Tampoco se vino al mundo sin ojos esta guapísima trianera llamada Paquita Rico, ojos dignos del piropo hecho copla por Manuel Machado, publicado en su libro "Cante hondo" (1912):
¡Mírame, gitana,
mírame, por Dios!
Con la limosna de tus ojos negros
me alimento yo.
Ojos con chispa, como reza la copla de Andrés Ruiz, publicada en su libro "Coplas de la emigración" (1976):
Eres tú tan especial
que cuando abres los ojos
echan chispas al mirar.
Ojos con tanto calor como para que pase lo que dice esta copla de tonás y livianas del referido Machado:
Mi morena fue a sacar
agüita fresca del pozo,
y el agua salió jirviendo
con la lumbre de sus ojos.
Ojos para enamorar sin decirlo en la copla de Antono Flores, publicada en su libro "Partitura flamenca" (1998):
Cuánta dicha había en tus ojos
y mira que los cerrabas
para que no me diera cuenta
de lo mucho que me amabas.
Ojos que se mezclan con el hermoso pelo en la copla de Salvador Rueda:
Quisiera tener un rizo
de tu oscura cabellera,
para gastarme los ojos
en sólo mirar sus hebras.
Ojos para dar envidia a la misma Selene, en la copla de José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):
Envidia tiene la luna
porque quisiera tené
tus ojitos de aceituna.
Ojos para llorar desconsoladamente ante la pérdida de la madre en nueva copla por seguiriya del de la Tomasa:
Mis ojitos secos
de tanto llorar,
porque a la mare de las mías entrañas
no la veo más.
Llanto también ante todos los puntos clave de la amada, en copla que anota Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):
Mis ojos lloran por verte,
mi corazón por hablarte,
mis labios por darte un beso,
mis brazos por abrazarte.
En contra de aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente", si lo que se presiente se ve da coplas como esta de Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):
Te acuso porque yo fui
testigo de tus engaños,
y lo que veo con los ojos
con el deo lo señalo.
Quizás los ojos de Paquita Rico sean dignos de esta consideración de la copla, anotada por Manuel Garrido Palaciosd en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):
En tus ojos me miré
y en ellos puse mi amor,
donde soñé ver el cielo
encontré mi perdición.
No son ojos serenos los de esta artista. Si así hubieran sido, bien les hubiese venido la seguidilla anotada en el "El pueblo andaluz", edición facsímil de 1995:
En tus ojos serenos
tropecé un día,
y al caer, en tus brazos
hallé la vida.
Niña del alma.
quiera Dios que así siempre
tropiece y caiga.
Los ojos negros -ya hemos podido comprobarlo en esta torrentera de coplas- ponen malo a más de uno. Es Manuel Machado quien lo dice en una copla de su comentado libro:
Enfermito me tienen
tus ojos negros.
Dame la medicina,
dame el remedio.
Yo te daré
mi corazón, mi vida,
mi alma también.
Hay personas que reclaman más ojos para llorar. Francisco Rodríguez Marón. "El Bachiller de Osuna", rescata esta copla en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):
Empréstame tus ojos,
tendré dos pares;
que con uno no puedo
yorar mis males.
Otras veces no es necesario que el llanto deba ser por la mujer amada. También se llora por la tierra que se deja, como cuando yo tuve que abandonar a Triana. En la Taranta de Antonio Piñana, maestro de los cantes de Levante, las lágrimas van en homenaje a la tierra de nacencia:
En Cartagena nací
y en ella me bautizaron,
unas veces fui feliz
y otras mis ojos lloraron,
pero allí quiero morir.
Cómo varía la visión si uno es el afortunado de amores o al contrario. La copla siguiente la recoge Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):
El día que te casaste
dicen que blanco era el velo,
cómo estarían mis ojos
cuando les pareció negros.
El mismo folklorista nos anota la siguiente letra, hermosísima:
El hombre que no se aflije
cuando llora una mujer
ni ha conocido a su madre
ni sabe lo que querer.
Sombras y hatos en la preciosa comparación de la copla de Salvador Rueda:
Divididas en manojos
están tus negras pestañas,
y cuando la luz las besa
no he visto sombras más largas.
Algunos suelen aprovecharse de los refranes para otros menesteres. La copla es de Juan Peña, publicada en su libro "Nuevas coplas flamencas" (2000):
Dicen que ojo por ojo.
Si te molestó mi beso
moléstame tú con otro.
Otros reniegan de sus propios ojos por no poder volver a ver a la persona querida, tal como anota en esta copla Rodríguez Marín:
¿De qué me sirben a mí,
si no he de borber a berte,
los ojos con que te bi?
Preciosa este matáfora de las ojeras de una mujer en la copla de Manuel Machado:
Dicen que las ojeras
llena tu cara,
y no es más que la sombra
de tus pestañas.
Fuertes tuvieron que ser las miradas de esta dama para llegar tan hondas, como refiere la copla anotada por Gabriel María Vergara:
Son tus ojos dos puñales
que a mi corazón hirieron,
las heridas son mortales,
mi mal no tiene remedio.
No están cabales las estrellitas del cielo si no se cuenta con los ojos de la amada:
Las estrellitas del cielo
quise una noche contar,
pero no conté tus ojos
y salió la cuenta mal.
Aunque la suma le salga más al coplero anónimo, en este tema de las estrellas nos recoge otra copla de seguidilla Rodríguez Marín:
Las estreyas der sielo
no están cabales,
porque están en tu cara
las prinsipales.
Son siento treinta;
con las dos de tu cara,
siento cuarenta.
Hoy, para despedirnos, bien podemos utilizar esta copla de Manuel Machado, de su citado libro, en honro de Paquita Rico, la protagonista hermosa de nuestra ilustración:
Tiene mi chiquilla
los ojitos negros más negros y grandes
que he visto en mi vida.
Y mañana, si Dios quiere, nos seguirán alumbrando ojos y más ojos por los hermosos senderos de las coplas.