
Fepcoc,
Adecoc,
Apepmeco…
y otras asociaciones,
que no tienen tanto “ecoc”,
exponen diez mil razones
contra la venta ambulante,
pues les quitan el “chalecoc”
por detrás y por delante.
Vecinos y comerciantes
están que echan trilita
si usted, señora, no quita,
por bien de la convivencia,
a furtivos e ilegales
que venden, y sin licencia,
duros por cuatro reales
con placet municipal.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Esto es un descontrol,
esto está fatal, fatal,
esto es un berenjenal,
una batalla campal,
es un error comercial
que usted, señora, permite
para que nadie le quite
el sillón presidencial.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Ese comerciante honrado
que lucha por su negocio
y que está medio arruinado
entre impuestos y consorcios,
normal que ande cabreado
si en su mismísima puerta
usted le pone otro socio
que es amo de la ciudad.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Que al ambulante le asiste
derecho a ganar el pan,
cierto, como el mundo existe,
mas sin ser un alacrán;
porque lo triste, lo triste,
es que no hay quien administre
-descontrol municipal-
la ley que a uno y otro asiste.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
¡Vaya un viernes a Vía Parque,
o un martes, que es otro día
para ver la porquería
que se encuentra en todas partes!
¿Pasan los veterinarios?
¿Hay control de sanidad?…
Pero en cambio, al comerciante
se le inspecciona hasta el guante.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Francisco Tejada calla
-y es quien lleva economía-,
Ocaña no da la talla
y se le pasan los días,
y, aunque es de infraestructura,
por mucho que lo procura
aún no ve claro Noreña
en su mente elemental.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Así que Vázquez (Genaro)
-presi de Ciudad Jardín-
dice en claro desamparo
que a esto hay que ponerle fin,
que son graves perjuicios
los que se causa a la zona
y que está fuera de quicio
tanta guerra comercial.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Muy de espaldas al comercio
el ayuntamiento está,
que ahora está pagando el precio
del chanchullo electoral.
Que está usted muy hipotecada
parece ser la verdad,
que a quien promete y no cumple
esto le suele pasar.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Ahora le está naciendo
el grano del mercadillo,
mañana será otro grano
y, pasado, otro barrillo.
Y esas no son formas serias
para al pueblo contentar,
que ya está harto de miserias
y harto de tanto aguantar.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
¿Por qué no se va a Noreña
de una vez este mercado
que usted en mantener se empeña
en contra de lo pactado?
¿Es verdad que unos acuerdos
existen para esperar?
Pues muy bien, que se me entienda
lo que le quiero gritar:
¡Que eso está muy mal, muy mal,
que eso, además, es brutal,
que eso no es jugar cabal,
que eso es un carnaval,
que es un error colosal
grande cual la catedral,
que eso es anticomercial
y no debe permitirlo
la casa consistorial.
Pues bien, sígame escuchando
con terminación en al.
Eso es descomunal,
es una intriga bestial,
eso es trato desigual,
del comercio es un dogal,
del comerciante un bozal,
eso rompe lo esencial
porque es un trato especial,
de las moscas su panal,
y del aguante el final.
¡Y eso, aquí y en Inglaterra,
está, señora, muy mal!
Es un error garrafal,
triste como un funeral,
más serio que un hospital
o que el trullo o el penal.
Es una regla parcial
de aquesta España imperial
en la que el bueno es fatal
y el malo es el ideal.
Es cuestión tan ilegal
y, por ende, irracional,
que se empaña el lagrimal
como el de un bizco total.
¡Y eso, señora, en mi tierra,
es que está muy mal, muy mal!
Será cuestión proverbial
y, por supuesto, vital
que, de una vez por todas,
adquiriese usted la moda
de arreglar lo primordial.
Hágase –digo- una mesa
de seria negociación
donde intervengan las partes
de este litigio en cuestión.
Córdoba, señora mía,
es de siempre tolerante,
mas si no fuese alcaldesa
sino un simple comerciante,
dígame usted, qué diría
si un día y otro día
le pongo un puesto delante.
O arregla usted el problema,
o, aprovechando el ejemplo,
le pongo otro ayuntamiento
delante del de su emblema,
vendo ideas más baratas,
rebajo cualquier impuesto,
concedo a gogó licencias
y ni un voto se me escapa.
¿Qué diría, señora mía,
ante tanta atrocidad?
Pues lo mismo que yo digo:
¡Que eso aquí, en Gerona o Vigo,
es que está muy mal, muy mal!
