Mi querido José Manuel siempre está en el sitio oportuno y en el momento preciso. No tendría el mismo valor esta imagen si los dos nazarenos de la Hermandad de La Trinidad caminasen sin tener esa frase llamativa de fondo. Blanco sobre negro en la valla publicitaria y en las túnicas, capas y antifaces de estos dos cofrades que caminan hacia el templo salesiano. ¡Qué bien le hubiese venido este mensaje publicitario a la campaña a contra reloj de Rubalcaba! Nada de reuniones en uno y otro sitio, con el avión gubernamental que pagamos todos, para conseguir entre los desertores de su partido el mayor apoyo posible. Nada de reunir a no sé cuántos barones, de intentar remover Roma con Santiago, de hacerse autobombo en pantalones vaqueros que luego cambiará por la cara vestimenta de Hugo Boss. Nada de mover con tanta habilidad sus manos, como los carteristas de las ferias y los magos de prestigio, para que se distraigan con ellas mientras suelta palabras y propuestas sin sentido. Nada de nada. Nada mejor que comprar la idea de esta valla y hacer su campaña publicitaria para llegar a la Moncloa.
Se le quitan los nazarenos fastidiosos que se han cruzado ante frase tan maravillosa, se le adosa el puño y la rosa y ya está. ¡No lo vea todo negro...! Si usted tiene a toda la familia en el paro: ¡No lo vea todo negro!, observe la hambruna de Somalia, otros están peor que usted. Si a usted el Estado le quita en impuestos más de un cuarto de su sueldo: ¡No lo vea todo negro!, figúrese cuánto pagan los ricos. Si usted ha perdido su piso por no poder pagar la hipoteca: ¡No lo vea todo negro!, con lo bien que se vive en la casa de los padres, donde están los abuelos para darle de comer a usted, a su mujer y a sus queridos nietos. Si usted...
Sin duda, esto es muy largo para un mensaje publicitario. El marketing no funciona así. Lo mejor es dejarlo como estaba: "No lo vea todo negro". Pero creo que, tal como están las cosas, con él o sin él, las letras blancas también se van a teñir de luto.
Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz