domingo, 15 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (4)


Hagamos un paréntesis en el color negro de los ojos del cancionero, para detenernos en otros, como el azul, que le sigue a la saga en las predilecciones de los cantares del pueblo. Evidentemente, cuando se nombran tanto a los ojos negros, aparte de por su misterio, es por la rima fácil. Lo mismo ocurre con los azules. Es rima mascada, en su plural, con multitud, plenitud, quietud, actitud, gratitud, ingratitud, inquietud, juventud, quietud, azul, tul... y, en sus comparaciones, con cielo y con anhelo, consuelo, desvelo, modelo, pañuelo, revuelo, terciopelo...

Pero, aparte, los ojos azules son hermosos en la faz humana, sobre todo en la mujer. Ojos que parecen iluminarlo todo, llenarlo de luz. Ojos, como lagos, para querer tirar el alma en ellos, en su profundidad. Mar adentro se quiere colar la copla de Salvador Rueda:

Por tus pupilas azules
voy flotando mar adentro
buscando tu corazón,
que es el país de los sueños.

Ojos que también dan malestar, como los negros, a las personas que aman. Nos lo dice la copla de Enrique J. Rodríguez Baltanás en su libro "Alcalá, copla y compás" (1992):

Por esos ojos azules
tengo yo el mal de amores,
no encuentran pa mí el remedio
ni los más sabios doctores.

Y eso que parecían más recatados, más serenos y tranquilos, más relajantes y sosegadores. De todo hay en la viña del Señor. La amada requiebra al amado en esta copla popular que recoge Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz" (1991):

Para ser divino en todo
el que es de mi vida dueño,
de ángel tiene el corazón,
los ojos azul de cielo.

Al parecer, de amor sólo matan los ojos azules, aunque cada uno hace su apaño. La siguiente copla, consignada por Gabriel María Vergara, dice así:

Ojos negros me dan miedo
y los pardos dan calor,
azules como los tuyos
son los que matan de amor.

Aunque, al decir de la copla que acopia el mismo recopilador, para todo hay gustos diferentes y, al parecer, embusterillos son ojos tan claros:

Ojos negros no son firmes,
azules son embusteros,
pero los acastañados
son firmes y verdaderos.

¿A qué ganan los pardos? La confirmación a la duda de los ojos azules la pone la siguiente copla:

Ojos azules tenía
la mujer que me engañó,
ojos de color de cielo
mira si fueron traición.

También la esperanza se pone en los ojos azules por una y otra parte, tal como anota el cancionero popular:

Ojos de color de cielo,
azules como los míos,
no pierdas las esperanzas
que yo no las he perdío.

Fernán Caballero, en su libro "Cuentos y poesías populares andaluces" (1861), recoge una copla que defiende al cien por cien los ojos de este color:

No hay ojos más hermosos
que los azules,
y si no mira al cielo
cuando no hay nubes.

Y en otra, recogida en el mismo volumen, la copla también dice que pueden matar a un hombre:

Amarillo es el oro,
blanca la plata,
y azules son los ojos
que a mí me matan.

Color al que apostillaban de esta forma, para rematar la seguidilla, las gentes del Alosno:

Azule', azule',
como el color del cielo
cuando no hay nubes.

Ojos azules que se apagan cuando viene la muerte, según la copla de Alcalá Venceslada en su libro "De la solera fina" (1925):

Camita número quince
de la sala de San Justo...,
allí sus ojos azules
dejaron de ver el mundo.

Paleta cromática en los gustos populares de esta copla que recoge Álvarez Curiel en su "Cancionero popular andaluz":

Colorada es la guinda,
verde el guindero,
azules son los ojos
de quien yo quiero.

Ojos robadores de amor en la consignada por Gabriel María Vergara:

Tienes la cara bonita,
la boca como un piñón,
y unos ojos tan azules
que roban el corazón.

También parece que destilan un sabor agridulce los azulados ojos, según la seguiriya de Manuel Machado, publicada en su libro "Cante hondo" (1912):

Vaya un amarguito
tan dulce que tienen
los ojos azules que tanto me gustan,
que tanto me ofenden.

La hermosa metáfora de las pestañas como guardiana de unos ojos, se ofrece en esta copla que registra el cancionero popular:

Desde que vi tus pestañas
velar tus ojos azules,
comprendo que hay también cielo
por debajo de las nubes.

Cielo y ojos, ojos y cielo. Azul sobre azul con un forillo de desengaño. Fernán Caballero anota esta copla:

Esos ojitos azules
se los robastes al cielo,
y al cielo le darás cuenta
del mal que hiciste con ellos.

Qué mejor para hacer cesar el llanto de la amada que un regalo al punto. Recoge el detalle el cancionero popular:

Llorando la vi una tarde
en la romería 'el Quintillo,
ella me dio un clavel rojo
y yo le di unos zarcillos
azules, como sus ojos.

De nuevo la comparación entre el cielo y los ojos azules en el libro facsímil "El pueblo andaluz" (1995):

Madejas de oro fino
son tus cabellos,
y tus ojos azules
como los cielos,
y es tu boquita
pequeña y encarnada
como una guinda.

Azulada, queridos blogueros, tenemos hoy la mirada con este manojo de coplas. Mañana seguiremos por estos senderos en los que los ojos se convierten en el más atractivo de los sentidos.

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