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domingo, 8 de abril de 2012

EN HOMENAJE A JUAN BELMONTE A LOS 50 AÑOS DE SU MUERTE


Hoy se cumplen los 50 años de la muerte, en su finca de Gómez Cardeña, del gran genio del toreo Juan Belmonte "El Terremoto de Triana". La soledad apretó un mínimo gatillo que lo llevó a la eternidad. Quien había sido capaz de dominar a cientos de toros y de rendir a todos los públicos del mundo, no supo vencer al toro del hastío, del cansancio y la vejez. Como homenaje a este cincuentenario, no he dudado en elegir el poema que le dedicó Manuel Benítez Carrasco con el título "El último encierro".


EL ÚLTIMO ENCIERRO

A la muerte de Juan Belmonte


Cómo pudo, cómo pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo.
Los pitones van torcidos,
el plomo marcha derecho;
aquellos te hirieron tanto,
éste, una vez, y estás muerto.
Cómo pudo, cómo pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo.

En el silencio del cuarto
-soledad del redondel-,
tú y tu torito de plomo
pequeño, que ni se ve;
y una arrancada de pólvora,
una cornada en tu sien,
y tu muerte en la pasmada
soledad del redondel.
Un hilo manso de sangre,
sin posible enfermería,
poco a poco se cuajaba,
roja escarcha, en tu mejilla.

Cómo pudo, cómo pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo.

O es que, cuando aquel torillo
de lumbre te dejó frío,
ya estabas tú empitonado
por el toro del hastío.

Qué corrida de amargura
bajo tu frente abatida;
qué toros de sinsabor
andaban dando cornadas
dentro de tu corazón.

¿Acaso quisiste huirle
-qué tremenda única vez-
a ese toro, con frecuencia
marrajo, de la vejez?

¿Fue que volviste la espalda
-qué única vez con razón-
al eral, florido, tierno
y astifino del amor?

¿Fue que le tuviste miedo
-qué única vez de agonía-
al toro manso, más manso,
al de la melancolía?

O más bien, que no quisiste,
porque no, torear más
al reservón, negro y largo
toro de la soledad?

Si no pudieron contigo
los toros que matan
a pitón limpio;
si no pudieron contigo,
si es verdad que no pudieron
estos toros que te digo,
los del amor, la vejez,
la soledad y el hastío,
¡cómo pudo, por qué pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo!

Los pitones van torcidos
y el plomo marcha derecho;
aquellos te hirieron tanto...;
éste, una vez, y estás muerto.

Y en el aire, la pregunta
está vestida de negro,
arañándose la duda:
¡cómo pudo, por qué pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo.


Manuel Benítez Carrasco
"Antología poética"
1989


lunes, 30 de mayo de 2011

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (y 6)


Con una décima a "Finito", por más antiguo en la terna que forma junto a Rafael González "Chiquilín" y Manuel Díaz "El Cordobés", quiere el pregonero homenajear a estos jóvenes valores y animar a los que se están acercando a las primeras tientas de becerras, temblándoles más el corazón que el cuerpo, a luchar frente a los primeros miedos, que tiempo habrá para preocuparse de la capilla, del reloj, del paseillo, del toque de clarín y de ese primer utrero que sale como un fantasma poderoso por entre las sombras de los chiqueros, aguzados por esos otros, cinqueños ya, que vienen con la palmada en la espalda, la sonrisa abierta como bandera y la cuenta a cero para que ellos se las llenen con estoconazos de muerte. En nombre de Juan Serrano "Finito", como antes le ocurriera a Fermín Vioque y a su paisano Eladio Paralvo García: ¡Va por ustedes, maestros!

¿Finito por ser finito,
o fino por pura esencia,
o porque tienes la ciencia
del toreo fino y bonito?
¡Qué apellido más chiquito,
más corto y más elegante!
¡Qué bien le sienta a un desplante
la finura por bandera,
como a un vino con solera
un buen fino por delante!

Si don Antonio Cañero fue un gran maestro en la plaza, aparte de un gran caballero, como así lo es desde las Tendillas el gran "Lagartijo" haciendo el paseillo a caballo, flojas las riendas y altiva la mirada, que no vuestro paisano don Gonzalo Fernández de Córdoba, también la afición, las peñas y las tertulias tan taurinas como esta del ruedo del Círculo de la Amistad, tienen la obligación de ser maestras y toreras en el multicolor conglomerado de la fiesta, analizándola y protegiéndola, velando por un toro de raza y trapío y denunciando los desechos. Levantado la voz, con señorío, para que se cumplan las recientes modificaciones del reglamento taurino; exigiendo a los veterinarios la honestidad diaria de una profesión tan preciada, y a las autoridades el cumplimiento y poder que la ley les otorga para suspender, incluso, una corrida que no esté bien presentada. Hay que pedir una Presidencia que sepa presidir, para que no ocurra lo de este año en Sevilla. Hay que denunciar cuantas anomalías se presencien en el desarrollo hermoso de la lidia, porque, al fin y al cabo, lo que importa es que un hombre se está jugando la vida para los que gustamos gozar, paladear y sentir cada una de las suertes, para aquellos que mantenemos la fiesta y pasamos por taquilla; para los que amamos la verdad frente a frente de toro y torero y no queremos salir nunca con la triste sensación de haber sido estafados.

Que cuando mañana se abran los chiqueros de vuestra Feria de Mayo, a una hora tan antitaurina -y siento comentar mi descontento- como la de las siete y quince minutos de la tarde, siendo tan hermoso en el toreo dejar clavada un asta del tiempo en un punto taurino del reloj, todo sea admiración al toro bravo y noble sobre la arena; oles templados en la fragüa de la verónica; alucinación colectiva para saber entender cómo se pica y dónde se debe picar, hasta el punto de que el varilarguero tenga que quitarse el castoreño para irse al patio de cuadrillas con un aplauso fundido en las aldabas del peto. Que las banderillas vayan enhiestas: de frente, al quiebro, de poder a poder, rosas, que no espinas, sobre el mantillo del toro poderoso que se enfrenta a la pelea. Que la muleta dibuje círculos de magia sobre el albero hasta que el aire se quede mudo sobre la plaza califal. Y que la suerte suprema también sea mágica y noble y brava, para que el toro ruede sin puntilla ante los pies, aún preñados de temblores, del que lo supo dominar, amándolo, hasta darle pena de matarlo.

