viernes, 18 de noviembre de 2011

DESDE MI TORRE: ¿NEGOCIO NUEVO O VIEJO?


Cuando el pasado viernes estuve con mi hijo Emilio y algunos de sus buenos amigos en la misma esquina de la plaza de las Tendillas de Córdoba, allí donde un reloj te da los cuartos, las medias y las horas con un toque de soleá -más o menos como en Soria-, fuimos a tomar unas cervezas al llamado "Bar Correo", y le llamo bar por llamarle algo, ya que no tendrá mucho más de ocho metros cuadrados. Es "El Jota" de Sevilla, pero a escala muy reducida. Sólo cerveza y... andando, y tómate otra que a lo mejor mañana no abro. Así es Manolo, su dueño,  la tercera generación de este negocio que sólo se dedica, benditamente, a poner "Cruzcampo" fresquita y tirada a ley.

No se cabía, como siempre a esta hora, en la estrecha y hermosa calle de Jesús y María que da a la Mezquita. Pero me llamó la atención ese negocio nuevo de al lado, llamado Smöoy, franquicia de yogures congelados, con un amplísimo y bien decorado local, que no tenía ni un alma. Cuando vamos a todas las capitales de provincia nos parece que nos hemos tomado una droga y que estamos en la misma ciudad de la que hemos partido hace varias horas. Los centros de todas las ciudades son iguales aquí en Córdoba, en Madrid, Málaga, Barcelona o Bilbao: Zara, Mango, Springfield, Oysho, Bershka, Sfera, McDonald's, con las mismas estructuras de tiendas, los mismos escaparates, la misma imagen corporativa, las mismas niñas atractivas con las falditas cortas y la sonrisa Profidén por 800 euros al mes... Han estropeado todas las calles de España, de Europa y el mundo. Son todas iguales. No merece la pena ir a una Quinta Avenida de Nueva York que te la encuentras en la calle Serrano madrileña, ni pegarte un lote de kilómetros para ver lo mismo en Tokio. ¿Dónde "Taberna la Alegría", de sucesores de don Joaquín Díaz, Viuda de Remesal, Herederos de don Pascual...? ¿Dónde los boquerones en adobo de toda tu vida, las gambas al ajillo, el café inconfundible o la ensaladilla rusa...? ¿Dónde el camarero que se cagaba en tus muertos con el Betis, que te hablaba de Curro -Romero, no hay otro-, o te preguntaba por tu madre y tus hijos con un cariño familiar...? ¿Dónde...? En el paro, o más para allá del mausoleo de Joselito. Todo ha muerto a manos de una especulación vergonzante. Yo sigo comprando en mi barrio, me gusta conocer los nombres y tener la confianza de los que me atienden, me encanta que me llamen y llamarlos por su nombre...

Por eso, de vez en cuando, aunque me coge relativamente lejos, pero es amigo cercano de cuando su negocio estaba al lado mi trabajo, me dejo caer por el "Bar Correo" y me tomo dos o tres cervezas bien tiradas, las que se me apetezcan -que tampoco tengo que darle ahora cuenta a nadie-, hablo con Manolo, le pregunto por su mujer y él por la mía, pago, o me invita, y hasta luego...

Y al lado, justo al lado, con muchísimos metros cuadrados, este local de "Smöoy" de yogures singulares, a los que parece que nadie quiere hincar los dientes.


2 comentarios:

  1. Emilio, llevas razón en lo de los centros de las ciudades, pero en Córdoba aún nos quedan barrios como San Agustín, Sal Lorenzo, San Basilio, la Judería y otros que no pueden ser sino cordobeses. El Correo, como bar, es una joya, pero también están en el centro El Pisto, la taberna Góngora y otros establecimientos donde, cuando vas con tus amigos, sientes que son más amigos todavía. Si nos vemos iremos a por una cervecita de Manolo.

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  2. Gracias a que quedan estos rincones que mencionas, que son los que verdaderamente se están salvando de la quema. ¡Claro que nos tenemos que ver y tomar esa cerveza de Manolo!

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