lunes, 8 de febrero de 2010

1927: LAS PRIMERAS PRUEBAS DE UN AUTOBÚS EN SEVILLA



EL PRIMER FLAMANTE AUTOBÚS


El año 1927 fue importantísimo y vital en la historia de los tranvías sevillanos, ya que en él se consiguieron nuevas y mágnánimas concesiones, se realizaron muchísimas obras para la mejora de la red y se trabajó fuerte de cara a mejorar los servicios para la tan esperada Exposición Iberoamericana de 1929. En los años inmediatos anteriores es cuando el servicio de tranvías aumenta de forma considerable porque, a causa de la propia Exposición, subió de manera significativa el índice demográfico de nuestra ciudad gracias a la mano de obra que hubo de emplearse. Aumentó el servicio y aumentaron los viajeros, así como las arcas de la compañía. Aumentaron también las líneas y, con ellas, los accidentes de todo tipo. Se hicieron proyectos y más proyectos de reforma de la red y, por primera vez en su vida, quizás por las múltiples presiones de los ciudadanos, la empresa de tranvías tuvo que pagar un canon al ayuntamiento por conceptos de red aérea, obras y cables subterráneos.
Son años en los que el servicio adquiere gran importancia. La prueba está en que, en 1922, funcionaban en Sevilla 15 líneas, realizando un importante transporte de viajeros que se veía incrementado cada año. Como simple memoria, anotamos la presentada por el Consejo de Administración de la Compañía a los señores accionistas de la misma en reunión celebrada el 6 de Junio de 1927. En ella se dan cifras anuales de pasajeros transportados, recaudación global y kilómetros recorridos por esas calles de nuestra ciudad. En el año del que hablamos, el activo de la compañía era de 13.995.548 pesetas, que veremos notablemente incrementado en otras memorias que ofreceremos. La cifra de viajeros fue de 26.054.058 -sin contar los que viajaban en los estribos y en los topes-, superándola en tres millones largos la correspondiente a 1928 -año víspera de la Exposición-, que alcanzó 29.628.982.
En aquel año de 1927, componían el rol gerencial del Consejo de Administración de la Compañía: el Excmo. Sr. D. Mariano de Foronda, marqués de Foronda, director general administrador de los tranvías de Barcelona y presidente del Consejo sevillano; don Rodolfo Lüscher, director de la Banque pour Entreprises Electriques de Zurich, como vicepresidente; don Antonio Combet, ingeniero, administrador delegado de Madrid; doctor Rodolfo G. Bindschedler, director del Credit Suisse de Zurich; don Pablo Hernández Róspide, abogado, administrador delegado del Banco Internacional de Industria y Comercio de Madrid; Excmo. Sr. D. Nicolás Luca de Tena, senador vitalicio del reino; Excmo. Sr. D. Pedro Mahón, marqués de Mac-Mahón, consejero del Banco de Vizcaya en Bilbao; don Alfonso Escobar, ingeniero de la compañía de Sevilla, y don Federico Valenciano, director gerente de la misma. En la celebración del citado Consejo de Administración se votó favorablemente por la consolidación y mejoras de la red urbana, la renovación de las vías y el encargo de cuatro coches motores de un modelo algo mayor que los últimos puestos en servicio. Con la lista anterior de este Consejo de la Empresa de Tranvías de Sevilla ¿hay quién diga que no se trataba de una multinacional con la suficiente fuerza como para saltarse de corrido todas las disposiciones vigentes en materia de transporte?
Justamente el 20 de Octubre de 1927 una nueva sorpresa llega a Sevilla: se realizan las pruebas oficiales para la implantación en la ciudad de un servicio de autobuses, complementario al de tranvías existente. La palabra autobús aún sonaba nueva en los oídos de los sevillanos, que se habían acostumbrado, durante 40 años justos, a esa otra, llena de espanto y terror, de tranvía. El propietario del autobús que viene a realizar la prueba oficial es un onubense que tiene implantado en Huelva este sistema nuevo de locomoción urbana, don Juan Pera Bayo, que desea, con demasiada ilusión, hacerse con la concesión de dicho servicio en nuestra ciudad.
El día señalado marca una efemérides en la vida sevillana. A la una en punto de la tarde, con el número 3, salió de la puerta del ayuntamiento el glorioso autobús cargado de autoridades. Subieron al vehículo el alcalde, don Nicolás Díaz Molero, los tenientes de alcalde señores Fernández Palacios, Delgado Brackenbury y marqués de la Presa, los señores Pera Bayo -adulador hasta el más mínimo detalle por aquello de la posible concesión-, el señor Terry y el doctor Franco Martín, junto a otras autoridades.
Por indicación del señor Rodríguez Alonso, el recorrido se hizo a Triana, donde esperaba inaugurarse una línea en el lado izquierdo del barrio, carente de servicio. El autobús, limpio y flamante, partió de la Plaza de San Francisco por Hernando Colón, Moret (hoy, Alemanes), García de Vinuesa, Adriano, Puente de Triana, San Jacinto, Pagés del Corro, Puerto Camaronero (actual Gonzalo Segovia), Betis, Puente, Adriano, García de Vinuesa hasta la plaza de partida, causando un excelente efecto por las calles trianeras.
A los pocos días de esta noticia y de este paseo oficial de prueba en el primer autobús que haría más tarde ese mismo recorrido, aunque con distinta empresa, "Don Cecilio de Triana", con su pluma siempre a punto, dejó plasmado en las páginas de "El Liberal", del día 30, este simpático suceso, al que titulaba "Sevilla Auto-busilista":
Como a un chico, a quien se va/ a dar algo sorprendente/ ¡así de intrigada está!/ por esos barrios la gente!/ Y hay para ello razón,/ pues ya se ha dado en la yema/ de encontrarle solución/ a un peliagudo problema./ Quien al centro ha de venir/ y una hora larga camina/ (pues se ha tenido que ir/a vivir a la Gran China),/ cuando regresa a su casa/ llega con un patatús./ ¡Pues eso ya no le pasa/ en cuanto que haya autobús!/ Pronto esos coches tendremos,/ como en París y en Londón,/ y en media hora podremos/ recorrer la población./ Sin miedo a descarrilar,/ salida de "trole" y cruces,/ la gente se va a pegar/ por ir en los autobuses.../ Ya hizo la prueba oportuna/ con el lindo material/ que ha traído el señor Pera, una/ Comisión Municipal./ Que en los barrios donde ha ido/ al público ha entusiasmado./ Para que esté bien servido,/ todo esto han ordenado:/ irá el chofer conductor,/ en vez de gorra, de "clac"./ Se exige que el cobrador/ vaya de guantes y "frac"./ En vez de campana, el son/ se ha de oir de una bocina,/ que ¡Soy la garzón...zón...zon...!/ nos tocará en cada esquina./ Se tratará a los viajeros/ de delicada manera,/ ¡y, sin modales groseros,/ pararán cuando se quiera...!/ ¡Qué gusto! No hay que jurar/ y hacer para ello la cruz,/ que el vehículo popular/ será pronto el autobús./ Por eso impaciente espera/ toda la ciudad entera/ ver funcionando en Sevilla,/ los "autobuses" de PERA,/ ¡que nos vienen de "perillas"!







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