miércoles, 30 de agosto de 2017

DESDE MI TORRE: MI FULMINACIÓN DE LA DISTINCIÓN "COMPÁS DEL CANTE"



Tendría que llegar algún día mi cese, pero no mi fulminación premeditada, después de 33 años vinculado a la Distinción "Compás del Cante", que gestamos en 1984 don Enrique Osborne Isasi, director de relaciones externas de Cruzcampo; don  Luis Marín, gerente de Alas Publicidad; y un servidor, que retransmitía en mi programa "Ser del Sur", de Radio Popular de Sevilla, muchísimos festivales flamencos veraniegos con el patrocinio de la firma cervecera. Un buen día de inicios de aquel año, don Enrique Osborne -al que admiro profundamente, como admiré y quise a su hermano don Eduardo- me citó en su casa, en la calle Zaragoza, 29,  para comentarme esa idea que creo rondaba ya por todas nuestras cabezas: era hacer algo que diera al Flamenco un gran punto de distinción. Después de más de dos horas de amigable charla -en la que me regaló y dedicó el Pregón de la Semana Santa de Sevilla que él ofreció en 1983-, llegamos al acuerdo común de crear una Distinción que no tuviese premio económico, pero al que se le diera la máxima solemnidad. Tras la despedida, me puse a trabajar como un loco creando lo que tendrían que ser las bases para otorgar la Distinción, busqué al escultor, que entonces no podía ser otro que Jesús Gavira; hablé con todos los amigos para hacer la formación del primer Jurado, que creamos amplio con la mayoría de los medios flamencos de comunicación de España; cité a las Peñas y Entidades Flamencas para que emitieran sus votos; y nos reunimos un buen día en el restaurante La Albahaca, cuya exquisita dueña, María Luisa del Vando, y su compañero Bartolomé, nos ofrecían risas benditas y glorias en la mesa.

Muchísimo trabajo hubo desde aquel inicio que no fue fácil. Trabajé de gordo, como siempre en mi vida, para que el proyecto alcanzase su máxima dignidad, hasta lograr que mi compañero y amigo Manuel Martín Martín lo definiera, muy acertadamente, como el "Nobel del Flamenco". En mi transcurso con don Enrique Osborne no parábamos de crear. Y durante mi trayectoria se publicaron cinco libros sobre la Distinción, se le tributó un maravilloso homenaje a don Enrique Osborne en su despedida, en la que se le regaló una copia a tamaño natural del "Compás", se hizo un magno Día de Honor de la Cruzcampo en la Exposición Universal de 1992, que presenté junto al prólogo exquisito de Antonio Gala. Fui, también, un artífice, creo que importante, de que el Potaje Gitano de Utrera se le dedicase a Cruzcampo. Monté con patrocinio de mi empresa una gran exposición de los primeros "Diez años a Compás" del fotógrafo Manuel Gallardo en los salones del Alfonso XIII. En fin, y dejando al lado algunas cosas nefastas de la organización, como el desastre de la entrega a "El Güito"en Huelva y la organización de la entrega de la XXX Distinción a José Mercé, sólo puedo decir que he trabajado lo máximo por esta Distinción que pasó a manos de la Fundación a través de don Jorge Paradela después de nombrar a don Julio Cuesta Domínguez como Presidente Honorario de la Fundación. La dirección del ente la asumiría doña Mª Ángeles Rodríguez de Trujillo, quien formó su guardia pretoriana sobre la "Distinción" nombrando como asesor al exrector de la Universidad de Sevilla don Rafael  Infante Macías, director de su Cátedra de Flamencología -aunque de Flamenco tenga la misma idea que yo de física cuántica, lo que no empaña para nada su gran labor en la divulgación de este Arte-. Cuando me enteré de esta decisión de la Fundación, ya me pensé que todo esto era un cambio general. Quien entre de nuevo en cualquier tema, como Mª Ángeles, quiere cambiar todo lo anterior, aunque lo anterior haya funcionado divinamente. Nada que objetar. Cada empresa puede hacer lo que quiera con sus colaboradores, pero al menos con estilo, que nunca ha faltado en Cruzcampo, creo, hasta en esta ocasión.

