lunes, 9 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (9)


EL BOMBERO

Afortunadamente, y por si las moscas, tampoco esta es una profesión perdida, pero sí de las que más han evolucionado a lo largo de los años, tanto en sus efectivos -la mayoría de ellos muy jóvenes y deportistas- como en sus dotaciones de modernos camiones autobombas. ¿Creen que con esta dotación de los años veinte del parque de bomberos de Córdoba podría sofocarse un incendio por muy mínimo que fuese y por muchas agallas que tuviesen estos heroicos trabajadores? ¡Hubiese ardido la Mezquita entera, si el incendio se hubiese provocado en ella! Bueno, también hoy, para qué engañarnos.

Dicen los que saben del tema que el emperador César Augusto fue el creador -tal como hoy lo conocemos- del primer cuerpo de bomberos de Roma, grupo de personas, asalariadas por el erario público, organizadas para la lucha contra los incendios; pero también dicen que el propio jefe de bomberos en la etapa de Julio César, llamado Licinio Craso, era el principal organizador de las brigadas de "incendiarios", unas veces para darse tono y resolver el problema con celeridad para ganar medallas -tan al uso en nuestros días- y, otras, la mayoría, para comprar a bajo precio las propiedades que él mismo quemaba. Lo que nos viene a decir, ni más ni menos que los sinvergüenzas han existido en todos los tiempos y que nada hay nuevo bajo el sol.

Hablando de fuegos, recuerdo que en mi empresa de toda la vida había un héroe apellidado  Carranza, bien podría ser Carranza-Craso o Craso-Carranza, segundo jefe de seguridad, que tenía los mismos deseos pirómanos de Nerón tras su imagen de hombre serio, alto, espigado y sereno. El hábito -decía la frase antigua- no hace al monje. Y a este Carranza, la verdad es que el traje, la camisa y la corbata tampoco lo hizo una persona cuerda, que tenía dos dedos de conocimiento y la justa inteligencia para arrear pavos, a pesar de ser jefe o subjefe de un equipo. En más de cinco ocasiones, salieron ardiendo almacenillos, decoraciones y departamentos, entre ellos el estudio de artística en el que yo trabajaba. Me llamaron por teléfono a casa a las 12 de la madrugada para que, después de la lógica explicación, me incorporase allí. Y así lo hice. El primero en descubrir, como siempre, que había incendio en el estudio, fue... "El héroe Carranza-Craso". Era el primero que llegaba, el primero que se ponía la careta antihumos, y el primero que se llevaba todas las medallas. ¡Qué gran cabrón! Ah, y el primero que decía que todos esos incendios los cometían los afiliados a Comisiones Obreras...

Al final, lo ligaron por una tontería. ¡Menos mal! Cualquier día podíamos haber ardido todos por todas partes por culpa de este elemento, que aún vive en Sevilla, y que llegó a lo más gracias a ser el primero que llegaba al lugar y luchar denodadamente contra las llamas. . ¡Vivir para ver! Me enseñó, incluso, cómo lo hacían los "cocos": Cogían un botellín de cerveza vacío, lo rellenaban de gasolina, sobre su boquilla metían un dedil o un condón con aguafuerte... A los cinco minutos justos, que él controlaba cerca, se producía la explosión. ¡Qué genio!

Bueno, pues ya sabemos que el gremio de bomberos, desde antiguo, se llevaban el trabajo a casa. Es broma. Gracias a ellos se han salvado muchas personas de morir, aunque la chistografía siempre diga aquello de que eres más lento que un bombero, o más torpe. Lo que pasa es que las llamas avanzan a más rapidez que pueden moverse sus vehículos y sus efectivos. También a los bomberos -y hoy aún más, por aquello de que están "cachas"-, han pasado a la historia erótica con eso de la manguera siempre presta a apagar el "fuego" -que es que hay volcanes de mujeres inextinguibles-, y salen en los almanaques enseñando "paquete". Bueno, una cosa. Un bombero es hoy: un BOMBERO, un señor bombero, con más éxito ligón que la mayoría de los guardaespaldas, como el de cierta ex-ministra, a la que no sólo le guardó la espalda sino que le picó el billete, como un antiguo revisor del tranvía. 

Hay fuegos y fuegos. En la Exposición Universal de 1992 en Sevilla, fue curioso el del Pabellón de los Descubrimientos. En la Barcelona de 1994, dos años después, el Teatro Liceo de Barcelona caía arrasado por las llamas para modernizarse y levantar unas sedes accesorias que les había negado la Generalitat (?). 

¿Las manos de Licinio Craso? ¡Quién sabe cuántos pirados hay en este mundo como mi compañero Carranza! Lo que un bombero jamás podrá hacer, con tanta labores humanitarias como realizan a lo largo del año, es apagar, en caso de incendio, a un amigo mío que bebe tanto y tanto que, aunque lo incineraran, se iba a llevar tres meses largos ardiendo.

¡Bombero, agua quieeeeero!


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