¡Resurrección y gloria para la fiesta taurina! ¡Resurrección y gloria para una afición que tiene la esperanza encendida en que un torero se gane, entre la vida y la muerte, el valor y el Arte, el quinto puesto del califato!

Quizás tan larga haya sido mi faena que el Presidente, por orden de sus asesores, esté a punto de sacar el pañuelo para advertir a los clarines que me den el primer aviso. Pero como esta es corrida que no se fija a las normativas del ministerio, sino a los abiertos corazones de la afición cordobesa, quiero que me permitan terminar con un romancillo sobre los tres o los cuatro Califas de la Córdoba taurina, ya que hay críticos -que no sé si por chiquito el torero- le niegan el pan y la sal del título a "Machaquito", a pesar de que, junto con los restantes, también se encuentra perpetuado en bronce en la moderna plaza califal:

Dicen que en el califato
tiene Córdoba en su fe
cuatro toreros de oro
que jugaron con el toro
en medio del redondel.

Y unos dicen que son cuatro,
y otros dicen que son tres.

El primero, Lagartijo,
-con silueta de marqués-
aquel que bordaba rosas
con alas de mariposas
en la suerte al volapié.

El segundo, el gran "Guerrita",
senequista cordobés
que llevaba en su muleta
toda la esencia secreta
de lo que es... y no es.

Y el tercero, "Machaquito".
¡Qué gran valor en sus pies
y qué enorme poderío
llevaba el agua en su río
con lo bajito que fue!

Y unos dicen que son cuatro,
y otros dicen que son tres.
¡Tres Rafaeles de ensueños
para el sueño de un cartel!

Y el cuarto, por su poderes
y por su arte en su fiel
-torre alta de alamares-
perdió la vida en Linares.
¡Ay, qué dolor de Manuel!

Tres Rafaeles de lujo
y un Manuel que lujo fue.
Y unos dicen que son cuatro,
y otros dicen que son tres.

Y yo digo que son cinco
los pilares de esa fe,
porque el Califa primero,
más valiente y más torero
y famoso cordobés,
digo que es San Rafael...
¡Y yo no soy embustero!


domingo, 29 de mayo de 2011

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (5)


Entre Sevilla y Córdoba, y en materia taurina, no se deben leer las rayas de las manos, porque entre toreros y entre gitanos no valen las buenaventuras. Son vidas pegadas a las mismas alamedas del mismo río, vidas uniformadas en los mágicos burladeros de ese Padre Guadalquivir que define nuestros destinos. Vidas pegadas, si se quiere, por el corazón de quienes supieron hacer del toreo un lazo de amistad entrañable por entre los miedos oscuros de las mínimas capillas, de los callejones, de los relojes que daban las encrucijadas de las horas en punto, de los paseillos con mucho oro de por medio y las caras descompuestas, de las músicas a una buena faena, de las oscuras palabras en tardes de alternativas y del luto peculiar y supersticioso de las monteras. Río abajo o río arriba, Córdoba siempre se quedó en Sevilla desde aquella memorable tarde de "Manolete" de 1941, y ojalá y para siempre que hoy Sevilla en Córdoba, no por mi palabra, sino por el recuerdo entrañable de vuestros toreros, varilargueros, novilleros y peones, emparentados, porque la historia así lo quiso, con paisanos de mi tierra.

No hay que olvidar que fue en esa cercana ciudad de la Giralda donde hizo su presentación y se vistió por primera vez el traje de luces vuestro "Torero Aristócrata", don Rafael Pérez de Guzmán. Tampoco hay que olvidar que José Dámaso "Pepete I" se doctora en Sevilla, aunque muera en Madrid y sea alzado a hombros por la copla popular:

Pepete salió a la plaza
como un torero valiente;
por salvar a un picador
un toro le dió la muerte...

Ni que incluso fue plaza esquiva y altanera la Maestranza para aquel gran "Lagartijo" -al que Mariano de Cavia acertó en denominar como Califa-, hasta el punto de que en el año 1884 decide, no falto de altas razones el matador del popular barrio de la Merced, no volver a pisar jamás el ruedo maestrante. Ni que vuestro segundo Califa, Rafael Guerra "Guerrita" toreó muchísimas de sus tardes en Sevilla y con gran triunfo, dándole la confirmación de la alternativa en esta plaza a mi paisano aljarafeño Ricardo Torres "Bombita" y, en Madrid, a su hermano Emilio...

Toreros cordobeses y toreros sevillanos...

Mientras que vuestro paisano José Flores "Camará" toma la alternativa en la capital de España de manos de "Joselito", el cronista "Don Pío" -célebre por aquellas calendas- grita emocionado al ver a "Gallito" la comentada frase: -¡Ha resucitado Lagartijo".

Toreros sevillanos y toreros cordobeses...

Mientras que Emilio Torres "Bombita", también en Madrid -eje taurino de la época-, concede a un "Machaquito" de verde y oro para la lidia de toros de Veragüa la última alternativa del siglo, vuestro más que merecido tercer Califa le cede los trastos de matar -en una de las corridas más largas de la historia- a mi admirado Juan Belmonte, perpetuado en bronce en mi plaza del Altozano por las manos de un escultor tan unido a Córdoba como Venancio Blanco.

Toreros cordobeses y toreros sevillanos...

Cuando las voces hablan de pugnas, de zancadillas y de internas guerras que sólo se solucionan en los terrenos donde el valor es la única y legítima defensa, ahí está el testamento taurino de "Guerrita" con un senequismo a flor de piel: -¡Primero, yo; después, naide, y después de naide, Fuentes!, aquel Antonio Fuentes Zurita, del barrio de San Lorenzo, que tuvo el privilegio de vivir en la casa natal de Gustavo Adolfo Bécquer.

Toreros sevillanos y toreros cordobeses...

