jueves, 19 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (8)


En esta primera vuelta temática al cancionero, hemos podido degustar un manojo de coplas que nos han hablado de los ojos en general, de la intensidad de los ojos negros, de la claridad de agua de los azules, de miradas y de llantos, pero no podemos obviar el apartado interesantísimo de la ceguera. No sólo ceguera física como la de Dolores Jiménez Alcántara "La Niña de la Puebla", que hoy traemos en esta hermosa ilustración de Francisco Moreno Galván, sino la ceguera del amor, el deseo de ser ciego para no contemplar los desengaños de la vida, la ceguera de la amada ante los requerimientos de amor... La copla no deja un sólo registro sin anotar, y de ahí que sean muchas las que pueblan los cancioneros flamencos con este singular tema. Para abrir hoy, vamos a hacerlo con una copla por fandango del poeta José Prada, recogida en el libro "De la tierra al aire" (1992):

Pa las cosas que hay que ver
ciego me quiero quedar,
quién me puede responder
o me puede asegurar
que es verdad to lo que ve.

La ceguera del raciocinio es peor, sin duda, que la ceguera natural. La copla, anotada por Álvarez Curiel, así lo registra:

Yo soy ciego de la vista,
tú ciega de la razón,
desgraciados uno y otro,
tú eres mucho más que yo.

El amor produce con frecuencia la ceguera. Ginés Jorquera nos deja una hermosa copla en su libro "Hablando pa mí solo" (2005):

Dicen qu'es ciego el querer
y los motivos no faltan,
porque al que quiere le cuesta
los ojitos de la cara.

También suele decirse que uno está ciego cuando no puede encontrar a la persona amada. El cancionero popular "El pueblo andaluz", nos anota esta copla:

Con qué pena vive el ciego
que no ve por donde va,
con más pena vivo yo
que no te puedo buscar.

Malo es nacer ciego, pero aún mucho peor es perder la vista después de haber contemplado el rostro de los seres queridos, los paisajes, los colores... 

Qué  pena más grande tiene
aquel que ha visto y no ve,
más feliz hubiera sío
quedarse ciego al nacer.

Términos que casi se repiten en esta copla anotada por Rodríguez Marín en su libro "El alma de Andalucía en  sus mejores coplas amorosas" (1929):

El ciego que nunca vio,
como no sabe qué es ver,
no siente tanto el no ver
como aquel que vio y cegó.

Conceptos que se repiten en esta otra recogida por Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992):

Todo aquel que nace ciego
con la esperanza de ver,
no tiene tanta penilla
como el que ha visto y no ve.

Hay personas que sin ser nada del otro mundo pueden ser cegadas por la vanidad. Así lo recoge "La poesía flamenca lírica en andaluz":

La fantasía te ahoga,
te ciega la vanidad
y tu persona no tiene
nada de particular.

Defectos que suelen verlos hasta los que carecen de visión:

Pa ti que nadie lo sabe
y andan vendiendo los ciegos
papeletas por las calles.

Fuertes son las cegueras deseadas por el odio, como en esta copla de seguiriya de Andrés Ruiz de su libro "Coplas de la emigración" (1976):

En mitá los ojos
un rayo te caiga.
Cegastes a tantos, a tantos matastes,
que ni ciego pagas.

Odio y rencor que siguen incrementándose en esta otra original de José Prada, publicada en el libro "De la tierra al aire" (1992):

To aquel que junta dinero
a costa de los demás
se debía de quedar ciego
y no poder disfrutar
de lo que sus ojos vieron.

Las cegueras del amor son dolorosas, pero curables. Nos lo cuenta esta copla anotada por Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

Cuando yo te quise a ti
estaba ciega y no veía,
ya se me cayó la venda
que tan ciega me tenía.

O esta otra que registró Garrido Palacios:

Mi madre me lo decía
que era falso tu querer,
tú tan ciego me ponías
que no la quería creer
por la venda que tenía.

La ceguera del amor suele ser algunas veces comparativa con la ceguera natural. Álvarez Curiel fue el encargado de anotar esta copla:

Grande es la pena de un ciego
que no ve por donde va,
pero mayor es la mía
que no sé tu voluntad.

Y es que el amor ciega, tal como dice la copla recogida por Gabriel María Vergara en su libro "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Al amor lo pintan niño
con los ojitos vendaos,
por eso se vuelven ciegos
todos los enamorados.

Como este de la copla por seguiriya de Antonio Rincón Muñiz, publicada en su libro "Alconchel" (1989):

Como el pobre ciego
que mira y no ve;
así ando yo, de mal en peores
por una mujé.

Por no poder ver a la amada, también suele producirse la ceguera amorosa:

Entre los cinco sentíos
uno ya lo estoy perdiendo,
de no verte más mi ojos
se me están volviendo ciegos.

Terrible tiene que ser vivir con estas taras de nacencia que nos cantaba en su dolorosa soleá trianera Antonio "El Arenero":

Sordo como una tapia
y ciego de nacimiento,
valía más que mi mare
me hubiera parío muerto.

Sin embargo, hay ciegos que se conforman con su estado y no echan de menos la visión para no sufrir. Garrido Palacios registró esta copla en su cancionero:

Le pregunté a un hombre ciego
si era tan triste su vida,
me dijo que su consuelo
era no ver las mentiras
de un mundo tan embustero.

Y hay ciegos que hasta se alegran de serlo, según esta copla anotada por Antonio Machado Álvarez "Demófilo" en su "Colección de cantes flamencos" (1881):

Estaba siego y no bía
y loquito e contento,
y un Dibé me dio la bista
pa que pasara tormento.

Y paramos por hoy, porque también ciega estar tantas horas pegados al ordenador. Mañana continuaremos por este camino de las coplas, cuyo tema me apasiona, esperando que os guste a todos.

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