisa “La Roldana”, aquella escultora inquieta que, como otras de aquel tiempo lejano, ya estaba inmersa en el feminismo antes de que tuviera que publicitarse como vanguardia.

Todo acabó en cenizas, pero no pudo el fuego apagar la expiración de un hombre que es símbolo del barrio. Vivo siguió “El Cachorro” para siempre por la heroicidad de un joven alcalareño, empleado del polvero de Salas, frente por frente a la capilla, que trepó hasta el balcón anexo a la misma y se lanzó a su salvación. En la prensa del día siguiente, casi sólo salía la consternación del hermano mayor, don Carlos Elliot, las condolencias del alcalde, señor García del Busto, las de todas las hermandades sevillanas y, muy especialmente, las del arrabal… Pero el nombre de Rafael Blanco Guillén apenas si mereció unas líneas de pasada, cuando precisamente gracias a él, a su arrojo, a su valor, a su amor en suma, el Señor de Triana siguió expirando y el fuego no acabó con su último pálpito de vida.

Triana, tan desagradecida siempre con los que la quieren, no tuvo el detalle de rotular una calle con su nombre, ni creo que la hermandad lo perpetuó en la puerta de la capilla…

“El Cachorro” sigue expirando por el puente cada Viernes Santo, pero gracias a un hombre, en el más penoso de los anonimatos, que se jugó su vida para salvar la del barrio.


(Triana Crónica. Nº 7. Julio de 2011)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (34)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL MONTE Y SEVILLA


Con motivo de cumplirse el 150 aniversario de su fundación en Sevilla (1842-1992), el Monte de Piedad realizó una magna exposición de cuadros, fotografías, carteles y esculturas en relación con la ciudad, editando este lujoso volumen que nos cuenta el siglo medio de la Entidad y su relación con todos los tiempos sevillanos. El libro lo inicia Cristina Campayo Rodríguez con "El Monte de Sevilla, un siglo y medio de historia", continuando José Manuel Suárez Garmendia con "Iconografía de la ciudad vista a través de los medios fotomecánicos: el siglo XIX"; Alfonso Braojos Garrido nos habla de "La Sevilla contemporánea, pautas, licencias y ensalmos de una historia"; Luis Marín de Terán y Víctor Pérez Escolano de "La Ciudad de Sevilla, siglos XIX y XX"; Ángel Vela de "Sevilla en la Edad de Oro de la prensa ilustrada"; Vicente Lleó Cañal de "Las fiestas de Sevilla desde 1850"; el poeta Fernando Ortiz de "150 años de literatura sevillana"; María Isabel Osuna Lucena de "La música y Sevilla"; y José Fernández López y Francisco Javier Rodríguez Barberán de "Sevilla y las Bellas Artes". El volumen, profusamente ilustrado, se cierra con el hermoso catálogo de la exposición.


Autor: Varios
Edita: Fundación El Monte
Ciudad: Sevilla-1992
Páginas: s/n
Depósito Legal. SE-1.574-1992

sábado, 2 de febrero de 2013

DESDE MI TORRE: YO TAMBIÉN QUIERO UN SOBRE


A los políticos, y viendo cómo está la cosa, que aquí la nación se la están repartiendo a cachitos entre todos, entre los denunciados y los denunciadores, que apenas se acuerdan ya de anteayer -joía memoria-, yo también quiero solicitarles un sobre, pero no con dinero negro, ese que a las personas con vergüenza nos quema las manos; quiero un sobre con todo lo que me han robado y me están robando cada día de una triste nómina de pensionista: un sobre que contenga todas las veces que he tenido que pagar el IRPF por la misma causa; un sobre que me devuelva el copago que estoy pagando por una sanidad a la que he ido cotizando durante 44 años ; un sobre en el que pueda contar con el 2'9 % del IPC que me han esquilmado por la cara a pesar del célebre "Pacto de Toledo"; un sobre que me reembolse lo que he tenido que pagar de plusvalía, tras el fallecimiento de mi esposa, por un piso que era mío; un sobre en el que, con una carta autógrafa del Presidente del Gobierno, el señor Rajoy, el que todo lo iba a arreglar de un plumazo tras la muerte del socialismo, me devuelva la dignidad como persona y se disculpe por el mal trago que, gracias a él, todos los españoles estamos pasando. No, no quiero dinero ajeno en ese sobre que espero como un milagro de los Reyes Magos. Quiero, simplemente, mi dinero, su disculpa y la garantía de mis pocos ahorros, la seguridad, la confianza de quienes nos gobiernan.