En el año en que se abre el gran calendario del nuevo siglo, no hay que olvidar que fue otro torero sevillano, Enrique Vargas "Minuto", el que le abre las puertas como matador, en Madrid, a un querido paisano vuestro: a José Rodríguez Sánchez "Bebe Chico". Cuando Rafael Vega de los Reyes "Gitanillo", pasa el momento amargo de ese marrajo de la falta de contratos y decae la alegría del verde de sus ojos y hasta el cetrino de su piel se descompone, sólo es "Manolete" quien le lanza la montera de la amistad, y mandando en los carteles como mandó en los ruedos, lo impone en las empresas sacándolo de una crisis profunda, gesto que jamás olvidaría Rafael en cada tarde al hacer el paseillo y que, por supuesto, no olvidó en aquella trágica de LInares cuando en el Cadillac del cuarto Califa salió llorando para Madrid en busca del doctor Jiménez Guinea, para intentar salvar la vida de su amigo ocho años más tarde de que él mismo fuese testigo de su alternativa, cuando le cedió los trastes mi paisano "Chicuelo".

Toreros cordobeses y toreros sevillanos.

¿Y el casamiento de ese mismo "Chicuelo" con "Dora La Cordobesita"? ¿Existen o no existen lazos de unión en las orillas alfombradas de Arte que lleva el río entre Córdoba y Sevilla? Y cuando se nombra a Córdoba y a sus toreros, todo el mundo se para en "Manolete", como si todas las horas taurinas se hubieran quedado, por y para siempre, imantadas en aquella tarde agosteña de 1947. Con esta copla cantaba Manolo Caracol aquel momento:

De buen torero,
hasta en la muerte tú diste
detalles de buen torero.
Si un toro te dió la muerte,
tú lo mataste primero
como matan los valientes.

Por supuesto que no ganando en intensidad a la voz enduendada de Caracol, el pregonero quiere cantar ahora, en los catorce muletazos justos de un soneto, la parsimoniosa serenidad exterior y maestría de quien supo poner temple al toreo con una seriedad impresionantemente radical, estética y solemne:

Alfanje vertical de Manolete
sobre el ruedo triunfal de la agonía.
Toro y torero es pura geometría:
si círculo el astado, él minarete

que se eleva a la altura y que promete
-el rostro enjuto y la mirada fría-
sobre un punto preciso, la armonía
de la muerte jugando al molinete.

Se para el tiempo y todo es escultura
cuando pasa el pitón por la cintura
y Manolete, erguido cual mezquita,

lleva al toro embebido en la muleta,
mientras pasa la gloria en su veleta
y el aire en los tendidos resucita.


sábado, 28 de mayo de 2011

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (4)


Por fin el toro, el gran protagonista de la tragedia o de esa gran resurrección de la divisa, tiene su apodo en los grandes carteles de la ausencia y va emparejado, en las crónicas y reportajes, con el diestro que soñaba esa tarde, precisamente esa tarde, con cortarle las orejas para salir, porteado a hombros de la afición, como un héroe, por la puerta principal del anillo de tantas suertes, desgracias irrecuperables, valor taurino desafío de la fiera.

¡Qué gran brocal el del pozo del ruedo! ¡Qué gran O que guarda y encierra, en mínima circunferencia dorada, tanta emoción contenida, tantos gritos desaforados, tantos oles bordados, tantos silencios, tantos aplausos y tantos miedos condensados..., miedos, no sepamos llevarnos a engaños, así del toro como del torero.

Venía a decir el gran poeta y escritor de Carmona, José María Requena, que el toro, en los corrales, nunca recobrará el aire imperial de la dehesa, que ya no hay quien le engañe por mucho que se encalen los muros de esa falsificación de cortijo. ¡Qué gran razón! El toro sabe donde está y hasta seguro que sabe qué le espera: generalmente la muerte y, qué pocas, el hermoso premio del indulto.

Córdoba sabe muy bien de ganaderías de bravo y de toros plenos de nobleza, aunque algunos hijos suyos dejaran, como testimonio, la vida en las arenas. Y si he querido significar los nombres de sólo algunos toreros que dejaron su sangre en el camino de la gloria, justo es también significar los de algunos toros que dejaron la suya, desamparados de auxilio, en el mismo redondel, y que, luego, fueron pastos de cuerdas y de ganchos, cuchillos y romanas, prestos los camiones para la venta de una carne que antes fue temblor, pánico y miedo, creadora de Artes sublime para el lucimiento de su matador.

Habría también que preguntar por "Bragao" y "Jocinero", por "Barbudo" y "Melenito", por "Campero" y "Perdigón", por "Desertor" y "Matajaca", por "Cocinero" y "Pocapena", por "Extremeño" y "Fandanguero", por "Granadino" y "Farolero", por "Islero" y "Garabato", por "Bailaor" y "Burlero", por "Avispado" y "Cabatisto", por "Avioncito" y por tantos y tantos otros que dejaron, sin querer, la yerba fresca, la luna cálida de Mayo, las voces comprometedoras del mayoral, el chaparral y las sombras de las encinas por un toque desconcertante de clarines, por un aire extraño de capotazos y burladeros, puyazos y arpones, juegos y mentiras..., y que después de haber abandonado la placidez campera de la vacada, para ser centro de atención, cornada y muerte, pasaron a los libros y a las portadas diarias de la prensa, como asesinos de hombres en la plenitud de la vida, como cegadores de leyendas triunfales, como crueles verdugos y ciegos astados de la espiga y la rosa, cuando en verdad fueron, como ellos, viva y poderosa estampa de nobleza, y les ofrecieron, cuajados de valentía: fuerza y empuje, donaire para el capote, presencia y trapío para las puyas de rigor, ligera danza para el faroleo por banderillas, serenidad para que la muleta no se descomponga sobre el estaquillador y hasta señorío también de casta y coraje, de noble rebeldía a la hora de tener que humillar el honor de su casta en el momento más difícil y supremo de la fiesta.

Salta al ruedo, se engalla, pavonea,
va de aquí para allá, mira, derrota,
se lanza hacia el capote y alborota
lo que sale a su paso en la pelea.

Sólo con su presencia al aire airea
con fiereza y verdad que salta y brota
de un manantial de fuerza que no agota
la acuarela de muerte que aletea.

Va al engaño, rebusca, araña, obliga
al matador que la mentira siga
en el juego preñado de emociones...

Muchas veces se va al desolladero
con su sangre campera en el albero
y pocas con la gloria en sus pitones.

