martes, 31 de mayo de 2011

PÁRESE, POR FAVOR, A PENSAR (4)


José Manuel tiene a veces estas veleidades humorísticas, o esta cierta mala leche filosofal. De cualquier forma ¿quién no tiene un capricho de cuando en cuando? La fotografía que hoy ha robado a la realidad cotidiana, tiene varias lecturas y encierra diversos pensamientos. La crisis, por ejemplo, soldó la persiana, hoy llena de graffitis, de un capricho efímero con imagen de moda. Pocos se han salvado de la hoz globalizadora de los ricos de turno que nos retrata Estulin en su "Club Bilderberg". ¿Será el propio dueño del establecimiento quien mira indiferente a Holgado, intentando vender las pocas pertenencias fashion que tenía?

Otra lectura bien pudiera ser la siguiente. Un hombre, porque hay un hombre, aunque la protagonista sea la persiana decorada de sprays, tiene el capricho de sentarse ahí, mirando la vida con la indiferencia y la poca fe con la que algunos la observamos después de tantos latigazos de engaños y promesas. Pide una ayuda para poder comer, como ocurría a diario a partir de 1936 y muy especialmente en la larga posguerra. Para comer, sólo para comer. O sobra la Constitución o sobra el cartel de la angustia, o de nada vale el socialismo de la Bruja Pirula que han querido vendernos. Falta algo en esta fotografía. Y no es la caridad, precisamente. Algo nos dice que el sistema falla, y que hay un temblor inmenso en las estructuras de las almas. El cartel nos indicaba un futuro de gloria. El hombre, que no sabemos cómo se llama, es un aldabón que golpea fuerte en nuestras conciencias.

A José Manuel Holgado habría que quitarle la cámara de vez en cuando para que no nos martillee el corazón. Pero, claro, también él, el primer dolido, tiene sus caprichos.


Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz

EL POETA DE LA SEMANA: LUIS ROSALES (4)



MEMORIA DE TRÁNSITO


Herido de amor huido
F. García Lorca


Abril, porque siento, creo,
pon calma en los ojos míos,
¿los montes, mares y ríos,
qué son sino devaneo?;
mirando la nieve veo
memoria de tu hermosura,
y cuando vi en su blancura
tu inmediata eternidad,
¿fuiste si no claridad,
temblor, paciencia y dulzura?

Tu leve paso indolente
deja en mis ojos su aroma,
los ojos en donde toma
revelación permanente;
bienaventuradamente
nacieron para el olvido,
tu piel de asombro encendido,
tus ojos de limpio viento,
y esta ternura que siento
«herido de amor huido».

Los sitios donde has estado
en la memoria los llevo
sólo para ver de nuevo
el rastro que allí has dejado;
la tierra que tú has pisado
vuelvo a pisar; nada soy
más que este sueño en que voy
desde tu ausencia a la nada.
me hizo vivir tu mirada:
fiel al tránsito aquí estoy.

Luis Rosales

LIBROS CON SON FLAMENCO: UNA FORMA DE VIDA


Las vivencias de este estadounidense, muy conocido en España, se explican en este libro de una forma amenísima. Donn E. Pohren, que ya había creado en Madrid una tertulia flamenca singular, llevó este mismo intento a Morón de la Frontera en 1965, creando en ella casi una familia flamenca en un finca que rehabilitó para estos menesteres.

El autor divide el libro en estos cinco apartados: "Montando el escenario", "Morón y la finca", "Retratos y situaciones", "Los invitados" y "La juerga", contando con una gracia muy estimable el arte y las mil y una anécdotas de Anzonini, Diego del Gastor y Fernandillo, entre otra serie de artistas y personajes que no tienen desperdicio.

Libro muy recomendado para todos, para gozar con su lectura y para recrearnos en aquel Morón de tiempos pasados en los que el flamenco tenía su templo.


Edita: Fundación Fernando Villalón
Ciudad: Morón de la Frontera-1998
Páginas: 222
ISBN: 84-86959-03-9
Depósito Legal: SE-1120-98
Adquisición: Fundación Fernando Villalón
Domicilio: Pozo Nuevo, 15. 41530-MORÓN DE LA FRONTERA (Sevilla)
Tfno: 95-4852602
Correo Electrónico: ffvillalon@interbook.net

LIBROS CON SON FLAMENCO: TRES VISIONES DE MANUEL VALLEJO


Con motivo del Centenario del nacimiento de Manuel Vallejo, se editó este libro que recogió las tres conferencias que se ofrecieron en la sede social de la Peña Flamenca "Torres-Macarena" de Sevilla. Estas fueron: "Manuel Vallejo en su época y su cante" por José Blas Vega, "Expresión cantaora" por Manuel Centeno Fernández y "Luces y sombras de Manuel Vallejo" por Daniel Pineda Novo.

Libro recomendado para todos los aficionados y, muy especialmente, para los seguidores del genial cantaor sevillano.


Edita: Guadalquivir Ediciones
Ciudad: Sevilla-1991
Páginas: 52
ISBN: 84-86080-59-2
Depósito Legal: SE-1.755/91

lunes, 30 de mayo de 2011

POEMAS DE MI ARMARIO: EL ALMA EN BLANCO



EL ALMA EN BLANCO


Desde que hubo un egipcio que descubrió el papiro
sin saber el por qué ni para qué servía
quedó blanca una hoja tal como la conciencia
quizás para que el hombre se retratara en ella
y aventara su parva en la urdimbre y estambre
que dejaron, sin voces, una blancura virgen.

Y alguien decidió, osó, atreviose a escribir sobre ella
una palabra, un grito, una esperanza, el dolor de una herida
de ausencias y memorias, un pájaro, una flor, un paisaje cercano,
y negro sobre blanco el negro se hizo voz de la sabiduría,
de las penas del mundo, de amores contenidos,
de sentencias de muerte, de locuras que quedaron fijadas para siempre.