Anteayer se manifestaron mil personas ante las puertas de la sede del PP y los políticos supieron blindarse las espaldas con más de 200 policías antidisturbios y no se sabe cuántos de la secreta. ¿Tanta defensa es necesaria si dicen que lo de los sobres es una mentira? ¿Por qué no dejan al pueblo que al menos se manifieste en contra de unos políticos, cuando menos, dudosos en su integridad? ¿En verdad que estamos en una democracia? 

Quiero mi sobre, pero no que me lo entregue Bárcenas bajo cuerda, sin firmar en ningún lado y con la sonrisa nerviosa en los labios. Quiero un sobre con todo lo que he reclamado anteriormente. Nosotros, gran parte de los españoles, pusimos el nuestro en las urnas  el 20 de noviembre de hace poco más de un año. Salieron negras, pero esa es la voluntad popular, y hay que respetarla. Y en el mismo sentido que los votantes eligieron con sus sobres de votos a Rajoy, quiero que él pida colectiva e individualmente perdón, que diga que se ha equivocado, que él es, simplemente, un registrador de la propiedad y que esto de la política le ha venido ancho, que las malas artimañas le han salido mal y que dimite, que se va, que se pira, que se fuga, y que se haga cargo del aeroplano alguien que sepa cómo se lleva los mandos.

Un sobre quiero, Presidente, con todo el dinero que me ha robado a golpes de decretos en un año, y con la disculpa por haberme roto la esperanza que jamás lograron derribar los grandes temporales de la vida. ¿Será usted capaz?

CRÓNICAS DE MI TRIANA (6)


AQUELLOS PASEOS MÍOS CARTUJANOS

Ni a soñar que me echara en aquellos mis años infantiles, cuando mi abuelo me llevaba en su pesado carro “Orbea” a la fabrica de la Cartuja a recoger platos y tazones de loza con algunos deterioros, para la vajilla destartalada del corral comunal, me imaginaba tanta historia condensada en aquel gran edificio que enseñaba sus hornos desafiantes al cielo trianero. Para mí, aquellos paseos significaban una hermosa excursión al lado de una de las personas que más quería. Desde entonces, jamás pudo borrarse aquel entorno de mi memoria, y mi imaginación aún hacía más hermosa la visión que más tarde pude encontrarme en los libros: su pasado almohade vinculado a la alfarería, la leyenda de la aparición de la Virgen a la que dieron en llamar de Santa María de las Cuevas, su primera ermita, la fundación del monasterio por el Arzobispo don Gonzalo de Mena, la construcción de la iglesia gracias a don Perafán de Ribera, el establecimiento de la orden cartujana y la opinión de Andrea Navagero sobre cómo vivían los discípulos de San Bruno: “En buen escalón están los frailes que viven aquí, para subir desde este lugar al Paraíso”…

Nada sabía entonces de la gravedad que sufrió el edificio cuando el terremoto de Lisboa allá por 1755, ni del saqueo a que fue sometido por parte de las tropas francesas, ni de la expulsión de los cartujos con la desamortización de Mendizábal. ¿Cuántas obras de Arte desaparecerían de sus estancias en aquellos tiempos convulsos, estancias decoradas por las manos de Martínez Montañés y Alonso Cano, Zurbarán y Murillo, Duque Cornejo, Juan de Mesa…?  Mientras unos hermosean la vida a través de la palabra, la gubia o los pinceles, otros la aniquilan invocado el fuego y el hacha. Fueron malos tiempos para la lírica, después de aquellos grandes de esplendor con las grandes aportaciones de mecenas y con las visitas reales de Carlos I, y de Felipe II, de Felipe IV y  Carlos IV, con las largas estancias del conquistador Cristóbal Colón y su familia, de la mística Santa Teresa…

