Tendría que llegar algún día mi cese, pero no mi fulminación premeditada, después de 33 años vinculado a la Distinción "Compás del Cante", que gestamos en 1984 don Enrique Osborne Isasi, director de relaciones externas de Cruzcampo; don Luis Marín, gerente de Alas Publicidad; y un servidor, que retransmitía en mi programa "Ser del Sur", de Radio Popular de Sevilla, muchísimos festivales flamencos veraniegos con el patrocinio de la firma cervecera. Un buen día de inicios de aquel año, don Enrique Osborne -al que admiro profundamente, como admiré y quise a su hermano don Eduardo- me citó en su casa, en la calle Zaragoza, 29, para comentarme esa idea que creo rondaba ya por todas nuestras cabezas: era hacer algo que diera al Flamenco un gran punto de distinción. Después de más de dos horas de amigable charla -en la que me regaló y dedicó el Pregón de la Semana Santa de Sevilla que él ofreció en 1983-, llegamos al acuerdo común de crear una Distinción que no tuviese premio económico, pero al que se le diera la máxima solemnidad. Tras la despedida, me puse a trabajar como un loco creando lo que tendrían que ser las bases para otorgar la Distinción, busqué al escultor, que entonces no podía ser otro que Jesús Gavira; hablé con todos los amigos para hacer la formación del primer Jurado, que creamos amplio con la mayoría de los medios flamencos de comunicación de España; cité a las Peñas y Entidades Flamencas para que emitieran sus votos; y nos reunimos un buen día en el restaurante La Albahaca, cuya exquisita dueña, María Luisa del Vando, y su compañero Bartolomé, nos ofrecían risas benditas y glorias en la mesa.
Muchísimo trabajo hubo desde aquel inicio que no fue fácil. Trabajé de gordo, como siempre en mi vida, para que el proyecto alcanzase su máxima dignidad, hasta lograr que mi compañero y amigo Manuel Martín Martín lo definiera, muy acertadamente, como el "Nobel del Flamenco". En mi transcurso con don Enrique Osborne no parábamos de crear. Y durante mi trayectoria se publicaron cinco libros sobre la Distinción, se le tributó un maravilloso homenaje a don Enrique Osborne en su despedida, en la que se le regaló una copia a tamaño natural del "Compás", se hizo un magno Día de Honor de la Cruzcampo en la Exposición Universal de 1992, que presenté junto al prólogo exquisito de Antonio Gala. Fui, también, un artífice, creo que importante, de que el Potaje Gitano de Utrera se le dedicase a Cruzcampo. Monté con patrocinio de mi empresa una gran exposición de los primeros "Diez años a Compás" del fotógrafo Manuel Gallardo en los salones del Alfonso XIII. En fin, y dejando al lado algunas cosas nefastas de la organización, como el desastre de la entrega a "El Güito"en Huelva y la organización de la entrega de la XXX Distinción a José Mercé, sólo puedo decir que he trabajado lo máximo por esta Distinción que pasó a manos de la Fundación a través de don Jorge Paradela después de nombrar a don Julio Cuesta Domínguez como Presidente Honorario de la Fundación. La dirección del ente la asumiría doña Mª Ángeles Rodríguez de Trujillo, quien formó su guardia pretoriana sobre la "Distinción" nombrando como asesor al exrector de la Universidad de Sevilla don Rafael Infante Macías, director de su Cátedra de Flamencología -aunque de Flamenco tenga la misma idea que yo de física cuántica, lo que no empaña para nada su gran labor en la divulgación de este Arte-. Cuando me enteré de esta decisión de la Fundación, ya me pensé que todo esto era un cambio general. Quien entre de nuevo en cualquier tema, como Mª Ángeles, quiere cambiar todo lo anterior, aunque lo anterior haya funcionado divinamente. Nada que objetar. Cada empresa puede hacer lo que quiera con sus colaboradores, pero al menos con estilo, que nunca ha faltado en Cruzcampo, creo, hasta en esta ocasión.
Mi sorpresa fue cuando, el 21 de junio del presente año, me encontré con una página, difundida por la Agencia EFE en todos los diarios, en los que se anunciaba que se había presentado en Madrid, en el restaurante BIBO, del chef Dani García, La XXXI Distinción "Compás del Cante", con presencia de José Mercé, ganador de la pasada edición, la directora de la Fundación Cruzcampo, doña Mª Ángeles Rodríguez de Trujillo, don Rafael Infante Macías y don Julio Cuesta Domínguez; que pienso yo, tonto de mí, que deberían haberme llamado antes para advertirme, al menos, de que me habían fulminado por los motivos que fuesen.
Me lo tomé con calma, como siempre me he tomado todas las adversidades en mi vida. Y no quise llamar a su Presidente Honorario para que me dijera algo, ni al hasta ahora amigo don Rafael Infante. Creí que sólo era una broma de mal gusto. Pero, ya avanzado el mes de julio recibí una llamada del señor Cuesta -muy jocoso él en la conversación hablándome de otros temas sin interés- en la que me indicaba que a lo mejor este año no me llamaban para formar parte del Jurado, sin darme otras explicaciones, ya que se había formado una "secretaría técnica" para llevar desde ahora las aventuras del "Compás", y que él sólo sabía que entre el nuevo Jurado estaría José Mercé -ganador de la anterior edición- y Alberto García Reyes, del diario ABC. Más no te puedo decir, fueron sus palabras. Yo le comenté que precisamente este año, cuando se hiciese la reunión de los miembros del Jurado, iba a pedir mi cese porque ya eran muchos años dedicados a la Distinción, y le dije que no ignoraba la presentación en Madrid de la edición de este año, celebrada dos semanas antes.