Toro y torero. Torero y toro. Rivalidad tan firme y clara como la que siempre mantuvieron las clásicas parejas de la fiesta taurina, algunas tan importantes para su tiempo como las que se sellaron entre toreros cordobeses y toreros sevillanos: "Costillares" y Pedro Romero, el chiclanero José Jerónimo "Cándido" y Curro Guillén, "El Tato" y "Gordito", "Lagartijo" y "Frascuelo", "Guerrita" y "El Espartero", "Bombita" y "Machaquito", "Joselito" y "Belmonte", "Manolete" y Pepe Luis...


viernes, 27 de mayo de 2011

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (3)


Un silbido desgraciado sobre el redondel duele más que la cogida de un Miura de los que pastan en Zahariche. Un grito a destiempo es una puñalada viva en el quiebro ceñido de la chicuelina en el que va prendido el alma del torero. Un insulto desde las gradas es cornada mortal, aviso de cloroformo sobre la piel sensible de quien se la deja, desde que hace el paseillo, para deleite y disfrute de aquellos que dicen gozar de paladar.

Confieso que soy "currista" y del Betis, y aguanto con estoicismo y humor las chanzas de mis amigos cuando me dicen: -¿Entonces, Emilio, cuándo te diviertes? Quizás no sepan ellos que mientras el fútbol sí que es pura y cara diversión, el toreo es otra cosa, demasiado seria: la lucha, poder a poder, de la fiera y el hombre, de la bravura con la inteligencia, del garbo y el señorío contra una noble mole que lleva la gloria y la muerte en sus dos velas alzadas y astifinas. En el fútbol existen técnicas, pizarras, entrenamientos, y son once hombres al frente de otros once. En el teatro se ensaya y sólo existe el miedo de no responder a la réplica del personaje cuando alza el maquinista el portalón del telón de embocadura. En el flamenco, Arte en el que he dejado media vida, cuentan las facultades, el rasgo del intérprete y el eco..., pero nos hay más riesgos que unos "guisquis" de más, la rozadura de una cuerda vocal o el mal acople con la sonanta de turno. En el toreo no, seguro que no. Cuando suenan los clarines nadie sabe con qué mala uva, o con qué honor de su divisa, atraviesa el portón la vida del triunfo o el luto de la historia. Todo es tempestad en ese momento cumbre..., porque el toro no es un simulacro, sino sangre viva y alterada. Porque el toro no es un tercio del cante que se lleva y abaniquea con mayor o menor poder, sino cumbre altiva, espadaña de codicias, torrentera de dehesas. Porque el toro no es un balón que, con más o menos habilidad, y con franquicia, entra o no dentro de unas fronteras físicas. El toro, queridos aficionados, es mucho más: astro y rey del anillo dorado, genio vivo, nervioso y descarado que lleva en sus puñales afilados facas contrabandistas que nada perdonan, el laurel y la esquela, el hombro y el mármol, el dinero y la miseria, el piropo más encendido y la primera estrofa del Padre Nuestro...

Que pregunten en Hinojosa del Duque por "Panchón", o por José Cándido en el salinero Puerto de Santa María, o por Pepe-Hillo en Madrid, o a las piedras maestrantes del coso de Ronda por el gran utrerano que fue Curro Guillén. Que anden las huellas de la antigua plaza de la calle de Alcalá y registren los últimos ayes de Manuel Parra y de "Pepete" -el primer torero muerto por las astas de un Miura-, de "El Espartero" y de Florentino Ballesteros, de Manuel Granero y del gran rey de la verónica que fue mi paisano Curro Puya. Que se imaginen la sangre de Pascual Márquez y aprendan lo que era por entonces la divisa de Concha y Sierra. Que rebusquen en los anales de la Maestranza sevillana el agónico suspiro del picador Marcos Sáez, o en el cercana Baeza el de Manuel Fuentes Rodríguez "Bocanegra", o en la campera y tristemente desaparecida Plaza de los Tejares el último y sangrante adiós de "Manene". O en la marinera Cartago por la valentía, hecha añicos, de Fermín Muñoz "Corchaíto". Que se acerquen los agnósticos más reacios de la fiesta a la olivarera Jae´n y apresen en sus memorias el hielo hecho sudor de "Parejito"; o a Barcelona, donde caía en la Plaza de las Arenas, por un miureño llamado "Desertor", Domingo del Campo "Dominguín". Que se empapen de Antonio Montes, de Manuel Lara "El Jerezano"; de José Claro, el "Pepete" sevillano que dejó su sangre en Murcia por querer salvar la vida de su picaor..., o vayan a la mediterránea Málaga por ver si aún se encuentra el último aliento de Manuel Báez "Litri"...

Si todavía le gritan a la hermosa composición estética del hombre frente al toro, por creer que hay engaños de por medio, que no duden en acudir al hermoso y cerámico coso de Linares y que pregunten por vuestro califal Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete"; o a Talavera para recoger entre sus dudas la trágica expresión de "Joselito", o a Manzanares para guardar la penúltima lágrima de Ignacio, cuya sangre no quería ver Federico sobre la arena; o busquen por las esquinas de la lejana Barceloneta la flor puntillera de Rafael Bejarano "La Pasera", o vayan a la verde Cantabria y pregunten en Santander por el gran varilarguero que fue Rafael Moreno "Pica", o que se acerquen por Vista Alegre y la muerte les traiga la tristeza doloridamente jonda de Luis Rivas Servián.

Pero, si con todo, tampoco creen en esta historia por anciana ya en nuestros tiempos, que echen sus miradas denunciadoras por Pozoblanco y busquen la otra mirada, velada y agónica, en plena juventud, de Francisco Rivera "Paquirri"; o aún más, que se acerquen a una Maestranza vestida de luto entre tantas vales y alberados arcos el pasado año, y metan sus manos, como santo Tomás, en las heridas de dos cuerpos de plata perdidos en los pitones de la fiesta, y se empapen con la sangre todavía fresca en la trágica memoria de "Montoliú" y de Soto Vargas...

-¡Toro, que vengo por ti!
-¡Yo por ti vengo, torero!
-¡Toro, que no me das miedo,
aunque un gran respeto sí!

Y entre percal y franela,
y con la tela embebida
al envite de las suertes
dos verdades van medidas:
la que te alza en la vida
o te desangra en la muerte.

-¡Torito..., venía por ti!
-¡Yo por ti venía, torero,
y mira que te advertí.
Lástima que en este albero
y por el pitón del miedo
me tocó la gloria a mí!