Toda la vida contemplativa de cuatrocientos años se vino a tierra, hasta que el inglés Charles Pickman, apoyado financieramente por el sevillano Juan Pedro La Cave, primero alquila y compra después este lugar que desde 1841 se dedica decididamente a la fabricación de cerámica y porcelana, con unos sistemas revolucionarios para la época, convirtiéndose a lo largo de los años en toda una institución en la vida sevillana hasta 1982 en que cambia sus instalaciones, conjunto declarado Monumento Nacional en 1964, y que a partir de su desalojo se transfirió al Gobierno de Andalucía, que de cara a la Exposición Universal de 1992 es totalmente remozado para ser Pabellón Real durante la misma, y después Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y Rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía.

En la segunda mitad del XIX la fábrica fue cuando consiguió todo su esplendor, y fue nombrada Proveedora de la Casa Real en 1871 por Amadeo I de Saboya, quien a su vez nombra, dos años más tarde, Marqués de Pickman al fundador de esta Cartuja, que siempre se ha dado en llamar de Sevilla, estando situada en Triana, de donde salieron no pocos artistas del arrabal para trabajar en ella.

Por ella siguieron pasando reyes como Isabel II en 1862, y Alfonso XII en 1873, y la Regente María Cristina en 1892, y Alfonso XIII en 1904, pero por allí pasaba yo a recoger vajilla usada a lomos del carro de paralítico de mi abuelo Ramón, sin duda mis más recordados paseos cartujanos.


(Triana Crónica. Nº 6. Junio de 2011)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (33)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL MONASTERIO DE LA CARTUJA EN LA HISTORIA DE SEVILLA (1400-1992)


Con el subtítulo de "Efemerides y recuerdos" nos llegó este libro con el número 27 de la Colección Popular de Bolsillo del editor Rodríguez Castillejo, obra del abogado e historiador sevillano José Santos Torres. En el volumen, y por medio de once capítulos, el autor recoge los siguientes aparatados: "Razones andaluzas del 92. La razón precolombina", "La razón colombina", Las razón poscolombina", "La Cartuja de Santa María de las Cuevas", "El puente de Calatrava, paso de la Barqueta o puente del Alamillo", "El Monasterio de la Cartuja y la campana de espantaalbures", "El Monasterio de la Cartuja y la gastronomía sevillana", "El Monasterio de la Cartuja y el Cristo de la Sacristía de los Cálices", "El Monasterio de la Cartuja y los restos de Colón", "El Monasterio de la Cartuja, remedio de las hambrunas de Sevilla", "El Monasterio de la Cartuja y sus privilegios" y "Algunos sucesos de su historia" Libro, pues, completísimo pasa saber todo sobre la vida de este singular edificio.


El Monasterio de la Cartuja o de Santa María de las Cuevas tras un lento proceso de unos años se han transformado en Pabellón Real y eje emblemático de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Bueno es que recojamos algunos jalones de su historia pasada, remota a veces, en estos retazos que singularizaron la vida del cenobio de los cartujos en contacto con Sevilla y los sevillanos. Porque la vida de los monjes, el acontecer del Monasterio, estuvo en todo momento, desde su fundación, metido en la vida misma de la ciudad.


Autor: José Santos Torres
Edita: Rodríguez Castillejo, editor
Ciudad: Sevilla-1992
Páginas: 146
ISBN: 84-87041-96-5
Depósito Legal: B-21.853-1992

viernes, 1 de febrero de 2013

DESDE MI TORRE: ¡OJÚ, CÓMO ESTÁ EL PATIO!