Nació el papel para la voz del hombre, para que en él quedase
su memoria de siglos, sus triunfos guerreros, sus desastres de guerra,
la valentía de Cristo, la cobardía de Pedro y la venta de Judas,
la masacre de Hitler, los crímenes de Franco y de Lenin y Stalin,
Musolini y Bosaka.

Nació el papel para la libertad y la paz de los siglos
y algunos hombres lo tiñeron de sangre.


Emilio Jiménez Díaz
"El alma en blanco"

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (y 6)


Con una décima a "Finito", por más antiguo en la terna que forma junto a Rafael González "Chiquilín" y Manuel Díaz "El Cordobés", quiere el pregonero homenajear a estos jóvenes valores y animar a los que se están acercando a las primeras tientas de becerras, temblándoles más el corazón que el cuerpo, a luchar frente a los primeros miedos, que tiempo habrá para preocuparse de la capilla, del reloj, del paseillo, del toque de clarín y de ese primer utrero que sale como un fantasma poderoso por entre las sombras de los chiqueros, aguzados por esos otros, cinqueños ya, que vienen con la palmada en la espalda, la sonrisa abierta como bandera y la cuenta a cero para que ellos se las llenen con estoconazos de muerte. En nombre de Juan Serrano "Finito", como antes le ocurriera a Fermín Vioque y a su paisano Eladio Paralvo García: ¡Va por ustedes, maestros!

¿Finito por ser finito,
o fino por pura esencia,
o porque tienes la ciencia
del toreo fino y bonito?
¡Qué apellido más chiquito,
más corto y más elegante!
¡Qué bien le sienta a un desplante
la finura por bandera,
como a un vino con solera
un buen fino por delante!

Si don Antonio Cañero fue un gran maestro en la plaza, aparte de un gran caballero, como así lo es desde las Tendillas el gran "Lagartijo" haciendo el paseillo a caballo, flojas las riendas y altiva la mirada, que no vuestro paisano don Gonzalo Fernández de Córdoba, también la afición, las peñas y las tertulias tan taurinas como esta del ruedo del Círculo de la Amistad, tienen la obligación de ser maestras y toreras en el multicolor conglomerado de la fiesta, analizándola y protegiéndola, velando por un toro de raza y trapío y denunciando los desechos. Levantado la voz, con señorío, para que se cumplan las recientes modificaciones del reglamento taurino; exigiendo a los veterinarios la honestidad diaria de una profesión tan preciada, y a las autoridades el cumplimiento y poder que la ley les otorga para suspender, incluso, una corrida que no esté bien presentada. Hay que pedir una Presidencia que sepa presidir, para que no ocurra lo de este año en Sevilla. Hay que denunciar cuantas anomalías se presencien en el desarrollo hermoso de la lidia, porque, al fin y al cabo, lo que importa es que un hombre se está jugando la vida para los que gustamos gozar, paladear y sentir cada una de las suertes, para aquellos que mantenemos la fiesta y pasamos por taquilla; para los que amamos la verdad frente a frente de toro y torero y no queremos salir nunca con la triste sensación de haber sido estafados.

Que cuando mañana se abran los chiqueros de vuestra Feria de Mayo, a una hora tan antitaurina -y siento comentar mi descontento- como la de las siete y quince minutos de la tarde, siendo tan hermoso en el toreo dejar clavada un asta del tiempo en un punto taurino del reloj, todo sea admiración al toro bravo y noble sobre la arena; oles templados en la fragüa de la verónica; alucinación colectiva para saber entender cómo se pica y dónde se debe picar, hasta el punto de que el varilarguero tenga que quitarse el castoreño para irse al patio de cuadrillas con un aplauso fundido en las aldabas del peto. Que las banderillas vayan enhiestas: de frente, al quiebro, de poder a poder, rosas, que no espinas, sobre el mantillo del toro poderoso que se enfrenta a la pelea. Que la muleta dibuje círculos de magia sobre el albero hasta que el aire se quede mudo sobre la plaza califal. Y que la suerte suprema también sea mágica y noble y brava, para que el toro ruede sin puntilla ante los pies, aún preñados de temblores, del que lo supo dominar, amándolo, hasta darle pena de matarlo.

¡Resurrección y gloria para la fiesta taurina! ¡Resurrección y gloria para una afición que tiene la esperanza encendida en que un torero se gane, entre la vida y la muerte, el valor y el Arte, el quinto puesto del califato!

Quizás tan larga haya sido mi faena que el Presidente, por orden de sus asesores, esté a punto de sacar el pañuelo para advertir a los clarines que me den el primer aviso. Pero como esta es corrida que no se fija a las normativas del ministerio, sino a los abiertos corazones de la afición cordobesa, quiero que me permitan terminar con un romancillo sobre los tres o los cuatro Califas de la Córdoba taurina, ya que hay críticos -que no sé si por chiquito el torero- le niegan el pan y la sal del título a "Machaquito", a pesar de que, junto con los restantes, también se encuentra perpetuado en bronce en la moderna plaza califal:

Dicen que en el califato
tiene Córdoba en su fe
cuatro toreros de oro
que jugaron con el toro
en medio del redondel.

Y unos dicen que son cuatro,
y otros dicen que son tres.

El primero, Lagartijo,
-con silueta de marqués-
aquel que bordaba rosas
con alas de mariposas
en la suerte al volapié.

El segundo, el gran "Guerrita",
senequista cordobés
que llevaba en su muleta
toda la esencia secreta
de lo que es... y no es.

Y el tercero, "Machaquito".
¡Qué gran valor en sus pies
y qué enorme poderío
llevaba el agua en su río
con lo bajito que fue!