Yo tengo miles de defectos, pero una gran suerte: que no soy envidioso ni le guardo rencor a nadie. Todo lo que me han hecho en contra -y han sido muchas cosas en mi vida- se me han olvidado de un día para otro, tal como si el día actual fuese el único que me quedase por vivir. En esta ocasión, sólo me ha molestado el estilo, las formas, y es porque creo que después de 33 años de entrega no me merezco ese tratamiento. Al menos, una carta de la directora de la Fundación, una llamada cálida y sincera... Pero tal vez los poderes fácticos de esta oscurantista ciudad de Sevilla no saben hacer eso, porque siempre han seguido el camino de la soberbia y la prepotencia. Todos somos sus vasallos.
Seguiré bebiendo mi Cruzcampo fresquita al filo de la hora del Ángelus, recordando a mis buenos amigos don Enrique Osborne y su hermano Eduardo, a Ramón Ramos, a cuantos en estos años han formado parte de los miembros del Jurado, a los que consiguieron la Distinción, y a todos los amigos de los medios de comunicación, que siempre me alentaron. Y por supuesto al señor Cuesta, a la directora de la Fundación, a los que componen su nuevo equipo, y a su Presidente. No tienen que preocuparse los nuevos inquilinos de esta Fundación de que los moleste en absoluto ni una vez más. Sólo les digo a todos, muy especialmente a su directora, que yo no soy un títere al que puedan manejar, por mucho poder que tengan, cuando les venga en ganas.
Para mí, incluso ha sido una liberación, aunque las maneras de la fulminación hayan sido indecentes. Al fin y al cabo todos tomaremos un buen día el camino a la glorieta de San Fernando y, además, estoy tan hecho a las putadas que recuerdo aquella gran soleá del genial Manuel Torre:
Muchísimo trabajo hubo desde aquel inicio que no fue fácil. Trabajé de gordo, como siempre en mi vida, para que el proyecto alcanzase su máxima dignidad, hasta lograr que mi compañero y amigo Manuel Martín Martín lo definiera, muy acertadamente, como el "Nobel del Flamenco". En mi transcurso con don Enrique Osborne no parábamos de crear. Y durante mi trayectoria se publicaron cinco libros sobre la Distinción, se le tributó un maravilloso homenaje a don Enrique Osborne en su despedida, en la que se le regaló una copia a tamaño natural del "Compás", se hizo un magno Día de Honor de la Cruzcampo en la Exposición Universal de 1992, que presenté junto al prólogo exquisito de Antonio Gala. Fui, también, un artífice, creo que importante, de que el Potaje Gitano de Utrera se le dedicase a Cruzcampo. Monté con patrocinio de mi empresa una gran exposición de los primeros "Diez años a Compás" del fotógrafo Manuel Gallardo en los salones del Alfonso XIII. En fin, y dejando al lado algunas cosas nefastas de la organización, como el desastre de la entrega a "El Güito"en Huelva y la organización de la entrega de la XXX Distinción a José Mercé, sólo puedo decir que he trabajado lo máximo por esta Distinción que pasó a manos de la Fundación a través de don Jorge Paradela después de nombrar a don Julio Cuesta Domínguez como Presidente Honorario de la Fundación. La dirección del ente la asumiría doña Mª Ángeles Rodríguez de Trujillo, quien formó su guardia pretoriana sobre la "Distinción" nombrando como asesor al exrector de la Universidad de Sevilla don Rafael Infante Macías, director de su Cátedra de Flamencología -aunque de Flamenco tenga la misma idea que yo de física cuántica, lo que no empaña para nada su gran labor en la divulgación de este Arte-. Cuando me enteré de esta decisión de la Fundación, ya me pensé que todo esto era un cambio general. Quien entre de nuevo en cualquier tema, como Mª Ángeles, quiere cambiar todo lo anterior, aunque lo anterior haya funcionado divinamente. Nada que objetar. Cada empresa puede hacer lo que quiera con sus colaboradores, pero al menos con estilo, que nunca ha faltado en Cruzcampo, creo, hasta en esta ocasión.
Mi sorpresa fue cuando, el 21 de junio del presente año, me encontré con una página, difundida por la Agencia EFE en todos los diarios, en los que se anunciaba que se había presentado en Madrid, en el restaurante BIBO, del chef Dani García, La XXXI Distinción "Compás del Cante", con presencia de José Mercé, ganador de la pasada edición, la directora de la Fundación Cruzcampo, doña Mª Ángeles Rodríguez de Trujillo, don Rafael Infante Macías y don Julio Cuesta Domínguez; que pienso yo, tonto de mí, que deberían haberme llamado antes para advertirme, al menos, de que me habían fulminado por los motivos que fuesen.
Yo tengo miles de defectos, pero una gran suerte: que no soy envidioso ni le guardo rencor a nadie. Todo lo que me han hecho en contra -y han sido muchas cosas en mi vida- se me han olvidado de un día para otro, tal como si el día actual fuese el único que me quedase por vivir. En esta ocasión, sólo me ha molestado el estilo, las formas, y es porque creo que después de 33 años de entrega no me merezco ese tratamiento. Al menos, una carta de la directora de la Fundación, una llamada cálida y sincera... Pero tal vez los poderes fácticos de esta oscurantista ciudad de Sevilla no saben hacer eso, porque siempre han seguido el camino de la soberbia y la prepotencia. Todos somos sus vasallos.
Para mí, incluso ha sido una liberación, aunque las maneras de la fulminación hayan sido indecentes. Al fin y al cabo todos tomaremos un buen día el camino a la glorieta de San Fernando y, además, estoy tan hecho a las putadas que recuerdo aquella gran soleá del genial Manuel Torre:
Pérdidas que son ganancias
son caudales redoblaos,
que estoy tan hecho a perder
que cuando gano me enfao.