martes, 1 de noviembre de 2011

DESDE MI TORRE: LA MODA DE "HALLOWEEN"


Dicen los que saben de esta nueva manía española, llamada "Halloween", y pronunciada por nosotros como "Jalogüín", que esta es una antigua costumbre celta pero que, desde el siglo XIX, arraigó con fuerza en Estados Unidos, de donde viene su expansión. Como casi todas las costumbres americanas, ha cuajado en los países más tontos occidentales, con absoluta primacía en España, aquella que inundó de lengua y de cultura a todos los países del mundo. Pero eso fue otra historia. Ahora, desde que los americanos nos trajeron las bases con sus avioncitos de guerra, con sus fragatas y submarinos, la leche en polvo, el queso aquel naranja que era plastilina pura -pero que el hambre nos hizo tragar-, el chicle gordo que hizo un desastre de nuestras descalcificadas muelas, más los adosados de "Habitat" y el sueño de una noche de verano que magistralmente retratase Berlanga, somos aducido por todo lo yanqui y les estamos hasta agradecido poniéndole el nombre de Kansas City a una avenida sevillana que nadie sabe situar dónde se encuentra en el mapa. En un tiempo glorioso, América nos ingresó en la ilusión de un Hollyvood con estrellas despampanantes, nos enseñó a amar el cine, y a conocer a algunas de sus ebrias artistas que venían a España a tirarse a todo lo que se moviese, sobre todo al género de la tauromaquia. Y ahora, muchos años más tarde, nos rodea de zombis, muertos, brujas, vampiros... ¡La gloria! Y, claro, nosotros caemos en el marketing que forma la sociedad alrededor de nuestra imbecilidad y vestimos al niño de cádaver. Pero, ojo, el cadáver más bonito del mundo. ¡Ay, qué guapo estaba Antoñito anoche con la calavera puesta y el maxilar chorreando sangre. Todos iban preciosos, pero ningún muerto más guapo que Antoñito!

Y claro, los niños se sienten tan contentos con este nuevo disfraz con que el mundo distrae sus miserias, que los mayores también forman esas fiestas que tienen la misma alegría que "La Canina" del Santo Entierro en las bóvedas de la Catedral. Al niño, cuando llega la Semana Santa, lo visten de nazareno para salir en "La Borriquita". Y digo yo que, una vez puestos, ¿por qué no sacan al niño en "La Mortaja"?

Es que hay modas que merecen la letra que rescató para el cancionero andaluz mi buen amigo y profesor, Enrique J. Rodríguez Baltanás:

Pantasma, ay, qué pantasma,
qué blanquito personaje,
anda y vete pa tu casa
y asusta a tu puta madre.

11 comentarios:

  1. Emilio, esta entrada la podías haber publicado ayer, para que yo hubiera podido responder a los niños del timbre con la letra de Baltanás... Un abrazo.

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  2. Los niños tienen guasa, pero los mayores más. Me dieron un susto -claro está que de muerte- anoche en el ascensor. La letra del cancionero que queda corta para lo que pensé decirles..., lo que pasa es que uno es muy educado.

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  3. En la contestación a mi amigo "Espinelete", donde dice "que queda" debe decir "se queda". Cosas de las prisas.

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  4. La costumbre de la calabaza vaciada, la cáscara esculpida y la velita dentro, es vieja en los pueblos andaluces. Se hacía en pleno verano, en la época del melón y era esta rica fruta la que servía pá fabricar el farol. Los nenes, con nuestro farolillo, recorríamos el pueblo al anochecer. Pero los dibujos que se hacían en la cáscara del melón solían ser alegres. Es decir, ná que ver esto del espantoso aloguain.

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  5. Recuerdo que las calabazas siempre han sido un recurso, por su forma de cabeza, para fabricar algunos muñecos artesanos. En la finca familiar de Constantina, que regentaba mi tío Pepe, se criaban unas calabazas enormes, con las que nuestros mayores nos iniciaban en estas cosas hermosas de las manualidades. Pero nada que ver, como decimos, con esta fiesta importada que tiene de todo, menos gracia.

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  6. Por acá, en la ciudad de México, también se "distrae la miseria", en un falso culto a la muerte, pues el goce verdadero son los días sin trabajo, el respiro para gastarse, a como de lugar, en unas horas el sueldo conseguido, en algún pueblo cercano a la ciudad o en el bar. Y esto último va de la mano con las costumbres del Halloween, que se presta para el olvido, y no para el recuerdo de nuestros muertos.

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  7. Sé que en México tienen una forma especial de interpretar la muerte por los reportajes que de vez en cuando nos muestra nuestra televisión. Está claro que es verdad lo que usted dice: día sin trabajo, de asueto y de diversión. Halloween lo que verdaderamente ha hecho es, tristemente, distraer la atención, memoria y cariño a nuestros seres difuntos. ¡Americanadas!

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  8. En los colegios están fomentando los propios maestros el amor a estas fiestas extranjeras. Aquí vale todo, hacer la primera comunión para montar un banquete digno de la familia real, sin otro motivo que no sea la igualación con los demás niños del colegio en ostentación y parafernalia, hasta hacerlos hermanos de una cofradía con la única intención de sacarlos de nazareno. Cuando llegan a la pubertad los niños están acostumbrados a hacer lo que les sale del alma, y entonces los padres no pueden con ellos. ¿Problemáticos? Les hemos dado sin conocimiento todo aquello que han señalado con el dedo, sin pararnos a pensar la consecuencias. No saben lo que es el esfuerzo, la dedicación, el estudio. Lo han tenido todo sin dar nada a cambio. Cuando son mayores quieren seguir viviendo así, y vienen los problemas. Ese es elverdadero terror, y no el de jalogüin. José Luis Tirado Fernández.

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  9. Los padres han querido copiar todas las malas costumbres burguesas siendo simples trabajadores. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Ya los niños no tienen ilusión por nada, reciben los regalos de Navidad -que esa es otra-, de Reyes, de cumpleaños y de comuniones, abriéndolos y relegándolos. Ni los miran. Nosotros cogíamos una escoba y la convertíamos en un caballo de Peralta. Los padres hemos tenido la culpa. ¿Qué pasaría si esos niños, por las circunstancias que fuesen, se quedasen un día desamparados?

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  10. De la última generación para acá todo ha sido un horror y es lo que refleja la fiestecita esta. Desde hace unas cuantas décadas impera el feísmo en la juventud; lo vemos en su vestimenta, en sus metales en el rostro, en su pelo descuidado o ausente, en su piel, en su música, en su vocabulario, en su escasa cultura y sensibilidad, en su pasotismo, en sus costumbres que, al fin, han podido con todas las leyes.
    Y, ojo, toda regla tiene sus excepciones, pero no son más que eso...
    ¿Culpables? Los padres, los maestros, los políticos, los gobiernos (si es que no es lo mismo), el negocio vil, la avaricia del enriquecimiento... Pocos pueden salvarse de este desastre.

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  11. De ese desastre, al menos cultural, se van a salvar muy pocos. Hablas con los chavales y no tienen ni la delicadeza de escucharte: están con los ojos puestos en esas máquinas y teléfonos de vanguardia que no sé lo que tienen para dejarlos tan enganchados. Se ha perdido el saludo habitual, campan a sus anchas y, encima, los padres tienen que resolverles todos sus problemas monetarios y de otra índole.

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