Y unos dicen que son cuatro,
y otros dicen que son tres.
¡Tres Rafaeles de ensueños
para el sueño de un cartel!

Y el cuarto, por su poderes
y por su arte en su fiel
-torre alta de alamares-
perdió la vida en Linares.
¡Ay, qué dolor de Manuel!

Tres Rafaeles de lujo
y un Manuel que lujo fue.
Y unos dicen que son cuatro,
y otros dicen que son tres.

Y yo digo que son cinco
los pilares de esa fe,
porque el Califa primero,
más valiente y más torero
y famoso cordobés,
digo que es San Rafael...
¡Y yo no soy embustero!


EL POETA DE LA SEMANA: LUIS ROSALES (3)


LA ÚLTIMA LUZ

Eres de cielo hacia la tarde, tienes
ya dorada la luz en las pupilas,
como un poco de nieve atardeciendo
que sabe que atardece.
Y yo querría
cegar del corazón, cegar de verte
cayendo hacia ti misma
como la tarde cae, como la noche
ciega la luz del bosque en que camina
de copa en copa cada vez más alta,
hasta la rama isleña, sonreída
por el último sol,
¡y sé que avanzas
porque avanza la noche! y que iluminas
tres hojas solas en el bosque,
y pienso
que la sombra te hará clara y distinta,
que todo el sol del mundo en ti descansa,
en ti, la retrasada, la encendida
rama del corazón en la que aún tiembla
la luz sin sol donde se cumple el día.

Luis Rosales

LIBROS CON SON FLAMENCO: TRATADO DE BAILES


Este libro del bailaor y tratadista José Otero Aranda, es la edición facsímil del publicado en Sevilla en 1912, con el nombre completo de "Tratado de bailes de sociedad, regionales españoles, especialmente andaluces, con su historia y modo de ejecutarlos. Es una auténtica joya este libro, salpicado de fotografías y partituras, porque gracias a él podemos saber cuantos bailes existían en aquellos años, la mayoría de ellos tristemente desaparecidos.

El volumen se divide en dos partes bien diferenciadas, una dedicada a los bailes de sociedad, y la segunda a los bailes regionales españoles, entre los que recoge el autor: Sevillanas, Peteneras, Manchegas, Soleares de Arcas, el Ole Bujaque, la Gracia de Sevilla, el Vito, los Panaderos, el Garrotín, la Farruca, Tango, Marianas y  Guajiras.

Libro muy interesante para empaparnos de las danzas desconocidas y de cómo se bailaban. Recomendado para los amantes del baile y la danza.


Edita: Asociación Manuel Pareja Obregón
Ciudad: Madrid-1987
Páginas: 240
ISBN: 84-404-1148-0
Depósito Legal: M-42625-1987

domingo, 29 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (18)


El encanto de esta guapa mujer macarena, llamada Juana Reina, está más que de manifiesto en este estupendo retablo fotográfico. El pelo negro y como el carbón los ojos, sensuales los labios, todo digno de la copla por soleá que nos dejó Manuel Machado en su libro "Cante hondo" (1912):

Tus cabellos me prendieron,
tus ojos me condenaron
y tus labios me absolvieron.

Ojos para irse con ellos por los senderos de la vida, tal como nos dice Andrés Ruiz en su libro "Coplas de la emigración" (1976):

Tus ojitos y los míos
por diferentes vereas
caminan p'al mismo sitio.

Ojos para sanar al mismo tiempo que matan, como en la copla recogida por Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en las mejores coplas amorosas" (1929):

Tus ojitos, morena,
tienen tal birtú,
que a los mismos que matan
le dan salú.

Ojos para poderles echar el piropo que recoge Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Tus ojos copian el día:
¿Los entornas? Amanece.
¿Los abres? El sol deslumbra.
¿Los cierras? La noche viene.

Ojos para mirarse mutuamente en la copla recogida por Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco, publicada en su libro "La poesía flamenca lírica en andaluz" (1983):

¿Pa qué quieres que te compre
un espejito de plata
si yo quiero que te mires
en los ojos de mi cara?

Regusto de la mirada que se queda detenido en otro espejo, según la copla anotada por Gabriel María:

Me detengo en un espejo
y cuando me miro en él
aún parece que me miran
los ojos de esa mujer.

Ojos y penas en clara comparación en la copla anotada por Fernán Caballero el año 1861:

Los ojos de mi morena
se parecen a mis males,
grandes como mis fatigas,
negros como mis pesares.

Ojos que uno duda en si que te miren o no, según la copla anotada por Álvarez Curiel:

Los ojos de mi morena
son dos brillantes luceros
que si me miran me matan
si no me matan me muero.

Ojos que valen un potosí en la copla recogida por Gabriel María Vergara:

Los ojos de mi morena
ni son chicos ni son grandes,
que son dos monedas de oro
de las que valen cien reales.

Y ojos que nunca se olvidarán en la copla anotada por el mismo recopilador:

Ojos negros que inflamaron
en loca pasión mi pecho.
Vuestra negrura ha quedao
toda en él para el recuerdo.

Ojos de soles en el "Cancionero gaditano" (200) de Virtudes Atero Burgos:

Caracoles, caracoles,
¡qué bonita eres, niña,
con esos ojos de soles!
Caracoles, caracoles.

De nuevo el firmamento como símil de los ojos. La copla la anota Álvarez Curiel:

Todo aquel que a ti te vea
esos ojos de lucero
creerá que has robao
dos estrellitas del cielo.

Ojos que hablan con la mirada, tal como nos refiere el cancionero popular andaluz:

Me miraste y te miré:
lo que tú querías decirme
por tus ojos lo noté.

Nuevamente, el piropo a punto en la copla anotada por Álvarez Curiel:

Tienes unos ojos, niña,
con unas largas pestañas
y cada vez que me miras
me las clavas en el alma
y el corazón me cautivas.