Y es verdad que siempre se canta a los toreros que sufrieron esa especie de gloria de la muerte en el mágico círculo donde la esperanza en la vida y el infinito de las sombras se dan la mano a cada instante. ¿Y por qué no al toro, si al final, cuando a uno se le trunca el triunfo y el otro va a una verdad cierta que lleva entre sus astas, pasan para siempre, y juntos, a esas dehesas simbólicas de la eternidad?


jueves, 26 de mayo de 2011

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (2)


Anteriormente nombraba a mi Capillita del Carmen, faro marinero y mariano de mi Triana natal. Y ahora, cuando en verdad voy a recibir a portagayola al toro de este pregón, me acuerdo de aquella coplilla que mi maestro, Manuel Barrios, incluyó en una hermosa y breve antología en homenaje a Fernando Villalón: aquel apuesto garrochista, ganadero que soñaba en conseguir toros de ojos verdes, y temperamental poeta de rutas contrabandistas, palos de majuagüa y marismeños atardeceres:

¡Ay, Madrecita del Carmen,
qué pena tan grande es
que me salga un toro bravo
y yo no pueda con él!

Porque la verdad, queridos amigos, es que gran valor hay que tener, si no se acompaña uno del Custodio de vuestra ciudad, adosado en las esquinas de vuestras calles, en los rincones de vuestras plazas, en las piedras de vuestros puentes, en la recoleta intimidad en flor de vuestros patios, y en ese otro intimismo de vuestras almas, para dar un pregón taurino en tierra de tan grandes entendidos, tantísimas tertulias -¡qué pena la de la calle Gondomar, cerrada por las llaves del luto!- y no pocas plumas expertas en estos menesteres que con amor, y muchísimo humor, dejaron colgados en las páginas -sepiadas ya por el tiempo-, apodos tan entrañables como "Triquitraque", "Don Canuto", "Selarom", "Julifer", "Paco Pica Poco", "El Pico" o "Tío Caniyitas", entre otros muchos especialistas del tema que desde tiempos inmemoriales hasta los nuestros, como le pasa a José Luis Sánchez Garrido, el sdempiterno "José Luis de Córdoba", son los que verdaderamente han hecho, natural a natural, quiebro a quiebro, minuto a minuto, tras una serie de muletazos intensos y faroleados de lápiz y papel sobre sus manos, el pregón vivo de una ciudad viva que siempre se ha espejeado en la torería para mirarse en sus tesoros del Arte, del Valor y del Duende.

¡Quién sabe si ya en aquella primera y legendaria corrida del año 1492, que en el Alcázar de los Reyes Cristianos se celebró en honor y divertimento del Príncipe Don Juan, o allá por algún balcón de la espaciosa Plaza de la Corredera, o por la Feria, o por la Magdalena, o por el sitio taurino al que siempre habéis nombrado con el bendito nombre de Campo de la Merced, y en las antiguas calendas que van del siglo XV a principios del XIX, no había por entre sus quicios los ojos avizores de algunos cronistas que llevaban en sus lenguas y ademanes el sublime pregón de una Córdoba que cantaba las gestas más que bravas de la fiera sobre el hombre, canto del valor más que del Arte, voz engrandecida y pregonera en corrillos de la temeridad sometida al temple de una muleta que inventó -serrano tenía que ser- el maestro Francisco Romero, fundador de toda una dinastía y el primer valiente que mató a un toro cuerpo a cuerpo, y a pie firme, marcando sobre los lanceadores los inicios de ese toreo que, con sus distintas suertes, gozamos en nuestros días!

El apellido Romero
me huele a lentizco y jara,
a toro, sierra y torero.

A torero, sierra y toro
y a mantillas de diez blondas.
¡Ay, qué bien le sienta a Ronda
un Romero sobre el oro!

Hoy, para esbozar la esplendidez de esa gran parcela taurina en la que Córdoba tiene tan alta voz y voto por lo hombres, triunfos y muertes que ha dado a la historia sublime: esa que quieren cargarse con banderillas negras los falsos ecologistas y gran parte de los mal llamados "pueblos cívicos de Europa", que no han dudado nunca en integrar la corrupción, la inmoralidad y la droga, el miedo y el hambre, cuando no el genocidio como sistema encubierto en el recuerdo del mundo, ha venido desde la misma margen de la orilla derecha del Río Grande, donde están situadas en sus burladeros de agua Triana y Córdoba, a cantar a un puñado de valientes que se jugaron la muerte, o mejor, la vida en el envite; hombres a los que les temblaron las piernas y el corazón cuando se abrían, de par en par, el negro portalón de los chiqueros..., y veían, o no querían ver, al enemigo de frente, a dos puñales buscando pelea en el mágico círculo de la lidia, aunque el torero rezase por lo bajini entre sus miedos:

Nadie se lleve ese toro,
aunque la gente se espante,
que no hay un torito malo
con un torero delante.

Pues aquí me tienes, Córdoba, como único espada frente al toro lírico de este pregón taurino al que quisiera recibir con mi capote en una tanda de verónicas lentas. No esperéis la brega de fechas, datos o listas..., que ya para eso está el "Cossío". El pregón es un canto sencillo, aunque adornado, a veces, de humildes y cadenciosas melodías. Y por estos aires, matizando las suertes como Dios me dé a entender, intentaré lidiar a ese torito al que voy a lancear, llevándolo encelado a punta de capa, por el húmedo burladero que va desde Córdoba a Sevilla.

Habría que preguntarse antes de que se abran los toriles del miedo: ¿Qué es la fiesta? Que no todo es oro y aplauso y triunfo en ese encuentro de la vida y la muerte. Que no todo son marquesas, folklóricas y señoritas de la alta sociedad por entre los perfiles casamenteros o caprichosos del torero. Que no todo son los ríos caudalosos del dinero. Hay mucho sudor y mucha lágrima detrás de muchas tardes. Y mucho escalofrío cuando llega la hora mágica y se escucha el primer toque de clarín. Y muchas palpitaciones bajo el oro de los alamares pensando en las sombras lúgubres de los chiqueros.

