jueves, 19 de mayo de 2011

PÁRESE, POR FAVOR, A PENSAR (2)


El hombre desastrado del pianillo camina hacia La Vega por el puente de Triana, después de haber llenado de pasodobles y cuplés los frondosos linderos de los Jardines de Murillo. Sus brazos, ya cansados de la amplia jornada, parece que van crucificados en las varas del antiguo carromato. No hay dinero para un pobre borriquillo que haga su función de portador sudoroso. Las cientos de vueltas al manubrio, reluciente de Netol, no dan lo suficiente para inversión tan costosa. Las pocas monedas que han caído en la patena de las bondades, sólo se estirarán, acaso, para un bocadillo de anchoas secas y un cuartiyo de mosto aljarafeño. El hombre camina solitario, sin ni siquiera un mozalbete que pueda hacerle el relevo de la pesada carga. Camina solo, no sé si pensando en la mala suerte de su vida cotidiana o dándole gracias a Dios por tener, al menos, una máquina sonora que le compensa con algunas monedas. Pensará, quizás, en la posible fortuna de un bautizo corralero, en el que él pactará con el padrino una meritoria cantidad a cambio de llenar de músicas todos los quicios y perfiles del humilde y oloroso patio, mientras los chiquillos revolotean derredor de la caja sonora; o en la boda a celebrarse en una venta próxima cuajada de moreras, donde los novios bailarán al compás de las sevillanas que desgrana el pianillo, mientras las viejas entonan "Entre cortinas verdes, azules rejas..."; o en la caseta ferial del Prado, huérfanas entonces de tocadiscos y modernidades; o en la Cruz de Mayo de la antigua casa vecinal, donde los enamorados juegan a ennoviarse al son de "Francisco Alegre"; o quizás no piensa en nada, ni en la suerte que le tocó en la vida ni en un Dios que no existe para él...

Sólo anda, sin prisas ni conversación, sin compañero que le ayude ni esperanzas que le animen. A veces, hasta Dios sobra en un camino de tristezas, y mejor es estar solo -dice el refrán- que mal acompañado.


Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz

8 comentarios:

  1. Los regresos de las ferias de libros -empieza la de Sevilla- cargado de bolsas siempre hace que me queje para mis adentros: "¡Cómo pesa la cultura!". Ahora, viendo la foto de Holgado y después de leer el texto de Emilio, lo primero que se me ocurre es...¡cómo pesa la música...!

    ResponderEliminar
  2. La verdad es que sí. ¡Pero qué entrañable estampa de nuestros años la recogida por José Manuel!

    ResponderEliminar
  3. ¡Y que los de mi generación nos quejemos por cualquier nimiedad!
    Llevo un rato imaginando la cara de éste señor que arrastra el pianillo...
    Memorable la estampa, el texto y sobre todo la figura de el señor que aparece en la imagen.

    ResponderEliminar
  4. ¡Qué difícil era ganar la vida entonces! Ahora no sabemos ir a la esquina sin coche o sin autobús. Y este pobre hombre se pateaba Sevilla entera, remolcando a pulso el pesado armatoste, hasta la Vega de Triana, para llevarse a la boca lo que he dicho. Ni más ni menos.
    Eran héroes y santos de nuestras alegrías.
    Gracias, Paco, por tu comentario.

    ResponderEliminar
  5. Imágenes como ésta son las que tienen que ver los políticos antes de salir de sus casas cada día. No para volver a ellas, sino para que no olviden lo que lucharon nuestros mayores por nosotros, por todos.

    ResponderEliminar
  6. Los políticos nada más que miran a su pesebre. Algo creo que está cambiando y sé que algo van a aprender con lo que está pasando. No se les puede dejar pasar ni una. ¡Ya está bien!

    ResponderEliminar
  7. Suerte la de éste buscavidas que sonríe al cruzar el puente, de los bancos y del tener que repostar gasoil a precios faraónicos

    ResponderEliminar
  8. ¡Mirándolo así..., también es otra lectura!

    ResponderEliminar