Ojos que siguen robando corazones en esta seguidilla anotada en la edición facsímil de "El pueblo andaluz" (1995):

Tienes ojos que roban
los corazones.
¿Dónde pondré yo el mío,
no me lo robes?
Pero sospecho
que para huir ya es tarde,
robar me dejo.

Ojos que siguen siendo ladrones en la copla recogida por Fernán Caballero:

Una porción de civiles
han salido de Morón
en busca de unos ladrones;
mi niña, tus ojos son.

O en esta otra, también anotada por Fernán Caballero en 1861:

Tus ojos son ladrones
que roban y hurtan,
tus pestañas el monte
donde se ocultan.

Ojos del pretendiente que ni con el despecho de la apetecida puede cambiar de senda. La copla es de José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

Cuando te veo por la calle,
las fatiguitas que a mí me dan,
que yo no quiero mirarte
y mis ojitos se van detrás.

Ojos que lloran ante una mirada, tal la copla recogida por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Unos ojos negros vi,
recuerdo que me miraron,
no sé lo que me dirían
pero los míos lloraron.

Buena manera de vivir la que nos anota el mismo recopilador:

Helecho, jara y juncia
forman la cama,
el incienso lo apaño
como almohada.
Y como cielo
tus dos ojos brillando
como luceros.

No nos podemos quejar de la gran cantidad de coplas que sobre los ojos recogen nuestros cancioneros. Si os paráis a contarlas estimo que son un buen puñado de docenas. Pero es que aún quedan muchas más. Mañana continuaremos exprimiendo el grato limón de más coplas.

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (5)


Entre Sevilla y Córdoba, y en materia taurina, no se deben leer las rayas de las manos, porque entre toreros y entre gitanos no valen las buenaventuras. Son vidas pegadas a las mismas alamedas del mismo río, vidas uniformadas en los mágicos burladeros de ese Padre Guadalquivir que define nuestros destinos. Vidas pegadas, si se quiere, por el corazón de quienes supieron hacer del toreo un lazo de amistad entrañable por entre los miedos oscuros de las mínimas capillas, de los callejones, de los relojes que daban las encrucijadas de las horas en punto, de los paseillos con mucho oro de por medio y las caras descompuestas, de las músicas a una buena faena, de las oscuras palabras en tardes de alternativas y del luto peculiar y supersticioso de las monteras. Río abajo o río arriba, Córdoba siempre se quedó en Sevilla desde aquella memorable tarde de "Manolete" de 1941, y ojalá y para siempre que hoy Sevilla en Córdoba, no por mi palabra, sino por el recuerdo entrañable de vuestros toreros, varilargueros, novilleros y peones, emparentados, porque la historia así lo quiso, con paisanos de mi tierra.

No hay que olvidar que fue en esa cercana ciudad de la Giralda donde hizo su presentación y se vistió por primera vez el traje de luces vuestro "Torero Aristócrata", don Rafael Pérez de Guzmán. Tampoco hay que olvidar que José Dámaso "Pepete I" se doctora en Sevilla, aunque muera en Madrid y sea alzado a hombros por la copla popular:

Pepete salió a la plaza
como un torero valiente;
por salvar a un picador
un toro le dió la muerte...

Ni que incluso fue plaza esquiva y altanera la Maestranza para aquel gran "Lagartijo" -al que Mariano de Cavia acertó en denominar como Califa-, hasta el punto de que en el año 1884 decide, no falto de altas razones el matador del popular barrio de la Merced, no volver a pisar jamás el ruedo maestrante. Ni que vuestro segundo Califa, Rafael Guerra "Guerrita" toreó muchísimas de sus tardes en Sevilla y con gran triunfo, dándole la confirmación de la alternativa en esta plaza a mi paisano aljarafeño Ricardo Torres "Bombita" y, en Madrid, a su hermano Emilio...

Toreros cordobeses y toreros sevillanos...

Mientras que vuestro paisano José Flores "Camará" toma la alternativa en la capital de España de manos de "Joselito", el cronista "Don Pío" -célebre por aquellas calendas- grita emocionado al ver a "Gallito" la comentada frase: -¡Ha resucitado Lagartijo".

Toreros sevillanos y toreros cordobeses...

Mientras que Emilio Torres "Bombita", también en Madrid -eje taurino de la época-, concede a un "Machaquito" de verde y oro para la lidia de toros de Veragüa la última alternativa del siglo, vuestro más que merecido tercer Califa le cede los trastos de matar -en una de las corridas más largas de la historia- a mi admirado Juan Belmonte, perpetuado en bronce en mi plaza del Altozano por las manos de un escultor tan unido a Córdoba como Venancio Blanco.

Toreros cordobeses y toreros sevillanos...

Cuando las voces hablan de pugnas, de zancadillas y de internas guerras que sólo se solucionan en los terrenos donde el valor es la única y legítima defensa, ahí está el testamento taurino de "Guerrita" con un senequismo a flor de piel: -¡Primero, yo; después, naide, y después de naide, Fuentes!, aquel Antonio Fuentes Zurita, del barrio de San Lorenzo, que tuvo el privilegio de vivir en la casa natal de Gustavo Adolfo Bécquer.

Toreros sevillanos y toreros cordobeses...

En el año en que se abre el gran calendario del nuevo siglo, no hay que olvidar que fue otro torero sevillano, Enrique Vargas "Minuto", el que le abre las puertas como matador, en Madrid, a un querido paisano vuestro: a José Rodríguez Sánchez "Bebe Chico". Cuando Rafael Vega de los Reyes "Gitanillo", pasa el momento amargo de ese marrajo de la falta de contratos y decae la alegría del verde de sus ojos y hasta el cetrino de su piel se descompone, sólo es "Manolete" quien le lanza la montera de la amistad, y mandando en los carteles como mandó en los ruedos, lo impone en las empresas sacándolo de una crisis profunda, gesto que jamás olvidaría Rafael en cada tarde al hacer el paseillo y que, por supuesto, no olvidó en aquella trágica de LInares cuando en el Cadillac del cuarto Califa salió llorando para Madrid en busca del doctor Jiménez Guinea, para intentar salvar la vida de su amigo ocho años más tarde de que él mismo fuese testigo de su alternativa, cuando le cedió los trastes mi paisano "Chicuelo".