Ya el patio de mi casa no es tan particular como cantaban aquellas niñas de mi infancia, que cuando llovía se mojaba como todos los demás. Nuestro patio, el de España, está inundado de mierda, de corrupciones, de ladrones, de cruces de acusaciones vecindonas entre el PP y el PSOE, que tanto montan, como los católicos reyes, en esto de ver quién se lleva más, y quién miente más para ocultar sus fechorías. Al parecer, según la "Sorayita" y la "Cospedal", es como si Bárcenas nunca hubiese sido miembro del Partido. ¡Aquí no caben corruptos!, nos gritan desde una urgente rueda de prensa. Lo peor de estos robos sistemáticos es que hacen mucho daño a una sociedad civil a la que se está desvalijando, sistemáticamente, por medio de impuestos y tributos. Sólo le falta al PP que nos ponga una tasa media por al aire que respiramos. Todo llegará a su tiempo, a menos que esa sociedad que conformamos todos diga: -¡Basta ya!

En este patio particular de España llueve de gordo, pero nadie parece tener paragüas para protegerse. Hasta la carpa de la plaza taurina de las Ventas se ha caído, aunque aún nadie sepamos quién o quiénes hicieron los respectivos cálculos y si los materiales eran totalmente fiables o se cambiaron por otros más baratos, aunque tasados a precios de la mejor calidad. En este país ya no nos protege nadie: ni el Estado, que es quien tiene la absoluta obligación de hacerlo, mientras que sólo cumple, y por decreto Ley, el inventarse cómo puede esquilmar más nuestros bolsillos. Vivir hoy en España, ser español, es una auténtica desgracia por culpa de nuestros políticos, bueno, aprendices de políticos, como siempre los he denominado.

El diario  "El País" nos ofreció ayer las anotaciones del onubense Bárcenas con las cantidades entregadas -evidentemente que en dinero negro- a altos miembros del PP, entre ellos Rajoy. ¡Todo es mentira, dice la cúpula de la madrileña calle Génova! Si esto fuese así: ¿No se querellan los populares con este diario? ¿Tienen miedo de que más verdades salgan a relucir? El pueblo español ya está cansado de tantas mentiras, de tantos rollos macabeos, de tantos embustes, de tantos desprecios a su sensibilidad, de tanto descaro a la ética de la honradez. O el gobierno de Rajoy soluciona este tema en un par de días, convocando y careándose con  los medios que nos informan, o mucho nos tememos que el partido en el Poder está más mojado que las braguitas de una quinceañera, y que aquel patio de mi casa.

España, nuestro patio, no se merece este diluvio que cada día aparece en todos los medios de comunicación. En España, desgraciadamente, las manos de nuestros políticos son más rápidas que las de Tamariz, la Justicia más lenta que una tortuga, y los españoles más pacientes que el santo Job, y en ella hay más ladrones que en la historia del bandolerismo de Julián Zugasti.

Si el Gobierno está de capa caída, si el Estado monárquico está para echarle una mano, si los grandes empresarios se frotan las manos por la desaparición de sindicatos, despidos libres y bajadas de sueldos, ésto no es un país conforme a las leyes, sino el ejército tequileño de Pancho Villa. Jamás, con mis sesenta y cuatro tacos de almanaque a cuestas, he vivido esta situación en la que un gobierno no sabe remar, no tiene esperanza alguna en que nos salvemos y nos está matando a impuestos, aparte de con la privatización de la Sanidad.

En este patio no llueve como en los demás. La mierda nos ahoga, la pobreza nos arrincona y el gobierno nos asfixia. La única particularidad de este patio es que tanto unos como otros: PP y PSOE, siempre se lo llevan calentito, sin importarles un ápice que el pueblo se muera de hambre, de angustia o desesperanza.