Mi sorpresa fue cuando, el 21 de junio del presente año, me encontré con una página, difundida por la Agencia EFE en todos los diarios, en los que se anunciaba que se había presentado en Madrid, en el restaurante BIBO, del chef Dani García, La XXXI Distinción "Compás del Cante", con presencia de José Mercé, ganador de la pasada edición, la directora de la Fundación Cruzcampo, doña Mª Ángeles Rodríguez de Trujillo, don Rafael Infante Macías y don Julio Cuesta Domínguez; que pienso yo, tonto de mí, que deberían haberme llamado antes para advertirme, al menos, de que me habían fulminado por los motivos que fuesen.


Me lo tomé con calma, como siempre me he tomado todas las adversidades en mi vida. Y no quise llamar a su Presidente Honorario para que me dijera algo, ni al hasta ahora amigo don Rafael Infante. Creí que sólo era una broma de mal gusto. Pero, ya avanzado el mes de julio recibí una llamada del señor Cuesta -muy jocoso él en la conversación hablándome de otros temas sin interés- en la que me indicaba que a lo mejor este año no me llamaban para formar parte del Jurado, sin darme otras explicaciones, ya que se había formado una "secretaría técnica" para llevar desde ahora las aventuras del "Compás", y que él sólo sabía que entre el nuevo Jurado estaría José Mercé -ganador de la anterior edición- y Alberto García Reyes, del diario ABC. Más no te puedo decir, fueron sus palabras. Yo le comenté que precisamente este año, cuando se hiciese la reunión de los miembros del Jurado, iba a pedir mi cese porque ya eran muchos años dedicados a la Distinción, y le dije que no ignoraba la presentación en Madrid de la edición de este año, celebrada dos semanas antes.

Yo tengo miles de defectos, pero una gran suerte: que no soy envidioso ni le guardo rencor a nadie. Todo lo que me han hecho en contra -y han sido muchas cosas en mi vida- se me han olvidado de un día para otro, tal como si el día actual fuese el único que me quedase por vivir. En esta ocasión, sólo me ha molestado el estilo, las formas, y es porque creo que después de 33 años de entrega no me merezco ese tratamiento. Al menos, una carta de la directora de la Fundación, una llamada cálida y sincera... Pero tal vez los poderes fácticos de esta oscurantista ciudad de Sevilla no saben hacer eso, porque siempre han seguido el camino de la soberbia y la prepotencia. Todos somos sus vasallos.


Seguiré bebiendo mi Cruzcampo fresquita al filo de la hora del Ángelus, recordando a mis buenos amigos don Enrique Osborne y su hermano Eduardo, a Ramón Ramos, a cuantos en estos años han formado parte de los miembros del Jurado, a los que consiguieron la Distinción, y a todos los amigos de los medios de comunicación, que siempre me alentaron. Y por supuesto al señor Cuesta, a la directora de la Fundación, a los que componen su nuevo equipo, y a su Presidente. No tienen que preocuparse los nuevos inquilinos de esta Fundación de que los moleste en absoluto ni una vez más. Sólo les digo a todos, muy especialmente a su directora, que yo no soy un títere al que puedan manejar, por mucho poder que tengan, cuando les venga en ganas.

Para mí, incluso ha sido una liberación, aunque las maneras de la fulminación hayan sido indecentes. Al fin y al cabo todos tomaremos un buen día el camino a la glorieta de San Fernando y, además, estoy tan hecho a las putadas que recuerdo aquella gran soleá del genial Manuel Torre:

Pérdidas que son ganancias
son caudales redoblaos,
que estoy tan hecho a perder
que cuando gano me enfao.

martes, 29 de agosto de 2017

DESDE MI TORRE: AL MAL TIEMPO, BUENA CARA.


Calor terrible en Marbella el pasado miércoles, pero con todo y con eso nos desplazamos varios amigos hasta allí para asistir a un almuerzo al que nos había invitado Luis Adame, presidente de la Academia de las Artes y Ciencias del Flamenco, con sede jurídica en Barcelona. Antonio Fernández Díaz "Fosforito" nos recogió en la estación del Ave junto a su mujer, Maribel, para llevarnos al lugar del encuentro, camino que iniciamos junto al excelente amigo y gran periodista flamenco Gonzalo Rojo.

 A orillas de la playa, en el restaurante "La Paella", ya comenzaron a llegar los demás amigos, la mayoría grandes artistas: Cristina Hoyos y su compañero Juan Antonio, Pepa Montes y su marido Ricardo Miño, La Cañeta de Málaga y su pareja José Salazar, Juan de Juanes, Diego Fernández y señora, el guitarrista Antonio Soto..., un cuadro flamenco al completo.