Toreros cordobeses y toreros sevillanos.

¿Y el casamiento de ese mismo "Chicuelo" con "Dora La Cordobesita"? ¿Existen o no existen lazos de unión en las orillas alfombradas de Arte que lleva el río entre Córdoba y Sevilla? Y cuando se nombra a Córdoba y a sus toreros, todo el mundo se para en "Manolete", como si todas las horas taurinas se hubieran quedado, por y para siempre, imantadas en aquella tarde agosteña de 1947. Con esta copla cantaba Manolo Caracol aquel momento:

De buen torero,
hasta en la muerte tú diste
detalles de buen torero.
Si un toro te dió la muerte,
tú lo mataste primero
como matan los valientes.

Por supuesto que no ganando en intensidad a la voz enduendada de Caracol, el pregonero quiere cantar ahora, en los catorce muletazos justos de un soneto, la parsimoniosa serenidad exterior y maestría de quien supo poner temple al toreo con una seriedad impresionantemente radical, estética y solemne:

Alfanje vertical de Manolete
sobre el ruedo triunfal de la agonía.
Toro y torero es pura geometría:
si círculo el astado, él minarete

que se eleva a la altura y que promete
-el rostro enjuto y la mirada fría-
sobre un punto preciso, la armonía
de la muerte jugando al molinete.

Se para el tiempo y todo es escultura
cuando pasa el pitón por la cintura
y Manolete, erguido cual mezquita,

lleva al toro embebido en la muleta,
mientras pasa la gloria en su veleta
y el aire en los tendidos resucita.


EL POETA DE LA SEMANA: LUIS ROSALES (2)


LA FERIA DE LOS PÁJAROS

Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence,

y vi un instante en tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que viven
su feria sobre la nieve.


Luis Rosales 

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (164)

   
   HOMBRE


Hombre que con la ausencia en la mirada
por su vida sin vida  se extravía.
Hombre herido de triste  extranjería
y extranjero de voz atormentada.

Hombre atado a su carne desolada
y sediento en secreto de ambrosía.
Hombre que  vaga a solas cada día
sin encontrar la suerte tan soñada.

Hombre cuya memoria enfebrecida
flota en la soledad del desengaño
con su edén convertido en paramera.

Hombre que da su  sangre por perdida
en un planeta inhóspito y extraño
en donde por error  de Dios naciera.

     
     México D. F. mayo 2011 

LIBROS CON SON FLAMENCO: TOMÁS PAVÓN, EL PRÍNCIPE DE LA ALAMEDA


Este libro es una de las mejores aportaciones que se han hecho a la bibliografía flamenca. Por una parte porque el personaje -uno de los mejores cantaores de la historia- bien que se merecía que se glosase su figura en su cabal dimensión. Y por otra parte, porque Manuel Bohórquez Casado es un consumado especialista en el rastreo de documentación, que es sin duda la base para la estructura de libros de este tipo. A partir de ahora, todo aquel que quiera saber sobre el genial intérprete tendrá por fuerza que recurrir a este volumen, realizado con imparcialidad, pero con marcada pasión por el biografiado.

El autor divide el libro en siete apartados, que son los siguientes: "La cuna del genio", "La Casa de los Pavón", "El príncipe de la Alameda", "La pizarra del maestro", "Su relación con Pepe Pinto", "El ocaso del hombre" y "Epílogo por cabales", rematándose con la discografía de Tomás y la bibliografía consultada.

El libro lleva por añadidura un CD con la obra discográfica completa de Tomás Pavón. Todo en lujo para las emociones.


Edita: Pozo Nuevo
Ciudad: Sevilla-2007
Páginas: 171
ISBN: No consta
Depósito Legal: SE-1920/07

sábado, 28 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (17)


Bueno, bueno, que también Marujita Díaz tenía unos ojos hermosos, nadie lo puede poner en duda. Ojos grandes y picarones para bambolearse en esa mirada que mata, tan grandes como los que recogía en esta copla Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Tienes los ojillos grandes
como piedras de molino,
que parten los corazones
como granitos de trigo.

Ojos que alumbran más que el célebre faro de la costa murciana:

Ni la farola que tiene
el faro de Cabo de Palos
alumbra como tus ojos,
que encandilan al mirarlos.

Ojos que harían cambiar el color del universo en la copla de Antonio Rincón Muñiz, publicada en su libro "Alconchel" (1989):

Niña, hasta el coloó del cielo
cambia cuando tú lo miras
con tus ojitos abiertos.

Y si de cielo hablamos, para qué salir la luna. "Demófilo" nos recogió esta seguiriya:

No sarga la luna
que no tiée pa qué,
con los ojitos e mi compañera
yo m'alumbraré.

Y es que no se necesita más si tiene uno la suerte de la luz de una mirada como la de Marujita:

No quiero para vivir
más calor que el de tu pecho,
más luz que la de tus ojos
ni más aire que tu aliento.

Algunos prefieren huir de miradas como esa, según anota Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

No me mires que me irrito
y paso la noche en vela
pensando en esos ojitos
y en tu carita morena.

Ya lo decía la soléa antigua recogida en el cancionero andaluz:

No siento en el mundo más
que los ojitos de tu cara
que matan con tu mirar.

