sábado, 24 de julio de 2010

UNAS GOTAS DE EROTISMO Y HUMOR (9)


La manía que tienen muchos hombres en decir que casi todas las mujeres están sobadas, tocadas y probadas. Esta coplilla la recogió Rodríguez Marín en su ya anotado libro "El alma de Andalucía" (1929), en la página 242:

Anda, que estás más tocá
que una guitarriya e siego
o sambomba en Nabidá.

En el mismo libro, en su página 241, nos encontramos con otra muy parecida:

Anda, bete, flamencona,
que no tienes tú la cara
de dormir de noche sola.

Que conste que la "b" de "bete" la pone él y no yo. Casi en los mismo términos se expresa Antonio Alcalá Venceslada en esta copla de su libro "De la solera fina" (1982), página 66:

Anda, vete de mi vera,
que finca de muchos dueños
a ninguno remunera.

¡Pues sí que tienen buena opinión de las mujeres estos hombres! Cuando no es por una cosa es por otra, como anota Francisco Álvarez Curiel, en su libro citado, en la página 163:

Anoche me enamoré
de una muchacha bonita
y esta mañana la vi:
era tuerta la maldita.

Tuerto era él, porque por mucha oscuridad que hubiese algo se ve siempre. Mucho quejarse en las coplas de los curas, pero después todos acuden a ellos para que les arreglen temas importantes como este que nos cuenta la coplilla:

Señor cura, corra usted
que en mi casa tié trabajo:
que se ha caío mi padre
y tiene a mi madre abajo.

¡Qué ingenuidad! Y qué sorpresa se llevarían el cura y los padres. Y otros se confían demasiado de los curas:

Señor cura, me voy fuera,
mi mujer es muy miedosa,
baje usted a dormir con ella
no le pase alguna cosa.

Hay hombres que más que brutos son "grutos" de cerrados que son. Veamos lo que nos cuenta la letra de este cante por zángano de la localidad cordobesa de Puente Genil:

Sobre los llanos, la palma,
sobre la palma, los cielos,
sobre mi caballo, yo,
y sobre yo, mi sombrero.

Mejor explicado imposible. Otro que tendría que ser de lo más ceporro es el protagonista de esta letra, recogida en su libro "Alosno, palabra cantada" por Manuel Garrido Palacios en la página 47:

Soldado no tengas miedo
cuando hagas la instrucción,
apréndete bien los números,
el uno y después el dos.

También en el mismo libro nos anota una coplilla del pueblo onubense del nacimiento de mi padre, Villanueva de los Castillejos, donde yo no sabía que eran tan pobres ni tan brutos:

Soy probe porque he perdío
una chaqueta sin mangas,
sin solapa y sin botones,
con un boquete en la espalda
y un par de nuevos calzones.

¡Vaya, vaya el personal del pueblo de mi progenitor! Siempre existen en casi todas las fiestas los conocidos metepatas, pero jamás había escuchado el término que ha recogido el mismo Garrido Palacios de la tierra de Alosno:

Tan bien que estaba la fiesta
llegó un quebrantajierro,
dijo sus cuatro tonteras
y se fue a la calle luego.
Llenó la tarde de mierda.

Digno de anotar "quebrantajierro" como sinónimo de malage o metepata, igual que en las tierras sevillanas se da mucho el "acabareuniones". En esta coplilla se pregunta uno sobra la palabreja:

Te llaman quebrantajierro,
yo no sé por qué será,
si será porque quebrantas
o porque jierras el par
de los dos pies que te aguantan.

¡Bueno va! El protagonista de esta coplilla que viene parece que aún es más pobre que el del pueblo de mi padre que anotábamos anteriormente, o es su paisano:

Tengo las albarcas rotas
y el pantalón sin culera,
y el bolsillo sin un duro
¡vaya invierno que me espera!

¿Dicen que las mujeres tienen la boquita de piñón? No serán como la que canta la copla de tierras extremeñas:

Tiene mi Tarara
tan pequeña la boca
que en ella cabe
cien panes de tortas,
y cien pepinillos
y cien calabazas,
un cajón de higos
y medio de pasas.

Como para invitar a comer a la criatura. Pues si esa tenía la boca grande, esta mujer de la copla es grande entera, una mujer de una vez:

Toda la vida pensando
en una mujer mediana
y me ha tocao un cangallo
que no me cabe en la cama.

Anotemos "cangallo" en nuestro diccionario como mujer grandota. Hay chiquillos que nacen y se morirán ingénuos, pero que son muy agradecidos:

Un fraile de la Merced
hizo un favor a mi madre;
de aquel favor nací yo,
Dios se lo pague a aquel fraile:

Las coplas, en ciertas ocasiones, no quieren decir lo que nosotros entendemos, ya que algunas llevan doble intencionalidad, o no. Muchas veces los malintecionados somos nosotros. Leamos ésta atentamente, anotada por Rodríguez Valverde en el libro "Poesía y trovos de la Alpujarra" en su página 47:

Comprando huesos y carne
un día a una señora vi,
y al ver los huesos tan grandes
dijo: -¿Los puede partir?
El dueño dice: -¡Antoñito,
deja de hacer eso ahora
y en un momento le partes
los huesos a esta señora!

Pues por hoy ya está bien, que soy yo el que tiene los huesos rotos.

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