Tras el almuerzo, pues lo esperado: cante, baile y toque para animarnos en estos días convulsos que estamos viviendo: sevillanas, fandangos, bulerías, tangos, y docenas de guiris cubriendo las cristaleras del local y utilizando las cámaras para guardar el momento improvisado.



Un día, tras un copioso almuerzo, que en verdad nos merecimos. No todo van a ser problemas de la política y los políticos.

lunes, 28 de agosto de 2017

DESDE MI TORRE: ANTONIO, UNA DE TUS DOS ESPAÑAS...


Cuando el fanatismo quiere excluir a la razón, los fanáticos se hunden y la razón se crece muy a pesar de las componendas partidistas que se quieran trajinar los políticos. He visto muchas barbaridades a lo largo de mi vida, y he escuchado más idioteces de las necesarias en los 68 años que me asisten. Pero lo del tema "machadiano" de Sabadell ha roto el ánfora de las imbecilidades: querer quitar el nombre de una plaza a don Antonio Machado por anticatalanista y sentimientos hostiles hacia esa Comunidad.

El informe, pedido por el ayuntamiento que maneja la CUP, se lo encargaron, previo pago de su importe, a un aprendiz de historiador, evidentemente independentista, llamado Pepe Abad -que le llamen Josep en su casa-, un tal Pepe que no sólo la ha tomado con nuestro ilustre poeta y pensador sevillano, republicano de pro que murió en el exilio, sino con Quevedo, el cordobés Luis de Góngora, Lope de Vega, Larra, Goya y otros notables más por poseer ellos un "perfil franquista" (sic). Ante el revuelo en todos los medios, el alcalde de Sabadell, Matías Serracan -que le llamen Maties en su casa- ha tocado a retirada en la CUP (Compañía Unificada de Papanatas) negando que se vaya a retirar el nombre de la plaza dedicada al poeta.



Lo mejor que podría pasar es que le quitasen la placa con su nombre a Antonio y que cambien el nombre a la plaza. Machado, en verdad, no se merece darle lustre y esplendor a esta ciudad catalana a la que aconseja con sus informes un historiador de mojones. Antonio tiene que estar en los recuerdos de su casa de nacencia: en el Palacio de Dueñas, en los olivares de Baeza, en las alamedas y caminos de las tierras sorianas, y en su sencilla tumba de Colliure, junto a su madre, la trianera Ana. A Antonio no le hizo falta jamás Cataluña, a la que adoró desde su primer viaje con su hermano Manuel en 1928, tierra en la que vivió varios meses en 1938 antes de partir para el exilio obligado por el fascismo; tierra en la que escribió sus valientes artículos en La Vanguardia; tierra en la que leía a Jacinto Verdaguer, a Juan Alcover, a José Carner y a Juan Maragall; tierra en la que hizo -ya viejo, agotado y muy demacrado- importantes amistades  en el mundo de la Literatura y las Artes. Pero, según el tal Pepe Abad, el gran Antonio, el bueno de Antonio, era anticatanalista y debe desaparecer del nomenclator. Ojalá. Los sevillanos, los muchos machadianos que existimos por el mundo, no queremos darle el gran honor a una plaza de Sabadell, cuyo alcalde y Pepe, su historiador, a lo peor ignoran que fue un gran catalán, Juan Manuel Serrat, quien en 1969 le rindiera un máximo homenaje con su disco "Cantares", obra maestra de un catalán universal a un maestro, también universal, de la poesía, la lucha y la bondad humana como él.

Pepe Abad: hoy me encuentro escatológico y te despido, a ti,a tu alcalde y a tu Sabadell, y a toda la Cataluña que piensa como tú, con una expresión muy de mi tierra: ¡Tararí, tararí, tararí, un mojón pa ti!



domingo, 27 de agosto de 2017

DESDE MI TORRE: MANIFESTACIONES


Yo tampoco tengo miedo, ni siquiera de decirlo en español y en Cataluña. ¡NO TENGO MIEDO! Ya está bien de miedos de un lado y de otro, ya está bien de ser cobardes e ir nadando según la corriente que va marcando la vida. Nací en los inicios de la posguerra española, cuando mis abuelos, mis padres, mi familia entera seguían acojonados. Nací y crecí con la boca sellada, y mi gente me fue educando como si fuera un niño que no tuviera derecho a la sonrisa. Pero no tuve más remedio que crecer y darme cuenta muy pronto de la mentira de tantos cuentos, como decía el zamorano León Felipe. Y ahora, cuando estoy limpiando la cuchara por si tuviera que entregarla pronto, me quieren seguir durmiendo con los mismos cuentos, con las mismas historias de las dos Españas, con las mismas milongas de siempre. Y no estoy dispuesto.

No le tengo miedo a quienes quieren desmembrar mi país de nacencia y que están poniendo de los nervios a todos cuantos lo amamos, a pesar de sus malos gobernantes. No le tengo miedo a la izquierda ni a la derecha, a cuantos -como Ciudadanos o Podemos- se arriman al pesebre como hacen los demás. No le tengo miedo ni a ese Dios tan poco benevolente que parece autocomplaciente con su obra y del que se hizo su dueño el Vaticano: la cueva de Alí Babá de innumerables tesoros y foco principal de pederastas.

Esperé la manifestación del sábado en Barcelona por ver si algo había cambiado después de unos asesinatos sin sentido. Y me encontré que no había manifestación contra los asesinos, sino contra el legítimo gobierno salido de las urnas, contra el rey, contra todo lo que no significase adherirse al proceso de independencia que cuatro locos preparan para desestabilizar la convivencia.

¿Contra quién gritó la manifestación de Barcelona? ¿A quién silbó y abucheó? No a los criminales, no a los fanáticos de la yihad, tan incrustada en el tejido independentista, no a los imanes que se saltan las reglas de esa llamada religión de la paz, no a los que están consiguiendo -a pesar del gran pueblo que habita la Comunidad- que Cataluña sea la región más odiada de España. Gritaron al rey, al gobierno y a su presidente, a cuantos se desplazaron a Barcelona para unirse a su dolor. Nada tenía que ver con los asesinatos de la semana anterior: era una manifestación de odio hacia todo lo español, un canto a la independencia, un alegato contra el poder establecido.

No, políticos catalanes independentistas, yo no os tengo medio, os tengo pena. Hay muchas clases de tontos, y vosotros, los políticos catalanes, fuisteis el sábado los tontos con balcones a la calle para que al fin todo el mundo se diera cuenta de la cantidad de gilipollas que aún viven en España.

jueves, 24 de agosto de 2017

DESDE MI TORRE: EL DOLOR NO SE DULCIFICA CON POLÍTICOS


El dolor que está soportando y viviendo Barcelona, España y el mundo desde el pasado jueves, no se calma ni se dulcifica ni se seda con los políticos que dicen representarnos y que, además, se tiran los trastos a la cabeza para hacer creer al pueblo que tal o cual partido es mejor que el del contrincante en la lucha contra el terrorismo, ya sea nacional o yihadista. Cataluña está, desde hace muchos años, metiendo el miedo en el cuerpo a todos aquellos que no queremos que se desmembre del racimo unido del pueblo español. Pero cuatro locos separatistas están ofreciendo un pulso al Estado cueste lo que cueste, a costa de lo que sea, hasta de la propia felicidad y tranquilidad de sus habitantes. Muchas de las importantes empresas radicadas en esa Comunidad -la más favorecida con el dinero de todos los españoles-, se están exiliando como si una nueva guerra civil volviera a asentar sus reales por largo tiempo en esta región tan hermosa y de tan grandes emprendedores. Muchos de los emigrantes andaluces que allí se fueron cuando el hambre azotaba en los sesenta, y que allí tuvieron a sus hijos, hoy están deseando volverse a sus pueblos de origen para, al menos, poder vivir en paz y en este país, que no debe tener vergüenza de llamarse España.

Pero en fin: algo muy grave falla en el sistema político de nuestro territorio, tanto por parte del Presidente del Gobierno y sus ministros, tanto por parte del Estado -que sigue manteniendo a dos reyes-, como el del grueso de los políticos, esos que han hecho de la corrupción, de la esquilma de la hacienda pública, su modo diario de vivir.

Ignoro los argumentos que ha tenido este atentado ni quiénes fueron sus principales idealistas. Tampoco, en verdad, hay nadie que ponga explicación a mis dudas. Si seguimos así, con la cuerda tensa, una vez más España tendrá el alma destrozada como hace más de 80 años. El hombre, y aún más con los políticos, es el burro que cae más de dos veces en la mismas piedra.

Quien quiera entender, que entienda.