Ni hay tanta verdad ni tanta mentira. A la gran tragedia que es el Toreo en sí, le sobran gentes que todo lo quieren saber desde la cómoda posición de los tendidos, y son incapaces de ser peones de brega o simples auxiliadores, en tardes complicadas, echando al menos sobre el ruedo el capote fortuito de la comprensión, la crítica amable o el aplauso estimativo, aún en tardes en las que el diestro tiene la suerte de espaldas a su pundonor, la lidia regular de sus subalternos y dos pitones asesinos de un manso con clara querencia a hacer clavel de sangre, sobre el amarillo albero, de un hombre joven al que sólo anima, desde el palco real de su camarín, la Virgen de los Dolores.


miércoles, 25 de mayo de 2011

MI PREGÓN TAURINO DE LA FERIA DE CÓRDOBA (1)


Aún residía yo en la calle Alfarería de Triana, en ese largo piso que era un mirador de flores y enredaderas y un placer para la vista. Me quedaban todavía dos años para saber de mi traslado a Córdoba, pero ya llevaba muchos unido a la ciudad califal por mor del flamenco y la amistad profunda. Y en 1993, me ofrecieron el honor de ser el pregonero de la Feria Taurina de Córdoba en el Círculo de la Amistad, siendo presentado por el gran escritor, artista y amigo, don Antonio Jiménez Poyato. Creo que soy un buen aficionado, pero, de ahí a cantar las excelencias de Córdoba en relación al toro, va un abismo, el mismo que yo intenté superar recluyéndome 15 días en el Parque Natural de Cazorla, en el hotel de sierra de mis amigos Narci y Efi. El pregón, amenizado por la Agrupación Musical Pedro Lavirgen, de Bujalance, se celebró en el "Salón Líceo" del Círculo el 20 de mayo del año que dije con anterioridad. Y para mí, también para los organizadores y el numeroso público asistente, fue una noche en la que no me echaron el toro a los corrales, lo cual aún sigo bendiciendo.

Como ayer comenzó la temporada taurina por estas tierras, me he acordado de aquel pregoncillo que ya tiene 18 años de antigüedad, y que a algunos de vosotros os gustaría conocer. Si no fuese así, porque sean contrarios a esta fiesta, pasen página, y tan amigos, como siempre. Lo vamos a dividir en cuatro o cinco apartados para ponerlo completo. No se entendería bien la faena sin ser así, y sin que Triana, como en todos mis pregones, sean, en parte, gran protagonista de los mismos. Comienzo:

Para ser bien nacido, como reza el refrán, en primer lugar quisiera agradecer a mi peón de brega de esta primera corrida de mayo, don Antonio Jiménez Poyato, esa ayuda lírica que, por tan cercana al callejón de los miedos, ha acercado a mis oídos y a los vuestros, sin duda para que mi fe novilleril se engrandezca y no se quebrante durante la lidia, y mis temores se achiquen ante la noble embestida de ese eral, o toro-toro, del Pregón Taurino de mi querida y siempre amigable Córdoba, que hoy tendré que parar, templar y mandar en su trayectoria si quiero salir airososo tras esa terna de excelentes diestros de la palabra y la poesía que aquí tuvieron cita y noches de triunfos en años anteriores: Manuel Benítez Carrasco, Antonio Murciano y Carlos Valverde Castilla.

Mis gracias también a mi apoderado, Rafael Salinas González, que uno es torero modesto y bien sabe cuánto tiene que trajinar quien te lleva en el alma y en el corazón para intentar colocarte en plazas importantes como esta de la que fue mayor ciudad de Occidente: cuna de adiestrados y expertos lidiadores, nobles vailargueros, hombres de plata que nunca alcanzaron el oro de la gloria, y novilleros que aún se juegan la vida por cerrados de lunas y estrellas, sueños de riquezas cortijeras y plazas aldeanas, milagreándoles el triunfo por los ojos, el miedo por las mejillas resecas y la muerte joven por las taleguillas de unos trajes de alquiler.

Desde este momento, quisiera que a mi capote de le enredaran los jazmines de mi Parque de María Luisa, para que al dar la media verónica de mi poesía, si es que sé bajar y ceñirme las manos barrocas al costado, todo el ruedo de este Círculo de la Amistad se arome de resurrección y gozo, de blancura olorosa sobre el amarillo albero de mi cercana Alcalá panadera, de airosa culminación y remate de la paz sobre la muerte, de jardinera alfombra que inunde los tendidos y en la que reciba el torero el ¡ole! emocionado por la faena al toro de la palabra: despaciosa, con ritmo, acompasada, para que parezca que el tiempo se ha parado en los relojes y ha puesto una pausa de silencios en el paso ajetreado de la vida.

Con el barro de los alfares de mi barrio de Triana, quisiera esculpir tu torería para dejar retablos de honores y de glorias por todas tus calles y tus plazas -como sin arcángel San Rafael fuesen- con los nombres señeros de aquellos que supieron convertir tu nombradía de Ciudad Universal por entre alamares y lentejuelas, rasos y sedas, bordados y azabaches, percales y franelas, triunfos y fracasos, enfermerías y milagrosas resurrecciones, lágrimas y lutos, humillaciones y sudores, apoyos y zancadillas, amores y desamores, tristezas y emociones compartidas...

También de allí, de un barrio tan torero como el mío, que mira desde la calle Betis a la plaza maestrante, con una banderilla en pie llamada Giralda -campanario y símbolo de la fe que crearan las prodigiosas manos de vuestro paisano Hernán Ruiz-, te he querido traer, para ofrecértelo sobre un capote verde y oro donde va prendida mi Esperanza gitana y marinera, el suspiro amoroso de "Chicuelo", aquel que dio la alternativa al rayo vertical de "Manolete" ante el testimonial y garboso quiebro cetrino de "Gitanillo", ese trianero que era capaz de prender en el vuelo suave de la verónica el reposado aleteo de una mariposa. Y te traigo la maestría fragüera de "Cagancho", aquel gitano de la Cava que llevaba al toro embelesado en la muleta con los tercios rancios y marcados de una soleá de su casta. Y la silueta de mentón erguido y piernas patizambas de un Juan Belmonte, al que vuestro califa "Machaquito" otorgó la alternativa en Madrid y al que bautismaron los entendidos como "El Pasmo de Triana", aquel revolucionario que fue quien paró y templó, mandando en el redondel, los nuevos terrenos del toreo, aunque, después de tantos triunfos, él no supiera mandar y templar -¡qué pena!- el pitón de plomo que en su finca de "Gómez Cardeña" se le metió por las sienes en un segundo de destemplanza, de amarga soledad y profundo hastío.

