lunes, 17 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: UNA VUELTA POR OPORTO (2)


El gigantesco Mercado do Bolhao de Oporto, un impresionante edificio rectangular que se alza entre cuatro grandes avenidas, nos da la exacta imagen de la dejadez, de la pobreza, de que no hay ni un duro en las arcas portuguesas, de auténtica miseria, de que aquello hay alguien interesado en que se caiga para comprar a bajo precio y hacernos un gran centro comercial, de las mismas marcas que vemos en todas las ciudades, robándole su antiguo y elegante diseño en el corazón de la ciudad. Por fuera es un extraordinario edificio con tiendas tradicionales, baretos con sello propio, farmacias..., por dentro, es una auténtica ruina que se cae a trozos entre los andamios que quieren soportar su hermosa, pero vieja y descuidada estructura. Podría ser bastante más bello que el barcelonés de La Boquería y que el Mercado de Bucarest, pero la desidia o la falta de dinero del gobierno portugués ha hecho de él un anfiteatro mohoso, pobre y triste, donde hay que tener mucha voluntad para querer comprar con la mayoría de sus puestos cerrados, con pocos artículos, y con una suciedad reinante que te quitan las ganas de comprarlos.


¿Quién compra, o tiene la intención, entre estos grandes armazones de andamios que quieren disfrazarse con una tela roja rodeada por sus cilindros de acero? ¿A quién no se le cae el alma a los pies cuando contempla estas ruinas y echa la vista atrás para imaginar tiempos pasados de gran actividad, seguridad y belleza?


Parece que en los mercados tradicionales de todo el mundo ha entrado la tristeza a fondo. El nuestro, el de Triana, después de su total remodelación, que nos dejó un ejemplo aceptable de arquitectura en el entorno, también está muerto. No se cae, no tiembla como éste de Bolhao, pero cada día hay más puestos cerrados, más negocios que ya han puesto fin a sus ruinas financieras. ¡La globalización! Mañana, queridos amigos, estos mercados, con amplios miles de metros, serán comprados por los mismos, y en ellos encontraremos los anagramas eternos con los que ya nos damos de bruces en todas las ciudades del mundo, y que ayer, con pena y dolor manifiestos, les indiqué.


Éste quiosco de frutas que vemos es uno de los mejores montados ante tanta soledad. El ambiente reina por su sordidez y por la tristeza de las ventas. Sólo los turistas, como yo, pasábamos de uno a otro lado intentando memorizar en las retinas ese ambiente decadente, pero sin tener ningún deseo mínimo de comprar. Desde la Gran Guerra, desde 1914, se levanta este edificio que, por fuera, es una auténtica maravilla y, por sus entrañas, un absoluto desastre, ignorando a mi lógico entender de que por qué no está cerrado ante la posibilidad de un derrumbamiento imprevisible.


Es una pena porque el mercado es gigantesco, con dos plantas balconadas corridas que se abren a su alrededor y en la que quedan abiertos algunos quioscos a los que hay que tener mucha fe para subir. Tuvo que ser hermosísimo en su pasado y tener una febril actividad. Hoy, desgraciadamente, la mayoría de sus coloristas exposiciones no pueden contemplarse porque los propietarios cerraron sus negocios. Hay tristes salpicaduras de todo: puestos de frutas, de flores, de recuerdos, de recova, muestras de un pésimo y escaso pescado... La lonja o mercado de Bolhao, en un sitio privilegiado de la ciudad y con parada de Metro en la misma puerta, o espera una rehabilitación a fondo para que no se venga abajo, o la piqueta, que siempre hará de él un sitio impersonal habitado por los negocios que estamos hartos de ver en todas las poblaciones del orbe.

Oporto todavía tiene la posibilidad de salvarlo de la quema, convirtiéndolo de nuevo en el gran mercado que fue o haciendo de él una sala de exposiciones, de actividades y muestra de los productos de toda la comarca. Pero mucho me temo, porque Portugal es muy parecida a España, que lo vendan al mejor postor y que su encanto, hoy tenebroso y entre andamios, se pierda para siempre. ¡Qué pena!



2 comentarios:

  1. Con tu permiso, Emilio, quisiera añadir a tu esplendida descripción de tan espectacular edificio algunos datos que demuestran que los políticos lusos funcionan igual de mal que los españoles.
    A principio de los años 80, diversos estudios de patología sobre el edificio llegaron a la conclusión de la necesidad de emprender una rehabilitación urgente del edificio. A principios de los noventa, tras una fase concursal previa se aprueba un proyecto que contemplaba la rehabilitación y mantenimiento del uso del edificio como mercado, añadiendo algunas ares de exposiciones y museísticas. A finales de los 90 el edificio pasa a formar parte de patrimonio arquitectónico de la ciudad. Pese a estar aprobado el proyecto de ejecución, de acuerdo al proyecto mencionado, la realidad es que el ayuntamiento de Oporto, en el año 2007, decide abrir un nuevo concurso público de rehabilitación del Mercado. Finalmente se decide que el Mercado de Bolhao pase a explotación privada durante 70 años, a cambio de dejar demoler la totalidad del interior del edificio y convertirlo en hotel, centro comercial y otras actividades no relacionadas con el mercado tradicional, dejando para esta actividad sólo un 3% de la superficie total.
    En la actualidad el proceso está paralizado en fase judicial por la acción de diversas asociaciones y plataformas de ciudadanos que se han movilizado para salvar este edificio que, como ha descrito Emilio, se encuentra en un estado de ruina total del que difícilmente podrán recuperarlo.
    En definitiva, como nos ha pasado en Sevilla con diversos edificios.

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  2. Tu aporte de datos es excelente. Es una pena porque el mercado de Bolhao podría ser una auténtica joya.

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