domingo, 15 de mayo de 2011

DESDE MI TORRE: LA SATISFACCIÓN DE LAS PEQUEÑAS COSAS


Como decía hace unos días, en Córdoba se disfruta intensamente la vida a diario, pero muy especialmente cuando llega el mes de mayo, el mes de sus muchas celebraciones festivas. Si hasta hace unos días las cruces fueron las protagonistas reventando de claveles y macetas, en estos días los patios ofrecen su esplendor y, para un respiro, desde el día 11 la Cata del Vino de Montilla-Moriles asienta sus reales en un amplio recinto de la ciudad, con más de 20 bodegas de la provincia y 11 restaurantes dando a conocer sus productos. En materia vinatera, los cordobeses son unos grandes entendidos, tanto hombres como mujeres, y unos excelentes catadores. Al vino se le profesa culto con una tranquila conversación de por medio. Los caldos de Montilla y Moriles, cuya publicidad radiofónica antigua aún se conserva en la memoria: "La elección es muy sencilla, o Moriles o Montilla", se dan la mano con los de Puente Genil, Monturque o Lucena, y amontillados, finos, olorosos y afrutados, con toda la gama de los Pedro Ximénez -tesoro que sólo Córdoba conserva- se dejan beber con parsimonia mientras se alaban sus aromas y cuerpos.

Ayer, como cada año, tuve la gran satisfacción de disfrutar de estas pequeñas cosas que Córdoba nos brinda, compartiendo el día con viejos amigos que te hacen sentir a gusto. Fue el día de los políticos, que se dejaban ver dando vueltas y más vueltas recordándonos las cercanas elecciones. Pero fue, sin duda, el día de un gran poeta en el recuerdo, como Juan Bernier, a quien la organización dedicó esta 28 edición. Y el día por excelencia de la amistad y la convivencia, a las que la "combebencia" pone su punto justo.

Hace ya muchos años, cuando llegué a Córdoba, la organización me invitó a dar la conferencia de apertura de la XIII edición. Fue en mayo de 1996, aún lagrimeando mis ojos de la cercana añoranza de mi tierra, de mi barrio, de mi gente. Y esto fue lo que salió en el poema de la bienvenida que he logrado rescatar de mis cajones:

De la cepa de mi barrio
vengo a ti, cual viene el vino
a la orilla de los labios.

Vengo a ti, Córdoba, llena
de soleras aromadas
con la flor de tus almenas.

A tí, como el mosto nuevo,
llego, como viene un niño:
inocencia, amor y miedo.

Mares de borracheras
lleva mi río,
y hoy vengo yo a traerte
su desafío.
¡Mira qué suerte
que hoy vengo solo y sólo
para beberte!

¡Levanto el catavino,
alzo mi copa:
Por ti, Córdoba, sabia
de tantas cosas!

Mi medio está en el aire,
y el aire juega
con el aire del aire
de tus bodegas.

¡Gloria bendita
si baila el Giraldillo
con tu Mezquita!

Lo dicho, pequeñas cosas para sentirse a gusto.

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