Y de Manuel Varé "Varelito", otro trianero de oro al que Sevilla arrastro a la afilada navaja de los pitones, como quiso hacer cierto sector sevillano con vuestro primer califa en 1879, coreando a voz en grito un pareado desgraciado: ¡Uno, dos y tres, asesino cordobés! Te traigo la trágica verdad de una fiesta cargada de mentiras y de belleza, la frase agónica por el callejón, todavía fresca la sangre talaverana de Joselito, de: ¡Ya os habéis salido ustedes con la suya!, por la que aún lleva crespones negros los tres arcos isabelinos de mi puente.

Y de Antonio Montes también te traigo su última lágrima, su penúltimo aliento, su faz sobrecogida en un suspiro por Antonio Fuentes y "Bombita" en esas tierras mexicanas que ya preconizaba la copla:

En un barco velero
se marcha a Cuba
el gran Antonio Montes,
dí que no suba,
porque le aguarda
la muerte a Antonio Montes
lejos de España.

Y te traigo mi amor encendido en la chicuelina de nuestro río por la misma orilla de nuestros afanes: ¡Córdoba, romana y mora y callada en la preciosa definición machadiana, la más romanizada de la Bética, cabecera principal de Al-Andalus! ¡Córdoba, tierra fecunda de Séneca y Lucano, de Ziryab, Averroes y Maimónides, de tolerantes abderramanes, literarios y eruditos alhaquenes y poderosos almanzores, pero también tierra de oro y redondel de sueños para los capotes de "Panchón" y "Pepete", de "Bocanegra" y "Lagartijo", "Manene" y "Guerrita", "Machaquito" y "Manolete"... y de tantos y tantos otros como cuajaron de gestas gloriosas ese trisílabo de historias de tu profundo nombre!

Desde el hermoso encaje en piedra de la Capillita del Carmen de mi Puente de Triana, he venido hasta el tuyo de San Rafael:

De puente a puente he venío.
Pa cantar tu torería,
me trajo el pitón del río.

Y he venido para que tu Arcángel, teniendo como subalternos a San Acisclo y Santa Victoria, dejando a la otra orilla el Campo de la Verdad, me lleve hasta la otra verdad, envuelta en sangre muchas veces, de tus mejores gestas taurinas:

Con la venia
para pisar este albero,
ruego al señor Presidente
advierta a los aguaciles
que no abran los toriles
sin que antes brinde el torero.

Que aguarden los toros fieros
con sus astas encendidas,
que no empiece la corrida,
que no suenen los clarines,
que bajen los serafines
a quitarme la montera,
que a la Córdoba torera
le traigo, desde Sevilla,
un beso para su orilla
arcangélica y morena.

¡Por ti, Córdoba bravía!
¡Por ti, Córdoba la llana!
¡Por ti, Córdoba, sultana
de la mejor torería!
¡Por ti, por tu valentía
y por tu arte a granel,
porque eres el redondel
donde el capote se queda
entre las manos de seda
del Arcángel Rafael!


domingo, 8 de mayo de 2011

PUERTA DEL PRÍNCIPE: TERCIO DE QUITES (14)


TERCIO DE QUITES
CURRO ROMERO

Del socavón al aljibe,
ilumina cada lance
la sombra que los desvive.

Canta cerca y llora lejos,
el capote relajado
que huele a pena de pueblo.

El corazón me lo escondo
y me acomodo los pulsos
a lo despacito y hondo.

El hijo de su madre
¡qué bien torea!
lo mismo se relaja
que se cimbrea.

Si se relaja,
nos suben hasta el cielo
sus manos bajas.


Carlos Muñiz, S.J.
"Trío de ases, trío de arte"
(2006)

sábado, 7 de mayo de 2011

PUERTA DEL PRÍNCIPE: MANOLO VÁZQUEZ (13)


MANOLO VÁZQUEZ

1

Los siete arcos del Iris
bajan al ruedo maestrante,
para montarle una guardia
de luz a Manolo Vázquez.

2

Dentro está el Pentragrama,
en la hondura de la Clave,
ese Ravel del Toreo
que llaman Manolo Vázquez.

3

¡Qué bien lo pasan los toros
cuando los esculpe el arte
de esa muleta de flores
que sueña en Manolo Vázquez!

4

Brujo le llama Sevilla
a ese alquimista maestrante
que hace inmortal el toreo
y llaman Manolo Vázquez.

5

No hay misterio del Toreo
que su tiniebla no aclare
en cuanto le da el relumbre
que mana en Manolo Vázquez.

6

¡Qué bien la Puerta del Príncipe,
por sevillanas, se abre,
para que salga por ella
a hombros Manolo Vázquez!


Francisco Montero Galvache
"Ovaciones en mi albero"
(1986)

viernes, 6 de mayo de 2011

PUERTA DEL PRÍNCIPE: CHUFLILLAS DEL NIÑO DE JULIO APARICIO (12)


CHUFLILLAS DEL NIÑO DE JULIO APARICIO

1

Lo que he visto esta mañana,
hacer la Torre del Oro
un repique de campanas.

Y al Giraldillo
palmas por sevillanas
a un torerillo.


2

Pases de danza
por el torero albero
de la Maestranza.

Avise Vd. Don Diodoro
a los niños sevillanos
y que vean jugar al toro.

Mitad Castilla.
Pero este niño es, madre,
mitad Sevilla.

¿Qué pasa aquí?
Que se está desbordando
el Guadalquivir.


3

Pases de gloria
por el torero albero
de mi memoria.

Un olé cada tendido.
Como un príncipe torero
de azul y oro vestido.

Novillerito en su arena.
Calle Feria, Resolana.

Dale suerte, Macarena,
al niño de esta mañana.


Antonio Murciano
IV Pregón Taurino de Sevilla 1986
"Poeta en la Maestranza"
(1999)

jueves, 5 de mayo de 2011

PUERTA DEL PRÍNCIPE: PEPE LUIS VÁZQUEZ (11)


PEPE LUIS VÁZQUEZ

Sevilla, Feria de Abril.
En cuatro carteles grandes
un nombre: Pepe Luís.