Siempre será de día con ojos luminosos como esos. Gabriel María Vergara no anota esta otra copla:

Antes de rayar el alba
alza la alondra su vuelo
creyendo que ya es de día,
y es luz de tus ojos bellos.

Y es que son ojos que pueden asaltar por el camino de la vida a cualquiera. La copla la recoge Francisco Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Al rebolver de una esquina,
tus ojitos me asartaron,
tus cabeyos me prendieron
y a la carse me yebaron.

Hermosísima esta otra copla del poeta malagueño Salvador Rueda:

Alguna traición me has hecho,
morena de mis entrañas,
porque te tiemblan los ojos
como estrellas en el agua.

Ojos que siempre habrán de llevarse en la memoria, como anota Álvarez Curiel en esta copla:

Nunca podré estar sin ti
pues sólo podrá el rigor
separarme de tus ojos
mas de mi memoria no.

No hay mejor piropo para esos ojos que el que también registró Álvarez Curiel:

Benditos sean tus ojos,
tus pestañas y tus cejas,
que cuando miras a un hombre
si no está, muerto lo dejas.

Aunque hay que tener cuidado para no caer en ellos prisionero de por vida. La copla es de Alcalá Venceslada, publicada en su libro "De la solera fina" (1925):

Bandolero me hice yo
por robar, niña, tus ojos
y ellos me echaron después
cien llaves y cien cerrojos.

Deseos de guiarse por ellos no le faltó en esta copla a José Luis Rodríguez Ojeda:

¡Ay, corazón,
por el faro de tus ojos
quisiera guiarme yo!

Y es que a mujeres tan guapas hay que prometerles lo que canta la copla anotada por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992)

Tú tendrás, mientras yo viva,
un corazón que te adore,
un amor que te comprenda,
unos ojos que te lloren,
un hombre que te defienda.

Y mañana, si Dios quiere, otra ración de coplas con ojos y miradas de por medio.

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (4)


Por fin el toro, el gran protagonista de la tragedia o de esa gran resurrección de la divisa, tiene su apodo en los grandes carteles de la ausencia y va emparejado, en las crónicas y reportajes, con el diestro que soñaba esa tarde, precisamente esa tarde, con cortarle las orejas para salir, porteado a hombros de la afición, como un héroe, por la puerta principal del anillo de tantas suertes, desgracias irrecuperables, valor taurino desafío de la fiera.

¡Qué gran brocal el del pozo del ruedo! ¡Qué gran O que guarda y encierra, en mínima circunferencia dorada, tanta emoción contenida, tantos gritos desaforados, tantos oles bordados, tantos silencios, tantos aplausos y tantos miedos condensados..., miedos, no sepamos llevarnos a engaños, así del toro como del torero.

Venía a decir el gran poeta y escritor de Carmona, José María Requena, que el toro, en los corrales, nunca recobrará el aire imperial de la dehesa, que ya no hay quien le engañe por mucho que se encalen los muros de esa falsificación de cortijo. ¡Qué gran razón! El toro sabe donde está y hasta seguro que sabe qué le espera: generalmente la muerte y, qué pocas, el hermoso premio del indulto.

Córdoba sabe muy bien de ganaderías de bravo y de toros plenos de nobleza, aunque algunos hijos suyos dejaran, como testimonio, la vida en las arenas. Y si he querido significar los nombres de sólo algunos toreros que dejaron su sangre en el camino de la gloria, justo es también significar los de algunos toros que dejaron la suya, desamparados de auxilio, en el mismo redondel, y que, luego, fueron pastos de cuerdas y de ganchos, cuchillos y romanas, prestos los camiones para la venta de una carne que antes fue temblor, pánico y miedo, creadora de Artes sublime para el lucimiento de su matador.

Habría también que preguntar por "Bragao" y "Jocinero", por "Barbudo" y "Melenito", por "Campero" y "Perdigón", por "Desertor" y "Matajaca", por "Cocinero" y "Pocapena", por "Extremeño" y "Fandanguero", por "Granadino" y "Farolero", por "Islero" y "Garabato", por "Bailaor" y "Burlero", por "Avispado" y "Cabatisto", por "Avioncito" y por tantos y tantos otros que dejaron, sin querer, la yerba fresca, la luna cálida de Mayo, las voces comprometedoras del mayoral, el chaparral y las sombras de las encinas por un toque desconcertante de clarines, por un aire extraño de capotazos y burladeros, puyazos y arpones, juegos y mentiras..., y que después de haber abandonado la placidez campera de la vacada, para ser centro de atención, cornada y muerte, pasaron a los libros y a las portadas diarias de la prensa, como asesinos de hombres en la plenitud de la vida, como cegadores de leyendas triunfales, como crueles verdugos y ciegos astados de la espiga y la rosa, cuando en verdad fueron, como ellos, viva y poderosa estampa de nobleza, y les ofrecieron, cuajados de valentía: fuerza y empuje, donaire para el capote, presencia y trapío para las puyas de rigor, ligera danza para el faroleo por banderillas, serenidad para que la muleta no se descomponga sobre el estaquillador y hasta señorío también de casta y coraje, de noble rebeldía a la hora de tener que humillar el honor de su casta en el momento más difícil y supremo de la fiesta.

Salta al ruedo, se engalla, pavonea,
va de aquí para allá, mira, derrota,
se lanza hacia el capote y alborota
lo que sale a su paso en la pelea.

Sólo con su presencia al aire airea
con fiereza y verdad que salta y brota
de un manantial de fuerza que no agota
la acuarela de muerte que aletea.

Va al engaño, rebusca, araña, obliga
al matador que la mentira siga
en el juego preñado de emociones...

Muchas veces se va al desolladero
con su sangre campera en el albero
y pocas con la gloria en sus pitones.

