sábado, 14 de mayo de 2011

OJOS Y MIRADAS EN LA LÍRICA FLAMENCA (3)


No, no nos quedamos sin la negrura de los ojos en las miles de letras de los cancioneros. Los ojos negros ya hemos dicho que son sugerentes y que por eso triunfan en coplas y más coplas. A veces, dan miedo. En otras ocasiones, enamoran al primer flechazo. Son así. Fuentes decía que eran la copla de seguiriya que anotó Antonio Machado Álvarez "Demófilo" en su "Colección de cantes flamencos" (1881):

Oriyas del río
sus penas yoraba;
como eran dos fuentes sus ojitos negros
crecieron las aguas.

El mismo recopilador nos deja esta hermosa seguidilla que todos hemos cantado alguna que otra vez en los bautizos corraleros, al menos los que tenemos demasiado edad para contarlo:

Por la Sierra Morena
bienen bajando
unos ojitos negros
de contrabando.
Bajando bienen
unos ojitos negros,
muerto me tienen.

Para guiarse por la vida, muchas veces suelen venir bien ojos de ese color. Lo anota Garrido Palacios:

Por la estrellita del Norte
se guían los marineros,
el hombre que a ti te mire
se guía de tus ojos negros.

En echando a pelear a los ojos, cada uno tiene sus preferencias y da un poquito más de si mismo. Anota la copla Gabriel María Vergara en sus "Mil cantares populares amorosos" (1921):

Por unos ojitos negros
alma y vida diera yo,
por unos ojos azules,
alma, vida y corazón.

La que puede liarse en la historia por culpa de unos ojos nos lo cuenta Garrido Palacios en esta hermosísima seguidilla por él recogida:

Por unos ojos negros
se perdió Troya,
y por unos azules
la España toda.
Juan Caballero
por unos ojos negros
fue bandolero.

Y es que los ojos negros tienen imán, atractivo, convocan a la contemplación y, por supuesto, al inmediato enamoramiento. Difíciles son de dejar. De Salvador Rueda es esta copla:

Que no me den tal suplicio
mándale a tus ojos negros;
ellos, firmes en matarme,
y yo, más... en quererlos.

Nos ratifica este atractivo el fandango del escritor y amigo Antonio Rincón Muñiz, insertado en su libro "Alconchel" (1989):

Quedó prendío mi queré
en la mata de tu pelo
y mis ojos ya no ven
que ven por tus ojos negros
lo que tú quieras, mujé.

Dicen que la cara, con ella lo más atractivo, los ojos, son el espejo del alma. Gabriel María Vergara recoge esta copla preguntona:

Si aseguran que los ojos
son de las almas espejo,
¿de qué color es la tuya
siendo tus ojos tan negros?

La posible contestación la tiene esta copla que anota el mismo recopilador el año 1921:

Si son espejos los ojos
donde el alma se retrata,
las mujeres de ojos negros
deben tener negra el alma.

Difícil es esquivar los dardos de unos ojos negros. Nos lo decía don Juan Antonio de Iza Zamácola "Don Preciso", en su conocidísimo libro "Colección de las mejores coplas de seguidillas..." (1802):

Son tus ojos dos negros
con arco y flechas,
que aún dormidas disparan
y al pecho aciertan,
dígalo el mío
que lo mismo fue verlos
que hallarse heridos.

Motivos para soñar nos deja en esta copla de su autoría José el de la Tomasa, anotada en su libro "Alma de barco" (1990):

Sus ojos negros,
sus labios granas...
Siempre soñando
con mi gitana.

Hay quienes se conforman con pocas cosas, pero entre ellas no pueden faltar unos ojos negros:

Tengo yo mi querer puesto
en un pantalón de pana,
en unos ojitos negros
y en una blusita clara.

Hermosísima, para despedirnos por hoy, la soleá de mi querido amigo Ginés Jorquera, anotada en su libro "Hablando pa mí solo" (2005)

Tu delito más pequeño
es matar con la mirá
d'esos dos ojitos negros.

Pues hasta mañana, antes de que unos ojos negros nos maten por el camino.

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