-Que me echen lo que quieran,
los guardiolas, los miuras...
¡Salga el sol por Antequera!

Con las más duras divisas
en los medios del albero,
sin deshacer la sonrisa.

El arte de la verónica
hecha música divina.
Que nadie intente la copia.

Y el pase del natural,
citando desde la China
y aguantando de verdad.

¡Arte de Pepe Luís,
vestida de caña y oro
la pura flor de alhelí!


Antonio Aparicio
(1950)
"Trio de ases, trío de arte" ( 2006)

miércoles, 4 de mayo de 2011

PUERTA DEL PRÍNCIPE: TOROS EN SEVILLA (10)


TOROS EN SEVILLA

EL PASEÍLLO

Quema su traca de gritos,
de grada en grada, la gente.
El viento va repartiendo
su brisa en frescos sorbetes,
pregonando en las naranjas
secretos del sol poniendo.
Ya están aquí los toreros,
la flor de los redondeles,
la terna de los espadas,
las tres cuadrillas más célebres.
Y ajedrezados los rostros
en sombra y en sol, los jinetes
rinden su Breda taurina
saludando, sonrientes.


EL TORO

El clarín, sobre la plaza,
abre un quitasol de gritos:
-¡El toro!
(La zarzamora.
Los adelfares del río.
La dehesa. El pasturaje...)
Media luna en el retinto
testuz, empuja su rabia
detrás de los capotillos.


SUERTE DE VARAS

Caballo que en treinta pasos
morirás sobre la arena...
Volando se irá tu alma,
no te servirán las piernas.
¡Vuela, caballito muerto!
¡Que el alma no tiene riendas,
ni los vientos tienen fustas,
ni los ángeles espuelas!


LOS QUITES

Como tres sotas de naipes
alternan los matadores,
fértiles, abriendo en pétalos,
botanizado, el capote.


TERCIO DE BANDERILLAS

Seis banderillas de lujo
junto a una moña de seda;
y un hilo de sangre, rojo,
de la pezuña a la arena.


EL BRINDIS

El brindis ya. La montera
subiendo de grada en grada,
de mano en mano volando,
y olvidándose las alas.


ÚLTIMO TERCIO

De rosa y oro, el espada
quiebra su cuerpo de junco.
Embiste el toro, mugiendo,
y esquiva el torero el bulto.
En los alamares de oro
hay pelo, hirsuto.
Torero casi libélula,
toro casi abejarruco.
La charanga aplaude en música
de metal agrio y agudo.
El toro sigue embistiendo,
buscando, buscando el bulto
que, en rosa y oro, el espada
quiebra, frágil, como un junco,
ya de rodillas, tranquilo,
cogiendo un pitón al bruto,
o acariciando el testuz
ensortijado e hirsuto.
Certero, clavó el estoque,
se mojó de sangre el puño,
y el lucero de la tarde,
que abre el carrusel nocturno,
con un santoral taurino
contempla extasiado el triunfo.


LOS MULILLEROS

¡Corriendo, los mulilleros
con cuántas banderas vienen,
las campanillas de plata,
de plata los cascabeles!

¡Arrastran, corriendo, al toro,
corriendo se van y vuelven,
sonando las campanillas,
sonando los cascabeles,
dándose vueltas al ruedo,
corriendo, corriendo, alegres,
y haciendo girar la plaza
igual que los carruseles!


Adriano del Valle
"Primavera portátil"
(1933)

martes, 3 de mayo de 2011

PUERTA DEL PRÍNCIPE: SEGUIDILLAS TORERAS A LA MAESTRANZA (9)


SEGUIDILLAS TORERAS A LA MAESTRANZA

Es su historia muy amplia
para narrarla.
Seguidillas me valgan
para rimarla.
¡Falta papel
para contarlo todo
tal como fue!

Plaza de la Maestranza,
ruedo de oro.
La primavera mira
con verdes ojos.
Y en su barrera,
capote de paseo
con Macarena.

"Lagartijo" y "Frascuelo"
lidian saltillos.
Mantones y mantillas,
piropos finos.
Pasan palomas
y el Giraldillo al fondo
lejano asoma.

"Guerrita" mano a mano
con "Espartero".
Toros de don Felipe
 Pablo Romero.
¡Arza que arza,
no hay currito que pueda
quedarse en casa!

Con Lesaca y el "Litri"
torea Reverte.
Esta tarde, Rufina,
no vengo a verte.
Comprende el caso:
Se trata de un recorte
capote al brazo.

Debajo del celeste
sin una nube,
"Bombita" y "Machaquito"
con los murubes.
En las pianolas
acaba de entrenarse
"La Reina Mora".

"Malvaloca" del brazo
con un marino...
¡Lo que dirán mañana
los capuchinos!
Suena el clarín:
¡Qué bonita es la feria
del mes de abril!

Joselito y Belmonte,
cartel de gala.
En sombra la Alameda
y en sol Triana.
¡Triunfo del temple
y en hombros del delirio
Juan pasa el puente!

Tras bordar a un berrendo
mil filigranas,
"El Gallo", de repente
da la espantada.
Diestro genial
que daba una de arena
y otra de cal.

Para aquellos que aprecian
la gracia fina
creó Manuel Jiménez
la chicuelina.
Fiel semejanza
a un bailar "sevillanas"
en la Maestranza.

Detento en tu carrera,
Guadalquivir,
que ahora cita de largo
Pepe Luis.
¡Qué natural!
¡Qué seise se ha perdido
la Catedral!

"Manolete" que es tallo
de nardo serio
tira de un villamarta
solo en los medios.
Córdoba en hombros
y hasta el reloj parado
de tanto asombro.

"Escobero" era el nombre
de aquel miura
con el que Diego Puerta
se hizo figura.
¡Vaya que vaya,
ni el "Espartero" tuvo
tantas agallas!

Matador solitario
se seis urquijos.
Sevilla no recuerda
más regocijo.
¡Tiro el sombrero,
que ocho orejas obtuvo
Curro Romero!

Y estos son los carteles
de antigua seda.
Lo que es mosto reciente
aún no es solera.
¡Vamos andando
a comprar unas yemas
de San Leandro!


José María Gaona Chau "Tío Caniyitas"
ABC coleccionable 1993
"El Siglo de Oro de la Poesía Taurina" (2009)