Toro y torero. Torero y toro. Rivalidad tan firme y clara como la que siempre mantuvieron las clásicas parejas de la fiesta taurina, algunas tan importantes para su tiempo como las que se sellaron entre toreros cordobeses y toreros sevillanos: "Costillares" y Pedro Romero, el chiclanero José Jerónimo "Cándido" y Curro Guillén, "El Tato" y "Gordito", "Lagartijo" y "Frascuelo", "Guerrita" y "El Espartero", "Bombita" y "Machaquito", "Joselito" y "Belmonte", "Manolete" y Pepe Luis...


EL POETA DE LA SEMANA: LUIS ROSALES (1)

LUIS ROSALES CAMACHO nació en Granada el 31 de mayo de 1910 y falleció en Madrid el 24 de octubre de 1992.
Fue joven, animado por amigos artistas y poetas como Enrique Gómez Arboleya y Federico García Lorca, entre otros, inició su actividad literaria en la revista "Granada Gráfica", aunque sus primeros éxitos poéticos los logró con la lectura de sus primeros poemas en el Centro Artístico de Granada. Estudió y se doctoró en Filología en la Universidad de Madrid, y amparado por la amistad de Pedro Salinas y Jorge Guillén colaboró en la revista literaria "Los cuatro vientos", en la que también colaboraron Altolaguirre, Unamuno, María Zambrano y Aleixandre entre los más granados poetas de la época.
Entre sus obras, podemos destacar "Abril" (1935), "La mejor reina de España. Figuración en prosa y verso" (1939), "El contenido del corazón" (1941), "La casa encendida" (1949) -tal vez su mejor publicación y libro que aumentado poco a poco tuvo una nueva edición en 1967-,  y "Rimas" (1951). Entre sus numerosos premios y galardones, destaca el Premio Nacional de Poesía el año 1951.


DE CÓMO VINO AL MUNDO LA ORACIÓN


De lirio en oración, de espuma herida
por el paso del alba silenciosa; 
de carne sin pecado en la gozosa 
contemplación del niño sorprendida; 

de nieve que detiene su caída 
sobre la paja que al Señor desposa; 
de sangre en asunción junto a la rosa 
del virginal regazo desprendida; 

de mirar levantado hacia la altura 
como una fuente con el agua helada 
donde el gozo encontró recogimiento; 

de manos que juntaron su hermosura 
para calmar, en la extensión nevada, 
su angustia al hombre y su abandono al viento.

Luis Rosales

JOSÉ EL DE LA TOMASA GANADOR DEL XXV "COMPÁS DEL CANTE"


El cantaor sevillano José Giorgio Soto, conocido artísticamente como "José el de la Tomasa", se alzó ayer como ganador de la XXV Distinción "Compás del Cante", creada y auspiciada por la Fundación Cruzcampo, estando el Jurado formado por los siguientes miembros: Juan Peña "El Lebrijano", Gonzalo Rojo Guerrero, José Luque Navajas, Antonino Parrilla García, Nicolás Muela Velasco y Emilio Jiménez Díaz, Secretario con voz y voto del galardón. El premio se concedió por unanimidad, haciéndose constar en las bases que se le daba "Por conservar la tradición de su estirpe y por su profesionalidad y defensa en varias parcelas de la historia flamenca". El Jurado acordó conceder también una Mención Especial a la Peña Flamenca "Juan Breva", de Málaga, "Por su larga historia y por su perseverancia en los valores del flamenco y la conservación de un patrimonio documental en su Museo de Arte Flamenco."

¡Felicidades a tan querido como excelente cantaor y a la Junta Directiva y miembros de la entidad malacitana!

POEMAS DEL ALMA: JUAN CERVERA SANCHÍS (163)


CREO
 
Sigo creyendo en las rosas,
creo y creo en los rosales.
Sigo creyendo y creyendo.
Creo en el agua y creo en el aire.
 
Creo en la tierra, creo en el sol,
creo en mi madre y en mi padre,
creo en la mujer y en el hombre,
creo en el sudor en y la sangre.
 
Creo en la risa de los  niños,
creo en los jòvenes amantes,
creo en tus ojos y en tus labios,
creo en tu alma y en tu carne.
 
Creo en la  vida y en los sueños,
creo en los  jardines colgantes,
creo en la  flor de tus caricias
y en tu aroma acariciante.
 
Creo, porque creo en ti,
en las  rosas suspirantes
y, porque creo en ti, creo
en la  belleza y el arte.

 Mèxico D. F. 25 Mayo 2011

LIBROS CON SON FLAMENCO: TÍO GREGORIO "BORRICO DE JEREZ"


En las misma línea que el resto de las biografías hilvanadas por José Luis Ortiz Nuevo es ésta dedicada a descubrirnos la figura y la obra de Gregorio Manuel Fernández Vargas, más conocido como "Borrico de Jerez". Con prólogo de José Manuel Caballero Bonald, el libro va recogiendo "al aire" las miles de anécdotas y pesares de este singular cantaor a través de 31 capítulos breves en los que va dimanando su personalidad.

Adobado con algunas fotografías y con un apartado de su discografía realizado por José Blas Vega, el volumen contiene un disco del cantaor con bulerías por soleá, martinetes, seguiriyas y bulerías.

Libro recomendado para los amantes a las biografías flamencas.


Edita: Ayuntamiento de Jerez
Ciudad: Jerez de la Frontera-1984
Páginas: 82
ISBN: 84-500-9687-1
Depósito Legal: CA. 107-1984

viernes, 27 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (16)


Tampoco se vino al mundo sin ojos esta guapísima trianera llamada Paquita Rico, ojos dignos del piropo hecho copla por Manuel Machado, publicado en su libro "Cante hondo" (1912):

¡Mírame, gitana,
mírame, por Dios!
Con la limosna de tus ojos negros
me alimento yo.