CRÓNICAS DE MI TRIANA (5)


UN PENÚLTIMO GOLPE DE PIQUETA

Una de las calles por donde más se detendrán nuestros pasos, será la de Castilla, la antigua senda de las extremaduras, la calle ancha y larga que tenía, y tiene, motivos suficientes para posar en ella nuestra mirada. Es un paseo que hay que hacer con tiempo y por partes, para que nada escape a cuanto encerró de vida y gloria. Fue calle trajinante, fielato de los víveres y caldos que entraban desde el ubérrimo Aljarafe y el amplio y fertilísimo Condado, vía para las caballerizas y desvencijados carromatos que acercaban a la ciudad los ladrillos de la Vega y las lozas cartujanas, arteria de quincallas, tiendas de ultramarinos, mesones y posadas…

Así llamada desde 1533, la de Castilla siempre ha gozado, desde antiguo, de un encanto especial. Sigue siendo hoy, aunque venida a menos, bulliciosa y jaranera, encantadora en el meandro de San Jorge y Callao, señorial por tramos, pueblerina en las pocas edificaciones que quedan del XIX, nostalgiadora de coplas de otros tiempos en las tascas –como la de los hermanos Ballesteros- que se ceñían a su cintura, nazarena en la O, doliente y expirante en el Cachorro, jubilosa cuando el Simpecado del arrabal pasa con señorío buscando la senda rociera…

Poco a poco la iremos descubriendo en estas crónicas trianeras, pero hoy, desolados, vamos a hacer un alto en lo que pudo ser y no fue por mor de la incultura que siempre acompañó a los munícipes de todos los tiempos. Paremos nuestra mirada en el tramo que nos lleva desde el Callejón de la Inquisición hasta el antiguo hospital de Santa Brígida, en el que se alza el actual templo desde 1702. Miremos la aberración de los nuevos edificios y soñemos el tiempo de cuando allí se alzaban las almonas, musulmanas primero y reales después, en tiempos de Juan II, y salía por sus puertas, para todo el mundo, el jabón más afamado y de más prestigio universal.

El año 1999, por culpa de la especulación y del trinca-trincando de las autoridades, Triana perdió la gran oportunidad de gozar en sus lares de un inmenso edificio catalogado, con un patio mudéjar que se conservaba a la perfección y con gran parte de su fábrica en pie. De nada sirvió la voz defensora hasta la extenuación del historiador Joaquín González Moreno y la de algunos trianeros que, como siempre, contemplaban impotentes el penúltimo golpe de piqueta al alma monumental del arrabal. La historia de ocho siglos se vino abajo con la anuencia de Manuel Chaves, de su concejera de Cultura Carmen Calvo, de la UNESCO, de la Dirección General de Bellas Artes, y de los cuatro alcaldes por los que pasó el expediente: Luis Uruñuela, Manuel del Valle, Soledad Becerril y Alfredo Sánchez Monteseirín…

Las Reales Almonas, citadas con efusión por historiadores como Pedro de Medina en “Grandezas y cosas memorables de España” y Alonso Morgado en su “Historia de Sevilla”, ponían su punto y final en Triana por la ineficacia de nuestros políticos. Atrás, sepultados por el nuevo hormigón de la modernidad, se habían quedado los nombres de los Ponce de León, Álvaro de Luna, los Ribera, los Medinaceli…, y el mejor jabón del mundo, el producto singular que con la marca “Castilla”, como el nombre de su calle, había conquistado el corazón de Inglaterra.


(Triana Crónica. Nº 5. Mayo 2011)

HUMOR DEL AÑO INNOMBRABLE (32)


LIBROS CON SEVILLA AL FONDO: EL MAGISTERIO SEVILLANO A COMIENZOS DEL SIGLO XX


El historiador y experto en pedagogía, Eugenio Pérez González, nos dejó en el número 25 de la Biblioteca de Temas Sevillanos este libro sobre la labor docente a comienzos del pasado siglo. El autor divide su obra en los siguientes apartados: "La preparación del maestro", "El Magisterio Nacional", "Las asociaciones de maestros", "La economía del maestro" y "Reconocimientos a la labor educadora".


Autor: Eugenio Pérez González
Edita: Ayutamiento de Sevilla
Ciudad: Sevilla-1982
Páginas: 93
ISBN: 84-500-8261-7
Depósito Legal: SE-541-1982