sábado, 14 de mayo de 2011

DESDE MI TORRE: EL TIEMPO DE LAS PROMESAS



Nos dan de lado y nos olvidan durante cuatro años, ignoran olímpicamente los problemas de los ciudadanos, se mofan de las mínimas manifestaciones de los colectivos con problemas, viven como reyes a costa del erario público y pocos se han salvado de una imputación por saltarse las leyes a la torera o por meter la mano, con la habilidad de un prestidigitador, donde no debían. Y ahora los vemos por ahí, como menesterosos pícaros del Siglo de Oro, pidiendo un voto en los mercados en los que nunca compraron, en las barriadas periféricas que nunca pisaron y que les sería difícil situar en un mapa, en institutos de los que no conocen ni sus nombres y en centros de esa tercera edad que tienen abandonados. Abrazan a abuelas, mujeres y niños que jamás han visto y por los que no sienten ni la más leve brizna de ternura, pero la sonrisa les llega de oreja a oreja. Sus palabras son beatíficas, casi frailunas, y en sus manos dicen tener el suficiente poder para arreglarlo todo cuando pase el 22 de mayo.

¡Me dan pena y tristeza! Esta caravana de pedigüeños nos invade en la calle, nos ensucia las paredes y, sin el menor pudor, se nos cuela en nuestras casas a través de las ondas de la radio y la televisión. Piden para poder seguir comiendo y gozar de sus prebendas después de las elecciones, para seguir manteniendo la sopa boba que les damos los bobos como nosotros, para mantener ese estatus que jamás llegarían a lograr con el trabajo diario, con el sudor de cada día.

El de la célebre mariscada de Bruselas pide el voto para que no le siga faltando el bogavante nuestro de cada día, sea en Centroeuropa o en Becerra, a costa de los votantes, y no con su profesión olvidada de ATS. ¿Cómo va a querer abandonar el nuevo marxismo?

El de los cien años de honradez y, como dijo alguien, cuarenta de vacaciones, se aferra a la rosa, aunque mustia, deseando ser alcalde de una ciudad en bancarrota técnica, pero que aún guarda en el arca muchas prebendas. No hizo nada en medioambiente ni nada como consejero de vivienda y por lo que se ve, aceptando el reto de la lucha por la alcadía sevillana, parece que no tiene prisas por retomar su profesión de abogado. La política da más y se trabaja menos.

El de la gaviota, cansada de volar en busca del poder absoluto, parece que puso toda su alma, corazón y vida, como reza la copla, en un triste banco de Bellavista, cuando le han ido pasando por la mano de la oposición miles de oportunidades para demostrarle a Sevilla las ganas de luchar por ella.

Son todos iguales, el mismo perro con distinto collar. Han estado mudos durante cuatro años y ahora alzan sus voces por todos los rincones y utilizan sus lenguas viperinas para ofender al contrario. Ahora buscan, se mueven, vociferan y extienden sus manos y sus sonrisas en busca del voto que los siga manteniendo en sus privilegios.

Hombre, ahora no. Ahora, que os voten los que habéis beneficiado por las simpatías interesadas de unas siglas políticas, que os voten vuestros familiares, compadres y amigos, la charpa de abrepuertas y recogecosas que gozáis alrededor. Ahora, si en verdad queréis conseguir vuestros deseos de eternidad en el cargo, tendréis que recurrir a Lourdes o Fátima, aunque creo que la cosa no está para milagros.

Emilio Jiménez Díaz
Fotografía: Raúl Doblado (Diario ABC)

2 comentarios:

  1. Esta mañana estaban anclados los andalucistas en el último tramo de San Jacinto; allí habían montado el kiosquillo sobre el cual vertían, impetuosas, sus argumentos las dos damas insignias del partido, la aspirante y la Távora. Alguien que me conocía me dio un folleto asegurándome que nada tienen que ver con "el otro" partido andalucista, el que lo mismo se escoraba por un lado que por otro con tal de lo que sabemos. Miré al mostradorcillo y allí estaba, entrambas y representando al andalucismo trianero, el mismo escudero durante cuatro años de la despistada Isabel Guerra. Y comprobé "la renovación...".

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  2. Emilio Jiménez Díaz15 de mayo de 2011, 8:53

    Esto de los políticos es un auténtico desastre.

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