sábado, 13 de marzo de 2010

RINCÓN COFRADE TRIANERO: PUREZA


Está pendiente de todo. No se le va ni una. Al liquindoi, que por algo es la vecina más antigua de la calle. Ayer andaba preocupada por una de las suyas. Una de esas mujeres que la siguen sin hacerse esas preguntas que atormentaron a los filósofos y a los teólogos, una de esas mujeres que se limitan a recordar la última Madrugada a su lado y a desear la próxima noche de orillas estrelladas a su vera. Eso es la vida. Y ellas, las dos, lo saben perfectamente. El secreto de la Semana Santa va mucho más allá de las sesudas teorías que pretenden convertir a Dios en el absoluto inalcanzable. Aquí lo tenemos a mano. Y su Madre, que por algo es del barrio, está para lo que haga falta. Para ir con sus vecinas al médico, por poner un ejemplo.

Por eso no entiendes que la llamen capitana ni marinera, que la cubran de metáforas que sólo sirven para ocultar el rostro de su nombre. Vive en la calle Pureza. Y sus padres, en Santa Ana. Su belleza sólo es comparable con el nombre que lleva en la cara. Es un verso perfecto y claro como la luz que le pone rosas en las mejillas cuando se enciende la mañana. No le añadáis más flores a su nombre, que la sencillez le sienta mejor que la luz a la espadaña. Llamadla como la llaman los que necesitan su presencia. Es el tercio de una soleá, el remate de un romance, la saeta amarga -Soleá, dame la mano/ por las rejas de la cárcel- que le cantaron en el Pópulo y que escuchó Font de Anta. Es la pureza que siempre precede al alba. El octosílabo perfecto: Esperanza de Triana.


(PACO ROBLES)

No hay comentarios:

Publicar un comentario