Ojos con chispa, como reza la copla de Andrés Ruiz, publicada en su libro "Coplas de la emigración" (1976):

Eres tú tan especial
que cuando abres los ojos
echan chispas al mirar.

Ojos con tanto calor como para que pase lo que dice esta copla de tonás y livianas del referido Machado:

Mi morena fue a sacar
agüita fresca del pozo,
y el agua salió jirviendo
con la lumbre de sus ojos.

Ojos para enamorar sin decirlo en la copla de Antono Flores, publicada en su libro "Partitura flamenca" (1998):

Cuánta dicha había en tus ojos
y mira que los cerrabas
para que no me diera cuenta
de lo mucho que me amabas.

Ojos que se mezclan con el hermoso pelo en la copla de Salvador Rueda:

Quisiera tener un rizo
de tu oscura cabellera,
para gastarme los ojos
en sólo mirar sus hebras.

Ojos para dar envidia a la misma Selene, en la copla de José el de la Tomasa, publicada en su libro "Alma de barco" (1990):

Envidia tiene la luna
porque quisiera tené
tus ojitos de aceituna.

Ojos para llorar desconsoladamente ante la pérdida de la madre en nueva copla por seguiriya del de la Tomasa:

Mis ojitos secos
de tanto llorar,
porque a la mare de las mías entrañas
no la veo más.

Llanto también ante todos los puntos clave de la amada, en copla que anota Álvarez Curiel en su libro "Cancionero popular andaluz" (1991):

Mis ojos lloran por verte,
mi corazón por hablarte,
mis labios por darte un beso,
mis brazos por abrazarte.

En contra de aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente", si lo que se presiente se ve da coplas como esta de Ginés Jorquera, publicada en su libro "Hablando pa mi solo" (2005):

Te acuso porque yo fui
testigo de tus engaños,
y lo que veo con los ojos
con el deo lo señalo.

Quizás los ojos de Paquita Rico sean dignos de esta consideración de la copla, anotada por Manuel Garrido Palaciosd en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

En tus ojos me miré
y en ellos puse mi amor,
donde soñé ver el cielo
encontré mi perdición.

No son ojos serenos los de esta artista. Si así hubieran sido, bien les hubiese venido la seguidilla anotada en el "El pueblo andaluz", edición facsímil de 1995:

En tus ojos serenos
tropecé un día,
y al caer, en tus brazos
hallé la vida.
Niña del alma.
quiera Dios que así siempre
tropiece y caiga.

Los ojos negros -ya hemos podido comprobarlo en esta torrentera de coplas- ponen malo a más de uno. Es Manuel Machado quien lo dice en una copla de su comentado libro:

Enfermito me tienen
tus ojos negros.
Dame la medicina,
dame el remedio.
Yo te daré
mi corazón, mi vida,
mi alma también.

Hay personas que reclaman más ojos para llorar. Francisco Rodríguez Marón. "El Bachiller de Osuna", rescata esta copla en su libro "El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas" (1929):

Empréstame tus ojos,
tendré dos pares;
que con uno no puedo
yorar mis males.

Otras veces no es necesario que el llanto deba ser por la mujer amada. También se llora por la tierra que se deja, como cuando yo tuve que abandonar a Triana. En la Taranta de Antonio Piñana, maestro de los cantes de Levante, las lágrimas van en homenaje a la tierra de nacencia:

En Cartagena nací
y en ella me bautizaron,
unas veces fui feliz
y otras mis ojos lloraron,
pero allí quiero morir.

Cómo varía la visión si uno es el afortunado de amores o al contrario. La copla siguiente la recoge Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

El día que te casaste
dicen que blanco era el velo,
cómo estarían mis ojos
cuando les pareció negros.

El mismo folklorista nos anota la siguiente letra, hermosísima:

El hombre que no se aflije
cuando llora una mujer
ni ha conocido a su madre
ni sabe lo que querer.

Sombras y hatos en la preciosa comparación de la copla de Salvador Rueda:

Divididas en manojos
están tus negras pestañas,
y cuando la luz las besa
no he visto sombras más largas.

Algunos suelen aprovecharse de los refranes para otros menesteres. La copla es de Juan Peña, publicada en su libro "Nuevas coplas flamencas" (2000):

Dicen que ojo por ojo.
Si te molestó mi beso
moléstame tú con otro.

Otros reniegan de sus propios ojos por no poder volver a ver a la persona querida, tal como anota en esta copla Rodríguez Marín:

¿De qué me sirben a mí,
si no he de borber a berte,
los ojos con que te bi?

Preciosa este matáfora de las ojeras de una mujer en la copla de Manuel Machado:

Dicen que las ojeras
llena tu cara,
y no es más que la sombra
de tus pestañas.

Fuertes tuvieron que ser las miradas de esta dama para llegar tan hondas, como refiere la copla anotada por Gabriel María Vergara:

Son tus ojos dos puñales
que a mi corazón hirieron,
las heridas son mortales,
mi mal no tiene remedio.

No están cabales las estrellitas del cielo si no se cuenta con los ojos de la amada:

Las estrellitas del cielo
quise una noche contar,
pero no conté tus ojos
y salió la cuenta mal.

Aunque la suma le salga más al coplero anónimo, en este tema de las estrellas nos recoge otra copla de seguidilla Rodríguez Marín:

Las estreyas der sielo
no están cabales,
porque están en tu cara
las prinsipales.
Son siento treinta;
con las dos de tu cara,
siento cuarenta.

Hoy, para despedirnos, bien podemos utilizar esta copla de Manuel Machado, de su citado libro, en honro de Paquita Rico, la protagonista hermosa de nuestra ilustración:

Tiene mi chiquilla
los ojitos negros más negros y grandes
que he visto en mi vida.

Y mañana, si Dios quiere, nos seguirán alumbrando ojos y más ojos por los hermosos senderos de las coplas.