Adecoc,
Apepmeco…
y otras asociaciones,
que no tienen tanto “ecoc”,
exponen diez mil razones
contra la venta ambulante,
pues les quitan el “chalecoc”
por detrás y por delante.
Vecinos y comerciantes
están que echan trilita
si usted, señora, no quita,
por bien de la convivencia,
a furtivos e ilegales
que venden, y sin licencia,
duros por cuatro reales
con placet municipal.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Esto es un descontrol,
esto está fatal, fatal,
esto es un berenjenal,
una batalla campal,
es un error comercial
que usted, señora, permite
para que nadie le quite
el sillón presidencial.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Ese comerciante honrado
que lucha por su negocio
y que está medio arruinado
entre impuestos y consorcios,
normal que ande cabreado
si en su mismísima puerta
usted le pone otro socio
que es amo de la ciudad.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Que al ambulante le asiste
derecho a ganar el pan,
cierto, como el mundo existe,
mas sin ser un alacrán;
porque lo triste, lo triste,
es que no hay quien administre
-descontrol municipal-
la ley que a uno y otro asiste.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
¡Vaya un viernes a Vía Parque,
o un martes, que es otro día
para ver la porquería
que se encuentra en todas partes!
¿Pasan los veterinarios?
¿Hay control de sanidad?…
Pero en cambio, al comerciante
se le inspecciona hasta el guante.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Francisco Tejada calla
-y es quien lleva economía-,
Ocaña no da la talla
y se le pasan los días,
y, aunque es de infraestructura,
por mucho que lo procura
aún no ve claro Noreña
en su mente elemental.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Así que Vázquez (Genaro)
-presi de Ciudad Jardín-
dice en claro desamparo
que a esto hay que ponerle fin,
que son graves perjuicios
los que se causa a la zona
y que está fuera de quicio
tanta guerra comercial.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Muy de espaldas al comercio
el ayuntamiento está,
que ahora está pagando el precio
del chanchullo electoral.
Que está usted muy hipotecada
parece ser la verdad,
que a quien promete y no cumple
esto le suele pasar.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
Ahora le está naciendo
el grano del mercadillo,
mañana será otro grano
y, pasado, otro barrillo.
Y esas no son formas serias
para al pueblo contentar,
que ya está harto de miserias
y harto de tanto aguantar.
¡Y eso está muy mal, muy mal!
¿Por qué no se va a Noreña
de una vez este mercado
que usted en mantener se empeña
en contra de lo pactado?
¿Es verdad que unos acuerdos
existen para esperar?
Pues muy bien, que se me entienda
lo que le quiero gritar:
¡Que eso está muy mal, muy mal,
que eso, además, es brutal,
que eso no es jugar cabal,
que eso es un carnaval,
que es un error colosal
grande cual la catedral,
que eso es anticomercial
y no debe permitirlo
la casa consistorial.
Pues bien, sígame escuchando
con terminación en al.
Eso es descomunal,
es una intriga bestial,
eso es trato desigual,
del comercio es un dogal,
del comerciante un bozal,
eso rompe lo esencial
porque es un trato especial,
de las moscas su panal,
y del aguante el final.
¡Y eso, aquí y en Inglaterra,
está, señora, muy mal!
Es un error garrafal,
triste como un funeral,
más serio que un hospital
o que el trullo o el penal.
Es una regla parcial
de aquesta España imperial
en la que el bueno es fatal
y el malo es el ideal.
Es cuestión tan ilegal
y, por ende, irracional,
que se empaña el lagrimal
como el de un bizco total.
¡Y eso, señora, en mi tierra,
es que está muy mal, muy mal!
Será cuestión proverbial
y, por supuesto, vital
que, de una vez por todas,
adquiriese usted la moda
de arreglar lo primordial.
Hágase –digo- una mesa
de seria negociación
donde intervengan las partes
de este litigio en cuestión.
Córdoba, señora mía,
es de siempre tolerante,
mas si no fuese alcaldesa
sino un simple comerciante,
dígame usted, qué diría
si un día y otro día
le pongo un puesto delante.
O arregla usted el problema,
o, aprovechando el ejemplo,
le pongo otro ayuntamiento
delante del de su emblema,
vendo ideas más baratas,
rebajo cualquier impuesto,
concedo a gogó licencias
y ni un voto se me escapa.
¿Qué diría, señora mía,
ante tanta atrocidad?
Pues lo mismo que yo digo:
¡Que eso aquí, en Gerona o Vigo,
es que está muy mal, muy mal!
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