En el Suizo Chico han acotado un palco con botellas "N.P.U." y de manzanilla "La Gitana". Nadie pase sin hablar con el portero, que tiene una copa siempre llena. Los clásicos del Suizo tienen a sus órdenes a la cantaora conocida por La Finito y al Niño de Granada. El plan es una botella de "N.P.U." y dos saetas a cada cofradía; ¡como para morirse!.
En un balcón del teatro Llorens presencian la cofradía los autores de "Cancionera", los ilustres hermanos Alvarez Quintero. En la reunión de los clásicos hay un poeta que le dicto al cantaor la siguiente saeta:
Pare mío de la Salú
a los Quintero ilumina
para que puedan hacer
otra comedia divina.
Y hay aplausos, y vivas, y alegría, y entusiasmo. Los Quintero saludan y agradecen el piropo. Sigue la procesión y siguen los del "N.P.U." tomando la vida a tragos.
LOS CANTAORES "BIEN"
Cantan en el Mercantil varios artistas del jipío. Hay uno por lo flamenco, que canta con un nivel y un compás.
Con el reloj en la mano tarda sus buenos cinco minutos en desarrollar el tema. ¡Es demasiado bueno y no lo entendemos!. Luego canta Vallejo, y este sí, éste logra arrancar la ovación. Vallejo canta muy bien. Sigue una muchacha de voz clara y limpia sin gorgoritos ni duendes, y también agrada. Y es que el cante jondo, cuando es demasiado jondo, hay que oirlo cantar "metío en bebía". Entonces es cuando suele gustar es cantar de:
En medio e San Román estamos
y toitos te miramos atentos
toitos te acompañamos
porque tós semos flamencos.
En el Mercantil no agradan esas cosas tan jondas, tan profundas. El cante grande es una lástima que no lo cpmprendan más que los faraónicos. ¡Con lo bonita que es esta saeta que empieza:
De sus barbas santas, le jalaban...
Los profesionales han desterrado de la calle a la muchacha del pueblo, que cantaba una saeta sencilla y sin gorgoritos, y al chaval del barrio que con voz sana se arrancaba, rodeado de sus amigos, con una copla "sin tronco", menos difícil que la de los ases, pero más graciosa, más de casa...
El aficionado que antes se dejaba escuchar en cualquier parte, entre el jolgorio de los más, canta escondido, avergonzado, porque se cree anulado por el profesional. ¡Y no hay tal cosa!.
(Publicado por Galerín el 11 de Abril de 1925)

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