Ignoro si en algún lugar del orbe se alza un monumento a la soberbia, mas si no lo hubiese seamos los primeros en alzarlo en Sevilla como recuerdo al señor Alfredo Sánchez Monteseirín, al que durante su larguísimo mandato en la alcaldía sevillana jamás se le ha visto una minúscula brizna de humildad. Desde hace mucho tiempo dice que se va, ya que ha cumplido de sobras con sus objetivos. Si no se ha ido antes de que lo despidan sus propios compañeros de partido es porque busca una contraprestación que le perpetúe para siempre en la política, sin la necesidad de tener que buscarse la vida con la honrosa profesión de médico.
Su megalomanía lo llevó a soñar obras faraónicas que lo único que han conseguido es convertir a una ciudad, con unas maravillosas señas de identidad, en una vulgar disneylandia que ya interesa a pocos visitantes. De su eslogan "la ciudad de las personas" ha pasado, para despedirse, al de "Sevilla se ve". ¿Y qué es lo que se ve en Sevilla? Pues bien. En Sevilla se ve mucho paro, muchísimo; muchísimos comercios que han tenido que cerrar en el centro histórico -el más grande de Europa- porque él y su colega Torrijos se lo han cargado utilizando al revés el sentido de la tan manida "movilidad". En Sevilla se ve la agonía de barrios como Triana, al que han estrangulado sus entradas y salidas en pro de los carriles bicis; se ve el adefesio de las inacabadas setas del Metrosol-Parasol -nombre muy sevillano por los cojones- en las que ya se han empleado 100 millones de euros; se ve a políticos municipales en la cárcel y a otros que están a las puertas; se ve cómo han mermado las arcas en el mayor despilfarro conocido; se ve un "metro" que no llega a diez centímetros y un tranvía que no lleva a ninguna parte, y cuyo paso por calles monumentales es, además, un insulto de ordinariez; se ve la cara dura de un alcalde que no se ha perdido ocasión alguna para viajar a los pasados mundiales de fútbol y a otros sitios de interés (?) a cargo del erario público; se ve que no se han hecho los aparcamientos prometidos en barrios a los que se les ha pedido por adelantado a los vecinos una cantidad importante de dinero de sus bolsillos; se ve mierda y más mierda por todas las calles y plazas; se ve el pasotismo frente a la ciudadanía; se ve la incompetencia gestora de los recursos de la ciudad; se ve cómo se lo han llevado calentito entre ellos: casos de las facturas falsas del distrito Macarena, caso de Mercasevilla...; se ve que este alcalde conoce la dureza del mármol más y mejor que Carrara y Macael. Y tanto se ven las vergüenzas de Sevilla que, para maquillarlas, pone en marcha una campaña para promocionar su gestión "maravillosa" como alcalde con el dinero de las empresas municipales, esas que lleva su gran amigo Marchena..., otro que mejor baila.
Lo que pasa es que los ciudadanos somos unos desagradecidos y no sabemos estimar cuánto de bien ha hecho por Sevilla el señor Monteseirín, que con tantísimo esfuerzo y generosidad cambió el fonendoscopio por nuestro bien colectivo. Pongámosle un monumento por tanto sacrificio, por favor, aunque sea en El Vacie.
Su megalomanía lo llevó a soñar obras faraónicas que lo único que han conseguido es convertir a una ciudad, con unas maravillosas señas de identidad, en una vulgar disneylandia que ya interesa a pocos visitantes. De su eslogan "la ciudad de las personas" ha pasado, para despedirse, al de "Sevilla se ve". ¿Y qué es lo que se ve en Sevilla? Pues bien. En Sevilla se ve mucho paro, muchísimo; muchísimos comercios que han tenido que cerrar en el centro histórico -el más grande de Europa- porque él y su colega Torrijos se lo han cargado utilizando al revés el sentido de la tan manida "movilidad". En Sevilla se ve la agonía de barrios como Triana, al que han estrangulado sus entradas y salidas en pro de los carriles bicis; se ve el adefesio de las inacabadas setas del Metrosol-Parasol -nombre muy sevillano por los cojones- en las que ya se han empleado 100 millones de euros; se ve a políticos municipales en la cárcel y a otros que están a las puertas; se ve cómo han mermado las arcas en el mayor despilfarro conocido; se ve un "metro" que no llega a diez centímetros y un tranvía que no lleva a ninguna parte, y cuyo paso por calles monumentales es, además, un insulto de ordinariez; se ve la cara dura de un alcalde que no se ha perdido ocasión alguna para viajar a los pasados mundiales de fútbol y a otros sitios de interés (?) a cargo del erario público; se ve que no se han hecho los aparcamientos prometidos en barrios a los que se les ha pedido por adelantado a los vecinos una cantidad importante de dinero de sus bolsillos; se ve mierda y más mierda por todas las calles y plazas; se ve el pasotismo frente a la ciudadanía; se ve la incompetencia gestora de los recursos de la ciudad; se ve cómo se lo han llevado calentito entre ellos: casos de las facturas falsas del distrito Macarena, caso de Mercasevilla...; se ve que este alcalde conoce la dureza del mármol más y mejor que Carrara y Macael. Y tanto se ven las vergüenzas de Sevilla que, para maquillarlas, pone en marcha una campaña para promocionar su gestión "maravillosa" como alcalde con el dinero de las empresas municipales, esas que lleva su gran amigo Marchena..., otro que mejor baila.
Lo que pasa es que los ciudadanos somos unos desagradecidos y no sabemos estimar cuánto de bien ha hecho por Sevilla el señor Monteseirín, que con tantísimo esfuerzo y generosidad cambió el fonendoscopio por nuestro bien colectivo. Pongámosle un monumento por tanto sacrificio, por favor, aunque sea en El Vacie.


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